El propósito de la vida terrenal

  • El propósito de la vida terrenal

La vida terrenal, aunque breve, es crucial en nuestra búsqueda de la vida eterna. Es aquí donde recibimos un cuerpo de carne y huesos y en donde se nos prueba en todo sentido. Aquellos que aprenden a obedecer y obtienen control sobre sí mismos volverán a vivir con Dios el Padre Eterno. “Han pasado sólo unos pocos años desde que todos nosotros salimos de la Presencia Eterna, de Aquel cuyos hijos somos y en cuya habitación una vez moramos. Estamos separados sólo por un ligero velo de los amigos y compañeros de trabajo con quienes servimos al Señor, antes de que nuestros espíritus eternos tomasen su morada en tabernáculos de carne.” (Bruce R. McConkie, “Dios preordina a sus profetas y a su pueblo”, Liahona, noviembre de 1974, pág. 33.)

Existimos para tener gozo.
■ “La felicidad es el objeto y propósito de nuestra existencia; y también será el fin de ella, si seguimos el camino que nos conduce a la felicidad; y este camino es virtud, justicia, fidelidad, santidad y obediencia a todos los mandamientos de Dios.” (José, Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 312.)

■ “No hay nada que los miembros de la Iglesia puedan imaginar con respecto a lo que les puede dar felicidad, que Dios no nos haya revelado. El ha preparado todo lo que los Santos de los Ultimos Días podríamos desear o imaginar a fin de obtener una felicidad completa a través de las vastas eternidades.” (Lorenzo Snow, The Teachings of Lorenzo Snow, Fifth President of The Church of Jesús Christ of Latter-day Saints, pág. 63.) Véanse 2 Nefi 2:25; Moisés 5:10.

Dios nos dio la oportunidad dé obtener un cuerpo físico en la vida mortal.
■ “Una vez estuvimos en la presencia del Eterno Padre. No hay nadie que no lo haya visto. No lo recordáis, yo no lo recuerdo, pero de todas maneras hubo un tiempo antes de que viniéramos a este mundo en que morábamos con El. Supimos qué clase de Ser es; pudimos ver lo glorioso que es, la grandiosidad de su sabiduría, su comprensión, lo maravilloso de su poder e inspiración. Y quisimos ser como El; y por esa raz!ón nos encontramos aquí. No podíamos llegar a ser como nuestro Padre y al mismo tiempo permanecer en su presencia, porque no teníamos un glorioso cuerpo de carne y huesos. Eramos solamente espíritus, y éstos no tienen cuerpo de carne y huesos. Pero nosotros lo vimos y vimos su gloria, y se nos hizo saber que si guardábamos sus mandamientos y observábamos todos los convenios que se nos dieran en esta tierra, podríamos volver nuevamente a su presencia y recibir nuestro cuerpo en la resurrección de los muertos, nuestro espíritu y nuestro cuerpo siendo unidos otra vez, inseparablemente, sin volverse a separar jamás.

“Si nos manteníamos firmes y fieles a todos los convenios y principios de la verdad que El nos daría, volveríamos nuevamente a su presencia después de la resurección y seríamos como El. Tendríamos la misma clase de cuerpo: refulgente como el sol.” (Joseph Fielding Smith, Take Heed to Yourselves! pág. 345.)

■ “Vinimos a este mundo con objeto de obtener un cuerpo y poder presentarlo puro ante Dios en el reino celestial. El gran plan de la felicidad consiste en tener un cuerpo. El diablo no tiene cuerpo, y en eso consiste su castigo. Se deleita cuando puede obtener el cuerpo de un hombre; y cuando el Salvador lo echó fuera, pidió permiso de entrar en el hato de puercos, mostrando que prefería tener el cuerpo de los cerdos que ninguno.

“Todos los seres que tienen cuerpos, tienen dominio sobre los que no los tienen.” (Smith, Enseñanzas, pág. 217.)

1. La combinación del espíritu y el cuerpo constituyen el alma del hombre (véanse D. y C. 88:15; Génesis 2:7).
2. Para recibir una plenitud de gozo es esencial tener un cuerpo físico (véanse D. y C. 93:33; 138:17).
3. El cuerpo debe ser un templo donde pueda morar el Espíritu de Dios (véanse 1 Corintios 3:16-17; 6:19-20; D. y C. 93:35).
4. El cuerpo es sagrado y por lo tanto se le debe valorar apropiadamente (véanse Exodo 20:13; Génesis 1:26-27; 9:6; D. y C. 42:18-19).

