El libre albedrío del hombre

  • El libre albedrío del hombre

Ningún principio de esta vida o de la eternidad es tan estimada como el derecho del libre albedrío, el derecho de considerar diferentes opciones y tomar decisiones sin ser forzados. Por nuestro libre albedrío se libró una batalla en los cielos, una batalla que continúa todavía en la tierra. Satanás se encuentra decidido a cegar, amarrar y llevar cautivos por medio de la ignorancia y el pecado a todos los que pueda.

Es imperioso comprender nuestro libre albedrío para poder sobrevivir espiritualmente y cumplir nuestro propósito en Cristo.

El libre albedrío es el derecho eterno de elegir libremente.
■ “Con respecto a los derechos de la familia humana, deseo decir que Dios les dio el albedrío individual a todos sus hijos de esta dispensación, de la misma manera que lo hizo con sus hijos de las dispensaciones anteriores. Este libre albedrío ha sido siempre la herencia eterna del hombre bajo las normas y el gobierno de Dios. Lo tuvo en los cielos aun antes de que el mundo fuese y el Señor no quiso quitarlo, y lo defendió ante la amenaza de Lucifer y de aquellos que estaban de parte de él, dando como resultado la expulsión de Lucifer y una tercera parte de las huestes celestiales. Es por medio de este libre albedrío que tanto vosotros como yo y todo el género humano somos considerados seres responsables, sí, responsables del curso que decidimos tomar, de la clase de vida que deseamos vivir y de las obras que ejecutamos.” (Wilford Woodruff, The Discourses of Wilford Woodruff, págs. 8-9; citado en Deberes y bendiciones del sacerdocio, Manual básico para poseedores del sacerdocio, Parte B, pág. 262.)

■ “El libre albedrío es la fuente que impulsa el progreso del alma. El propósito del Señor es que el hombre llegue a ser como El. A fin de que el hombre logre eso fue necesario que el Creador primero lo hiciera libre.” (David O. McKay, en Conference Report, abril de 1950, pág. 32; citado en el manual de Laureles, Curso B, pág. 101.)

■ “El don más grande concedido al hombre en la vida mortal es el poder de elegir; el don divino del libre albedrío. No hay carácter verdadero que se haya desarrollado sin un sentido de libertad personal.” (David O. McKay, Man May Know for Himself: Teachings of President David O. McKay, pág. 80; citado en Mi mandato del Señor, Guía de estudio personal para los quórumes del Sacerdocio de Melquisedec, 1976-77, pág. 77.)

■ “La Iglesia enseña como doctrina estrictamente ceñida a las Escrituras, que entre los derechos inalienables que su Padre divino le ha conferido, el hombre ha heredado la libertad de escoger el bien o el mal en la vida; de obedecer o desobedecer los mandamientos del Señor, según su elección. Mayor protección que el celoso cuidado de Dios mismo no puede este derecho tener, porque en todas sus relaciones con el hombre él ha dejado a la criatura mortal en libertad de elegir y obrar.” (James E. Talmage, Artículos de Fe, pág. 57.)

1. El libre albedrío es un don de Dios (véanse Moisés 7:32; D. y C. 98:8; 2 Nefi 2:16; Helamán 14:30).
2. Siendo espíritus premortales disfrutamos del don del libre albedrío (véanse Alma 13:3; D. y C. 29:36).
3. El libre albedrío nos permite elegir en forma individual el curso que vamos a seguir en la vida (véanse Josué 24:15; 2 Nefi 2:26-27; 10:23; D.y C. 58:27-29; Alma 12:31; Helamán 14:30-31).

