Abominación desoladora

Abominación desoladora.

Daniel habló proféticamente de un día cuando hubiera “la abominación desoladora” (Dan. 11:31; 12:11), y la frase es reacuñada en tiempos del Nuevo Testamento para decir “la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel”(Mat. 24:15.) Aparte de la profética postura confiable en el simple significado de las palabras, podríamos llegar a la conclusión de que esta frase (abominación desoladora) tendría relación con algún gran acto o estado de corrupción e inmundicia, de contaminación e impudicia que traería destrucción, ruinas, desvastación y desolación. Tal es el caso. Esta condición de desolación nacida de la abominación e iniquidad, acontecería dos veces en cumplimiento de las palabras de Daniel. La primera fué cuando las legiones romanas bajo el mando de Tito, en 70 a. D.C. sitiaron Jerusalén, destruyendo y dispersando el pueblo, no dejando piedra sobre piedra en el profanado templo y esparciendo terror y desvastación como rara vez ha habido igual en la tierra. De aquellos días Moisés había predicho que el rigor del sitio causaría que los padres comiesen a sus hijos y que abundaría la aversión y la maldad (Deut. 28).

Y de los mismos sucesos Nuestro Señor fué inducido a decir “porque en aquellos días vendrá gran tribulación sobre los judíos y sobre los habitantes de Jerusalén, cual Dios jamás ha enviado sobre Israel, desde el comienzo de su reino hasta el día de hoy; no, ni jamás será enviada de nuevo sobre Israel… Y a menos que fuesen acortados esos días no se salvaría ninguna de su carne.” (José Smith 1:12-20.)

Luego, hablando de los últimos días, los días siguientes a la restauración del evangelio y sus declaraciones “como un testigo a todas las naciones” nuestro Señor dijo: “Y de nuevo se cumplirá la abominación de desolación predicha por Daniel el Profeta”(José Smith 1:31-32.) Esto es, Jerusalén estará nuevamente sitiada (“Porque yo reuniré a todas las naciones contra Jerusalén para combatirla”). Nuevamente, la severidad del sitio y los extremos del brutal conflicto, nacido de la maldad y de la abominación, regirán la gran desvastación y la desolación (” y la ciudad será tomada y serán saqueadas las casas; y violadas las mujeres; y la mitad de la ciudad irá en cautiverio” ( Zac. 14.). Será durante este asedio que Jesucristo vendrá. La maldad será destruida y comenzará el milenio. En un sentido general, esta expresiva designación, “abominación desoladora” también describe los terrores de los últimos días al ser derramados sobre los malvados, doquiera que ellos puedan estar. Y así para que los honestos de corazón puedan escapar de estas cosas, el Señor envía a sus misioneros para levantar la voz de amonestación, y declarar las gratas nuevas de la restauración, no sea que “la desolación y total supresión” venga sobre ellos. Los élderes están comisionados para reprender en justicia al mundo por todos sus hechos injustos e inmundos, exponiéndoles clara y comprensiblemente la abominación desoladora en los últimos días”(D.& C. 84: 114-117).

También: “De ir entre los gentiles por la última vez cuando la boca del Señor llame para ligar la ley y sellar el testimonio y preparar a los santos para la hora del juicio que ha de venir; a fin de que sus almas escapen de la ira de Dios, la desolación de abominación que espera a los malvados tanto en este mundo como en el venidero” (D.& C. 88:84.)

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