El matrimonio celestial

  • El matrimonio celestial

El presidente Spencer W. Kimball nos aconsejó sobre la importancia del matrimonio eterno diciendo:

“La meta principal de toda persona normal es sin lugar a dudas tener un matrimonio honorable, feliz y exitoso. Quien premeditada o negligentemente evita sus serias implicaciones no solamente no es normal sino que está frustrando su propio programa. Elay personas que se casan por rencor, por dinero, o por despecho después de haber tenido un desengaño amoroso. ¡Qué distorsionada es esa manera de pensar!

“El casamiento es quizás la decisión más importante de todas y tiene los efectos de mayor alcance, ya que se relaciona no solamente con la felicidad inmediata, sino con el gozo y el bienestar eternos. Afecta no solamente a la pareja, sino también a sus familiares, y particularmente a sus hijos y a los hijos de sus hijos, y así a muchas generaciones . . .

“La selección de un compañero para esta vida y para la eternidad se debe ciertamente planear y pensar detenidamente y orar y ayunar al respecto con el fin de asegurarse de que de todas las decisiones, ésta en especial no sea equivocada. En un matrimonio verdadero debe haber una unión de mentes a la vez que una unión de corazones. Las emociones no deben determinar en forma completa las decisiones que tomamos, sino que la mente y el corazón juntos, fortalecidos por el ayuno, la oración y una seria consideración al respecto, pueden darnos la mayor posibilidad de tener un matrimonio feliz.” (“Marriage and Divorce”, en Speeches of the Year, 1976, págs. 143-144; véase también Kimball, Marriage and Divorce, págs. 10-11; parte lo cita Tom Perry en “Hacedores de la palabra“, Liahona, oct. de 1977, pág. 47.)

El matrimonio es ordenado por Dios.
■ “Es normal pensar en casarse. Dios lo instituyó desde el principio, mucho antes aún de que las montañas del mundo se formaran. Recordad: ‘Ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón’ (1 Corintios 11:11) . . . Todas las personas deben desear casarse. Hay algunas que quizás no puedan lograrlo, pero todas deben desear hacerlo, ya que eso fue lo que Dios planeó para nosotros en el cielo.” (Spencer W. Kimball, The Teachings of Spencer W. Kimball, pág. 291.)

■ “El matrimonio es ordenado por Dios, y no es solamente una costumbre social. Sin un matrimonio apropiado y de éxito nadie puede lograr la exaltación.” (Kimball, Teachings of Spencer W. Kimball, pág. 291.)

Véanse Doctrina y Convenios 49:15-17; Hebreos 13:4; Mateo 19:5-6; Génesis 2:18, 24.

Para que un matrimonio sea válido después de esta vida, se debe efectuar por medio del poder sellador del sacerdocio.
■ “La mayor felicidad del matrimonio verdadero puede continuar para siempre; las relaciones más hermosas entre padres e hijos pueden ser eternas. La santa asociación de las familias puede continuar indefinidamente si el marido y la mujer se han sellado con el santo lazo del matrimonio eterno. Su felicidad y progreso no terminarán nunca, pero esto por sí solo no se puede llevar a cabo . . .

“Dios ha restaurado el conocimiento de los templos y sus propósitos. En la actualidad se encuentran sobre la tierra edificios construidos para esa obra especial del Señor, y todos ellos son la casa del Señor. En esos templos, hombres con la debida autoridad pueden sellar a esposos y a sus hijos para toda la eternidad. Ese es un hecho, aun cuando muchas personas lo desconozcan.” (Kimball, Teachings of Spencer W. Kimball, pág. 297.)

■ “Consideremos por un momento el primer matrimonio que se llevó a cabo en la tierra después de que ésta se organizara. Se había creado a Adán, el primer hombre, así como a las bestias, las aves y a todo ser viviente sobre la tierra. Se encuentra registrado lo siguiente: ‘Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le daré ayuda idónea para él’. Después que el Señor formó a Eva, ‘la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne’ (Génesis 2:18, 22-24). Indudablemente el significado de estas palabras es sumamente claro. Muy probablemente fueron las palabras que dijo Adán al pronunciar las promesas solemnes del primer matrimonio sobre esta tierra. Al fin de ese casamiento, el Señor les mandó: ‘Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla’ (Génesis 1:28). He aquí un matrimonio que el Señor efectuó entre dos seres inmortales, porque antes de que el pecado entrara a la tierra sus cuerpos no se encontraban sujetos a la muerte. El los hizo uno solo, no solamente por esta vida, ni por un período definido, sino que serían uno por las generaciones eternas.” (Harold B. Lee, Decisions for Successful Living, pág. 125.)

