Control de la natalidad

Control de la natalidad

Cuando las parejas casadas son físicamente aptas, tienen el privilegio de proporcionar cuerpos terrenales para los hijos espirituales de nuestro Padre Celestial. Así toman parte en el gran plan de felicidad, el cual permite que los hijos de Dios reciban cuerpos físicos y tengan la experiencia de la vida terrenal.

Si eres casado, tú y tu cónyuge deben hablar sobre la sagrada responsabilidad de traer hijos al mundo y de nutrirlos en rectitud. Al hacerlo, tomen en cuenta la santidad y el significado de la vida; mediten en el regocijo que se recibe al tener hijos en el hogar; consideren las bendiciones eternas de tener una buena posteridad. Con un testimonio de estos principios, tú y tu cónyuge estarán preparados para decidir, con oración, cuántos hijos tener y cuándo tenerlos. Esas decisiones deben tomarlas ustedes dos y el Señor.

Al conversar acerca de este asunto sagrado, recuerda que las relaciones sexuales dentro del matrimonio son divinamente aprobadas. Aunque uno de los propósitos de esas relaciones es proporcionar cuerpos físicos para los hijos de Dios, otro ob-jeto es expresar amor mutuo y unir al esposo y la esposa con lealtad, fidelidad, consideración y un propósito común.

Convenio

Un convenio es un acuerdo sagrado entre Dios y una persona o un grupo de personas. Dios fija condiciones específicas y promete bendecirnos si obedecemos esas condiciones. Cuando decidimos no guardar los convenios, no podemos recibir las bendiciones y, en algunos casos, sufrimos un castigo como consecuencia de nuestra desobediencia,

Todas las ordenanzas salvadoras del sacerdocio van acompañadas de convenios. Por ejemplo, al bautizarte, hiciste un convenio y lo renuevas cada vez que tomas la Santa Cena (véase Mosíah 18:8-10; D. y C. 20:37, 77, 79). Si has recibido el Sacerdocio de Melquisedec, has entrado en el juramento y convenio del sacerdocio (véase D. y C. 84:33-44). La investidura del templo y la ordenanza del sellamiento también incluyen convenios sagrados.

Siempre recuerda y honra los convenios que hagas con el Señor; entonces no tendrás que ser compelido(a) en todo lo que hagas (véase D. y C. 58:26-28); además recibirás la inspiración del Espíritu Santo y la conducta cristiana será parte de tu naturaleza. Como lo ha prometido el Señor, recibirás “revelación tras revelación, conocimiento sobre conocimiento, a fin de que conozcas los misterios y las cosas apacibles, aquello que trae gozo, aquello que trae la vida eterna” (D. y C. 42:61). La máxima esperanza que debes tener es la de disfrutar de la santificación que se recibe de esa guía divina; y el temor más grande que debes sentir es el perder el derecho a esas bendiciones.

Referencias adicionales: Jeremías 31:31-34; Mosíah 5; Moroni 10:33; D. y C. 82:10; 97:8; 98:13-15.

Véase también Bautismo; Convenio de Abraham; Matrimonio; Ordenanzas; Sacerdocio; Santa Cena; Templos.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s