La muerte y el mundo de los espíritus

  • La muerte y el mundo de los espíritus

“Todos los hombres saben que tienen que morir. Y conviene que entendamos las razones y causas del porqué se nos expone a las vicisitudes de la vida y la muerte, y cuál es el designio y propósito de Dios en que vengamos al mundo, suframos aquí y luego salgamos de este lugar. ¿Qué objeto tiene que alcancemos la existencia, para entonces morir y deshacernos y no estar más aquí? No es sino razonable suponer que Dios nos revelaría algo en cuanto al asunto, y es un tema que deberíamos estudiar más que cualquier otro. Deberíamos estudiarlo de día y de noche, porque el mundo nada sabe respecto de su verdadera condición y relación. Si algo hemos de esperar de nuestro Padre Celestial, ha de ser conocimiento sobre este importante asunto.” (José Smith, Enseñanzas del Profeta José Smith, págs. 399-400.)

La muerte es una condición universal y es parte del plan de salvación.
■ “Todo hombre que nace en el mundo morirá. No importa quién sea ni dónde esté, si su nacimiento fue entre los ricos y nobles, o entre los humildes y pobres del mundo; sus días están contados ante el Señor y en el debido tiempo llegará al fin.” (Joseph F. Smith, Doctrina del Evangelio, pág. 422.)

■ “La muerte es solamente un cambio de un estado o esfera de existencia a otro . . .

“… La muerte consiste en la separación del espíritu eterno del cuerpo mortal para que este último vuelva al polvo o elemento del cual se creó (quiere decir organizó), y el espíritu quede libre para ir a morar temporalmente hasta el día de la resurrección en un mundo poblado de espíritus que esperan. (Apocalipsis 20:13; 2 Nefi 9:10-15.)” (Bruce R. McConkie, Mormon Doctrine, págs. 184-185.)

■ “Antes de la caída de Adán no había muerte sobre la tierra . . .

“El evangelio nos enseña que si Adán y Eva no hubiesen participado de aquel fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, hubiesen permanecido en el Jardín de Edén en la misma condición que prevalecía antes de la Caída … En relación con la condición premortal de Adán y de toda la tierra, Lehi ha declarado lo siguiente:

” ‘Pues, he aquí, si Adán no hubiese pecado, no habría caído; sino que habría permanecido en el Jardín de Edén. Y todas las cosas que fueron creadas tendrían que haber permanecido en el mismo estado en que se hallaban después de ser creadas; y habríajn] permanecido para siempre, sin tener fin. [2 Nefi 2:22.]” (Joseph Fielding Smith, Doctrina de Salvación, tomo I, págs. 103-104.)

■ “Nos daremos vuelta y consideraremos, cuando lo hayamos cruzado [el valle de la muerte], que ese es el beneficio más grande de toda nuestra existencia, porque hemos pasado de un estado de dolor, pesar, tristeza, sufrimiento, angustia y desengaño a un estado de existencia en el que podremos disfrutar de la vida en su plenitud, dentro de lo que sea posible sin tener un cuerpo. Nuestro espíritu será liberado y no tendremos más sed, ni sueño, ni hambre, ni cansancio; podremos correr, caminar, trabajar, ir y venir, hacer esto y lo otro, llevar a cabo lo que se nos pida sin sufrir dolor o fatiga; nos sentiremos llenos de vida, llenos de vigor y disfrutaremos de la presencia de nuestro Padre Celestial.” (Brigham Young, en Journal of Discourses, 17:142.)

■ “Se ha desvanecido todo temor de esta muerte entre los Santos de los Ultimos Días. No le tienen miedo a la muerte temporal, porque saben que así como ésta viene sobre ellos por la transgresión de Adán, así también por la rectitud de Jesucristo vendrá a ellos la vida, y aun cuando mueran, volverán a vivir. Teniendo este conocimiento, se regocijan hasta en la muerte, porque saben que de nuevo se levantarán y que nuevamente se verán allende el sepulcro. Saben que el espíritu no muere, que no sufre alteración alguna, sino el cambio de la reclusión en este cuerpo de barro a la libertad y a la esfera en que actuó antes de venir a esta tierra.” (Smith, Doctrina del Evangelio, pág. 422.)

■ “Si consideramos a la muerte prematura como una calamidad, desastre o tragedia, ¿no equivaldría eso a decir que es preferible la mortalidad a la entrada prematura en el mundo de los espíritus y consecuente obtención de la salvación y exaltación?

Si la mortalidad fuera el estado perfecto, entonces la muerte vendría a ser frustración, mas el evangelio enseña que no hay tragedia en la muerte, sino sólo en el pecado.” (Spencer W. Kimball, La fe precede al milagro, pág. 100.)