■ “Vemos que los sellos se utilizan en todos lados. Cuando se notariza una firma, se utiliza un sello para legalizarla; cuando se obtiene una licencia, una patente o un permiso en una municipalidad o un estado, en una federación o una asociación, la persona autorizada pone en el lugar apropiado el sello oficial de la organización. Podemos encontrarlos en los diplomas que extienden las universidades, o en los documentos legales que salen de los tribunales, y en muchos otros papeles oficiales.

“El uso del sello es una prueba visible que significa que el documento está debidamente autorizado, que es digno de respeto y reconocimiento, y que su vigencia es valedera.

“Por lo tanto, sellar es la palabra apropiada para representar la autoridad espiritual. En este caso no se representa con una impresión, ni el estampado de un sello en lacre, plomo o cera, o simplemente en relieve, ni con una cinta, ni grabado en un timbre o en una estampilla, ni con un diseño en dorado pegado sobre un documento. El sello de la autoridad oficial relacionado con los asuntos espirituales, como todas las demás cosas espirituales, se puede reconocer por la influencia que se percibe cuando se ejerce el poder sellador.

“El poder para sellar representa la trascendental delegación de autoridad espiritual de Dios al hombre. El encargado de ese poder es el representante principal del Señor aquí en la tierra, el que ocupa el cargo de la confianza y autoridad supremas. A menudo nos referimos al hecho de que en la Iglesia se posee la llave de ese poder para sellar.

“Como se ha dicho, gran parte de la enseñanza referente a las cosas espirituales más profundas de la Iglesia, particularmente la que se realiza en el templo, es simbólica. Usamos la palabra llaves en un sentido simbólico. Aquí las llaves de la autoridad del sacerdocio representan los límites del poder otorgado desde allende del velo al hombre mortal para actuar en el nombre de Dios sobre la tierra. Las palabras sellar, llaves y sacerdocio se relacionan estrechamente.” (Boyd K. Packer, The Holy Temple, pág. 82; véase también El Santo Templo, págs. 22-23.)

1. El propósito de Dios es que el matrimonio sea eterno (véanse Mateo 19:6; D. y C. 132:19-20; 1 Corintios 11:11).
2. Un matrimonio que no se lleva a cabo con el poder sellador del sacerdocio no es válido después de esta vida (véase D. y C. 132:7, 15-18).
3. Solamente una persona a la vez sobre la tierra posee las llaves del poder sellador del sacerdocio (véase D. y C. 132:7).

El matrimonio celestial es esencial para nuestra exaltación.
■ “Recuerdo que teníamos en nuestra comunidad de Arizona a un buen hombre que un día murió. El y su amada esposa siempre se habían resistido a las enseñanzas de la Iglesia, pero cuando él murió ella dijo: ‘Yo sé que vamos a estar unidos como marido y mujer por toda la eternidad’. Pero aun cuando lo repitiera miles de veces nunca podría convertirse en realidad, debido a que no habían sido lo suficientemente humildes como para aceptar la ley del matrimonio. Ellos podrán recibir otras bendiciones, pero la exaltación no. Esta se reserva solamente para los que son fieles y obedecen todos los mandamientos.” (Kimball, Teachings of Spencer W. Kimball, pág. 298.)

■ “Se llaman matrimonios celestiales aquellos que se efectúan en los templos por el tiempo de esta vida y por la eternidad, en virtud de las llaves selladoras que restauró Elias el Profeta. Las partes participantes se convierten en marido y mujer en esta vida mortal, y si después de su casamiento guardan todos los términos y condiciones de esta orden del sacerdocio, entonces continuarán casados en el reino celestial de Dios . . .

“Lo más importante que un miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días hace en este mundo es: Primero, casarse con la persona correcta, en el lugar correcto y por la autoridad correcta; y segundo, guardar el convenio hecho en conexión con este sagrado y perfecto orden del matrimonio, asegurando así a las personas obedientes una herencia de exaltación en el reino celestial.” (Bruce R. McConkie, Mormon Doctrine, págs. 117-118.)

■ “La casa del Señor es una casa de orden y no de confusión y esto significa que el varón no es sin la mujer, ni la mujer sin el varón en el Señor; y que ningún hombre puede ser salvo ni exaltado en el reino de Dios sin la mujer, y ninguna mujer, sola, puede lograr la perfección y exaltación en el reino de Dios. Esto es lo que significa. Dios instituyó el matrimonio en el principio. Hizo al hombre a su propia imagen y semejanza, varón y hembra, y en su creación . . . tuvo por meta que quedasen unidos en los sagrados vínculos del matrimonio, y uno no es perfecto sin el otro. Además significa que no hay unión por esta vida y por la eternidad que pueda consumarse fuera de la ley de Dios y el orden de su casa. Los hombres podrán desearlo, podrán efectuarlo según las fórmulas de esta vida, pero carecerá de vigencia, a menos que se haga y se confirme por autoridad divina, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.” (Joseph F. Smith, Doctrina del Evangelio, pág. 266.)

