La Iglesia de Jesucristo en la actualidad

La Iglesia de Jesucristo en la actualidad

La Iglesia de Jesucristo fue quitada de la tierra
Cuando Jesús vivió en la tierra, estableció Su Iglesia, la única Iglesia verdadera; Él organizó Su Iglesia a fin de que se enseñaran las verdades del Evangelio a toda la gente y se administraran correctamente y con autoridad las ordenanzas del Evangelio. Por medio de esa organización, Cristo podría llevar las bendiciones de salvación a toda la humanidad.

Después que el Salvador ascendió a los cielos, los hombres cambiaron las ordenanzas y las doctrinas que Él y Sus apóstoles habían establecido. Debido a la apostasía, no hubo revelación directa de Dios. La Iglesia verdadera no se encontraba más sobre la tierra y el hombre organizó diferentes iglesias que reclamaban ser la verdadera, pero que enseñaban doctrinas contradictorias. Hubo mucha confusión y contención en lo que a religión se refería. El Señor había previsto esas condiciones de apostasía y dijo que enviaría “…hambre a la tierra, no hambre de pan ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová. E irán… buscando la palabra de Jehová y no la hallarán” (Amós 8:11-12).

El Señor prometió que restauraría Su Iglesia verdadera
El Salvador prometió que restauraría Su Iglesia en los últimos días.

Él dijo: “…nuevamente haré una obra maravillosa entre este pueblo, una obra maravillosa y un prodigio” (Isaías 29:14).

Por muchos años la gente vivió en tinieblas espirituales; pero aproximadamente 1.700 años después de Cristo, la gente comenzó a interesarse cada vez más por saber la verdad acerca de Dios y la religión. Algunos se dieron cuenta de que el Evangelio que Jesucristo había enseñado ya no se encontraba más en la tierra. Otras personas reconocían que no había revelación ni autoridad verdaderas y que la Iglesia organizada por Cristo no se encontraba en la tierra. Había llegado el momento de que la Iglesia de Jesucristo se restaurara sobre la tierra.

Llega nuevamente la revelación de Dios
En la primavera del año 1820, ocurrió uno de los acontecimientos más importantes en la historia del mundo. Había llegado el momento para la obra maravillosa y un prodigio, del cual había hablado el Señor. Siendo un jovencito, José Smith deseaba saber cuál de todas las iglesias era la verdadera Iglesia de Jesucristo; entonces fue a un bosque que se encontraba cerca de su casa y oró con humildad y con verdadera intención a su Padre Celestial, preguntándole a cuál de las iglesias debía unirse. Esa mañana ocurrió un verdadero milagro: nuestro Padre Celestial y Jesucristo se aparecieron a José Smith, y el Salvador le dijo que no se uniera a ninguna de las iglesias existentes ya que la verdadera Iglesia no se encontraba en la tierra. Le dijo también que los credos de esas iglesias eran “una abominación a su vista” (José Smith—Historia 1:19; véanse también los versículos 7-18, 20). A partir de ese acontecimiento, hubo otra vez revelación directa de los cielos. El Señor había elegido a un nuevo profeta y, desde ese momento, los cielos dejaron de estar cerrados. La revelación continúa hasta el día de hoy por medio de cada uno de Sus profetas escogidos. José fue la persona por medio de la cual se restauró el evangelio verdadero de Jesucristo.

Se restaura la autoridad de Dios
Al restaurar el Evangelio, Dios le dio nuevamente al hombre el sacerdocio. Juan el Bautista vino en 1829 para conferir el Sacerdocio Aarónico a José Smith y a Oliver Cowdery (véase D. y C. 13; D. y C. 27:8). Luego Pedro, Santiago y Juan, la presidencia de la Iglesia en tiempos antiguos, vinieron y dieron a José y a Oliver el Sacerdocio de Melquisedec y las llaves del reino de Dios (véase D. y C. 27:12-13). Más tarde, se restauraron llaves adicionales del sacerdocio por medio de mensajeros celestiales tales como Moisés, Elías y Elías el profeta (véase D. y C. 110:11-16). Por medio de la Restauración, el sacerdocio volvió a instituirse sobre la tierra, y quienes lo poseen actualmente tienen la autoridad de efectuar ordenanzas como el bautismo; además, tienen la autoridad de dirigir el reino del Señor en la tierra.

La Iglesia de Cristo se organizó nuevamente
El 6 de abril de 1830, el Salvador dirigió nuevamente la organización de Su Iglesia sobre la tierra (véase D. y C. 20:1). Su Iglesia se llama La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (véase D. y C. 115:4). En la actualidad, Cristo es la cabeza de Su Iglesia, como lo era en tiempos antiguos. El Señor ha dicho que ésta es “.la única iglesia verdadera y viviente sobre la faz de toda la tierra, con la cual yo, el Señor, estoy bien complacido” (D. y C. 1:30).

A José Smith se le sostuvo como profeta y “primer élder” de la Iglesia (véase D. y C. 20:2-4). Más adelante, se organizó la Primera Presidencia y se le sostuvo a él como Presidente. En sus comienzos, cuando se organizó la Iglesia, sólo se instituyó un marco básico y, a medida que la Iglesia iba creciendo, la organización de la misma continuó estableciéndose.

