Nuestra vida premortal

Algunas personas tienen dificultad en comprender que hayamos olvidado nuestra existencia preterrenal. El hecho de que no nos acordemos de los primeros años de nuestra infancia, cuando todavía éramos bebés, no quiere decir que no existimos entonces, que no comimos, jugamos, nos reímos y nos integramos a una vida familiar y social. Lo mismo pasa con nuestra vida premortal: aun cuando no recordamos lo que hicimos por razones que el Señor, en su eterna sabiduría, no nos ha revelado completamente, vivimos y nos relacionamos unos con otros, crecimos y aprendimos.

La inteligencia, o la luz de verdad, es eterna y ha existido siempre.
■ “El Señor le hizo saber a Moisés (véase el libro de Moisés, capítulo 3) y también a Abraham (capítulo 3 de Abraham), y lo expresó en varias revelaciones, que el hombre estuvo con Dios en el principio. Sin embargo, en esa época el hombre era un espíritu sin cuerpo. Fue en el principio cuando los concilios se reunieron y se tomó la decisión de crear esta tierra para que los espíritus que se habían propuesto venir a ella participaran de las condiciones mortales y obtuvieran cuerpos de carne y huesos. Aunque ha prevalecido la doctrina de que la materia se creó de la nada, el Señor declaró que los elementos son eternos. La materia siempre existió y por lo tanto siempre existirá; y los espíritus del hombre, así también como sus cuerpos, se crearon de materia. Aprendemos en esta revelación que lo inteligente del hombre no se creó, sino que siempre existió. Se han hecho algunas especulaciones y escrito varios artículos tratando de explicar qué son exactamente esas ‘inteligencias’, o qué es esta ‘inteligencia’, pero es inútil especular con ello. Sabemos que la inteligencia no se creó ni se hizo, ni puede ser así porque el Señor nos lo dijo. Hay también algunas verdades que debemos dejar hasta que el Señor considere conveniente revelar la plenitud de la verdad.” (Joseph Fielding Smith, Church History and Modern Revelation, 1:401.)

Véase Doctrina y Convenios 93:29.

Como hijos espirituales de Dios hemos vivido una existencia premortal.
■ “No hay forma de que la vida tenga sentido si no existe el conocimiento de la doctrina de una vida preterrenal.

“La idea de que el nacimiento es el comienzo es totalmente ilógica. No hay manera de explicar el propósito de la vida a quien crea tal cosa.

“El pensar que la vida termina con la muerte física es totalmente absurdo, y no hay manera de hacer frente a la vida si se cree tal cosa.

“Cuando llegamos a comprender la doctrina de la vida preterrenal, entonces se arman las piezas del rompecabezas y puede verse el propósito. Entonces llegamos a comprender que los niños no son monitos, ni tampoco lo son sus padres, ni lo fueron los padres de éstos en los comienzos de la generación.

“Somos hijos de Dios, creados a su imagen.
“Nuestra relación con Dios, como hijos suyos, es clara.
“El propósito de la creación de esta tierra es claro.
“La prueba que constituye la vida mortal es clara.
“La necesidad de un Redentor es clara.

“Cuando llegamos a entender ese principio del evangelio, vemos el propósito de que haya un Padre Celestial y un Elijo; vemos la razón de un sacrificio expiatorio y una redención.

“También comprendemos por qué las ordenanzas y los convenios son necesarios. Entendemos la necesidad del bautismo por inmersión para la remisión de los pecados. Comprendemos por qué renovamos ese convenio al participar de la Santa Cena.” (Boyd K. Packer, “El misterio de la vida”, Liahona, enero de 1984, pág. 26; versión revisada.)

■ “Todos los hombres y mujeres son a semejanza del Padre y Madre universales, y son literalmente hijos e hijas de Dios.

” ‘Creó Dios al hombre a su imagen.’ Esta verdad se refiere tanto al espíritu como al cuerpo, que es simplemente la envoltura del espíritu, su complemento; juntos constituyen el alma. El espíritu del hombre tiene esa forma, así como también los espíritus de todas las diferentes criaturas son a semejanza de sus cuerpos. El profeta José Smith enseñó muy claramente este principio (Doctrina y Convenios 77:2).” (La Primera Presidencia [Joseph F. Smith, John R. Winder, y Anthon H. Lund], en James R. Clark, comp., Messages of the First Presidency of The Church of Jesús Christ of Latter-day Saints, 4:203.)

■ “Estos seres espirituales, hijos de padres exaltados, eran hombres y mujeres que se parecían en todos los aspectos a las personas mortales, con la única excepción de que sus cuerpos espirituales estaban hechos de una substancia más pura y refinada que la de los elementos que constituyen los cuerpos mortales. (Eter 3:16; D. y C. 131:7-8.)” (Bruce R. McConkie, Mormon Doctrine, pág. 589.)