La mortalidad es un período de prueba para nosotros.
■ “¿Es que no podemos ver la sabiduría de Dios al darnos pruebas a las cuales sobreponernos, responsabilidades que podamos cumplir, trabajo que vigorice nuestros músculos y penas que pongan a prueba nuestras almas? ¿No se nos expone a las tentaciones para probar nuestra fortaleza, a la enfermedad para probar nuestra paciencia, y a la muerte para que podamos ser un día inmortalizados y glorificados?” (Spencer W. Kimball, La Fe Precede al Milagro, pág. 96.)

■ “Nos encontramos en un día de probación en el cual debemos demostrar si somos dignos o no de la vida venidera.” (Brigham Young, Discourses of Brigham Young, pág. 345.)

■ “Antes de nacer en esta tierra, sabíamos que al venir adquiriríamos cuerpos físicos y experiencias de toda índole y que también tendríamos gozos y tormentos, bienestar y dificultades, comodidades y penalidades, salud y enfermedades, éxitos y fracasos; asimismo sabíamos que al terminar nuestra jornada terrenal moriríamos. Sin embargo, desde allá aceptamos todas estas experiencias con grato corazón, ansiosos de enfrentar lo favorable y lo desfavorable. Con entusiasmo aceptamos la oportunidad de venir a la tierra, aun cuando sólo fuese por un día o un año. Es probable que ni siquiera nos hayamos preocupado de si moriríamos de alguna enfermedad, a raíz de un accidente ó simplemente debido a la vejez. Nos encontrábamos dispuestos a aceptar la vida como viniera y como nos fuera posible organizaría y controlarla, y todo esto lo hicimos sin ninguna murmuración, sin quejas o exigencias ilógicas.” (Kimball, La Fe Precede al Milagro, págs. 105-106.)

■ “Unicamente por obedecer las leyes de Dios pueden los hombres elevarse sobre las insignificantes debilidades de la carne.” (Joseph F. Smith, Doctrina del Evangelio, pág. 205.)

1. La vida mortal es un período probatorio, el tiempo en el cual debemos prepararnos para presentarnos ante Dios (véanse Alma 12:24; 42:4, 10; 34:32).
2. Se nos prueba en la mortalidad con el fin de que demostremos si estamos dispuestos o no a guardar los mandamientos, vencer el pecado y superar la adversidad (véanse Abraham 3:25-26; D. y C. 98:14-15; 136:31; 124:55; Apocalipsis 3:21).
3. Las pruebas de la mortalidad frecuentemente toman la forma de persecuciones, tribulaciones, calamidades, desastres, adversidad, soledad y tristeza (véanse 2 Timoteo 3:12; 1 Pedro 1:7; Romanos 5:3-5; D. y C. 101:2-4; 121:1).
4. Aquellos que buscan obedecer a Dios no serán tentados ni probados más allá de lo que puedan resistir (véanse 1 Corintios 10:13; Alma 13:28-30; 38:5).

Las pruebas de la mortalidad son para nuestro propio bien.
■ “Nos encontramos aquí para poder educarnos en una escuela de sufrimientos y ardientes pruebas, educación que fue necesaria también para Jesús, nuestro Hermano Mayor, de quien las Escrituras nos dicen que se perfeccionó por medio de las aflicciones. Es necesario que suframos en todo sentido, para poder capacitarnos y ser dignos de dirigir y gobernar todas las cosas, al igual que lo hacen nuestro Padre Celestial y Su Hijo Primogénito Jesucristo.” (Snow, Teachings of Lorenzo Snozv, pág. 119.)

■ “Por nuestra parte y como seres humanos, descartaríamos de nuestras vidas el dolor físico y la angustia mental, garantizándonos así una vida de constante comodidad y placidez, pero al hacerlo estaríamos cerrando las puertas a las aflicciones y al dolor, y con ello excluyendo probablemente a nuestros mejores amigos y benefactores. El sufrimiento puede volver santas a las personas, al aprender éstas a tener paciencia, perseverancia y autodominio. Los sufrimientos fueron parte de la educación de nuestro Salvador.” (Kimball, La Fe Precede al Milagro, pág. 97.)

■ “Las penas que sufrimos y las pruebas que pasamos jamás vienen en vano, sino más bien contribuyen a nuestra educación, al desarrollo de virtudes como la paciencia, la fe, el valor y la humildad. Todo lo que sufrimos y todo lo que soportamos, especialmente cuando lo hacemos con paciencia, edifica nuestros caracteres, purifica nuestros corazones, expande nuestras almas y nos hace más sensibles y caritativos, más dignos de ser llamados hijos de Dios . . . No es sino a través del dolor y el sufrimiento, de las dificultades y las tribulaciones, que adquirimos la educación por la cual hemos venido a la tierra, mediante la cual seremos más semejantes a nuestro Padre y a nuestra Madre que están en los cielos.” (Orson F. Whitney, citado por el presidente Kimball en La Fe Precede al Milagro, págs. 97-98.)