La Iglesia se organizó con los mismos oficios que existían en la Iglesia de la antigüedad. Esa organización estaba constituida por apóstoles, profetas, setentas, evangelistas (patriarcas), pastores (oficiales que presiden), sumos sacerdotes, élderes, obispos, presbíteros, maestros y diáconos. Esos mismos oficios se encuentran hoy en Su Iglesia (véase Artículos de Fe 1:6).

Un profeta, que actúa bajo la dirección del Señor, dirige la Iglesia. Ese profeta es también el Presidente de la Iglesia y posee toda la autoridad necesaria para dirigir la obra del Señor en la tierra (véase D. y C. 107:65, 91). Al Presidente le ayudan dos consejeros. Los Doce apóstoles, quienes son testigos especiales del nombre de Jesucristo, enseñan el Evangelio y regulan los asuntos de la Iglesia en todas partes del mundo. Otros oficiales generales de la Iglesia que tienen asignaciones especiales, entre los cuales se encuentran el Obispado Presidente y los Quórumes de los Setenta, sirven bajo la dirección de la Primera Presidencia y de los Doce.

Los oficios del sacerdocio son: apóstoles, setentas, patriarcas, sumos sacerdotes, obispos, élderes, presbíteros, maestros y diáconos. Esos son los mismos oficios que existían en la Iglesia original.

La Iglesia ha llegado a ser más grande de lo que fue en los días de Jesús; conforme ha ido creciendo, el Señor ha revelado unidades de organización adicionales dentro de la misma. Cuando la Iglesia está completamente organizada en un área, tiene divisiones locales llamadas estacas. Un presidente de estaca y sus dos consejeros presiden cada estaca; la estaca tiene 12 miembros del sumo consejo, quienes ayudan a llevar a cabo la obra del Señor en la estaca. En una estaca, los quórumes del Sacerdocio de Melquisedec se organizan bajo la dirección del presidente de estaca (véase el capítulo 14 de este libro). Cada estaca se divide en pequeñas zonas geográficas llamadas barrios. Un obispo y sus dos consejeros presiden cada barrio.

En algunos lugares del mundo, en donde la Iglesia se está estableciendo, hay distritos que se asemejan a las estacas y que se dividen en unidades más pequeñas llamadas ramas, que se asemejan a los barrios.

Se restauraron verdades importantes
La Iglesia de la actualidad enseña los mismos principios y efectúa las mismas ordenanzas que se llevaban a cabo en los días de Jesús. Los primeros principios y ordenanzas del Evangelio son fe en el Señor Jesucristo, arrepentimiento, bautismo por inmersión y la imposición de manos para conferir el don del Espíritu Santo (véase Artículos de Fe 1:4). Esas preciosas verdades fueron restituidas en su plenitud cuando se restauró la Iglesia.

Por medio del don y el poder de Dios, José Smith tradujo el Libro de Mormón, el cual contiene las verdades sencillas y preciosas del Evangelio. Se recibieron muchas revelaciones más, las cuales se registraron como Escritura en Doctrina y Convenios y en la Perla de Gran Precio (véase el capítulo 10 de este libro).

Entre otras verdades importantes que el Señor restauró, se encuentran las siguientes:

1. Nuestro Padre Celestial es un ser real con un cuerpo tangible y perfecto de carne y huesos, al igual que Jesucristo; el Espíritu Santo es un personaje de espíritu.

2. Nosotros existíamos en la vida preterrenal como hijos espirituales de Dios.

3. El sacerdocio es necesario para administrar las ordenanzas del Evangelio.

4. Seremos castigados por nuestros propios pecados y no por la transgresión de Adán.

5. Los niños no necesitan ser bautizados sino hasta que cumplan la edad de responsabilidad (a los ocho años).

6. En los cielos hay tres grados de gloria, y mediante la gracia del Señor Jesucristo, la gente será recompensada según sus hechos sobre la tierra y de acuerdo con los deseos de su corazón.

7. Por medio del poder sellador del sacerdocio, la relación familiar puede ser eterna.

8. Las ordenanzas y los convenios son necesarios para la salvación y se encuentran a disposición tanto de las personas que viven como de las que han muerto.

La Iglesia de Jesucristo no será destruida jamás
Desde su restauración en el año 1830, el número de miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días ha aumentado rápidamente. Hay miembros en casi todos los países del mundo y la Iglesia continuará creciendo. Como Cristo dijo: “.este Evangelio del Reino será predicado en todo el mundo, por testimonio a todas las naciones” (José Smith—Mateo 1:31).

La Iglesia no será quitada jamás de la tierra; su misión es la de llevar la verdad a toda persona. Hace miles de años, el Señor dijo que “…levantará un reino que no será jamás destruido ni será dejado el reino a otro pueblo… y …permanecerá para siempre” (Daniel 2:44).

Pasajes adicionales de las Escrituras
Hechos 3:19-21; Apocalipsis 14:6; Daniel 2:44-45; Isaías 2:2-4; 2 Nefi 3:6-15 (se predice la Restauración).
D. y C. 110; D. y C. 128:19-21; D. y C. 133:36-39, D. y C. 133:57-58 (la restauración del Evangelio).
Efesios 2:20 (Jesucristo es la piedra del ángulo de la Iglesia).
D. y C. 20:38-67 (los deberes de los oficiales de la Iglesia).
Mateo 24:14 (el Evangelio se ha de predicar a todas las naciones).

—Véase Principios del Evangelio


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