La ley del día de reposo

  • La ley del día de reposo

En todas las dispensaciones del tiempo, el Señor le dio mandamiento a su pueblo diciéndole: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo” (Exodo 20:8). Se han dado muchas promesas y bendiciones a aquellos que guarden la ley del día de reposo. Por ejemplo, en los días de Jeremías, el Señor prometió preservar Jerusalén y sus habitantes si guardaban el día de reposo (véase Jeremías 17:20-27). En nuestros días el Señor nos prometió “la abundancia de la tierra” si guardamos este mandamiento (D. y C. 59:16).

El observar el día de reposo es una ley de Dios.
■ “Ninguna ley en todas las Escrituras ha sido más claramente definida que la del día de reposo. Desde la época del Génesis hasta nuestros días, no ha habido un tema que se haya tratado más directa y repetidamente que el del día de reposo. Es una de las leyes más sagradas para Dios. Pero se destaca más por su profanación que por su aceptación y observancia apropiada.” (Mark E. Petersen, en Conference Report, abril de 1975, pág. 70; o Ensign, mayo de 1975, pág. 47; parte del cual se cita en el manual Lecciones de orientación familiar para los miembros nuevos, pág. 11.)

■ “Este mismo día en el cual nos reunimos aquí para adorar, es decir, el día de reposo, se ha convertido para muchas naciones en un día de diversión, el día elegido por miles y miles para violar el mandamiento que Dios nos dio mucho tiempo atrás. Y estoy seguro de que mucho del sufrimiento y el infortunio que aquejan y continuarán aquejando a la humanidad se derivan del hecho de que no se ha hecho caso de la admonición de Dios de guardar santo el día de reposo.” (George Albert Smith, en Conference Report, oct. de 1935, pág. 120.)

■ “Un conocido mío había comprado un hermoso bote. Recién había terminado de barnizarlo y pintarlo, y estaba admirándolo, cuando yo me detuve a su lado. Con toda seguridad lo estaba dejando pronto para llevarlo a la represa el próximo domingo con su familia. ‘Está terminado y listo, con excepción de una cosa’, me dijo. Luego agregó: ‘¿Se te ocurre algún nombre que ponerle?’ Como somos muy amigos, pensé por un momento y le dije:

‘Pienso que podrías llamarlo El infractor del día de reposo’. Me miró, y comprendió lo que había querido decirle.” (EIRay L. Christiansen, en Conference Report, abril de 1962, pág. 33.)

1. Jehová descansó de sus labores de creación el séptimo día y lo llamó día de reposo (véanse Génesis 2:2; Moisés 3:2-3; Exodo 20:11).
2. El Señor le mandó a Israel santificar el día de reposo (véanse Exodo 20:8-11; Deuteronomio 5:12-15).
3. El Señor declaró que la santificación del día de reposo sería una característica distintiva de su pueblo elegido (véanse Exodo 31:13, 16-17; Ezequiel 20:12).
4. El Salvador observó el día de reposo y lo santificó (véanse Lucas 4:16; 13:10-17).
5. La revelación de los últimos días confirma la importancia del día de reposo en esta dispensación (véase D. y C. 59:9-13).

El día de reposo se cambió en la dispensación meridiana.
■ “La Iglesia acepta el domingo como el día de reposo cristiano y proclama la santidad de ese día. Admitimos sin argumento que bajo la ley mosaica se había designado y se observaba el séptimo día como el día santo, y que el cambio de sábado a domingo fue una particularidad de la administración apostólica que siguió al ministerio personal de Jesucristo. De mayor importancia que la designación de este o aquel día de la semana, es la realidad del día de reposo semanario que debe observarse como día de especial y particular devoción en el servicio del Señor.” (James E. Talmage, Artículos de Fe, págs. 493-494.)

1. En la época del Antiguo Testamento, el día de reposo se observaba el séptimo día (véanse Exodo 20:8-10; 31:14-17; Deuteronomio 5:12-14).
2. En la época del Nuevo Testamento, los miembros de la Iglesia comenzaron a observar el día de reposo el día primero de la semana para conmemorar la resurrección del Salvador (véanse Hechos 20:7; 1 Corintios 16:2; Juan 20:19).

