La Resurrección y el Juicio

  • La Resurrección y el Juicio

“Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres” (1 Corintios 15:19). La tumba no es el fin, ya que en la resurrección, todas las personas van a ser juzgadas y a recibir nuevamente sus cuerpos. Pablo, quien fue un testigo especial del Señor resucitado, testificó:

“Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho . . .

“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.” (1 Corintios 15:20, 22.)

Como parte de su plan eterno, Dios proveyó una resurrección para todas las personas.
■ “El hombre es un ser eterno, compuesto de un cuerpo y un espíritu: su espíritu existía antes de venir a la tierra, su cuerpo existe junto con el espíritu en forma temporal y después de la muerte el espíritu existirá sin el cuerpo. En la resurrección se reunirán finalmente el cuerpo y el espíritu. Para que una persona sea completa, tanto temporal como eternamente, es necesario que tenga un cuerpo y un espíritu.” (John Taylor, The Government of God, pág. 27.)

■ “El Señor nos demostró que los elementos son eternos y que para obtener una plenitud de gozo es necesaria la eterna unión del espíritu y el elemento. Porque la parte espiritual del hombre y la parte terrenal, o temporal de ahora, serán unidos eternamente, el cuerpo y el espíritu serán nuevamente uno; solamente por medio del poder de una vida sin fin serán ligados, ya que sin esa unión no se puede obtener una plenitud de gozo.” (Charles W. Penrose, en Conference Report, oct. de 1914, pág. 35.)

■ “Y bien, nosotros no tenemos poder para poner [dar] nuestra vida y volverla a tomar. Pero Jesucristo tenía el poder de poner su vida y también para volverla a tomar . . . Vino al mundo para morir a fin de que nosotros pudiésemos vivir y su expiación por el pecado y la muerte es la fuerza por la cual nosotros somos levantados a la inmortalidad y vida eterna.

“De manera que Cristo hizo por nosotros algo que no podíamos hacer y lo hizo mediante su expiación infinita. Al tercer día después de la crucifixión, levantó su cuerpo y obtuvo las llaves de la resurrección y en esa forma tiene el poder de abrir las tumbas de todos los hombres; mas no podía hacer esto hasta haber pasado El mismo a través de la muerte para conquistarla.” (Joseph Fielding Smith, Doctrina de Salvación, tomo I, pág. 123.)

■ “Qué pensamiento tan glorioso, por lo menos lo es para mí, y ha de serlo para todos aquellos que han logrado este concepto de la verdad o lo han recibido en su corazón, que aquellos de quienes nos alejamos aquí, los volveremos a encontrar y ver como son. Conoceremos al mismo ser idéntico con quien nos asociamos aquí en la carne, no otra alma, no algún otro ser o el mismo ser en alguna otra forma, sino la misma identidad y la misma forma y semejanza, la misma persona que conocimos y con quien nos asociamos en nuestra existencia terrenal, incluso hasta las heridas en la carne. No que la persona siempre vaya a quedar afeada por cicatrices, heridas, deformidades, defectos o incapacidades, porque de acuerdo con la misericordiosa providencia de Dios, éstas desaparecerán en su curso, en su debido tiempo. Se quitarán las deformidades, se eliminarán los defectos, y los hombres y mujeres lograrán la perfección de su espíritu, la perfección que Dios dispuso en el principio.” (Joseph F. Smith, Doctrina del Evangelio, págs. 22-23.)

■ “Toda criatura que nace a la imagen de Dios resucitará de la muerte . . . Pero de la misma manera en que no hay ninguna duda de que debido a la transgresión de nuestros primeros padres, quienes trajeron la muerte al mundo, todos moriremos, de la misma forma es cierto que todos resucitaremos de la muerte por el poder de Jesucristo. No importa que hayamos hecho bien o mal, que hayamos sido inteligentes o ignorantes, prisioneros, esclavos o libres, todas las personas resucitaremos de la muerte.” (Joseph F. Smith, en Millennial Star, 12 de marzo de 1896, pág. 162.)

■ “No me importa cuáles son las teorías de los hombres, no existe ninguna parte fundamental del sistema humano que jamás pueda pasar a otro ser humano en este mundo o en el mundo venidero. Tenemos el testimonio de que Dios nos levantará de la tumba, y El tiene el poder de hacerlo. Si alguien piensa que cualquier parte fundamental de nuestro cuerpo puede pasar de alguna manera a formar parte de otro cuerpo, está equivocado.” (José Smith, History of the Church, 5:339.)