■ “Antes pensaba que, si yo fuera el Señor, no dejaría que la gente sufriera tantas tribulaciones.

Pero he cambiado de idea al respecto; ahora creo que lo permitiría, porque así se purga a los santos de la maldad y corrupción que revolotean alrededor de ellos como las moscas alrededor de la miel.” (John Taylor, The Gospel Kingdom, pág. 333.)

1. Probamos lo amargo que tiene la vida para poder progresar y aprender a apreciar lo bueno (véanse Moisés 6:55; D. y C. 29:39; 2 Nefi 2:1-2, 11).
2. La mortalidad es la oportunidad que se nos da de vivir por medio de la fe en Dios (véanse Gálatas 2:20; 3:11; Romanos 1:17; Habacuc 2:4).
3. Si mantenemos nuestra fe en Dios, las tribulaciones de nuestra vida obrarán juntamente para nuestro bien y nuestra gloria eterna (véanse D. y C. 90:24; 58:2-4; 121:7-8; 122:5-9; Romanos 8:28).

La mortalidad nos da la oportunidad de desarrollar los atributos de la divinidad.
■ “Hay dos tipos de perfección, la temporal o mortal y la infinita o eterna. La perfección temporal la pueden obtener los santos justos en esta vida, y consiste en llevar una fervorosa vida de devoción a la verdad, en andar completamente sumisos a la voluntad del Señor, y en darle prioridad en nuestra vida a las cosas del reino de Dios.” (Bruce R. McConkie, Mormon Doctrine, pág. 567.)

■ “Cristo se perfeccionó venciendo. Sólo a medida que logremos vencer llegaremos a ser perfectos y continuaremos hacia la categoría de dioses … la ocasión para efectuar esto es ahora, en el estado terrenal.

“… Así como una pequeña bellota no puede convertirse repentinamente en un roble, tampoco los hombres pueden repentinamente volverse justos. No obstante, el progreso hacia la perfección puede ser rápido, si uno resueltamente se dirige hacia la meta.” (Spencer W. Kimball, El Milagro del Perdón, pág. 210.)

■ “Cuando subís por una escalera, tenéis que empezar desde abajo y ascender paso por paso hasta que llegáis a la cima; y así es con los principios del evangelio: tenéis que empezar por el primero, y seguir adelante hasta aprender todos los principios que atañen a la exaltación. Pero no los aprenderéis sino hasta mucho después que hayáis pasado por el velo. No todo se va a entender en este mundo; la obra de aprender nuestra salvación y exaltación aun más allá de la tumba será grande.” (Smith, Enseñanzas, págs. 430-431.)

■ “Cada uno de vosotros tenéis dentro de vuestro alcance la posibilidad de desarrollar un reino sobre el cual presidir como rey y dios. Para gobernar un mundo así, y a todos sus habitantes, debéis desarrollaros a vosotros mismos y progresar en capacidad, poder y dignidad. No se os ha hecho venir a esta tierra sólo para que la paséis bien, o para satisfacer vuestros instintos, pasiones o deseos. No se os ha traído a esta tierra para que andéis en tiovivo, aviones, automóvil, y tengáis lo que el mundo llama ‘diversión’.

“Se os ha traído a este mundo con un serio propósito. De hecho, se os ha mandado a una escuela para comenzar como un pequeño bebé humano y crecer en proporciones increíbles en sabiduría, discernimiento, conocimiento y poder. Es por ese motivo que no podemos, ni vosotros ni yo, simplemente decir: ‘Quiero esto o aquello’. Es por eso que en nuestra infancia, en nuestra juventud, y en nuestros primeros años como adultos debemos forzarnos y crecer, y recordar y prepararnos para la vida futura, cuando las limitaciones se terminen y podamos seguir, y seguir adelante para siempre.” (Spencer W. Kimball, ” ‘ . . . the Matter of Marriage’ ” [discurso dado en el Instituto de Religión de la Universidad de Utah, el 22 de oct. de 1976], pág. 2.)

1. Se nos ha mandado que seamos perfectos como Dios es perfecto (véanse Mateo 5:48; 3 Nefi 12:48).
2. El perfeccionamiento se obtiene “línea por línea, precepto por precepto, un poco aquí y un poco allí” (2 Nefi 28:30; véase también D. y C. 50:24).
3. Las ordenanzas del sacerdocio ponen el poder de Dios a nuestro alcance (véase D. y C. 84:19-23).
4. Por medio de la gracia de Dios, la medida de nuestra creación es la divinidad (véase Efesios 4:12-13).

— Véase Doctrina del Evangelio (Religión 231-232)


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