Satanás busca destruir nuestro libre albedrío.
■ “La palabra revelada nos hace saber que en un tiempo Satanás fue un ángel de luz, conocido entonces como Lucifer, un Hijo de la Mañana; pero su egoísta ambición lo hizo aspirar a la gloria y el poder del Padre, y para lograrlo hizo la perniciosa proposición de redimir a la familia humana por medio de la compulsión. Frustrándosele este proyecto, encabezó una rebelión en contra del Padre y del Hijo, llevándose una tercera parte de las huestes del cielo a su confederación inicua. Fueron desterrados del cielo estos espíritus rebeldes, y desde entonces han seguido los impulsos de sus naturalezas impías, tratando de conducir las almas humanas a la condición de tinieblas en que ellos mismos se hallan. Son el diablo y sus ángeles. El derecho del libre albedrío, sostenido y defendido en la lucha que se verificó en el cielo, quita la posibilidad de que se use de la compulsión en esta labor diabólica de degradación; empléanse, sin embargo, hasta su límite, los poderes de estos espíritus malignos . . .

“Satanás ejerce cierto dominio sobre los espíritus que ha contaminado con sus prácticas; es el principal de los ángeles que fueron desterrados y el instigador de la ruina de aquellos que caen en esta vida. Busca la manera de molestar y estorbar al género humano en sus buenas obras . . . Sin embargo, en ninguno de estos hechos malignos puede propasarse de lo que las transgresiones de su víctima le permiten, o la sabiduría de Dios consiente; y el poder superior puede contrarrestarlo a cualquier momento.” (Talmage, Los Artículos de Fe, págs. 68-69.)

■ “[José Smith] dijo que generalmente se culpaba a Satanás de las cosas malas que cometíamos, pero si él fuera el causante de toda nuestra iniquidad, los hombres no podrían ser condenados. El diablo no puede obligar al género humano a cometer lo malo; todo se hace voluntariamente. Los que resisten al Espíritu de Dios corren peligro de ser conducidos a la tentación, y entonces serán privados de la asociación celestial todos aquellos que se negaron a participar en tan grande gloria. Dios no ejerce ninguna compulsión, y el diablo no puede hacerlo; y son absurdas las ideas semejantes que muchos tienen [sobre estos temas].” (José Smith, Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 225.)

■ “Todo cuanto Dios nos da es lícito y recto; y es propio que disfrutemos de sus dones y bendiciones cuando y donde El esté dispuesto a concederlas; pero si nos apropiásemos [de] esas mismas bendiciones y dones sin ley, sin revelación, sin mandamiento, dichas bendiciones y alegrías se tornarían finalmente en maldiciones y vejaciones, y tendríamos que yacer
en angustia y en lamentos de eterno pesar. Pero en la obediencia hay gozo y paz sin defecto y sin mezcla; y en vista de que Dios ha proyecíado nuestra felicidad, así como la felicidad de todas sus criaturas, El jamás ha instituido, jamás instituirá ordenanza o dará mandamiento alguno a su pueblo, que en su naturaleza no tenga por objeto adelantar esa felicidad que El ha proyectado.” (Smith, Enseñanzas, pág. 313.)

1. El diablo es enemigo de Dios y de toda justicia (véanse Mosíah 4:14; Moisés 4:4).
2. En el mundo premortal, el diablo trató de destruir el libre albedrío que Dios les había dado a sus hijos (véase Moisés 4:1-3).
3. El diablo y sus ángeles continúan tentándonos a utilizar nuestro libre albedrío para propósitos malignos (véanse 2 Nefi 2:17-18; D. y C. 29:39; 3 Nefi 2:3; 6:15-16).
4. El poder para vencer a Satanás y su maligna influencia lo recibimos de Dios (véanse 1 Corintios 10:13; 2 Pedro 2:9; 3 Nefi 18:18-19; D. y C. 62:1; José Smith—Historia 16-17).

Somos responsables ante Dios por el uso que le demos a nuestro libre albedrío.
■ “Todos deberemos dar cuenta de lo que hagamos mientras estemos en la carne, y a cada persona se le recompensará de acuerdo con sus obras, hayan sido éstas buenas o malas. Agradecemos a Dios por ese principio, porque es un principio justo, un principio divino. El que se hubiera omitido de la obra del Señor hubiera sido algo tan grave que ni siquiera podemos considerarlo . . . vosotros, yo y todos nosotros deberemos responder por nuestras acciones, y se nos recompensará de acuerdo con nuestras obras, sean buenas o malas.” (Joseph F. Smith, “Principies of Government in the Church”, Improvement Era, nov. de 1917, págs. 10-11.)

