La obediencia, una ley celestial

  • La obediencia, una ley celestial

Cecil B. DeMille, director norteamericano de la película bíblica Los Diez Mandamientos, dijo a los estudiantes de la Universidad Brigham Young:

“Estamos tan acostumbrados a pensar que la ley es algo estricto, algo que nos restringe, que algunas veces la catalogamos como algo contrario a la libertad. Pero éste es un concepto falso. Esa no es la forma en que Dios inspiró a los profetas y a los legisladores a que vieran la ley. Esta tiene un doble propósito: el de gobernar y el de educar . . .

“… Y lo mismo pasa con todos los Mandamientos.

“Debemos mirar más allá del significado literal o superficial de las palabras. Debemos tomarnos el trabajo de entenderlas; porque ¿cómo vamos a obedecer mandamientos que no comprendemos?

Pero aparte de eso, los Mandamientos tienen una función educativa, la que se puede apreciar en todos aquellos que los guardan. El guardar los mandamientos da origen al buen carácter. Los Diez Mandamientos no son reglas que obedecemos para hacerle un favor a Dios, sino que son los principios básicos sin los cuales la humanidad no podría vivir en sociedad. Ellos hacen que los hombres y las mujeres que los viven sean fieles, fuertes, sanos y dedicados. Todo ello se debe a que los Mandamientos provienen de la misma Mano Divina que moldeó nuestra naturaleza humana.

“Dios no se contradice. El no creó al hombre y luego le impuso un conjunto de leyes arbitrarias, restrictivas y exasperantes. El creó al hombre libre y luego le dio los mandamientos para que se conservara libre.” (“Commencement Address”, en Commencement Exercises, Brigham Young University Speeches of the Year [Provo, 31 de mayo de 1957], págs. 4-5; parte del cual se cita en el manual Cursos de estudio de la Sociedad de Socorro, 1985, pág. 174.)

La obediencia es la primera ley de los cielos.

■ “La obediencia es la primera ley de los cielos, la piedra angular sobre la cual descansan toda la rectitud y el progreso; y consiste en vivir de acuerdo con la ley divina, en avenirse a la voluntad de la Deidad, en completa sumisión a Dios y a sus mandamientos.” (Bruce R. McConkie, Mormon Doctrine, pág. 539.)

■ “La obediencia debe ser voluntaria; no debe ser forzada; ni debe haber coacción. No se debe forzar al hombre a obedecer la voluntad del Señor en contra de su propia voluntad; se debe obedecer porque se sabe que es lo correcto, porque se desea hacerlo y porque se siente placer en hacerlo. Dios se deleita con las almas de buena voluntad.” (Joseph F. Smith, en Journal of Discourses, 25:59.)

■ “Si amamos a Cristo, guardaremos sus mandamientos.

“Si hubiere alguno que viola o no guarda los mandamientos del Señor, es evidencia de que no lo ama. Debemos obedecerlos. Mediante nuestras obras mostramos que amamos al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, mente y fuerza; y en el nombre de Jesucristo le servimos, y amamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Esta es la palabra del Señor como ha sido revelada en estos tiempos modernos para la guía de Israel.” (Joseph Fielding Smith, “Guardad los mandamientos”, Liahona, enero de 1971, pág. 2.)

■ “En el campo de la política, donde se le pone tanta presión a los hombres para que comprometan sus ideales y principios en aras de la conveniencia, los compañeros de partido del presidente Marión G. Romney muy pronto aprendieron a admirar la fuerza de voluntad que tenía para mantenerse firme a los dictados de su conciencia y seguir los consejos que le daban sus líderes de la Iglesia, con respecto a asuntos vitales que afectaban el bienestar de la nación, aceptándolos como inspiración divina aun cuando muchas veces le ocasionaban grandes fricciones con sus propios líderes del partido. En una oportunidad en que los líderes de la Iglesia denunciaron en un breve editorial ciertas tendencias de la administración política que estaba en ese momento en el poder, él me confió algo que sería bueno que todos los miembros leales de la Iglesia en la vida pública imitaran: ‘Cuando leí ese editorial’, me dijo, ‘yo sabía lo que me correspondía hacer; sin embargo, eso sólo no bastó, puesto que me constaba que debía albergar buenos sentimientos en lo que tocaba a seguir el consejo de los líderes de la Iglesia, y que debía asimismo saber, a ciencia cierta, que tenían razón. El lograrlo me llevó el pasar de rodillas toda una noche’. Me he valido de este ejemplo para destacar la diferencia que hay entre la obediencia ‘inteligente’ y la obediencia ‘ciega’. Aun cuando el presidente Marión G. Romney no fue nunca desleal a la autoridad que estaba sobre él, nunca se le podría acusar de haber sido ‘ciegamente obediente’.” (Harold B. Lee, “Marión G. Romney”, Improvement Era, oct. de 1962, pág. 742; véase también Cursos de estudio de la Sociedad de Socorro, 1982, pág. 40.)

