La redención de los muertos

  • La redención de los muertos

“La mayoría de nosotros ha tenido que esperar por algo o a alguien durante un minuto, una hora, un día, una semana o incluso un año. ¿Os imagináis cómo han de sentirse nuestros antepasados, algunos de los cuales quizás hayan estado esperando décadas, e incluso siglos, a fin de que se efectúe por ellos la obra vicaria? He tratado de imaginarme a nuestros antepasados [que] están esperando ansiosamente que nosotros, sus descendientes y miembros de la Iglesia sobre la tierra, cumplamos con nuestro deber hacia ellos. He pensado también en el sentimiento tan espantoso que nos embargaría al verlos en el otro mundo y tener que admitir que no fuimos tan fieles como deberíamos haber sido aquí en la tierra en cuanto a llevar a cabo esas ordenanzas en su beneficio.” (Spencer W. Kimball, “The Things of Eternity—Stand We in Jeopardy?”, Ensign, enero de 1977, pág. 7, parte del cual se cita en “¿Y por qué peligramos?”, Liahona, julio de 1977, pág. 4.)

De acuerdo con el plan de salvación, todos en un momento u otro escucharán el evangelio.
■ “El Señor ha hecho saber que su misericordia se extiende hasta los extremos de la tierra y que cada alma tiene el derecho de oír el plan del evangelio, ya sea en esta vida o en el mundo espiritual. Todos los que oyen y creen, se arrepienten y reciben el evangelio en su plenitud, sean vivos o muertos, serán herederos de la salvación en el reino de Dios.” (Joseph Fielding Smith, Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 125.)

Véanse Doctrina y Convenios 1:2, 4; 90:11.

Se ha abierto el camino para que reciban el evangelio los que murieron sin haberlo recibido.
■ “Antes de la crucifixión del Señor había una gran sima que separaba a los muertos justos de aquellos que no habían recibido el evangelio, y nadie podía pasar a través de ella. (Lucas 16:26.) Cristo puso un puente sobre esa sima e hizo posible que la palabra de salvación se llevara a todos los rincones del reino de las tinieblas. De esa manera se invadieron los reinos del infierno y se prepararon a los muertos para las ordenanzas del evangelio que debían efectuarse en la tierra, ya que ellos formaban parte de la probación mortal.” (Joseph Fielding Smith, The Way to Perfection, pág. 165.)

1. Después de su crucifixión y antes de su resurrección, el Salvador predicó el evangelio a los espíritus dignos que se encontraban en el mundo de los espíritus y mandó mensajeros para que se lo predicaran a los espíritus de los inicuos (véanse 1 Pedro 3:18-20; D. y C. 138:18-21, 27-30).
2. Se le predica el evangelio a los muertos para que a ellos se les pueda juzgar con el mismo criterio que se utilizará para juzgar a los que tuvieron la oportunidad de escuchar el evangelio en la carne (véanse 1 Pedro 4:6; D. y C. 138:31-34, 57; 76:73).
3. Los que habrían recibido el evangelio en esta vida, si hubieran tenido la oportunidad de escucharlo, heredarán el reino celestial (véase D. y C. 137:7-8).

Las ordenanzas que se llevan a cabo en forma vicaria dan la oportunidad a los muertos de recibir una salvación completa.
■ “Por lo tanto, tenemos dos grandes iglesias, una en el cielo y otra sobre la tierra. Ellas actúan en forma paralela y, según mi opinión, los templos son el lazo de unión que conectan el cielo con la tierra, ya que es por medio de los templos que podremos alcanzar a nuestros muertos, y de ninguna otra manera. Orar por los muertos puede no serles de gran ayuda. Si queremos ayudarlos, debemos hacer la obra por ellos.” (Rudger Clawson, en Conference Report, abril de 1933, págs. 77- 78.)

■ “Se nos ha autorizado para efectuar bautismos por los muertos, a fin de que cuando a ellos les sea predicado el evangelio y deseen aceptarlo, ya se haya efectuado esta ordenanza esencial. No necesitan pedir que los eximan de cumplir con ella. De hecho, el Señor mismo tuvo que recibir el bautismo.” (Boyd K. Packer, “La redención de los muertos”, Liahona, feb. de 1976, pág. 84.)

