La preordenación del Israel del convenio y sus responsabilidades

  • La preordenación del Israel del convenio y sus responsabilidades

Debido a la fe y a la obediencia observada en la vida premortal, miles y miles de los hijos e hijas de Dios fueron preordenados para ser miembros de la casa de Israel en la mortalidad. Esta preordenación lleva consigo la nobleza al mismo tiempo que una gran responsabilidad. Como miembros de la casa de Israel, somos príncipes y princesas, miembros de una familia real del convenio, comisionados para ser la “sal de la tierra” (Mateo 5:13) y la “luz del mundo” (Mateo 5:14) y para llevar la plenitud del evangelio de Jesucristo “a toda nación, tribu, lengua y pueblo” (D. y C. 77:8).

El pueblo de Israel era una gente escogida y noble en la vida premortal.
■ “Israel es un pueblo eterno. Los miembros de esa raza elegida ganaron primeramente su herencia siendo fieles en la vida premortal. Israel era ya un pueblo señalado en esa existencia. Muchos de los espíritus valientes y nobles de ese primer estado fueron escogidos, seleccionados y preordenados para nacer en la familia de Jacob, con el fin de que fueran los herederos naturales de todas las bendiciones del evangelio.” (Bruce R. McConkie, Doctrinal New Testament Commentary, 2:284.)

■ “Parecería muy claro, entonces, que aquellos que nacieran bajo el linaje de Jacob, que después llegó a llamarse Israel, siendo su posteridad, que se conocería como los hijos de Israel, nacerían del linaje más ilustre entre todos los que viniesen a la tierra como seres mortales.

“Todos estos merecimientos fueron aparentemente prometidos o preordenados, antes de la creación del mundo, y ciertamente han de haber sido determinados por la vida que llevamos en aquel mundo espiritual de la preexistencia. Algunos podrán poner en tela de juicio estas suposiciones, mas al mismo tiempo aceptarán sin dudar la creencia de que cuando dejemos esta tierra todos seremos juzgados de acuerdo con nuestros hechos durante nuestra vida terrenal. ¿No es igualmente razonable creer que lo que hemos recibido en esta vida nos ha sido dado a cada uno de acuerdo con los méritos de nuestra conducta antes de que viniésemos aquí?” (Harold B. Lee, “Comprender quiénes somos”, Liahona, junio de 1974, pág. 35.)

■ “Debido al largo tiempo de preparación y devoción que la simiente mortal de Abraham tuvo mientras se encontraba morando como espíritus en la presencia del Eterno Padre, se ganó el ‘derecho’ al evangelio y al sacerdocio y a la herencia final de la vida eterna. (Abraham 2:10-12.) Lo que quiere decir que fueron preordenados para ser los hijos del padre de los fieles y para efectuar las obras de rectitud como lo hizo el fiel Abraham. Aun cuando el evangelio es para todo el mundo, a su debido tiempo —’Porque, en verdad, la voz del Señor se dirige a todo hombre, y no hay quien escape; ni habrá ojo que no vea, ni oído que no oiga, ni corazón que no sea penetrado’ (D. y C. 1:2)—, aun así hay algunos que se han calificado para recibirlo antes que se presente a los demás. El Señor estableció un orden de prioridad para mandar su palabra. Finalmente llegará a todas las personas, pero algunas se han hecho acreedoras a oír su voz primero que otras.” (Bruce R. McConkie, The Promised Messiah, pág. 507.)

■ “Todo hombre que recibe el llamamiento de ejercer su ministerio a favor de los habitantes del mundo, fue ordenado precisamente para ese propósito en el gran concilio celestial antes que este mundo fuese. Supongo que me fue conferido este oficio en aquel gran concilio.” (José Smith, Enseñanzas del Profeta José Smith, págs. 453-454.)

1. Debido a su fidelidad en la vida premortal, el pueblo de Israel fue preordenado para llegar a ser una nación santa (véanse Deuteronomio 32:7-9; Romanos 8:28-30).
2. La preordenación determina, en gran parte, el lugar que cada persona ocupa dentro de las tribus y naciones (véanse Hechos 17:24-26; Deuteronomio 32:7-9).
3. Mientras se encontraban en la existencia premortal, muchos espíritus fieles fueron preordenados para cumplir importantes misiones (véanse Abraham 3:22-23; Jeremías 1:5; D. y C. 138:53-56).

En la mortalidad, Dios restableció su convenio con Israel.
■ “Abraham recibió el evangelio por medio del bautismo (el cual es el convenio de salvación); después se le confirió el sacerdocio mayor, y llevó a cabo el convenio del matrimonio celestial (el cual es el convenio de exaltación), logrando así la seguridad de recibir progenie eterna; finalmente recibió una promesa de que las mismas bendiciones serían ofrecidas a toda su posteridad mortal. (Abraham 2:6-11; D. y C. 132:29-50.) En las promesas divinas otorgadas a Abraham, se le aseguraba que Cristo nacería de su linaje y que su posteridad recibiría ciertas tierras escogidas y prometidas como una herencia eterna. (Abraham 2; Génesis 17; 22:15-18; Gálatas 3.)

