La Santa Cena: Una ordenanza para recordar

  • La Santa Cena: Una ordenanza para recordar

La Santa Cena es una ordenanza instituida para que los miembros de la Iglesia recuerden el sacrificio expiatorio de Jesucristo, el Hijo del Dios viviente. Se ha mandado a los santos . . . participar de la Santa Cena a menudo para demostrar que están dispuestos a tomar sobre sí el nombre de Cristo y a recordarle siempre. (Véase Dallin H. Oaks, “El tomar sobre nosotros el nombre de Cristo“, Liahona, julio de 1985)

Jesucristo instituyó el sacramento de la Santa Cena como una ordenanza recordativa de El.
■ “La institución de la Cena del Señor es una poderosa evidencia de la divinidad y presciencia del Salvador, ¿y que podría ser más impresionante y poderoso para traer a nuestra memoria el sublime sacrificio que El hizo, que participar del pan para recordar su cuerpo, y beber de la copa para recordar la sangre que derramó para la remisión de los pecados? Jesús sabía que una enseñanza abstracta la podríamos olvidar fácilmente, que recordaríamos mejor lo que es concreto. Por eso fue que muchas de sus excelentes lecciones las dio en forma de parábolas, y para que éste, el más grande de todos los acontecimientos, pudiera quedar vividamente impreso en todos, El nos dio esta gloriosa ordenanza de una forma tangible, a fin de que pudiéramos verla y participar de ella.” (Anthon H. Lund, en Conference Report, oct. de 1916, pág. 13.)

■ “El Salvador hizo hincapié en que el pan y el agua tangibles de la Santa Cena eran para recordarnos continuamente el sacrificio que El hizo por nosotros y para renovar nuestros convenios de rectitud y justicia. El día de reposo, un día solamente por semana, se apartó para que pudiéramos recordar nuestros deberes espirituales, y el domingo de Pascua, una sola vez al año, para recordar la resurrección del Señor.” (Spencer W. Kimball, The Teachings of Spencer W. Kimball, pág. 220.)

1. Jesús enseñó a sus discípulos la naturaleza y el propósito de la ordenanza de la Santa Cena (véanse Mateo 26:26-29; 3 Nefi 18:1-11).
2. Participamos de la Santa Cena en memoria del sacrificio expiatorio de Cristo (véanse 3 Nefi 18:6-7; Moroni 6:6; D. y C. 27:2; 1 Corintios 11:24-26).

Cuando participamos de la Santa Cena, hacemos convenio con Dios.
■ “A menudo me he preguntado si entendemos plenamente el significado y la importancia de los convenios que hacemos al participar de estos emblemas en memoria del cuerpo y de la sangre de Jesucristo. Es nuestro deber considerar cuidadosa y conscientemente la naturaleza de estas oraciones al oírlas en nuestras reuniones. Hay cuatro cosas muy importantes que nos comprometemos a hacer cada vez que participamos de estos emblemas, y participando damos señal de que nos sometemos plenamente a las obligaciones y ellas a su vez tienen vigencia sobre nosotros. Estas son las siguientes:

“1. Comemos en memoria del cuerpo de Jesucristo, prometiendo que siempre recordaremos su cuerpo herido e inerte sobre la cruz.

“2. Bebemos en memoria de la sangre que fue derramada por los pecados del mundo, la cual expió por la transgresión de Adán, y la cual nos libera de nuestros propios pecados a condición de nuestro verdadero arrepentimiento.

“3. Hacemos convenio de que estaremos deseosos de tomar sobre nosotros el nombre del Hijo y que lo recordaremos siempre. Observando este convenio prometemos que seremos llamados por su nombre y que nunca haremos cosa alguna que acarree vergüenza o reproche sobre ese nombre.

“4. Hacemos convenio de que guardaremos los mandamientos que El nos ha dado, no sólo un mandamiento, sino que estaremos deseosos de vivir ‘de toda palabra que sale de la boca de Dios’.

“Si hacemos estas cosas, entonces se nos promete la guía constante del Espíritu Santo, y si no hacemos estas cosas, no tendremos esa guía.” (Joseph Fielding Smith, Doctrina de Salvación, tomo II, págs. 324-325.)

■ “El bautismo es para la remisión de los pecados. Los que se bautizan dignamente reciben la remisión de sus pecados por medio del derramamiento de la sangre de Cristo. Sus vestiduras son lavadas en la sangre del Cordero. De allí en adelante, cuando participan dignamente de la Santa Cena, renuevan el convenio hecho en las aguas del bautismo. Los dos convenios son iguales.” (Bruce R. McConkie, The Promised Messiah, pág. 386.)

■ “En la dispensación actual, cuando la Iglesia fue organizada, el Señor dijo: ‘Conviene que la iglesia se junte a menudo para participar del pan y vino en memoria del Señor Jesús’. Luego siguen las palabras exactas que deben ser usadas en la bendición del pan y del vino, o del agua, la cual por revelación ha venido a substituir al vino.