El Señor nos ha dado algunas normas generales para observar apropiadamente el día de reposo.
■ “La gente frecuentemente se pregunta qué es lo que se debe y qué es lo que no se debe hacer en el día de reposo. Pero si alguien ama al Señor con todo su corazón, poder, mente y fuerza; si puede dejar a un lado su egoísmo y refrenar su deseo; si puede evaluar las actividades del día domingo teniendo en mente la adoración [a Dios]; si es honesto consigo mismo y con el Señor; si ofrece ‘un corazón quebrantado y un espíritu contrito’, entonces es muy difícil que esa persona no guarde apropiadamente el día de reposo.” (Spencer W. Kimball, The Teachings of Spencer W. Kimball, pág. 219.)

■ “Para muchos, el no guardar el día de reposo es algo de poca importancia, pero para nuestro Padre Celestial es uno de los mandamientos más importantes. Es una prueba para ver si haremos todo lo que El nos manda . . .

“En el antiguo Israel se dieron instrucciones específicas, y la violación de las mismas se pagaba con la muerte. Quizás esa era la única forma en la que se le podía enseñar la ley de la obediencia y hacerles comprender los mandamientos del Señor a esas personas que habían sido esclavos por tanto tiempo. Los rabinos y sacerdotes hicieron de los mandamientos un objeto de burla al llevarlos hasta un extremo injustificado, en donde no se podía ni
hacer un nudo ni deshacerlo, ni prender ni apagar un fuego, ni colocar un hueso roto en su lugar, ni sacar el cuerpo de un muerto, ni mover una cama, ni tampoco recoger leña. Y fueron esos excesos los que el Señor reprobó tan severamente, y no el día de reposo en sí, ya que El lo había instituido y sentía un gran respeto por ese día . . .

“Daría la impresión de que la razón por la cual se les hace tan difícil a algunas personas guardar el día de reposo es que todavía para ellos este mandamiento se encuentra escrito en tablas de piedra y no en su corazón . . .

“En los días del Israel inicuo parece que se hizo necesario que el Señor especificara lo que no se debía hacer durante el día de reposo. En nuestra época, en cambio, reconociendo quizás la inteligencia de su pueblo, y dando por sentado que sabrían captar en su totalidad el espíritu completo de adoración y de la observancia del día de reposo, les dijo: ‘Ofrecerás un sacrificio al Señor tu Dios en justicia, sí, el de un corazón quebrantado y un espíritu contrito’ (D. y C. 59:8).” (Spencer W. Kimball, The Teachings of Spencer W. Kimball, págs. 217-218.)

■ “Sé del caso de un hombre que se quedaba en la casa todos los domingos y se justificaba a sí mismo diciendo que se beneficiaba más quedándose en su hogar y leyendo un buen libro que asistiendo a la reunión sacramental y escuchando un mal discurso. Pero aun cuando el hogar debe ser un lugar sagrado, no es casa de oración. En el hogar no se pasa la Santa Cena, no hay hermanamiento con los demás miembros, y no se pueden confesar los pecados a los líderes pertinentes. A las montañas se les pueden llamar templos de Dios, y a los bosques y a los ríos la obra de sus manos, pero sólo en la casa de reuniones, o la casa de oración, se pueden cumplir todos los requisitos del Señor. Y por lo tanto El nos ha enseñado que ‘conviene que la iglesia se reúna a menudo para tomar el pan y el vino en memoria del Señor Jesús’ (D. y C. 20:75).” (Kimball, The Teachings of Spencer W. Kimball, pág. 220.)

■ “Para los Santos de los Ultimos Días, el ofrecer ‘sacramentos’ en la casa de oración como el Señor nos manda [D. y C. 59:9] significa que debéis demostrar vuestra devoción delante del Señor por medio de cánticos de alabanza, oraciones y acción de gracias, testimonios, la participación de la Santa Cena y el estudio de la palabra de Dios. En su sentido más general, significa que debemos mantener cualquier derecho o ceremonia sagrados por los cuales confirmemos nuestra lealtad a nuestro Padre Celestial y a Su Elijo.” (Harold B. Lee, Ye Are the Light of the World, pág. 72.)

