Humildad

  • Humildad

Ser humilde es reconocer con agradecimiento tu dependencia del Señor y comprender que tienes la necesidad constante de recibir Su apoyo. La humildad es el reconocimiento de que tus aptitudes y talento son dones de Dios; no es señal de debilidad, de timidez ni de temor, sino una indicación de que sabes de dónde proviene tu verdadera fortaleza. Puedes ser humilde y, a la vez, ser audaz y valiente.

Jesucristo es nuestro máximo ejemplo de humildad. Durante Su ministerio terrenal, siempre reconoció que Su fortaleza derivaba de Su dependencia del Padre. Él dijo: “No puedo yo hacer nada por mí mismo… no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre” (Juan 5:30).

El Señor te fortalecerá a medida que seas humilde ante Él. Santiago enseñó: “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes… Humillaos delante del Señor, y él os exaltará” (Santiago 4:6, 10).

Referencias adicionales:
Mateo 18:4; 23:12; 26:39;
Lucas 22:42;
1 Pedro 5:5-6;
Mosíah 4:11-12; 15:6-7;
Alma 5:27-28;
Helamán 3:33-35;
Éter 12:27;
D. y C. 12:8; 67:10; 112:10; 136:32-33.

—Véase Leales a la Fe


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