■ “El espíritu del hombre se compone de la organización de elementos de materia espiritual a semejanza y siguiendo el modelo del tabernáculo de la carne. De hecho, posee todos los órganos y partes que corresponden exactamente al tabernáculo exterior.” (Parley P. Pratt, Key to the Science of Theology, pág. 79.)

■ “Durante los siglos en que moramos en el estado premortal no solamente desarrollamos nuestras diferentes características y demostramos nuestra dignidad y capacidad, o la falta de ellas, sino que también estábamos en un lugar en donde ese progreso podía observarse. Es lógico creer que allí existía una organización de la Iglesia. Los seres celestiales vivían en una sociedad perfectamente organizada; todos conocían el lugar que ocupaban.

No hay ninguna duda que se había conferido el sacerdocio y que se elegían líderes para oficiar. Eran necesarias ordenanzas pertinentes a esa preexistencia y prevalecía el amor de Dios. Bajo estas condiciones era natural que nuestro Padre discerniera y eligiera aquellos que eran más dignos y evaluara los talentos de cada uno. El sabía no solamente lo que podía hacer cada uno de nosotros, sino también lo que cada uno de nosotros haría cuando se nos pusiera a prueba y se nos dieran responsabilidades. Fue así que, cuando llegó el momento de venir a habitar esta tierra, se encontraba todo preparado y los siervos del Señor ya habían sido elegidos y ordenados para cumplir con sus respectivas misiones.” (Joseph Fielding Smith, The Way to Perfection, págs. 50-51.)

■ “En la preexistencia morábamos en la presencia de Dios nuestro Padre. Cuando llegó el momento de ser avanzados en la escala de nuestra existencia y de pasar por esta probación terrenal, se realizaron concilios y los hijos espirituales recibieron instrucción en cuanto a los asuntos relativos a las condiciones de este estado mortal y en cuanto a la razón de tal tipo de existencia. En el estado anterior éramos espíritus. A fin de poder avanzar y alcanzar finalmente la meta de la perfección, se nos hizo saber que recibiríamos tabernáculos físicos de carne y hueso, y que pasaríamos por la mortalidad donde seríamos probados, para ver si nosotros, mediante la prueba, seríamos capaces de prepararnos para la exaltación.

Se nos hizo comprender, en presencia de nuestro glorioso Padre que tenía un cuerpo tangible de carne y hueso, brillante como el sol, que nosotros éramos, como espíritus, muy inferiores a El en condición.” (Joseph Fielding Smith, Doctrina de Salvación, tomo I, pág. 54.)

■ “Por medio de esta revelación [Abraham 3:23], podemos deducir dos cosas: primero, que entre esos espíritus [en la vida premortal] había diferentes niveles de inteligencia, varios estados de progreso, y distintos niveles de avance espiritual; segundo, que no había diferencias de nacionalidad entre ellos, tales como americanos, europeos, asiáticos, australianos, etc. Estos ‘límites de habitación’ se ‘prefijarían’ cuando los espíritus entraran al segundo estado, o sea a la existencia terrenal . . .

“Si a ninguno de esos espíritus se le hubiera permitido entrar en la mortalidad hasta que todos hubieran sido buenos y grandes y hubieran llegado a líderes, entonces la diversidad de condiciones que reinaría entre los hijos de los hombres, como la que vemos en la actualidad, ciertamente parecería indicar discriminación e injusticia . . .

“… Nuestra posición en el mundo, por lo tanto, se determinó de acuerdo con nuestro adelanto o condición en el estado premortal, de la misma manera que nuestra posición en nuestra existencia futura la determinará lo que hagamos aquí en la mortalidad.

“Por consiguiente, cuando el Creador les dijo a Abraham y a otros que habían logrado una condición similar: ‘os haré mis gobernantes’, no había lugar para que existiera ningún sentimiento de envidia o celos entre los otros millones de espíritus, porque los que eran ‘nobles y grandes’ no estaban recibiendo más que su debida recompensa.” (David O. McKay, Home Memories of President David O. McKay, págs. 228-230.)

1. Dios es el padre de los espíritus de toda la humanidad (véanse Hebreos 12:9; D. y C.76:24; Hechos 17:29; Romanos 8:16).

2. Nuestros cuerpos espirituales tienen la forma del cuerpo físico de Dios (véanse D. y C. 77:2; Eter 3:6-16).

3. Nuestra instrucción y preparación para la vida mortal comenzó en el mundo de los espíritus (véase D. y C. 138:56).

4. Dios nos dio el libre albedrío en la vida premortal (véanse Moisés 4:3; D. y C. 29:36).

5. Muchos espíritus llegaron a ser nobles y grandes en el mundo premortal (véanse Abraham 3:22-25; Jeremías 1:4-6; Alma 13:3-5).

