Obra misional

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Cuando experimentamos las bendiciones del vivir el Evangelio, naturalmente deseamos compartir esas bendiciones con otras personas. El Señor habló del gozo que recibimos cuando damos a conocer Su Evangelio:

“Y si acontece que trabajáis todos vuestros días proclamando el arrepentimiento a este pueblo y me traéis aun cuando fuere una sola alma, ¡cuán grande será vuestro gozo con ella en el reino de mi Padre!

“Y ahora, si vuestro gozo será grande con un alma que me hayáis traído al reino de mi Padre, ¡cuán grande no será vuestro gozo si me trajereis muchas almas!” (D. y C. 18:15-16).

Deber misional de todo miembro
El Señor ha declarado que la obra misional es responsabilidad de todos los Santos de los Últimos Días (véase D. y C. 88:81). Como miembro de la Iglesia del Señor, tú puedes, por medio de la dignidad de tu vida y la firmeza de tu testimonio, preparar a tus familiares, a tus amigos y a otros conocidos para reunirse con los misioneros de tiempo completo.

El mensaje misional más poderoso que puedas transmitir es tu propio ejemplo de llevar una vida feliz como Santo de los Ultimos Días. Recuerda que las personas no sólo se unen a la Iglesia por los principios del Evangelio que aprenden, sino que se unen a ella porque sienten algo que comienza a satisfacer sus necesidades espirituales. Si tienes una amistad sincera con ellos, podrán sentir el espíritu de tu testimonio y de tu felicidad.

Además de dar un buen ejemplo, puedes “[estar] siempre [preparado(a)] para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que… demande razón de la esperanza que hay en [ti]” (1 Pedro 3:15). Podrías pedir en tus oraciones oportunidades de hablar a otras personas acerca del Evangelio restaurado; por lo tanto, debes estar alerta, porque hay muchas personas que anhelan la verdad.

Las misiones de tiempo completo
Después de Su resurrección, el Señor mandó a Sus discípulos: “Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19). Para cumplir ese mandamiento, los hombres jóvenes capaces de la Iglesia tienen el deber de prepararse en lo espiritual, lo físico y lo emocional para servir como misioneros de tiempo completo. Las mujeres solteras y los matrimonios maduros también tienen la oportunidad de prestar ese tipo de servicio misional. Si deseas prestar servicio como misionero(a) de tiempo completo, habla con el obispo o el presidente de rama.

Cómo ministrar a los nuevos miembros de la Iglesia
La obra misional comprende ayudar y apoyar a las personas que se unan a la Iglesia. Al meditar en esa responsabilidad, recuerda que los miembros nuevos pueden enfrentar pruebas al unirse a la Iglesia. Sus nuevos compromisos a menudo requieren que abandonen viejos hábitos, amigos y relaciones. Además, en la Iglesia encontrarán una nueva forma de vida que puede parecerles diferente y exigente.

Todo miembro nuevo de la Iglesia necesita tres elementos: un amigo, una responsabilidad y ser nutrido por “la buena palabra de Dios” (Moroni 6:4). Tú puedes participar en el esfuerzo por brindar esa ayuda. Siempre puedes ser un amigo. Aunque no te corresponda dar llamamientos o responsabilidades formales en la Iglesia, podrías trabajar al lado de los miembros nuevos realizando actos de servicio y, además, podrías buscar oportunidades de compartir con ellos la palabra de Dios.

Referencias adicionales:
Marcos 16:15;
Alma 26:1-16;
D. y C. 4; 60:2; 84:88; 123:12.

—Véase Leales a la Fe


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