El juramento y el convenio del sacerdocio

  • El juramento y el convenio del sacerdocio

Debido a que la responsabilidad de poseer el sacerdocio es tan grande, todos aquellos que lo reciben lo hacen mediante un juramento y un convenio. Honrar este convenio significa que “el hombre que acepta el sacerdocio acepta también las responsabilidades que lo acompañan. El promete servir y hacerse digno de ser aprobado”. (Joseph Fielding Smith, en Conference Report, abril de 1966, pág. 102.)

El Sacerdocio de Melquisedec se recibe por medio de un juramento y un convenio.
■ “Un convenio es un pacto y un acuerdo solemne en el que entran por lo menos dos individuos; requiere que todas las partes involucradas se sujeten a las condiciones del pacto a fin de hacerlo eficaz y real.” (EIRay L. Christiansen, “Hemos hecho convenios con el Señor”, Liahona, agosto de 1973, pág. 41.)

■ “El pronunciar un juramento es la forma de hablar más solemne y obligatoria conocida en la lengua humana; y es la manera que el Padre eligió que se utilizara en la gran profecía mesiánica sobre Cristo y el sacerdocio. Se nos dice: ‘Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec’ (Salmos 110:4).” (Joseph Fielding Smith, en Conference Report, oct. de 1970, pág. 92.)

■ “En las dispensaciones antiguas, particularmente en la mosaica, jurar era una parte aprobada y formal de la vida religiosa de la gente. Estos juramentos eran apelaciones solemnes a la Deidad, o a algún objeto o cosa sagrado, que se hacían en testimonio de la verdad de una declaración o para asegurar la determinación de guardar una promesa. Se podía confiar y se confiaba con absoluta seguridad en estas declaraciones, hechas usualmente en el nombre del Señor por personas que valoraban su religión y su palabra por encima de su propia vida. (Núm. 30.)” (Bruce R. McConkie, Mormon Doctrine, págs. 537-538.)

■ “En el meridiano de los tiempos comenzó a eliminarse la ley por la cual el hombre podía pronunciar juramentos en rectitud, y a los santos se les ha mandado restringirse de jurar . . .

“Sin embargo, esa restricción de hacer juramentos no se aplica a la Deidad. Tanto en los tiempos antiguos como en los modernos, El ha hablado a sus santos con un juramento. (D. y C. 124:47.) El gran convenio que Dios hizo con Abraham, de que en él y en su simiente se bendeciría a todas las generaciones, lo hizo con un juramento, en el cual la Deidad juró por su propio nombre (ya que no podía jurar por ninguno más alto) que cumpliría con el convenio. (Gén. 17; Deut. 7:8; 29:10-15; Lucas 1:67- 75; Heb. 6:13-20.)” (McConkie, Mormon Doctrine, pág. 538.)

■ “Cuando recibimos el Sacerdocio de Melquisedec, lo hacemos mediante un convenio. Prometemos solemnemente recibir el sacerdocio, magnificar nuestros llamamientos dentro de él y vivir con cada palabra que procede de la boca de Dios. El Señor por su parte nos promete que si guardamos el convenio, recibiremos todo lo que el Padre tiene, que es la vida eterna. ¿Puede cualquiera de nosotros concebir un acuerdo más excelso o glorioso que éste?” (Smith, en Conference Report, oct. de 1970, pág. 91; citado en el manual Doctrina del Evangelio, Doctrina y Convenios, 1978-1979, pág. 225.)

■ “Cuando recibisteis el sacerdocio, hicisteis un juramento del que no podéis hacer caso omiso impunemente. Vosotros lo prometisteis. Cuando el presidente de estaca o el presidente de misión, el obispo o el presidente de rama hacen entrevistas, lo que piden son promesas: ‘¿Lo haréis? ¿Lo hacéis?

¿Lo habéis hecho? ¿Seguiréis haciéndolo?’ Y con ese juramento y esa promesa vosotros avanzáis en vuestro servicio dentro del Sacerdocio de Melquisedec.” (Spencer W. Kimball, en Stockholm Sweden Area Conference Report, 1974, pág. 99.)

■ “Se rompe el convenio del sacerdocio al transgredir los mandamientos, pero también por negligencia a nuestros deberes. Por consiguiente, con tan sólo no hacer nada se rompe este convenio.” (Spencer W. Kimball, The Teachings of Spencer W. Kimball, pág. 497.)

■ “El Señor ha dejado bien en claro que los que reciben su sacerdocio lo reciben a El. Y yo pienso que ello significa mucho más que sentarse en una silla y que alguien le ponga a uno las manos sobre la cabeza. Yo pienso que cuando lo recibís, es que lo aceptáis, y no solamente os sentáis. ‘Y el que recibe a mi Padre, recibe el reino de mi Padre; por tanto, todo lo que mi Padre tiene le será dado’. [D. y C. 84:38.] ¿Podéis imaginaros algo más grandioso que eso? ¿No deberíamos sentirnos asustados, casi temerosos, al contemplar el honor y la responsabilidad que tenemos y que se deriva de ese juramento y ese convenio?” (Kimball, en Stockholm Sweden Area Conference Report, 1974, pág. 100.)

