Renacimiento espiritual: La verdadera conversión

  • Renacimiento espiritual: La verdadera conversión

Muchas veces aprendemos mejor cuando podemos ver el contraste entre lo blanco y lo negro, lo bueno y lo malo, lo amargo y lo dulce. Al principio, Alma, hijo, aparece en el Libro de Mormón como un ser inicuo e idólatra que iba entre los miembros de la Iglesia tratando de destruir la obra que había hecho su padre. Durante su rebelión, se le apareció un ángel y le reprendió severamente, testificándole de los propósitos de Dios. Alma quedó tan impresionado con la visita del ángel que por un tiempo le fue imposible moverse ni hablar. Cuando al fin pudo hacerlo, se puso de pie y declaró lo siguiente: “El Señor me ha redimido; he aquí, he nacido del Espíritu” (Mosíah 27:24).

Una experiencia como la que cambió la vida de Alma es esencial para nuestro progreso en el evangelio de Jesucristo. Puede ser que nuestra experiencia no sea tan espectacular como la de Alma, y probablemente no lo será, pero los resultados pueden ser los mismos. Será entonces cuando podremos decir con Alma que hemos sido redimidos “de la hiel de amargura, y de los lazos de iniquidad” y que nuestra “alma no siente más dolor” (Mosíah 27:29).

Toda persona responsable debe renacer del agua y del Espíritu.
■ “El Hijo de Dios vino al mundo para redimirlo de la caída. Pero el hombre que no renaciere, no puede ver el reino de Dios. Esta verdad eterna determina el asunto de la religión de todo hombre. Después del juicio, el hombre podrá salvarse en el reino terrestre o el reino telestial, pero jamás podrá ver el reino celestial de Dios sin nacer del agua y del Espíritu.” (José Smith, Enseñanzas del Profeta fosé Smith, págs. 7-8.)

■ “Alma trataba de despertar a sus escuchas en Zarahemla para que se dieran cuenta de que para ellos el poder ‘mirar a Dios en aquel día con un corazón puro y manos limpias’ dependía de si habían experimentado ese gran cambio que el bautismo de fuego y del Espíritu Santo realiza en el corazón de la gente.

“Les recordó que su padre había aceptado las palabras de Abinadí y que ‘según su fe, se realizó un gran cambio en su corazón . . .

” ‘y … él predicó la palabra a vuestros padres, y en sus corazones también se efectuó un gran cambio’, continuó diciendo.

” ‘Y ahora os pregunto, hermanos míos de la iglesia: ¿Habéis nacido espiritualmente de Dios? . . .

” ‘¿Habéis experimentado este gran cambio en vuestros corazones?’ (Alma 5:12-14).

“Después de hablarles de todo esto, les hizo la siguiente pregunta: ‘¿Podréis mirar a Dios en aquel día con un corazón puro y manos limpias?’ (Alma 5:19).

“Ese ‘gran cambio’ que viene por el bautismo de fuego y del Espíritu Santo debe tener lugar —y acontecerá si está preparado para recibirlo— cuando el converso se bautiza por inmersión para la remisión de pecados y recibe el don del Espíritu Santo por medio de la imposición de manos, las dos ordenanzas requeridas para nacer ‘del agua y del Espíritu’.” (Marión G. Romney, Look to God and Live, págs. 269-270.)

■ “El primer nacimiento tiene lugar cuando los espíritus pasan de su primer estado preexistente al estado terrenal; el segundo nacimiento, o nacimiento ‘en el reino de los cielos’, ocurre cuando los hombres nacen de nuevo y se vivifican en las cosas del Espíritu y de la justicia. Los elementos del agua, sangre y Espíritu están presentes en ambos nacimientos (Moisés 6:59-60). El segundo nacimiento comienza cuando el hombre se bautiza en el agua y la ordenanza la realiza alguien que tiene la autoridad para hacerlo y se completa cuando finalmente recibe la compañía del Espíritu Santo, convirtiéndose en una nueva criatura por el poder limpiador de ese miembro de la Trinidad.” (Bruce R. McConkie, Mormon Doctrine, pág. 101, parte de la cual se cita en La vida y enseñanzas de Cristo y sus apóstoles, pág.39.)

1. Para que los miembros de la Iglesia puedan recibir la salvación en el reino celestial, deben nacer otra vez y recibir el bautismo de fuego (véanse Mosíah 27:24-29; Juan 3:3-8; Alma 7:14).
2. Nacer otra vez es ser vivificado por el Espíritu y tener un cambio en el corazón (véanse Moisés 6:65-66; Mosíah 5:2, 5-7).
3. Nuestro nuevo nacimiento comienza al bautizamos y se completa al recibir la compañía del Espíritu Santo y quedar limpios de pecado (véanse 3 Nefi 12:1-2; Alma 36:24; Mormón 7:10).
4. El nacer nuevamente es un proceso continuo (véanse Alma 5:14-31; 1 Pedro 2:2).