1. Se ha decretado en los cielos que las bendiciones se basan en la obediencia (véanse D. y C. 130:20-21; Deuteronomio 11:8, 26-27).
2. Vinimos a esta tierra para probar nuestra buena voluntad de obedecer (véanse Abraham 3:24-25; D. y C. 98:14).
3. La obediencia debe ser voluntaria (véanse Abraham 3:25-26; Helamán 14:30-31).
4. Dios nos da mandamientos porque nos ama y desea que lleguemos a ser como El (véanse Deuteronomio 6:24-25; D. y C. 25:15; 3 Nefi 12:48).
5. Nuestra obediencia a los mandamientos de Dios es una expresión de amor hacia El (véanse Juan 14:15, 21, 23; 1 Juan 5:3; D. y C. 42:29).
6. Es importante obedecer a Dios, aun cuando no comprendamos totalmente el mandamiento que se nos da (véanse Moisés 5:5-6; 1 Nefi 3:7).
7. El Señor nos castiga porque nos ama (véanse Hebreos 12:6; D. y C. 95:1; Helamán 15:3; Apocalipsis 3:19).
8. Antes que obedecer a los hombres debemos obedecer a Dios (véase Hechos 5:29).

El Señor promete grandes bendiciones a aquellos que obedecen sus mandamientos.
■ “La obediencia a Dios puede ser la expresión más elevada de independencia. Simplemente pensad en darle aquello, aquel don que El jamás tomaría por fuerza. Pensad en ofrecerle aquello que jamás os arrancaría . . .

“La obediencia —aquello que Dios jamás tomará por la fuerza— es lo que El aceptará cuando se le dé voluntariamente. Y entonces os dará a cambio una libertad que no habréis soñado, la libertad de sentir y saber, la libertad de hacer y la libertad de ser, cuando menos mil veces más de lo que le hemos ofrecido. Aunque parezca raro, la llave de la libertad es la obediencia . . .

“… Cuando fui presidente de la Misión de Nueva Inglaterra, el Coro del Tabernáculo iba a cantar en la feria mundial de Montreal. El coro tenía un día libre y propuso ofrecer un concierto en Nueva Inglaterra. Un prominente industrial del lugar solicitó el privilegio de patrocinar el concierto.

“El hermano Condie y el hermano Stewart fueron a Boston para tratar el asunto. Nos encontramos en el aeropuerto de Boston y en seguida nos dirigimos en auto a Attleboro, Massachusetts. En el camino el señor Yeager inquirió sobre el concierto. ‘Me gustaría ofrecer una recepción a los miembros del coro. La podría hacer en mi casa o en mi club’, nos dijo. Deseaba invitar a sus amistades, quienes eran, por supuesto, la gente prominente de Nueva Inglaterra; de hecho, de la nación. Habló al respecto y en seguida preguntó si debía servir bebidas alcohólicas.

“Como respuesta, el hermano Stewart dijo:

‘Bueno, señor Yeager, ya que es su casa y usted es el anfitrión, supongo que puede hacer exactamente lo que usted desee’. ‘Esa no era mi intención’, contestó este gran hombre. ‘No quiero hacerlo de acuerdo con mis cíeseos, sino de acuerdo con los suyos’.

“Es en esa clase de espíritu es que se encuentra la llave de la libertad. Debemos ponernos a las órdenes de nuestro Padre Celestial y decir, individualmente: ‘No deseo hacer lo que yo quiero. Deseo hacer lo que Tú deseas que haga’. Al instante, como cualquier otro padre, el Señor podría decir: Bueno, uno más de mis hijos que casi se ha liberado de la necesidad de una constante supervisión.” (Boyd K. Packer, Obedience, Brigham Young University Speeches of the Year [Provo, 7 de dic. de 1971], págs. 3-4; véase también el manual del Curso individual supervisado de Instituto, Doctrina y Convenios, pág. 396.)

■ “El obedecer a medias es tan malo como la completa violación de las leyes, y tal vez peor, ya que el rechazo a medias y la aceptación a medias son solamente una falsificación; es admitir la propia falta de carácter y la falta de amor hacia El. Es en realidad un esfuerzo por vivir en ambos lados de la línea divisoria.” (Mark E. Petersen, “Creemos en ser honrados”, Liahona, julio de 1982, pág. 31.)