1. Finalmente todos deben morir (véanse Romanos 5:12; Alma 12:24, 27; 2 Nefi 9:6).
2. En la muerte, el cuerpo y el espíritu se separan por un tiempo (véanse Santiago 2:26; Eclesiastés 12:7).
3. La caída de Adán trajo la muerte a este mundo (véanse 2 Nefi 2:22-25; Moisés 6:48; 1 Corintios 15:21-22).
4. Por medio de la expiación y resurrección de Jesucristo, finalmente venceremos la muerte (véanse Alma 7:10-12; 11:42; 2 Nefi 9:6, 11; 2 Timoteo 1:10; Mormón 9:13).
5. No debemos temer la muerte (véanse Alma 27:28; D. y C. 42:46; 101:36).

Al morir, nuestros espíritus pasan al mundo de los espíritus a esperar la resurrección.
■ “Los espíritus de todos los hombres, en cuanto se separan de este cuerpo mortal, sean buenos o malos, son llevados, nos dice el Libro de Mormón, a ese Dios que les dio la existencia (Alma 40:11), donde se lleva a efecto una separación, un juicio parcial, y los espíritus de los que son justos son recibidos en un estado de felicidad que se llama paraíso, un estado de descanso, un estado de paz, donde aumentan en sabiduría, donde descansan de todas sus penas y donde la zozobra y la aflicción no molestan. Los inicuos, por otra parte, no tienen parte ni porción del Espíritu del Señor, y serán echados a las tinieblas de afuera, pues se dejaron llevar cautivos del maligno por motivo de su propia iniquidad. Y en este intervalo, entre la muerte y la resurrección del cuerpo, permanecen las dos clases de almas, en felicidad o en miseria, hasta el tiempo señalado por Dios para que los muertos resuciten y sean reunidos el espíritu junto con el cuerpo para comparecer ante Dios y ser juzgados de acuerdo con sus obras. Este es el juicio final.” (Smith, Doctrina del Evangelio, págs. 441-442.)

■ “¡Paraíso: morada de los espíritus justos, mientras esperan el día de su resurrección; paraíso: un lugar de paz y reposo en donde se han despojado de las aflicciones y las pruebas de la vida, y en donde los santos continúan preparándose para el reino celestial; paraíso: no el reino eterno del Señor, sino una parada de espera a lo largo del camino que lleva a la vida eterna, un lugar en donde se lleva a cabo la preparación final para la plenitud del gozo que se recibe solamente cuando el cuerpo y el espíritu se unen inseparablemente en gloria inmortal!” (Bruce R. McConkie, The Mortal Messiah, 4:222.)

■ “La parte del mundo de los espíritus habitada por los espíritus inicuos que esperan el día final de su resurrección se llama infierno. Durante el período que media entre su muerte y su resurrección, las almas de los malvados son expulsadas a las tinieblas de afuera, a las tenebrosas profundidades del Seol, al reino de Hades donde esperan los espíritus malvados, al infierno. Allí sufren los tormentos de los condenados; allí se sumergen en la venganza del fuego eterno; allí hay llantos y lamentos y crujir de dientes; allí la ardiente indignación de la ira de Dios se vierte sobre los inicuos (Alma 40:11-14; D. y C. 76:103-106.)” (McConkie, Mormon Doctrine, pág. 349.)

■ “En su justicia, nuestro Padre Celestial dará a cada hombre el privilegio de oír el evangelio. Ni una sola alma será dejada a un lado u olvidada. Ya que esto es verdad, ¿qué acontecerá con los miles que han muerto y nunca oyeron de Cristo, que nunca tuvieron la oportunidad de arrepentirse y de tener su autoridad? Algunos de nuestros buenos vecinos cristianos os dirán que esos están perdidos para siempre, pues no hay esperanza más allá.

“¿Sería justo eso? ¿Sería equitativo? ¡No! El Señor dará a cada hombre la oportunidad de oír y de recibir la vida eterna, o un lugar en su reino. Somos muy afortunados porque hemos tenido ese privilegio aquí y hemos pasado de muerte a vida.

“El Señor ha dispuesto su plan de redención para que todos los que han muerto sin esta oportunidad en vida, la reciban en el mundo espiritual. Allá, élderes de la Iglesia están proclamando el evangelio entre los muertos. Todos los que no tuvieron la oportunidad de recibirlo aquí, y allá se arrepientan y reciban el evangelio, serán herederos del reino celestial.” (Smith, Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 124.)

1. Al morir, nuestros espíritus regresan a un reino espiritual (véanse Alma 40:11; Eclesiastés 12:7; 2 Nefi 9:38).
2. Los espíritus de los justos entran en un estado paradisíaco (véanse Alma 40:12, 14; 4 Nefi 14; Moroni 10:34; 2 Nefi 9:13).
3. Los espíritus de los inicuos entran en un estado de infelicidad (véanse Alma 40:13-14; 1 Nefi 15:29; D. y C. 76:103-106).
4. En el mundo de los espíritus se predica el evangelio “a todos los espíritus de los hombres” (D. y C. 138:30; véanse también 1 Pedro 3:18-21; 4:6; D. y C. 138:28-37).

— Véase Doctrina del Evangelio Religión 231 y 232


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