Dios el Padre proveyó el plan de salvación por medio del cual sus hijos podrían finalmente llegar a ser como El.
■ “Uno de los ejemplos más lamentables de mala interpretación y de conocimiento equivocado, de lo que de otra manera sería un concepto glorioso, es el error común de creer que hubo dos planes de salvación; que el Padre (supuestamente sin saber qué hacer) solicitó a los demás que propusieran un plan; que Jesucristo expuso el suyo, el cual incluía el libre albedrío del hombre, y Lucifer, uno que lo anulaba; que el Padre eligió entre los dos; y que al ver rechazado su plan, Lucifer se rebeló y como consecuencia se desató una guerra en los cielos.

“Aun un conocimiento superficial de todo el plan asegura a las personas que son perspicaces en lo espiritual que todo se centra en el Padre; que El ideó el plan para la salvación de sus hijos, incluyendo a Jesucristo; que ni Jesucristo ni Lucifer podrían por sí mismos salvar a nadie. Como Jesús dijo: ‘No puede el Hijo hacer nada por sí mismo . . . No puedo yo hacer nada por mí mismo’ (Juan 5:19, 30).

“Por supuesto, a veces en cierto sentido nos referimos a los cambios que Lucifer propuso hacer en el plan del Padre como al plan de Lucifer, y de la misma manera que Cristo adoptó el plan del Padre como suyo. Pero lo que básicamente importa al respecto es saber que el poder de salvación es del Padre, y que El originó, ordenó, creó y estableció su propio plan; que lo anunció a sus hijos; y que luego pidió un voluntario para ser el Redentor, el Rescatador, el Mesías, quien pondría en ejecución eterna el plan sempiterno del Padre.” (Bruce R. McConkie, The Mortal Messiah, 1:48-49 n. 3.)

■ “Es evidente que lo que Satanás quería era ser el absoluto poseedor, o sea, adueñarse de todos los espíritus creados que participan en la población de esta tierra; y por lo tanto trató de que se los dieran a cambio de nada, y como se los negaron, persevera y trata de conseguirnos por medio del pecado. Si pecamos lo suficiente, nos convertimos en sus súbditos.

“Al leer las Escrituras me doy cuenta de que el plan de Satanás exigía una de dos cosas: o la coacción de la mente, el espíritu, la inteligencia del hombre, o la salvación del hombre en el pecado. Dudo que la inteligencia del hombre se pueda coaccionar. Indudablemente, el hombre no puede salvarse en el pecado, debido a que las leyes de salvación y exaltación se fundan en la rectitud y no en el pecado.” (J. Reuben Clark, hijo, en Conference Report, octubre de 1949, pág. 193.)

■ “En la guerra que tuvo lugar en el cielo no hubo neutrales, todos tomaron partido: unos con Cristo, otros con Satanás. Cada espíritu tuvo allá su libre albedrío y los hombres recibirían recompensas aquí según sus hechos de allá en la misma forma en que recibirán recompensas en el más allá por las obras hechas en la carne.” (Smith, Doctrina de Salvación, tomo I, pág. 62.)

■ “El castigo de Satanás y de la tercera parte de las huestes celestiales que lo siguieron fue negarles el privilegio de nacer en este mundo y recibir un cuerpo mortal. Ellos no guardaron su primer estado y se les negó la oportunidad de tener progreso eterno. El Señor los expulsó a esta tierra en la que vinieron a ser tentadores de la humanidad: el diablo y sus ángeles.” (Smith, Doctrina de Salvación, tomo I, págs. 61-62.)

1. El plan de salvación de Dios se enseñó a sus hijos espirituales (véase Abraham 3:24-27).

2. A Jesucristo se le eligió y preordenó para venir a la tierra y llevar a cabo el sacrificio expiatorio (véanse 1 Pedro 1:19-20; Moisés 4:2; Apocalipsis 13:8; Abraham 3:27).

3. Lucifer, un espíritu de autoridad en la presencia de Dios, deseaba para sí la gloria y el honor de Dios y quitarles para siempre a Sus hijos el libre albedrío (véanse Moisés 4:1-3; D. y C. 76:25-28; Isaías 14:12-14).

4. La rebelión de Lucifer en contra de Dios causó una guerra en los cielos (véanse Apocalipsis 12:7; D. y C. 76:25-29).

5. Una tercera parte de los espíritus fueron expulsados de los cielos por no querer guardar su primer estado (véanse Abraham 3:27-28; D. y C. 29:36 38; 2 Pedro 2:4; Apocalipsis 12:8-9).

6. A todos los que hayan guardado “su primer estado” (la vida premortal) se les ha prometido que “les sería añadido” el próximo (recibir cuerpos mortales), y a todos los que “guarden su segundo estado, les será aumentada gloria sobre su cabeza para siempre jamás” (Abraham 3:26).

— Véase Doctrina del Evangelio (Religión 231 y 232)


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