■ “Sabemos por las Escrituras que el Evangelio se predica a los muertos y que ellos serán juzgados como los hombres en la carne, y vivirán de acuerdo con Dios en el espíritu. Por lo tanto, el bautismo es necesario para aquellos que durante su vida terrenal no tuvieron la oportunidad de recibir esta ordenanza por inmersión para la remisión de los pecados.” (N. Eldon Tanner, “La verdadera Iglesia de Jesucristo”, Liahona, agosto de 1979, pág. 22.)

1. Los que deseen entrar en el reino celestial deben recibir las ordenanzas esenciales del evangelio (véanse el tercer Artículo de Fe; D. y C. 138:58; 132:4-6; 131:1-4).
2. Las ordenanzas que se llevan a cabo en la mortalidad por el poder del sacerdocio son válidas aquí y en el mundo de los espíritus (véanse D. y C. 128:8-9; 132:46; Mateo 16:19).
3. El Señor ha mandado que se lleven a cabo bautismos vicarios para hacer posible que entren a su reino las personas que reciben el evangelio en el mundo de los espíritus (véanse 1 Corintios 15:29; D. y C. 128:1, 5; 138:32-33).

Los Santos de los Ultimos Días tienen la autoridad y la responsabilidad de llevar a cabo ordenanzas en el templo en beneficio de los muertos.
■ “El tercer punto que se incluye en la misión de la Iglesia es nuestra responsabilidad de redimir a los muertos efectuando ordenanzas vicarias del evangelio en beneficio de aquellos que han vivido en la tierra.

“Se debe enseñar a nuestros miembros que el sellamiento en el templo de los esposos entre sí no es suficiente garantía para obtener la exaltación, sino que también deben unirse eternamente con sus progenitores y ver que se lleve a cabo la obra por esos antecesores.

El apóstol Pablo dijo: ‘Ellos sin nosotros no pueden ser perfeccionados, ni tampoco podemos nosotros ser perfeccionados sin nuestros muertos’ (D. y C. 128:15). Por lo tanto, nuestros miembros deben comprender que tienen sobre sí la responsabilidad individual de ver que sean sellados a sus progenitores.” (Ezra Taft Benson, Seminario para Representantes Regionales, 3 de abril de 1981, pág. 2.)

■ “Elias, ¿qué harías si estuvieses aquí? ¿Se concretaría tu obra solamente a los vivos? ¿No!; y os referiré a las Escrituras, donde se aclara el punto, es decir, que sin nosotros, ellos no podrán ser perfeccionados, ni nosotros sin ellos: ni los padres sin los hijos, ni los hijos sin los padres.

“Deseo que entendáis este asunto, porque es importante; y si queréis recibirlo, el espíritu de Elias el Profeta es que rescatemos a nuestros muertos, seamos unidos a nuestros padres que se hallan en el cielo y señalemos a nuestro muertos para que salgan en la primera resurrección; y aquí nos hace falta el espíritu de Elias el Profeta, para ligar a los que moran en la tierra y los que habitan en el cielo. Este es el poder de Elias el Profeta y las llaves del reino de Jehová.” (José Smith, Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 417.)

■ “¡Qué privilegio más maravilloso es hacer la obra por los muertos! Y no es en realidad una obra completamente libre de egoísmo, ya que ¿no es cierto que nosotros los vivos también cosechamos los beneficios de ella? Sin nuestros muertos dignos nosotros no podremos llegar a la perfección, por lo que nos corresponde a nosotros efectuar esas ordenanzas por aquellos de nuestros antecesores que se han ido de esta tierra sin esos privilegios. De esa manera tanto nosotros como ellos seremos bendecidos.” (Smith, Way to Perfection, pág. 166.)

■ “No sólo es necesario que os bauticéis por vuestros muertos, sino que también debéis hacer todas las ordenanzas por ellos, de la misma manera que las habéis hecho por vosotros mismos.” (José Smith, History of the Church, 6:365.)

