Bienestar

Bienestar

Todo miembro de la Iglesia tiene dos responsabilidades básicas relacionadas con el bienestar: llegar a ser autosuficiente y velar por los pobres y los necesitados.

Los padres tienen la responsabilidad sagrada de velar por el bienestar físico y espiritual de sus hijos. A medida que los hijos crezcan, llegarán a ser más responsables de su propio bienestar. Los padres deben enseñarles los principios básicos de bienestar y prepararlos para ser autosuficientes y para proveer para sus propias familias en el futuro. Los padres también pueden darle a sus hijos la oportunidad de cuidar de los pobres y de los necesitados.

Si eres un miembro adulto de la Iglesia, los siguientes consejos se aplicarán directamente a ti, y si eres un joven o una jovencita, muchos de estos consejos también se aplicarán a ti a pesar de que todavía dependas en gran medida de tus padres.

Llegar a ser autosuficiente

La responsabilidad de tu propio bienestar social, emocional, espiritual, físico y económico es primeramente tuya,

después, de tu familia y, en tercer lugar, de la Iglesia. Bajo la inspiración del Señor y merced a tu propio esfuerzo, debes proveer para ti y para tu familia las cosas indispensables para la vida, tanto espirituales como temporales.

Podrás cuidar mejor de ti y de tu familia si eres autosufi-ciente dado que estarás preparado para las épocas de adversidad sin depender de otras personas.

Se puede llegar a ser autosuficiente de la siguiente manera: (1) aprovecha las oportunidades educativas; (2) pon en práctica los buenos principios de la nutrición y la higiene; (3) prepárate para un empleo adecuado y obtenlo; (4) almacena una provisión de alimentos y de ropa de acuerdo con lo que permita la ley; (5) administra con prudencia tus recursos, incluso paga el diezmo y las ofrendas, y evita las deudas; y (6) desarrolla la fortaleza espiritual, emocional y social.

Para llegar a ser autosuficiente, debes estar dispuesto a trabajar. El Señor nos ha mandado trabajar (véase Génesis 3:19; D. y C. 42:42). El trabajo honorable es la fuente básica de la felicidad, de la estima propia y de la prosperidad.

Si en algún momento no puedes satisfacer temporalmente tus necesidades básicas con tus propios esfuerzos o con el apoyo de los miembros de la familia, la Iglesia podría ayudarte. En esas situaciones, la Iglesia provee recursos para sostener la vida y te ayudaría a ti y a tu familia a ser autosuficientes otra vez.

Cuidado de los pobres y los necesitados

El Señor siempre ha mandado a Su pueblo velar por los pobres y los necesitados. Él dijo: “Es preciso que visitéis a los pobres y a los necesitados, y Ies suministréis auxilio” (D. y C. 44:6). También mandó: “Y recordad en todas las cosas a los pobres y a los necesitados, a los enfermos y a los afligidos, porque el que no hace estas cosas no es mi discípulo” (D. y C. 52:40).

Tu puedes velar por los pobres y los necesitados de muchas formas. Una forma importante de hacerlo es por medio del ayuno y de contribuir a las ofrendas de ayuno, las cuales utiliza el obispo o el presidente de rama para ayudar a los miernbros del barrio o la rama que sufran debido a la pobreza, a la enfermedad u otras penurias. También puedes dar tiempo y compartir tu talento y aptitudes. Puedes prestar servicio a las personas sin hogar, a los discapacitados, a las viudas y a otras de tu vecindario y tu comunidad.

Además de dar atención en forma individual a los necesitados de tu localidad, la Iglesia ayuda a las personas por todo el mundo, sea cual sea su religión, que padezcan los efectos de los desastres naturales, la pobreza, la enfermedad y otras crisis. La Iglesia provee recursos para sostener la vida y ayudar a las familias y a las personas a recuperarse y a esforzarse por ser autosuficientes. Los donativos al Fondo Perpetuo para la Educación de la Iglesia proporcionan los medios para que los Santos de los Últimos Días de menos recursos obtengan una preparación académica. Hay misioneros de servicio que ofrecen su tiempo y sus recursos a la Iglesia como voluntarios para mejorar la alfabetización, para fomentar la salud y proporcionar capacitación.

Referencias adicionales: Santiago 1:27; Jacob 2:17-19; D. y C. 42:31; 104:15-18.

Véase también Ayuno y ofrendas de ayuno; Servicio.

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