■ “El Señor dijo que el día de reposo se había hecho por causa del hombre y no el hombre por causa del día de reposo [Marcos 2:27]. El día de reposo se instituyó para que el hombre lo obedeciera y sacara de él algo de provecho, pero no para que lo quebrara o profanara. El Señor ha insistido repetidamente en la santificación del día de reposo. El sabe que es necesario soltar el ganado de los corrales y darles agua y comida, como así también llevar a cabo otras tareas. El reconoce que el buey puede ir al lodazal o el asno caerse en un pozo; pero él jamás aprobó, ni en la letra ni en el espíritu, que se utilizara el día de reposo para llevar a cabo tareas cotidianas o para divertirse. El sanó a los enfermos y predicó en las sinagogas en ese día, pero no se lo dio al hombre para trabajar y divertirse sino para descansar la mente y el cuerpo, cambiar y reposar del servicio pesado, y pasar el tiempo en obras de misericordia. La santificación del día de reposo es una parte del nuevo convenio.” (Kimball, The Teachings of Spencer W. Kimball, págs. 216-217.)

■ “El día de reposo se ha dado a lo largo de las generaciones del hombre como perpetuo convenio.

Es un símbolo eterno entre el Señor y sus hijos. Es un día para adorar al Señor y expresar nuestra gratitud y aprecio. Es un día para dejar de lado todo interés mundano y alabar humildemente al Señor, ya que la humildad es el principio de la exaltación. No es un día para sufrir aflicción y preocupación sino para descansar y disfrutar en rectitud. No es un día para tener un espléndido banquete, sino para disfrutar de comidas sencillas y de un festín espiritual; no es un día en el que debemos abstenernos de comer, con excepción del día de ayuno, pero sí un día en que el ama de casa o su empleada deben sentirse aliviadas de la preparación de los alimentos. Es un día que benignamente nos dio nuestro Padre Celestial. Es un día para dejar pastorear y descansar a los animales; cuando el arado puede reposar en el cobertizo y se puede dejar el resto de la maquinaria sin usar; el patrón y el empleado, el amo y el sirviente pueden dejar de arar, excavar y trabajar pesadamente. Es un día en que las oficinas pueden cerrarse, los negocios postergarse, y los problemas olvidarse; un día en que el hombre queda exonerado temporariamente de su primera amonestación: ‘Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra’ (Génesis 3:19). Es un día en que el cuerpo puede descansar, la mente reposar, y el espíritu crecer. Es un día en el que se pueden cantar himnos, ofrecer oraciones y dar sermones y testimonios, y el hombre elevarse muy alto, casi aniquilando el tiempo, el espacio y la distancia que lo separan de su Creador.

“El día de reposo es un momento apropiado para hacer una evaluación de nosotros mismos, analizar nuestras debilidades y confesar nuestros pecados al Señor y a quien corresponda. Es un día para ayunar en ‘cilicio y ceniza’, para leer buenos libros, para reflexionar y meditar, para estudiar las lecciones del sacerdocio o de las organizaciones auxiliares, un día para estudiar las Escrituras y preparar discursos, para dormir la siesta, descansar y reposar, un día para visitar a los enfermos, predicar el evangelio, hacer proselitismo, un día para visitar tranquilamente a la familia y acercarse y tratar de conocer más a los hijos, un día para cortejar en forma apropiada, para hacer el bien, para beber de la fuente del conocimiento y la instrucción, un día para buscar el perdón de nuestros pecados, para enriquecer nuestro espíritu y nuestra alma, un día para restaurar nuestra talla espiritual, participar de los emblemas del sacrificio y expiación del Señor, un día para contemplar las glorias del evangelio y los reinos eternos, un día para subir muy alto en el sendero que asciende hasta nuestro Padre Celestial.” (Kimball, The Teachings of Spencer W. Kimball, págs. 215-216.)

1. En el día de reposo debemos asistir a las reuniones de la Iglesia y adorar a Dios (véase D. y C. 59:9-13).
2. El día de reposo es para renovar nuestros convenios al participar de la Santa Cena (véanse D. y C. 59:9; 3 Nefi 18:1-10).
3. El día de reposo es para descansar de nuestras labores temporales (véanse D. y C. 59:10; Exodo 20:10; Levítico 23:3).
4. En el día de reposo debemos preparar nuestros alimentos con sencillez de corazón (véase D. y C. 59:13).
5. El día de reposo es para llevar a cabo buenas obras (véanse Mateo 12:10-13; Lucas 6:1-11; 13:11-17).
6. El día de reposo es para hacer la voluntad del Señor y refrenarnos de buscar nuestro propio placer egoísta (véase Isaías 58:13-14).