La justificación es recibir el perdón del Señor y establecerse en el camino de la rectitud.
■ “¿Qué es, entonces, la ley de justificación? Es simplemente: ‘Todos los convenios, contratos, vínculos, compromisos, juramentos, votos, efectuaciones, uniones, asociaciones o aspiraciones’ (D. y C. 132:7) que el hombre debe cumplir para lograr la salvación y la exaltación; debe entrar en ellos y llevarlos a cabo en rectitud para que el Espíritu Santo pueda justificarlo para la salvación por lo que ha realizado. (1 Nefi 16:2; Jacob 2:13-14; Alma 41:15; D. y C. 98; 132:1, 62.) Un acto que el Espíritu Santo justifica es aquel que sella el Santo Espíritu de la Promesa o, en otras palabras, es aquel que el Espíritu Santo confirma y aprueba.” (McConkie, Mormon Doctrine, pág. 408.)

■ “La justificación es un acto judicial por medio del cual Dios declara que se perdona y se acepta en Su reino al pecador que se arrepiente, que acepta por medio de la fe el sacrificio del Cordero de Dios, y que se bautiza de acuerdo con la palabra de Dios.” (Elyrum M. Smith and Janne M. Sjodahl, Introduction to and commentary on The Doctrine and Covenants, pág. 104.)

■ “A fin de que seamos justificados delante de Dios, debemos amarnos el uno al otro; debemos vencer el mal, visitar a los huérfanos y las viudas en sus tribulaciones y guardarnos sin mancha del mundo, porque estas virtudes emanan de la gran fuente de la religión pura y fortalecen nuestra fe, añadiendo toda buena cualidad que engalana a los hijos del bendito Jesús. Podemos hacer oración cuando es tiempo de orar, podemos amar a nuestros prójimos como a nosotros mismos y podemos ser fieles en la tribulación, sabiendo que el galardón de los que así obran es mayor en el reino de los cielos. ¡Qué consuelo! ¡Qué gozo! ¡Concédase que yo pueda llevar la vida de los justos, y sea mi galardón como el suyo!” (Smith, Enseñanzas, pág. 85.)

1. Nacer de nuevo nos justifica ante el Señor y nos pone en el camino de la santificación (véanse D. y C. 20:29-31; Moisés 6:60; 1 Corintios 6:11).
2. La justificación se obtiene por medio de la fe en Jesucristo y de nuestra rectitud personal (véanse Romanos 5:1, 9; Isaías 53:11).
3. Todos los convenios pertenecientes a nuestra exaltación debemos hacerlos en rectitud, y el Santo Espíritu de la Promesa debe justificarlos y sellarlos (véanse D. y C. 132:7; 76:53).

La santificación es un estado de santidad y pureza.
■ “Ser santificado es volverse limpio, puro y sin mancha; ser libre de la sangre y pecados del mundo; convertirse en una nueva criatura del Espíritu Santo; alguien cuyo cuerpo ha sido renovado por medio del renacimiento del Espíritu. La santificación es un estado de santidad que se alcanza sólo de conformidad con las leyes y ordenanzas del . evangelio.” (McConkie, Mormon Doctrine, pág. 675; citado en La vida y enseñanzas de Cristo y sus apóstoles, pág. 288.)

■ “Una persona se santifica cuando su voluntad, pasiones y sentimientos se someten perfectamente a Dios y a Sus requisitos. Si mi voluntad se funde con la voluntad de Dios, ello me conducirá a todo lo bueno, y finalmente me coronará con mortalidad y vidas eternas. (Brigham Young, en Journal of Discourses, 2:123.)

■ “Daré mi propia definición del término santificación, y diré que consiste en vencer todo pecado y subyugar todo a la ley de Cristo. Dios ha puesto en nosotros un espíritu puro; cuando éste impera por sobre lo demás, sin obstáculo ni interferencia, y triunfa sobre la carne y reina y gobierna y controla, así como el Señor controla los cielos y la tierra, a esto llamo yo la bendición de santificación.” (Brigham Young, en Journal of Discourses, 10:173.)

1. A los miembros de la Iglesia de Jesucristo se nos manda santificarnos (véanse D. y C. 43:9, 11, 16; 88:68; 133:4; 39:18).
2. Ser santificados significa llegar a ser santos y vivir sin pecado (véase Moroni 10:32-33).
3. Los que deseen obtener la vida eterna en la presencia de Dios deben ser santificados (véanse 3 Nefi 27:19-20; D. y C. 76:20-21; 88:2, 116).
4. Sólo si obedecemos los mandamientos de Jesucristo podremos alcanzar la santificación que El hizo posible mediante Su expiación (véanse D. y C. 76:40-42; 43:9; 88:21; 133:62).
5. La santificación se obtiene por el poder del Espíritu Santo (véanse Alma 13:12; 3 Nefi 27:20; 1 Pedro 1:2).
6. Aun los que están santificados pueden caer (véase D. y C. 20:34).

—Véase Doctrina del Evangelio (Religión 231 y 232)


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