■ “Recordad hermanos, que solamente aquellos que entren en el nuevo y sempiterno convenio del matrimonio en el templo por el tiempo de esta vida y por la eternidad podrán tener la exaltación en el reino celestial. Eso es lo que el Señor nos ha dicho.” (Harold B. Lee, en Conference Report, oct. de 1973, pág. 120; o Ensign, enero de 1974, pág. 100.)

■ “Por medio de la misericordia y justicia del Señor, toda mujer que mantenga su virtud y acepte en su corazón todos los mandamientos y ordenanzas del evangelio recibirá la plenitud de la gloria y exaltación del reino celestial. Se le dará el gran don de la vida eterna. El Señor describió este don diciendo que ‘será una plenitud y continuación de las simientes por siempre jamás’ [D. y C. 132:19]. Todos los dones de la exaltación le pertenecerán, debido a que ella se mantuvo justa y fiel, y lo que le fue negado en esta
vida le será dado en la vida venidera.” (Joseph Fielding Smith, “Marriage in Eternity”, lmprovement Era, oct. de 1957, pág. 702.)

■ “El Santo Espíritu de la Promesa es el Espíritu Santo que se le promete a los santos … Se le da ese nombre cuando se habla con relación al poder del Espíritu Santo para sellar y ratificar, el poder que se le dio para ratificar y aprobar las acciones justas de las personas, para que esas acciones tengan vigencia en la tierra y en el cielo . . .

“Sellar es ratificar, justificar o aprobar. Por eso, un acto que sella el Santo Espíritu de la Promesa es aquel que ha sido ratificado por el Espíritu Santo y aprobado por el Señor. A la persona que toma sobre sí la obligación, el Espíritu Santo la justifica en lo que ha hecho.

“El sello ratificador de aprobación de un acto se realiza solamente si las personas que entraron en el contrato son dignas debido a su rectitud personal para recibir la divina aprobación. Ellos ‘son sellados por el Santo Espíritu de la promesa, que el Padre derrama sobre todos los que son justos y fieles’ (D. y C. 76:53). Pero si no son justos y fieles, el sello ratificador les será negado.” (McConkie, Mormon Doctrine, pág. 361-362.)

■ “Los convenios matrimoniales que se autorizan y sellan por el poder dado por Dios subsisten, si los participantes en ellos son fieles a sus promesas, no solamente por esta vida mortal, sino también por todo el tiempo de esta vida y por toda la eternidad. De ese modo, los esposos dignos que se han sellado bajo el convenio sempiterno se levantarán el día de la resurrección para recibir su herencia de gloria, inmortalidad y vidas eternas.

“Será la bendición privilegiada de los seres resucitados que obtuvieron exaltación en el reino celestial al disfrutar de la gloria de una progenie sin fin, llegar a ser padres de generaciones de hijos espirituales y dirigir su desarrollo a través de las etapas de probación similares a las que ellos mismos pasaron.

“Los propósitos de Dios son eternos; El proveyó para sus hijos un progreso sin fin, mundos interminables.” (James E. Talmage, “The Eternity of Sex”, Young Woman’s Journal, oct. de 1914, pág. 604.)

■ “A menos que un hombre y su esposa entren en un convenio sempiterno, mientras se hallaren en este estado de probación, y sean unidos por las eternidades, mediante el poder y la autoridad del Santo Sacerdocio, cesarán de aumentar cuando mueran, es decir, no tendrán hijos después de la resurrección. Pero aquellos que se casan por el poder y la autoridad del sacerdocio en esta vida, y siguen adelante sin cometer el pecado contra el Espíritu Santo, continuarán aumentando y teniendo hijos en la gloria celestial.” (José Smith, Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 366.)

■ “El don que se promete a los que cumplen con el convenio del matrimonio y se mantienen fieles hasta el fin, de que ‘no tienen fin’, significa que ellos tendrán el poder de tener progenie eternamente. Sólo los que tengan ese poder verdaderamente podrán ‘conocer al único Dios sabio y verdadero, y a Jesucristo a quien él ha enviado’ [D. y C. 132:24]. Otros podrán ver al Señor y El podrá instruirlos, pero no podrán conocer verdaderamente ni a El ni a su Padre mientras no lleguen a ser como ellos.” (Joseph Fielding Smith, The Way to Perfection, pág. 247.)

1. Para que una persona pueda obtener el grado más alto en el reino celestial, debe entrar en el nuevo y sempiterno convenio del matrimonio (véase D. y C. 131:2-3).
2. Antes de que una pareja pueda obtener la exaltación, el Santo Espíritu de la Promesa debe sellar su matrimonio (véase D. y C. 132:19).
3. Los que se han casado por el poder de Dios y han alcanzado la exaltación tendrán progenie eterna (véanse D. y C. 132:19; 131:2-4).

— Véase Doctrina del Evangelio Religión 231 y 232


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