■ “No hay hombre que no esté dispuesto a reconocer que Dios exige obediencia estricta a sus requisitos; pero, al brindar esa obediencia estricta, ¿somos acaso hechos esclavos? No. Es la única manera sobre la faz de la tierra por la que podemos llegar a ser libres; y seremos esclavos de nuestras propias pasiones y del maligno, si seguimos cualquier otro curso.” (Brigham Young, Discourses of Brigham Young, pág. 225; citado por el presidente N. Eldon Tanner, “Y conoceréis la verdad … “, Liahona, agosto de 1978, pág. 22.)

1. El Señor promete bendiciones tanto temporales como espirituales para aquellos que obedecen sus mandamientos (véanse Mosíah 2:41; Levítico 26:3-12; Deuteronomio 4:40; D. y C. 58:2; 64:34; 130:21).
2. La obediencia en esta vida nos dará ventaja en la vida venidera (véase D. y C. 130:19).
3. El Señor nos proveerá la manera de poder obedecer todos sus mandamientos (véanse 1 Nefi 3:7; 17:3).
4. La obediencia a la ley divina nos hace libres (véase Juan 8:31-32).

La desobediencia es una seria ofensa ante los ojos de Dios.
■ “No hay poder dado al hombre, ni medio legal que pueda usarse para obligar a los hombres a obedecer la voluntad de Dios contra su deseo, sino la persuasión y los buenos consejos; pero hay un castigo que acompaña la desobediencia, el cual deben padecer todos aquellos que no obedecen las claras
verdades y leyes de los cielos.” (Joseph F. Smith, Doctrina del Evangelio, pág. 101.)

1. Ofendemos a Dios al desobedecer sus mandamientos (véanse D. y C. 59:21; Efesios 5:6).
2. La desobediencia a los mandamientos nos acarrea serias consecuencias espirituales y temporales (véanse Levítico 26:14-32; Jeremías 11:3; D. y C. 1:14; 56:3; 2 Nefi 9:27).

Jesucristo dio el ejemplo de la obediencia.
■ “Cristo mismo sentó el ejemplo perfecto de obediencia para todos sus hermanos. Para dar el ejemplo se bautizó con el fin de testificar ‘al Padre que le sería obediente en observar sus mandamientos’ (2 Nefi 31:7). Su obediencia fue perfecta en todo sentido. Como Pablo escribió: ‘Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen’ (Hebreos 5:8—9).” (McConkie, Mormon Doctrine, pág. 540.)

Véanse 2 Nefi 31:7-10; Lucas 22:42; Juan 8:28-29; 3 Nefi 27:21.

Por medio de la Expiación y la obediencia a los mandamientos de Dios, podemos obtener la vida eterna.
■ “Para obtener la salvación no sólo tenemos que hacer algunas cosas, sino todo lo que Dios ha mandado. Los hombres podrán predicar y practicar todo, menos aquellas cosas que Dios nos manda hacer, y por fin se condenarán. Nosotros podremos diezmar la menta y el comino y toda clase de hierbas y aun así dejar de obedecer los mandamientos de Dios. Mi objeto es obedecer y enseñar a otros a obedecer a Dios precisamente en las cosas que El nos manda. No importa que el principio sea popular o impopular, siempre sostendré un principio verdadero, aunque yo sea el único.” (José Smith, Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 410.)

■ “Si guardamos íos mandamientos del Señor, gozaremos de la presencia de ambos, el Padre y el Hijo, y recibiremos el reino del Padre y seremos herederos de Dios —coherederos con nuestro Hermano mayor. ¡Oh, qué maravillosas, cuán grandiosas las bendiciones del Señor para todos los Santos de los Ultimos Días, y para todos aquellos que están dispuestos a entrar a las aguas del bautismo y regirse por la ley y guardar los mandamientos del Señor!” (Smith, “Guardad los mandamientos”, Liahona, enero de 1971, pág. 2.)

1. Se espera que obedezcamos a Dios hasta el fin de nuestra vida (véanse Mosíah 5:8; 2 Nefi 31:16; D. y C. 14:7).
2. Obtenemos la vida eterna por medio de la Expiación y la obediencia a las leyes y ordenanzas del evangelio (véanse el tercer Artículo de Fe; D. y C. 138:4; 1 Nefi 22:31; D. y C. 14:7; Mateo 7:21).
3. Todos los que obedezcan al Señor fielmente tendrán el privilegio de verlo (véanse D. y C. 93:1; 88:68).

—Véase Doctrina del Evangelio (Religión 231 y 232)


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