“Reunirse a menudo con este propósito es un requisito impuesto a los miembros de la Iglesia, el cual tiene tanta vigencia sobre ellos en su observación como cualquier otro principio u ordenanza del evangelio. Ningún miembro de la Iglesia que rehúse observar esta santa ordenanza puede retener la inspiración y la guía del Espíritu Santo.” (Smith, Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 318.)

■ “¿Pensáis que una persona que va al servicio sacramental con espíritu de oración, humildad y adoración, y que participa de los emblemas que representan el cuerpo y la sangre de Jesucristo, quebrantará a sabiendas los mandamientos del Señor? Si alguien, cuando participa de la Santa Cena, comprende plenamente su significado, de que hace convenio de tomar sobre sí el nombre de Jesucristo, de recordarle siempre y de guardar sus mandamientos, y esa promesa la renueva semana tras semana, ¿pensáis que dejará de pagar los diezmos? ¿Pensáis que una persona así dejará de
guardar el día de reposo o la Palabra de Sabiduría? ¿Pensáis que dejará de orar, o no cumplirá con sus deberes del quorum al que pertenece, u otros deberes de la Iglesia? A mí me parece que algo como es la violación a estos sagrados principios y deberes no es posible cuando una persona conoce lo que significa hacer tales promesas solemnes semana tras semana al Señor y delante de los demás miembros de la Iglesia.” (Joseph Fielding Smith, en Conference Report, oct. de 1929, págs. 62-63.)

1. Se nos ha instruido aprender el significado de la Santa Cena antes de participar de ella (véase D. y C. 20:68).
2. Cuando participamos de la Santa Cena renovamos el convenio que hicimos en el bautismo, el cual es tomar sobre nosotros el nombre de Cristo, recordarle siempre y guardar todos los mandamientos que El nos ha dado (véanse D. y C. 20:77, 79; Moroni 4:3; 5:2).
3. A su vez, el Salvador hace convenio con nosotros de que siempre podremos tener la compañía de su Espíritu (véanse 3 Nefi 18:11; D. y C. 20:77, 79).
4. Se nos ha mandado participar frecuentemente de la Santa Cena (véanse D. y C. 20:75; Moroni 6:6).
5. Como con todos los convenios que Dios hace con nosotros, debemos observar fielmente el convenio de la Santa Cena si queremos obtener sus beneficios (véanse D. y C. 42:78; 82:10).

El pan y el agua son símbolos sumamente importantes.
■ “Dado que El es el Pan de Vida (lo que significa que es el Hijo de Dios), el cual vino del Padre, y dado que el hombre debe comer ese pan espiritual para obtener la salvación, es obvio que la vida eterna se alcanza solamente comiendo la carne y bebiendo la sangre del Hijo de Dios o, en otras palabras, la vida eterna se obtiene solamente aceptando a Jesús como el Cristo y guardando sus mandamientos.

“Comer la carne y beber la sangre del Hijo de Dios es: primero, aceptarlo en el sentido más completo y literal, sin ninguna reserva, como el hijo personal en la carne del Eterno Padre; y segundo, guardar los mandamientos del Hijo al aceptar el evangelio, unirse a su Iglesia, y perseverar en obediencia y rectitud hasta el fin. Los que siguiendo esta línea de conducta comen de su carne y beben de su sangre obtendrán la vida eterna, que es la exaltación en el más alto de los cielos del mundo celestial . . .

“… Para que sus santos recuerden constantemente su obligación de aceptarlo y obedecerlo o, en otras palabras, comer de su carne y beber de su sangre, el Señor les ha dado la ordenanza de la Santa Cena. Esta ordenanza, que se lleva a cabo con el propósito de recordar su carne lacerada y su sangre derramada, es el medio provisto para que el hombre, en forma solemne y repetida, afirme su creencia en la divinidad de Cristo y su determinación de servirlo y guardar sus mandamientos; o en otras palabras, en esta ordenanza, en un sentido espiritual, y no literal, el hombre come su carne y bebe su sangre.” (Bruce R. McConkie, Doctrinal New Testament Commentary, 1:358; cursiva agregada.)

■ “Para el sediento y sofocado viajero que atraviesa el desierto, encontrar agua es encontrar la vida, es escapar de una segura y agonizante muerte; de la misma manera, el cansado peregrino que viaja por los intrincados senderos de la mortalidad se salva eternamente bebiendo del manantial de agua viva que se encuentra en el evangelio.
“El agua viva son las palabras de vida eterna, el mensaje de salvación.” (McConkie, Doctrinal Nezv Testament Commentary, 1:151.)

■ “Celebrando la fiesta de la Pascua, y de esa manera honrando y cumpliendo la ley en su totalidad, Jesús inició el sacramento de la Santa Cena. El sacrificio terminó y el sacramento comenzó. Era el final de la era antigua y el comienzo de la nueva. El sacrificio estaba a la espera de la sangre derramada y la carne lacerada del Cordero de Dios. El sacramento de la Santa Cena sería en memoria de su sangre y de su cuerpo. Los emblemas, el pan y el vino, simbolizarían en forma tan completa su sacrificio como lo había hecho en sus días la sangre derramada de los animales.” (McConkie, Doctrinal New Testament Commentary, 1:719-720.)