■ “Es importantísimo que claramente recordemos lo que el honrar nuestros llamamientos en el sacerdocio requiere de nosotros. Estoy convencido de que existen cuando menos tres requisitos:

“1. Obtener el conocimiento del evangelio.
“2. Vivir de acuerdo con las normas del evangelio.
“3. Rendir servicio con toda dedicación.” (Marión G. Romney, “El juramento y convenio del sacerdocio”, Liahona, feb. de 1981, pág. 86.)

■ “Ellos serán ‘santificados por el Espíritu para la renovación de sus cuerpos’ [D. y C. 84:33]. Quiero que penséis que el cuerpo del presidente David O. McKay, que vivió más de noventa años, el del presidente Joseph Fielding Smith, que vivió también más de noventa años, y el de todos los presidentes de la Iglesia casi desde el principio, que fueron hombres de edad avanzada, fueron renovados y sus espíritus santificados.” (Kimball, en Stockholm Sweden Area Conference Report, 1974, pág. 99.)

■ “¿Habéis pensado en ello? ‘Todo lo que mi Padre tiene’: el ser un Dios; ser un gran líder; ser perfecto; tener todas las bendiciones que vosotros podáis atribuir a vuestro Padre Celestial —todo ello se encuentra a vuestra disposición y a la mía como poseedores de los sacerdocios, particularmente el Sacerdocio de Melquisedec, el cual, naturalmente, se obtiene después del Sacerdocio Aarónico.” (Kimball, en Stockholm Sweden Area Conference Report, 1974, pág. 99.)

1. Un convenio es una promesa solemne entre dos partes (véanse Génesis 6:18; 17:1-8; 1 Samuel 18:3; D. y C. 82:10).
2. Los juramentos son afirmaciones sagradas de que seremos leales y fieles a las promesas que hagamos (véanse Números 30:2; Alma 53:11; 1 Nefi 4:35-37).
3. Dios utiliza juramentos para confirmar las promesas que nos hace (véanse Génesis 26:3; Deuteronomio 7:8; Jeremías 11:5; Hechos 2:30; Moisés 7:51).
4. Al aceptar el convenio del sacerdocio, el hombre promete recibir el sacerdocio y magnificar sus llamamientos en él (véase D. y C. 84:32-39, 43-44).

La rectitud es la llave para que pueda obrar el poder del sacerdocio y para obtener la vida eterna.
■ “Cada vez que el Señor ha tenido a un pueblo en la tierra, le ha ofrecido convertirlo en una nación de reyes y sacerdotes; no en una congregación de miembros seglares con un sacerdote o ministro a la cabeza, sino una Iglesia completa, donde cada hombre es su propio ministro, en la que cada hombre se yergue como rey por derecho propio, reinando sobre el reino familiar. El sacerdocio que hace de un hombre un rey y un sacerdote es por lo tanto un sacerdocio real.” (Bruce R. McConkie, Doctrinal New Testament Commentary, 3:294.)

■ “La mayoría de los hombres se sienten inclinados al abuso de la autoridad, y especialmente aquellos que la esgrimen son los menos preparados para poseer posiciones de confianza. La característica de los hombres de poder ha sido la de utilizarlo para satisfacer su orgullo y vanas ambiciones. El ejercicio de autoridad por parte de aquellos que menos la merecen ha traído más aflicción a los habitantes de este mundo que casi ninguna otra causa. En el pasado, los gobernantes de reinos han oprimido a sus súbditos, y cuando tenían poder suficiente, trataban de aumentar su dominio. En años recientes hemos tenido algunos ejemplos horribles de la ambición desmedida, que incluso puso en peligro la existencia de la humanidad. Estas condiciones aún prevalecen en algunas posiciones altas, trayendo temor y consternación al alterado mundo.

“Sin embargo, dentro de la Iglesia no debe existir ningún tipo de injusta ambición, sino que todo debe realizarse con el espíritu de amor y humildad.” (Joseph Fielding Smith, Church History and Modern Revelation, 2:178.)

■ “El sacerdocio no se puede conferir como si fuera un diploma. No se os puede extender como un certificado. No puede entregarse como si fuera un mensaje, ni enviarse en una carta, sino que se recibe solamente por medio de la apropiada ordenación. Un autorizado poseedor del sacerdocio debe estar presente y poner las manos sobre vuestra cabeza y ordenaros . . .

“Os he dicho de qué manera se os confiere la autoridad. El poder que recibáis depende de la manera en que utilicéis este sagrado e invisible don.

“Vuestra autoridad la obtenéis por medio de vuestra ordenación; vuestro poder lo obtenéis por medio de vuestra obediencia y dignidad.” (Boyd K. Packer, “That All May Be Edified”, págs. 28-29.)