1. Todos los que han vivido van a resucitar (véanse 1 Corintios 15:21-22; Alma 11:41; D. y C. 29:26; 2 Nefi 9:22).
2. La resurrección es la reunión del cuerpo físico y del espíritu después de la muerte (véanse D. y C. 88:14-17; Alma 11:43; 40:23; 2 Nefi 9:12).
3. No podemos recibir la plenitud de gozo cuando el espíritu y el cuerpo se encuentran separados (véanse D. y C. 93:33-34; 45:17; 138:50).
4. La resurrección se efectúa por medio del poder de Dios (véanse Juan 5:21; Hechos 26:8; 1 Corintios 6:14; 2 Nefi 9:12).
5. En la resurrección se restaurarán todos los miembros y coyunturas a su propia y perfecta forma (Alma 11:43-44; 40:23; 41:2).

Existe un orden en la resurrección.
■ “Jesús es la única persona que ha venido a este mundo con poder sobre la muerte, y teniendo ese gran poder, mediante el derramamiento de su sangre en la cruz, El pudo redimirnos y obtener el poder de la resurrección. Después de salir de su tumba, tuvo poder para reclamar de ella a cada persona. Y después que hubo salido El, al tercer día después de su crucifixión, abrió las tumbas de los Santos que habían vivido desde los días de Adán hasta el tiempo
de su crucifixión.” (Smith, Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 244-245.)

■ “Dos grandes resurrecciones esperan a los habitantes de la tierra: Una es la primera resurrección, la resurrección de vida, la resurrección de los justos; la otra es la segunda resurrección, la resurrección de condenación, la resurrección de los injustos. (Juan 5:28-29; Apocalipsis 20; D. y C. 76.) Pero aún dentro de estas dos resurrecciones, hay un orden en el cual se levantarán los muertos. Aquellos que resuciten con cuerpos celestiales, cuyo destino es heredar el reino celestial, se levantarán en la mañana de la primera resurrección . . .

” ‘Y después de esto, otro ángel tocará, y será la segunda trompeta; y entonces viene la redención de los que son de Cristo en su venida, los que han recibido su parte en aquella prisión preparada para ellos, a fin de que recibiesen el evangelio y fuesen juzgados según los hombres en la carne.’ (D. y C. 88:99.) Esta es la tarde de la primera resurrección; tendrá lugar después que nuestro Señor haya anunciado la iniciación del milenio. Aquellos que salgan en esa ocasión se levantarán con cuerpos terrestres, y por lo tanto heredarán una gloria terrestre en la eternidad. (D. y C. 76:71-80.)

“Al final del milenio comenzará la segunda resurrección. En la primera parte de esta resurrección de los injustos, aquellos destinados a salir serán Tos espíritus de los hombres que han de ser juzgados, y que se hallan bajo condenación. Y éstos son el resto de los muertos; y no vuelven a vivir sino hasta que pasen los mil años, ni vivirán hasta el fin de la tierra’ (D. y C. 88:100-101). Estos serán aquellos que hayan ganado cuerpos telestiales, que hayan sido inicuos y carnales en la tierra, y que hayan sufrido la ira de Dios en el infierno ‘hasta la última resurrección, hasta que el Señor, Cristo el Cordero, haya cumplido su obra’ (D. y C. 76:85). Su destino final es heredar una gloria telestial. (D. y C. 76:81-112.)

“Finalmente, en la última parte de la resurrección de condenación, los hijos de perdición, ‘aquellos que permanecerán sucios aún’ (D. y C. 88:102), saldrán de sus tumbas. (2 Nefi 9:14-16.)” (Bruce R. McConkie, Mormon Doctrine, pág. 640; se cita también en Libro de Mormón desde 1 Nefi hasta Alma 29, Doctrina del Evangelio, suplemento para el maestro [PCSS5606SP], pág. 169.)

■ “Es opinión de algunos que la resurrección se está efectuando continuamente ahora, pero eso es mera especulación sin garantía en las Escrituras. Cierto es que el Señor tiene poder para llamar de entre los muertos a cualquier persona o personas, según desee, especialmente si ellas tienen que efectuar una misión que requiera su resurrección. Por ejemplo, tenemos el caso de Pedro, Santiago y Moroni.