“Todas estas promesas, agrupadas juntas son llamadas el convenio Abrahámico.” (Bruce R. McConkie, Mormon Doctrine, pág. 13; citado en parte en el manual Curso de estudio de la Sociedad de Socorro, 1980-1981, pág. 43.)

■ “Cuando llamó a Abraham para que saliera de Ur, la tierra de sus padres, el Señor concertó ciertos convenios con él por motivo de su fidelidad. Una promesa fue que por medio de él y de su descendencia serían benditas todas las naciones de la tierra. Esta bendición se cumple de distintas maneras.

“1. Por medio de Jesucristo, el cual vino por conducto del linaje de Abraham;
“2. Por medio del sacerdocio que se confirió a Abraham, y a sus descendientes;
“3. Por medio de la dispersión de Israel entre todas las naciones, mediante lo cual la sangre de Israel se mezcló entre las naciones, y de ese modo éstas participan de la levadura de la justicia con la condición de que se arrepientan, y tienen derecho a las promesas que se hicieron a los hijos de Abraham; y
“4. En el hecho de que el Señor hizo convenio con
Abraham de que después de su época, cuantos aceptaran su evangelio serían llamados por su nombre, o serían contados entre los de su descendencia y recibirían el Espíritu Santo.” (Joseph Fielding Smith, Doctrina de Salvación, tomo III, pág. 232.)

■ “La esencia del convenio hecho con Abraham fue el mismo convenio antiguo y sempiterno de que aquellos que son obedientes a la ley de Dios heredarán las bendiciones del Señor. Debido a que Jesús el Cristo reemplazó la ley menor de Israel con la mayor, nosotros ahora nos referimos, para diferenciarlas, al ‘convenio nuevo y sempiterno’. La palabra ‘nuevo’ parecería tener la connotación de ‘restaurado’, como en las palabras del Señor al profeta José Smith: ‘este es un convenio nuevo y sempiterno, el mismo que fue desde el principio’ [D. y C. 22:1].

“Este convenio con Abraham fue también un llamamiento al liderazgo. Por consiguiente, se ha interpretado que quiere decir que se eligió a Abraham y a sus descendientes para conservar puro y para hacer progresar sobre esta tierra el plan eterno para la salvación de la raza humana. Por ende, se habla frecuentemente de la semilla de Abraham como el pueblo elegido o del convenio.” (John A. Widtsoe, “Why Are We Called A Covenant People?”, lmprovement Era, junio de 1945, pág. 349; véase también “A Covenant People”, New Era, feb. de 1976, pág. 45.)

■ “Este convenio tampoco se encuentra limitado solamente a la vida mortal, sino que se extiende más allá de la tumba, hasta el reino celestial. Si los hijos de Abraham guardan el convenio tal como lo reciben en la casa del Señor, continuarán multiplicándose, como su padre Abraham, a través de toda la eternidad, y su posteridad no tendrá fin. De esa manera es que se extienden a ellos las bendiciones de Abraham, Isaac y Jacob, y se convierten en participantes en todo el sentido de la palabra. Porque la simiente de los que reciban la exaltación en el reino de Dios continuará para siempre. Esta es la promesa, y por medio de Abraham vendrán reyes, sacerdotes y gobernantes, no sólo en esta tierra sino también en los cielos, y así habrá mundos sin fin.” (Joseph Fielding Smith, The Way to Perfection, pág. 96.)

1. Dios hizo convenio con Israel por intermedio de Abraham, y es por eso que muchas veces se le llama el convenio abrahámico (véanse Abraham 2:6-11; Génesis 17:1-22).
2. Las bendiciones del convenio con Abraham incluyeron las bendiciones del evangelio y las promesas de la vida eterna (véanse Abraham 2:6-11; Génesis 17:1-22; D. y C. 132:28-31).

En la actualidad se llama Israel del convenio a todos aquellos que hacen convenio de aceptar y vivir el evangelio.

■ “Este primer Consolador o Espíritu Santo no surte más efecto que el de la inteligencia pura. Tiene mayor potencia para ensanchar la mente, iluminar el entendimiento y henchir de conocimiento actual el intelecto de un hombre que es de la posteridad literal de Abrahán, que de uno que es gentil, aunque el efecto visible en el cuerpo no sea tan notable; porque al descender el Espíritu Santo sobre uno que es de la descendencia literal de Abrahán, vienen con calma y serenidad, y toda su alma y cuerpo sienten tan solamente el espíritu puro de la inteligencia; mientras que el efecto del Espíritu Santo en un gentil es purgar la sangre vieja y convertirlo efectivamente en descendiente de Abrahán. El hombre en quien no hay (físicamente) la sangre de Abrahán, debe sufrir una creación nueva por medio del Espíritu Santo. En tal caso, podrá haber un efecto más potente en el cuerpo, y visible al ojo, que en un israelita, mientras que éste al principio tal vez irá muy adelante del gentil en cuanto a inteligencia pura.” (Smith, Enseñanzas, págs. 177-178.)