■ “El poder del sacerdocio que poseéis no tiene límite. Vosotros mismos le imponéis el límite si no vivís en armonía con el Espíritu del Señor y os limitáis en el poder que ejercéis.” (Kimball, The Teachings of Spencer VV. Kimball, pág. 498.)

■ “El sacerdocio y la superchería sacerdotal son dos cosas opuestas; una proviene de Dios y la otra, del diablo. Cuando los ministros no poseen el sacerdocio pero sostienen lo contrario; cuando se imponen como una luz ante sus congregaciones, pero no enseñan el evangelio puro y completo; cuando su interés real es obtener popularidad personal y ganancia monetaria, en vez de preocuparse por los pobres y atender los deseos y las necesidades de sus semejantes; entonces se encuentran, en mayor o menor grado, comprometidos en la práctica de las supercherías sacerdotales.” (McConkie, Mormon Doctrine, pág. 593.)

■ “Los fieles en el sacerdocio son aquellos que cumplen con el convenio porque ‘magnifican sus llamamientos’ y viven ‘de toda palabra que sale de la boca de Dios’ (D. y C. 84:33, 44). Parecería que esos requisitos implican mucho más que una señal de obediencia; se necesita mucho más que asistir a unas cuantas reuniones y dar evidencia del cumplimiento de las designaciones. Encierran la perfección del cuerpo y el espíritu, y eso incluye el tipo de servicio que va más allá de la definición normal del deber.

‘He aquí, muchos son los llamados, y pocos los escogidos’ (D. y C. 121:34).” (Spencer W. Kimball, “The Example of Abraham”, Ensign, junio de 1975, pág. 4.)

■ “El sellamiento por la eternidad os da un liderazgo eterno. El hombre tendrá la autoridad del sacerdocio, y si conserva su vida en orden llegará a ser un dios … El Señor creó esta tierra para nosotros e hizo que ella fuera un hermoso lugar donde vivir. El nos prometió que si vivíamos rectamente podríamos volver a su presencia y ser como El.” (Spencer W. Kimball, en Sao Paulo Brazil Area Conference Report, 1975, pág. 43.)

■ “¿Cuál es, entonces, la doctrina del sacerdocio? Y ¿cómo debemos vivir siendo siervos del Señor?

“Esta doctrina es que Dios nuestro Padre es un Ser glorificado, perfeccionado y exaltado; que tiene toda potestad, todo poder y todo dominio; que sabe todas las cosas y es infinito en todos sus atributos; y que vive en una unidad familiar.

“Esta doctrina es que nuestro Padre Eterno tiene este alto grado de gloria, perfección y poder porque su fe es perfecta y su sacerdocio ilimitado.

“Esta doctrina es que sacerdocio es el nombre del poder de Dios, y que si vamos a llegar a ser como El es, debemos recibir y ejercer su sacerdocio o poder en la misma forma en que El lo hace.

“Esta doctrina es que El nos ha investido con poder celestial sobre la tierra, el cual es según el orden de su Hijo, y, por ser el poder de Dios, necesariamente no tiene principio de días ni fin de años.

“Esta doctrina dice que podemos entrar en un orden del sacerdocio llamado el nuevo y sempiterno convenio del matrimonio [véase D. y C. 131:2] y también el orden patriarcal, según el cual podremos crear nuestras propias unidades familiares eternas organizadas de acuerdo con el modelo de la familia de Dios, nuestro Padre Celestial.

“Esta doctrina establece que tenemos el poder por medio de la fe, de obtener y controlar todo, tanto en lo temporal como en lo espiritual; de hacer milagros y perfeccionar nuestra vida; de llegar a la presencia de Dios y ser como El porque habremos obtenido su fe, su perfección, y su poder, o, en otras palabras, la plenitud de su sacerdocio.” (Bruce R. McConkie, “La doctrina del sacerdocio”, Liahona, julio de 1982, págs. 67-68.)

1. Dios trata de hacer de sus hijos mortales una nación de sacerdotes y reyes (véanse Exodo 19:6; Apocalipsis 1:6; 5:10; 20:6; D. y C. 76:55-56).
2. “Los derechos del sacerdocio están inseparablemente unidos a los poderes del cielo” y sólo se pueden controlar “conforme a los principios de justicia” (D. y C. 121:36; véanse también vers. 34-35).
3. Aquellos que poseen el sacerdocio deben dirigir y gobernar solamente por medio del amor, la bondad y la persuasión moral (véase D. y C. 121:41-46).
4. La superchería sacerdotal es una falsificación del sacerdocio y nos hace errar (véanse 2 Nefi 26:29; Alma 1:2-12; Miqueas 3:11; D. y C. 33:4).
5. El hombre corrupto pierde el poder del sacerdocio (véase D. y C. 121:37-40).
6. El hombre digno obtiene la vida eterna si observa fielmente el juramento y el convenio del sacerdocio (véanse D. y C. 84:33-39; 121:45-46).

— Véase Doctrina del Evangelio Religión 231 y 232


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