■ “Sobre todos sin excepción descansa esta responsabilidad [la de hacer la obra por nuestros muertos] con igual fuerza, de acuerdo con nuestra habilidad y oportunidad individuales.

“No importa qué otra cosa hayamos sido llamados a efectuar, o qué cargo ocupemos, o cuán fielmente hayamos trabajado en la Iglesia en alguna u otra forma; nadie quedará exento de esta gran obligación. Se requiere del apóstol así como del élder más humilde. El lugar, la distinción, el largo servicio en la Iglesia, en el campo misional, en las estacas de Sión o donde quiera que haya sido o como quiera que haya sido, no servirá para darle a uno el derecho de olvidarse de la salvación de sus difuntos.

“Algunos tal vez sientan que si pagan sus diezmos, si concurren a las reuniones oficiales y atienden otros deberes; si dan de sus bienes a los pobres, y quizá pasan uno, dos o más años predicando en el mundo, están eximidos de otros deberes. Pero la obra más grande y mayor de todas, es la obra por los muertos.” (Smith, Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 140.)

■ “Aquellos que conocen las Escrituras de los Ultimos Días y el trámite de investigación genealógica reconocerán que el programa de extracción es sólo un primer paso en el programa total de preparar un Libro de Recuerdos de la Iglesia, que sea ‘digno de toda aceptación’.” (Ezra Taft Benson, “Digno de toda aceptación”, Liahona, feb. de 1979, pág. 39.)

■ “[No] ha cambiado nuestra responsabilidad de preparar libros de recuerdos, incluyendo el envío de nombres de nuestros antepasados hasta por lo menos la cuarta generación, y el llevar a cabo por ellos las ordenanzas del templo.” (Ezra Taft Benson, “Digno de toda aceptación”, Liahona, feb. de 1979, pág. 38.)

■ “Hay otras cosas que como Iglesia podemos hacer en forma colectiva. Microfilmamos registros por todo el mundo. Establecemos bibliotecas [genealógicas] para que las utilicen tanto los miembros de la Iglesia como los que no lo son. Edificamos bóvedas para guardar los registros. Como Iglesia ideamos y hacemos formularios y procedimientos para ayudar en la búsqueda. Preparamos manuales al respecto, y programamos conferencias, reuniones y seminarios para motivar, instruir e inspirar a las personas.

“Sin embargo, la obra genealógica y del templo son básicamente responsabilidades individuales.” (Boyd K. Packer, The Holy Temple, pág. 227.)

■ “Sabemos que el mundo de los espíritus está lleno de seres que están esperando que nosotros nos apuremos a hacer la obra, esperando y preguntándose por qué los hacemos esperar.

“Nos preguntamos acerca de nuestros progenitores: abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, etc. ¿Qué concepto tendrán ellos de nosotros? Somos sus descendientes; tenemos la responsabilidad de hacer la obra vicaria por ellos; sin embargo, aunque los bellos templos del Señor están a nuestro alcance día tras día, no siempre los llenamos. Esta es una grave responsabilidad de la cual no podemos escapar, y podemos peligrar si no hacemos esta importante obra.” (Kimball, “¿Y por qué peligramos?”, Liahona, julio de 1977, pág. 3.)

1. Elias el Profeta se le apareció a José Smith en el Templo de Kirtland y restauró el poder para sellar los padres a los hijos por medio de las ordenanzas del sacerdocio, tanto a los vivos como a los muertos (véanse D. y C. 110:13-15; Malaquías 4:5-6; D. y C. 2).
2. Los miembros de la Iglesia no pueden llegar a ser perfectos si no hacen la obra vicaria por sus muertos, ni éstos pueden llegar a ser perfectos si esa obra no se hace por ellos (véanse D. y C. 128:15, 18, 22; Hebreos 11:40).
3. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días y sus miembros tienen la responsabilidad de llevar un registro de la obra hecha en beneficio de los muertos (véanse D. y C. 127:6-9; 128:24).

—Véase Doctrina del Evangelio Religión 231 y 232


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