■ “Se le ha dado interpretaciones muy diferentes al significado de lo que habló Jesús cuando les dijo a sus discípulos, Tomad, comed, esto es mi cuerpo’, como también así cuando les dio la copa diciendo, ‘Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados’ [Mateo 26:26-28]. Un gran número de denominaciones y sectas cristianas declaran que eso no significa que el pan y el vino sean emblemas, sino que realmente participamos de la carne y la sangre durante la administración de la Santa Cena . . . Esa no es nuestra opinión. Nosotros creemos que el pan y el vino son simplemente emblemas de su cuerpo y de su sangre. Si imaginamos por un momento que nos encontramos en ese cuarto sagrado donde El y sus discípulos se encontraban reunidos participando de la comida pascual, y en donde El instituyó la sagrada ordenanza, podríamos verlo de pie ante sus discípulos, partiendo el pan y diciendo, ‘esto es mi cuerpo’, y también tomando la copa y diciendo, ‘esto es mi sangre’, y aún así lo seguiríamos viendo de pie en todo su vigor con su sangre circulando por las venas. No era su sangre lo que llenaba su copa, ya
que El mismo dijo que era el ‘fruto de la vid’. Fue vino lo que el Señor les dio a sus discípulos, pero éste representaba la sangre que El derramaría para la remisión de los pecados.” (Lund, en Conference Report, oct. de 1916, pág. 13.)

1. Jesús se llamó a sí mismo el “pan de vida” y la fuente de “agua viva” (Juan 6:35; 4:10).
2. El pan representa la carne lacerada del Salvador y el vino (o fruto de la vid) representa su sangre derramada (véanse Mateo 26:26-28; Marcos 14:22-25; D. y C. 27:5).
3. En la oración sacramental revelada, el pan y el agua se santifican para nuestra alma, y si somos dignos, somos llenos del Espíritu Santo (véase 3 Nefi 20:8-9).
4. Los emblemas del sacramento de la Santa Cena los bendicen y administran personas que tienen autoridad para hacerlo (véanse D. y C. 20:46, 76; 3 Nefi 18:5).
5. Los emblemas que se utilizan en la Santa Cena tienen menos importancia que la razón por la cual participamos; es por eso que ahora se utiliza agua en vez de vino en la Santa Cena (véase D. y C. 27:2).

Se nos han dado normas concernientes a quiénes pueden participar de la Santa Cena.
■ “Antes de participar de este sacramento, nuestro corazón debe ser puro, nuestras manos deben estar limpias, no debemos albergar ningún mal sentimiento hacia nuestro prójimo, debemos estar en paz con nuestros semejantes, y debemos tener en nuestro corazón el firme deseo de hacer la voluntad de nuestro Padre y de guardar todos sus mandamientos. Si lo hacemos, el participar de la Santa Cena será una bendición para nosotros y nuestra fortaleza espiritual se reavivará.” (George Albert Smith, en Conference Report, abril de 1908, pág. 35.)

■ “¿Por cuánto tiempo piensan ustedes que una persona puede participar de esta ordenanza indignamente, antes de que el Señor retire su Espíritu de ella? ¿Por cuánto tiempo podrá jugar esa persona con las cosas sagradas antes que el Señor lo entregue a los bofetones de Satanás hasta el día de la redención? . . . Por lo tanto, nuestro corazón debe ser humilde, y debemos arrepentimos de nuestros pecados y desechar la maldad de nuestro lado.” (José Smith, History of the Church, 2:204.)

■ “La Santa Cena es para los santos, para aquellos que han hecho convenio en las aguas del bautismo . . .

“Si dentro de la congregación hay una persona que no es miembro de la Iglesia, no debemos prohibirle participar de la Santa Cena, sino que debemos explicarle que el propósito de esa ordenanza es renovar los convenios hechos en el bautismo o en el templo, y que como ella no los ha hecho, no es necesario que participe de ese sacramento. Sin embargo, si está limpia y es digna y piadosa, su participación en la Santa Cena no traerá sobre ella ninguna condenación, como pasaría en sentido contrario con los que han hecho convenios solemnes y los han desatendido o desafiado.” (Kimball, Teachings of Spencer W. Kimball, págs. 226-227.)

1. La Santa Cena es para los que han hecho convenio con Dios (véase 3 Nefi 18:4-5).
2. Los transgresores no deben participar hasta que no se hayan arrepentido de sus pecados (véase D. y C. 46:4-5).
3. Los líderes encargados no deben permitir al transgresor impenitente participar de la Santa Cena (véase 3 Nefi 18:28-30).
4. Antes de participar de la Santa Cena, cada persona debe determinar su propia dignidad (véase 1 Corintios 11:28).
5. Participar indignamente de la Santa Cena puede traer enfermedad y condenación espirituales (véase 1 Corintios 11:27-30).

— Véase Doctrina del Evangelio (Religión 231 y 232)


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