La verdad divina

  • La verdad divina

Descubrir qué es la verdad y aplicarla en nuestra vida es lo más importante que podemos hacer mientras estamos en esta tierra. Solamente obteniendo un conocimiento de la verdad seremos capaces de edificar el reino de Dios y prepararnos para la vida eterna.

La verdad divina es la realidad absoluta.

■ “Es de vital importancia saber que realmente hay un Dios, que realmente hay un Salvador, Jesucristo, que realmente habrá inmortalidad para toda la raza humana, que realmente habrá un juicio en el cual
tendremos que responder por nuestros hechos, y que realmente hay un propósito en esta vida y un plan divino para dar felicidad al hombre.

“Cuando comprendemos estas verdades básicas, entonces sabemos lo que realmente importa la manera de enfrentar la vida y en qué perspectiva poner al hombre en el universo. Es de suma importancia conocer todo el plan. En consecuencia, el adverbio realmente, tal como lo utiliza Jacob (Jacob 4:13), es en alto grado significativo.” (Neal A. Maxwell, Things As They Really Are, pág. 4.)

■ “Estamos dispuestos a recibir toda verdad, sea cual fuere la fuente de donde provenga, porque la verdad se sostendrá, la verdad perdurará … la verdad se halla en el fundamento, y está por encima, y por debajo, y penetra totalmente en esta gran obra del Señor que se estableció por medio de José Smith el Profeta.” (Joseph F. Smith, Doctrina del Evangelio, pág. 1.)

■ “El definir cuál es la forma de vida pura (el evangelio) no se trata simplemente de un asunto de opiniones. Hay verdades absolutas y verdades relativas . . . Muchas son las ideas que se han dado a conocer al mundo, que más tarde han sido cambiadas para adaptarlas al descubrimiento de una nueva verdad. Hay verdades relativas. Pero también hay verdades absolutas, inalterables, que eran las mismas ayer, lo son hoy y lo serán por siempre.

Estas verdades no pueden ser cambiadas de acuerdo con las opiniones de los hombres.

“A medida que la ciencia nos ha ido dando más conocimientos sobre el mundo que nos rodea, ciertas ideas vastamente aceptadas por los científicos han tenido que abandonarse en favor de nuevas verdades que se han descubierto; algunas de ellas se mantuvieron firmes durante muchos siglos. La más sincera investigación científica a menudo sólo llega hasta el umbral de la verdad, mientras que por otra parte existen hechos revelados que nos dan algunas verdades absolutas, como punto de partida para que podamos comenzar a comprender la naturaleza del hombre y el propósito de su vida . . .

“Podemos aprender sobre estas verdades absolutas por medio del Espíritu. Ellas son ‘independientes’ en su esfera espiritual y deben descubrirse espiritualmente, aunque se puedan confirmar por medio de la experiencia o el intelecto (véase D. y C. 93:30) . . .

“Dios, nuestro Padre Celestial —Elohim— vive. Esta es una verdad absoluta . . . Toda la gente que vive en la tierra podrá negarlo y no creer en El; pero El vive, aun a pesar de ello … En resumen, una opinión en sí misma no tiene poder alguno con respecto a una verdad absoluta.

“Jesucristo es el Hijo de Dios, el Todopoderoso, el Creador, el Maestro de la única forma de vida pura que existe: el Evangelio de Jesucristo. El intelectual puede borrarlo de sus razonamientos filosóficos, el incrédulo puede burlarse de Su existencia, pero aún así Cristo vive y guía los destinos de Su pueblo. Esta es una verdad absoluta que no puede negarse . . .

“Los Dioses formaron al hombre, le dieron vida y lo colocaron sobre la tierra. Esta es una verdad absoluta, que no puede ser refutada con pruebas. Un millón de brillantes intelectos pueden hacer conjeturas contrarias, pero esto seguirá siendo verdad.” (Spencer W. Kimball, “La verdad absoluta“, Liahona, julio de 1979, págs. 3-4.)

1. La verdad es el conocimiento de las cosas como son, como eran y como han de ser (véanse D. y C. 93:24; Jacob 4:13).

2. La verdad es eterna (véanse Salmos 117:2; D. y C. 1:37-39; 88:66).

3. La verdad divina es absoluta (véanse Alma 7:20; Helamán 8:24; Moroni 8:18; D. y C. 3:2).

Dios posee toda la verdad y se la transmite a sus hijos.

■ “El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, como un Dios, son la fuente de verdad, de la cual todos los antiguos filósofos sabios recibieron su inspiración y prudencia; y de ella recibieron todo su conocimiento. Si hallamos la verdad en fragmentos en todas las edades, puede establecerse como hecho incontrovertible que se originó en la fuente de referencia, y fue dada a los filósofos, inventores, patriotas, reformadores y profetas por la inspiración de Dios. Vino de El por conducto de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo, en primer lugar, y de ninguna otra fuente. Es eterna.” (Joseph F. Smith, Doctrina del Evangelio, pág. 29.)