“Se nos da a entender que la primera resurrección, aún futura, la cual significa la venida de los justos, tendrá lugar en un momento definido, el cual será cuando nuestro Salvador aparezca en las nubes del cielo, cuando regrese a reinar. Que nosotros nos pongamos a especular si el profeta José Smith, Hyrum Smith, Brigham Young y otros han sido llamados, sin que el Señor lo revele, es mera suposición. Cuando el Señor quiera a cualquiera de estos hombres, El tiene el poder de llamarlos, pero la primera resurrección, en la cual tenemos un interés futuro, comenzará cuando Cristo venga.” (Smith, Doctrina de Salvación, tomo II, págs. 281-282.)

1. Jesucristo fue el primero en resucitar, y de esa manera preparó el camino para todos los demás (véanse 1 Corintios 15:20; 2 Nefi 2:8; Alma 40:2-4).
2. Hay dos resurrecciones principales, una para los justos y otra para los injustos (véanse Juan 5:28-29; Hechos 24:15; D. y C. 76:17).
3. La resurrección de los justos precede a la resurrección de los injustos (véanse 1 Corintios 15:22-23; D. y C. 88:97-102; Apocalipsis 20:5-6).
4. Resucitaremos para recibir un grado de gloria compatible con nuestra fidelidad (véanse 1 Corintios 15:40-42; D. y C. 88:22-31; 76:96-98).
5. El grado de inteligencia que obtengamos en esta vida se levantará con nosotros en la resurrección (véase D. y C. 130:18-19).

Todos comparecerán ante el Señor para que El los juzgue.
■ “En su estado exaltado, Cristo obtuvo todo el poder tanto en el cielo como en la tierra, de manera que la plenitud de la Trinidad descansa en El; ha sido exaltado a la diestra del Padre, de donde, a su debido tiempo, vendrá a juzgar a todos los hombres . . .

“El Hijo, y no el Padre, es el Juez de toda la tierra, aun cuando su juicio se hace de acuerdo con la
voluntad del Padre y por lo tanto es un juicio justo . . .

“Debido a que Jesús es el Hijo del Varón de Santidad, se le ha dado poder para juzgar, para sentarse como juez en el gran y último día, para llamar a todos los hombres en la inmortalidad para que se presenten ante su tribunal.” (Bruce R. McConkie, Doctrinal New Testament Commentary, 1:190, 192, 195.)

■ “Cuando reflexionamos sobre la declaración que dice que hay personas que serán juzgadas sin ley, surge la interrogante de quiénes serán sus jueces. Podemos asegurar que Cristo es el juez de vivos y muertos, el juez de toda la tierra.” (John Taylor, The Mediation and Atonement, pág. 155.)

■ “Podemos engañarnos unos a otros, y en algunas circunstancias pasar como pasa el dinero falso por lo que se considera de valor y verdadero entre los hombres. Pero Dios escudriña el corazón y prueba los deseos de los hijos de los hombres. El conoce nuestros pensamientos y comprende nuestros deseos y sentimientos; El conoce nuestros hechos y los motivos que nos impulsan a realizarlos. El está familiarizado con todos los hechos y operaciones de la familia humana, y todos los pensamientos y hechos secretos de los hijos de los hombres yacen al descubierto y se hallan desnudos delante de El, y a causa de ellos serán llevados a juicio.” (John Taylor, en Journal of Discourses, 16:301-302, parte del cual se cita en el manual Vístete de poder, Oh Sión, Guía de estudio personal del Sacerdocio de Melquisedec, pág. 38.)

■ “Dios no juzga a las personas de la misma manera que lo hacemos nosotros, ni los ve bajo la misma luz en que nosotros lo hacemos. El conoce nuestras imperfecciones, todas las causas del porqué se ponen de manifiesto ante El. Nos juzga por nuestros actos y por las intenciones de nuestro corazón. Sus juicios serán verídicos, justos y rectos; los nuestros en cambio son confusos debido a las imperfecciones del hombre.” (Joseph F. Smith, en Journal of Discourses, 24:78.)

1. Dios el Padre le dio a su Hijo las llaves para juzgar (véanse Juan 5:22, 27; Hechos 17:31; Romanos 14:10; Moroni 8:21).
2. Seremos juzgados de acuerdo con nuestros pensamientos, palabras y hechos y los deseos de nuestro corazón (véanse Alma 12:14; 5:15; 41:3-6; D. y C. 137:9; Mateo 12:36-37; Apocalipsis 20:12-14).
3. El juicio final será justo para todo el mundo (véanse Romanos 2:2; 2 Nefi 9:46).

—Véase Doctrina del Evangelio Religión 231 y 232


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