■ “¿Se hace necesario que seamos de la casa de Israel a fin de aceptar el evangelio y todas las bendiciones relacionadas con él? Si es así, ¿cómo llegamos a ser de la casa de Israel, por adopción o por linaje directo?

“Toda persona que acepta el evangelio llega a ser de la casa de Israel. En otras palabras, se convierten en miembros del linaje escogido, o en hijos de Abraham por conducto de Isaac o Jacob, a quienes se hicieron las promesas. La gran mayoría de aquellos que se hacen miembros de la Iglesia son descendientes literales de Abraham por conducto de Efraín, hijo de José. Aquellos que no son descendientes literales de Abraham e Israel deben llegar a serlo, y cuando son bautizados y confirmados, son injertados en el árbol y tienen derecho a todas las facultades y privilegios de herederos.” (Smith, Doctrina de Salvación, tomo 3, págs. 231-232.)

■ “La pregunta tantas veces formulada de ‘¿Quiénes son los hijos de Abraham?’ se puede contestar muy bien a la luz del evangelio revelado.

“La progenie de Abraham son todos los que aceptan y viven el plan que Dios tiene para sus hijos aquí en la tierra. Aquellos que rechazan el evangelio, sean o no sus hijos en la carne, pierden las promesas hechas a Abraham, y no se les considera su progenie.” (John A. Widtsoe, Evidences and Reconciliations, pág. 400.)

1. A todo el mundo se le invita a venir a Cristo (véanse 2 Nefi 26:33; D. y C. 93:1).
2. Después de su resurrección, Jesús encargó a los Apóstoles que proclamaran el evangelio a todas las personas (véase Marcos 16:15).
3. Las bendiciones de Abraham se extienden a todos los que abrazan el evangelio (véanse Romanos 4:12-13; Gálatas 3:13-14, 16, 28-29; Efesios 2:11-21).

Como pueblo del convenio de Dios, a Israel se le ha dado una comisión y encargo especial.
■ “El comprender la promesa que se le hizo a Abraham pone una gran responsabilidad sobre todos
aquellos que aceptan el evangelio. Como hijos de Abraham tienen la obligación de hacer sus obras. En las aguas del bautismo, la persona que se bautiza promete que ajustará su vida al evangelio de Jesucristo, el cual lógicamente es el mismo que recibió, aceptó y ejerció nuestro padre Abraham.” (Widtsoe, Evidences and Reconciliations, pág. 400.)

■ “Son muchas las razones para elegir a una nación en especial para tener el sacerdocio y favorecerla con los oráculos de la verdad. Es razonable y propio del Señor llamar a tales personas y concederles privilegios especiales cuando el resto de la humanidad rechaza su palabra. Por medio de ese pueblo del convenio, el Señor reservó el derecho de mandar al mundo un linaje elegido de espíritus fieles que por medio de su obediencia en la vida premortal se habían hecho acreedores a derechos especiales.

Por otra parte, el elegir una raza especial y conferirle obligaciones y convenios peculiares que las demás naciones no guardarían tuvo como consecuencia segregar esta raza de las demás. Si no se le hubiera dado a Israel ningún convenio o práctica especial, con el estricto mandamiento de no mezclarse con la demás gente, Israel hubiera desaparecido como nación en el curso de unos pocos años. Aun así llevó años de capacitación y guía constantes, por parte de profetas divinamente nombrados, inculcar en el pueblo lo sagrado que era su llamamiento especial. Además, tuvieron que sufrir por la transgresión de la ley y el haber roto los convenios, y tuvieron que ser vapuleados y padecer cautividad antes de que pudieran aprender la lección.” (Smith, The Way to Perfection, págs. 129-130.)

1. El Israel elegido debe servir al Señor (véanse Isaías 41:8-9; Levítico 25:55; 1 Nefi 21:3).
2. El Israel del convenio tiene la responsabilidad de llevar el evangelio a todo el mundo y ser testigo de la obra y gloria de Dios (véanse D. y C. 63:37; 29:7; 88:81; Isaías 43:9-10; D. y C. 1:4-5).
3. El pueblo del convenio de Dios debe casarse dentro del convenio (véanse Deuteronomio 7:3; Nehemías 10:28-30).
4. El pueblo del convenio debe guardar todos los mandamientos de Dios (véanse Deuteronomio 29:10-18; Mosíah 2:22; Juan 14:15).

— Véase Doctrina del Evangelio (Religión 231 y 232)


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