■ “La filosofía de los cielos y de la tierra con respecto a los mundos que hay, que hubo, y que todavía han de formarse, se encuentra en el evangelio que hemos abrazado. Todo filósofo verdadero, hasta donde es capaz de comprender los principios de la verdad, posee un conocimiento parcial del evangelio, y hasta ese punto es en sí un Santo de los Ultimos Días, esté consciente de ello o no. Nuestro Padre, el gran Dios, es el autor de las ciencias, el gran artesano, el gran organizador de todas las cosas; El lo planea e idea todo, y cada partícula de conocimiento que posee el hombre es un don de Dios.” (Brigham Young, Discourses of Briglwm Young, págs. 2-3.)

■ “¿Cuál es el conocimiento, la inteligencia, y la luz y la verdad que nuestro Padre Celestial quiere que recibamos? ¿Consiste esto únicamente en las verdades que Dios ha revelado por medio de sus profetas? En el plan del progreso eterno, ¿qué lugar
ocupa el conocimiento que se obtiene de la instrucción secular y que se logra asimismo por medios seculares?

“Al considerar estas preguntas, tenenmos que darnos cuenta de que el conocimiento secular por sí solo jamás podrá salvar un alma ni abrir las puertas del reino celestial a nadie.

“Por ejemplo, los apóstoles Pedro y Juan tenían muy poca instrucción secular; en realidad casi se puede decir que eran personas ignorantes. Pero Pedro y Juan conocían los principios vitales: que Dios vive y que el Señor crucificado y resucitado es el Hijo de Dios. Ellos conocían el camino que lleva a la vida eterna. Habían aprendido que es en la vida mortal donde debemos primero aprender de Dios y su evangelio, y recibir las ordenanzas salvadoras del sacerdocio.

“Sin embargo, no se puede subestimar el conocimiento secular, puesto que puede ser de gran ayuda para los hijos de nuestro Padre Celestial, quienes, habiendo dado prioridad a lo que es de mayor importancia, han encontrado y viven las verdades que llevan a la vida eterna. Estas son las personas que poseen el equilibrio y la perspectiva para buscar conocimiento —espiritual y secular— como un medio para obtener bendiciones para sí mismos y para los demás.” (Spencer W. Kimball, ” ‘Seek Learning, Even by Study and Also by Faith’ “, Ensign, sept. de 1983, pág. 3.)

1. Dios es un Dios de verdad (véanse Eter 3:12; Deuteronomio 32:4; Juan 14:6; D. y C. 93:11, 26).

2. Dios sabe y comprende todas las cosas (véanse 2 Nefi 2:24; 9:20; Alma 26:35).

3. Toda la luz y la verdad que reciben los hijos de Dios proceden de El (véanse D. y C. 88:11 —13; Proverbios 2:6).

4. Dios imparte la verdad por medio del Espíritu Santo (véanse 1 Nefi 10:19; D. y C. 50:19-22; 91:4).

Al obedecer la verdad revelada se obtienen grandes bendiciones y finalmente la salvación.

■ “Debido a que la toma de decisiones nos acosa constantemente, gran parte de lo que es realmente vivir consiste en adquirir una perspectiva sobre todo lo que es eterno, con el fin de que podamos manejar con éxito todo aquello que es transitorio y se basa en los hechos. El conocer los detalles de horario del ómnibus que tenemos que tomar, por ejemplo, es algo útil para nuestro diario vivir, pero, definitivamente, no constituye el tipo de conocimiento vital, como lo son las verdades imperecederas y libertadoras de las que habló Jesús como necesarias para experimentar la verdadera libertad, cuando dijo ‘la verdad os hará libres’ (Juan 8:32).” (Maxwell, Things As They Really Are, pág. 2.)

■ “Creemos que Dios ha creado al hombre con una mente capaz de recibir instrucción, y una facultad que puede ser ampliada en proporción al cuidado y diligencia que se da a la luz que del cielo se comunica al intelecto; y que cuanto más se acerca el hombre a la perfección, tanto más claros son sus pensamientos y tanto mayor su gozo, hasta que llega a vencer todas las malas cosas de su vida y pierde todo el deseo de pecar; e igual que los antiguos, llega su fe a ese punto en que se halla envuelto en el poder y gloria de su Hacedor, y es arrebatado para morar con El. Pero consideramos que éste es un estado que ningún hombre alcanzó jamás en un momento.” (José Smith, Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 54.)

1. Por medio del Espíritu recibimos la verdad “para la salvación de nuestras almas” (Jacob 4:13).

2. Todas las bendiciones que recibimos de Dios se basan sobre nuestra obediencia a la ley y la verdad eternas (véanse D. y C. 130:20-21).

3. La palabra del Señor no solamente es verdad sino también es de gran valor (véanse 1 Corintios 2:9-16; Colosenses 3:2; 2 Nefi 9:28-29; D. y C. 84:45).

4. Si seguimos a Cristo conoceremos la verdad, y ésta nos hará libres (véase Juan 8:31-32).

5. Aquellos que logren obtener en esta vida más conocimiento que los demás tendrán mayor ventaja en el mundo venidero (véanse D. y C. 130:18-19; Alma 37:44).

6. No podemos salvarnos en la ignorancia (véanse D. y C. 131:6; Juan 17:3).

Véase Doctrina del Evangelio (Religión 231 y 232)


 

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