Reciben bendiciones aquellos que observan el día de reposo.
■ “Constantemente hablamos de la mundanidad de estos días y del hecho de que nuestra juventud se
encara a tentaciones más serias que los jóvenes de generaciones pasadas, y tal vez esto es cierto. También, actualmente parece que muchos más padres de familia han sido atrapados en la vanidad mundana que los de la generación anterior.

“¿Qué podemos hacer para protegernos de estas peligrosas circunstancias? ¿Cómo podremos ayudar mejor a nuestros jóvenes para que permanezcan limpios de las manchas del mundo?

“El Señor nos da la respuesta, y dice que puede hacerse mediante la sincera observancia del día de reposo. La mayoría de la gente no lo ve de esta manera, pero veamos las palabras del Señor al respecto: ‘Y para que más íntegramente puedas conservarte sin mancha del mundo’, adviértanse estas palabras, ‘para que más íntegramente puedas conservarte sin mancha del mundo, irás a la casa de oración y ofrecerás tus sacramentos en mi día santo’ (D. y C. 59:9).

“Pensad acerca de ello por un momento. Sinceramente, ¿creemos realmente en Dios? ¿Estamos realmente convencidos de que El sabe de lo que está hablando? Si es así, ¿por qué entonces no lo tomamos a El y su palabra seriamente? O ¿seguiremos tomando con ligereza la revelación divina?

“El Señor sabe de lo que está hablando. El observar el día de reposo nos ayudará a mantenernos más completamente sin mancha del mundo.” (Petersen, en Conference Report, abril de 1975, pág. 70; o Ensign, mayo de 1975, págs. 47-48; parte del cual se cita en el manual Preparad la vía del Señor, Guía de estudio personal del Sacerdocio de Melquisedec, 1978-1979, págs. 110-111.)

■ “El domingo es un día de adoración; es un día santo. Esta es una nación cristiana, y el Señor nos ha prometido que mientras lo recordemos, este país se mantendrá, y su gobierno no decaerá. Ninguna otra nación podrá tomar posesión de ella o destruirla. Pero si nos olvidamos de El, las promesas de Dios no serán más valederas.

“¿Por qué el domingo debe observarse como un día de reposo? Primero, porque el domingo es esencial para el verdadero desarrollo y vigor del cuerpo, y es un principio que no solamente debemos proclamar más en todas partes, sino que también debemos practicar . . .

” El segundo propósito por el cual debemos guardar santo el día de reposo es: ‘Para que más íntegramente puedas conservarte sin mancha del mundo’. Reflexión durante esa hora sagrada, comunión consigo mismo, y más aún que eso, comunión en pensamiento y sentimientos con el Señor, la comprensión de que El está lo suficientemente cerca como para estar al tanto de lo que pensamos. Lo que pensáis es realmente lo que sois . . .

“Hay todavía una tercera razón. El guardar santo el día de reposo es una ley de Dios, que desde el monte de Sinaí ha resonado a través de todas las épocas. No podéis transgredir la ley de Dios sin limitar vuestro espíritu. Finalmente, nuestro día de reposo, el primer día de la semana, conmemora el más grande de los acontecimientos de la historia de la humanidad: la resurrección de Cristo y su visita como ser resucitado a sus Apóstoles reunidos.” (David O. McKay, en Conference Report, oct. de 1956, pág. 90.)

1. El observar el día de reposo puede ayudar a los santos a permanecer sin mancha de las tentaciones del mundo (véase D. y C. 59:9).
2. El guardar santo el día de reposo es una obra justa que puede darle a una persona “paz en este mundo y la vida eterna en el mundo venidero” (D. y C. 59:23).
3. Los que guardan el día de reposo reciben bendiciones tanto temporales como espirituales (véase D. y C. 59:16-20).

— Véase Doctrina del Evangelio Religión 231 y 232


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