■ “No es raro que los hombres se olviden que están bajo la dependencia de los cielos, en lo que concierne a cada una de las bendiciones que se les permite recibir, y que van a tener que responder por cuanta oportunidad se les conceda . . . Nuestro Maestro se ha ausentado por un corto tiempo, y cuando vuelva exigirá cuentas de cada uno; y donde se entregaron cinco talentos, se exigirán diez; y el que no los haya mejorado será echado fuera como siervo inútil, mientras que los fieles gozarán de honores eternos.” (Smith, Enseñanzas, pág. 75.)

1. Toda persona debe dar cuenta de sus pensamientos, palabras y obras (véanse Ezequiel 18:30; Mateo 12:36; Romanos 2:5-8; 14:12; Apocalipsis 20:12; Mosíah 4:30; Alma 11:43-44; 12:14-15).
2. Los que no han recibido ninguna ley no son responsables ante la ley (véanse 2 Nefi 9:25-26; Moroni 8:22).
3. Los pecadores llevarán sobre sí sus propias iniquidades y no las de los demás (véanse Ezequiel 18:4, 20; Segundo Artículo de Fe; Gálatas 6:5).

Nuestro destino eterno se determinará por el buen o mal uso que hayamos hecho de nuestro libre albedrío.
■ “¿No somos acaso los arquitectos de nuestro propio destino? ¿No somos acaso los árbitros de nuestra propia suerte? Esta es otra de las partes de mi tema, y en ella afirmo que tenemos el privilegio de decidir nuestra propia exaltación o degradación. Es nuestro el privilegio de determinar nuestra felicidad o desgracia en el mundo venidero. ¿Qué es lo que nos da felicidad en este momento, que nos hace tan felices al estar reunidos juntos? No es la riqueza, porque vosotros podréis dar a un hombre riqueza, honores, influencia y todos los lujos del mundo, pero si le falta el Espíritu del Señor, no será feliz, porque ésa es la única fuente de la que proviene la verdadera felicidad y bienestar.” (John Taylor, The Gospel Kingdom, pág. 341.)

■ “La volición de la criatura humana es libre; esta es una ley de su existencia y el Señor no puede violar su propia ley, porque si lo hiciera, dejaría de ser Dios. El ha puesto ante sus hijos la vida y la muerte, y ellos tienen el derecho de elegir. Si eligen la vida, reciben la bendición de la vida; pero si eligen la muerte, deben esperar el castigo. Esta es una ley que ha existido toda la eternidad y que continuará existiendo a través de todas las eternidades venideras. Todo ser inteligente debe tener el poder de elegir; y Dios utiliza los resultados de las acciones de sus criaturas para promover su Reino y servir sus propósitos en la salvación y exaltación de sus hijos.” (Brigham Young, Discourses of Brigham Young, pág. 62.)

1. Toda persona es libre de elegir la libertad y la vida eterna o la cautividad y la muerte espiritual (véanse 2 Nefi 2:27; Helamán 14:30).
2. Nuestro estado final lo determinarán nuestras propias elecciones (véanse Gálatas 6:7-9; D. y C. 58:26-29; Alma 41:3-8; 42:27-28).
3. Recibimos nuestro galardón de aquel a quien elegimos obedecer (véanse Alma 3:27; 5:41-42; Mosíah 2:32-33).
4. Aquellos que eligen el bien obtendrán un gran galardón (véanse Proverbios 11:18; Marcos 10:28-30; D. y C. 6:33; 58:28).
5. Los que eligen el mal no reciben los dones de Dios (véase D. y C. 88:32-35).

— Véase Doctrina del Evangelio (Religión 231 y 232)


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