Los reinos de gloria y de perdición

  • Los reinos de gloria y de perdición

Hay tres reinos o grados de gloria, a los cuales se les compara con el sol, la luna y las estrellas.

■ “1. La gloria celestial. —Hay algunos que se han afanado por obedecer todos los mandamientos divinos; que han aceptado el testimonio de Cristo, han obedecido Tas leyes y ordenanzas del evangelio’, y recibieron el Espíritu Santo; éstos son los que han vencido lo malo con obras santas y, por consiguiente, merecen la gloria más alta; éstos pertenecen a la Iglesia del Primogénito, a quienes el Padre ha dado todas las cosas; son reyes y sacerdotes del Altísimo, según el orden de Melquisedec; éstos poseen cuerpos celestiales, ‘cuya gloria es la del sol, sí, la gloria de Dios, el más alto de todos, de cuya gloria está escrito que tiene como tipo el sol del firmamento’; son admitidos al concurso de los glorificados y coronados con la exaltación en el reino celestial.

2. La gloria terrestre. —Leemos de otros que reciben una gloria de un orden secundario, que difiere del más alto, así como ‘la luna difiere del sol en el firmamento’. Estos son aquellos que, aun cuando fueron honorables, no cumplieron con los requerimientos de la exaltación; fueron cegados por las artimañas de los hombres y no pudieron recibir y obedecer las leyes más altas de Dios. Demostraron que no eran ‘valientes en el testimonio de Jesús’ y, por tanto, no merecen la plenitud de gloria.

3. La gloria telestial. —Este es otro grado que difiere de órdenes más altas así como difieren las estrellas de los astros más luminosos del firmamento; esta gloria es para aquellos que no recibieron el testimonio de Cristo, pero quienes, sin embargo, no negaron al Espíritu Santo; son los que han llevado vidas que los exime del castigo más severo, mas cuya redención, no obstante, se aplazará hasta la última resurrección. En el mundo telestial hay innumerables grados que se pueden comparar a la luz variante de las estrellas. Sin embargo, todos los que recibieren cualquiera de estos grados de gloria se salvarán al fin y Satanás ningún poder tendrá sobre ellos.” (Véase James E. Talmage, Los Artículos de Fe, [versión revisada] págs. 100-101.)

Véanse 1 Corintios 15:40-42; Doctrina y Convenios 76:96-98.

El Señor puso ciertas condiciones para obtener la vida eterna en el reino celestial.
■ “Los que ganan la exaltación en el reino celestial son aquellos que son miembros de la Iglesia del Primogénito; en otras palabras, los que guardan todos los mandamientos del Señor . . .

“Las más altas ordenanzas del templo de Dios pertenecen a la exaltación en el reino celestial… A fin de recibir esta bendición, uno debe observar toda la ley; debe sujetarse a la ley mediante la cual se gobierna ese reino: ‘Porque el que no puede sujetarse a la ley de un reino celestial, no puede vivir una gloria celestial’.” (Joseph Fielding Smith, Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 39.)

■ “El reino celestial es el más alto de todos los reinos de gloria de la vida venidera. Es el reino de Dios, la gloria a la que se ha simbolizado con el sol en el firmamento. (D. y C. 76:50- 70, 92-96; 1 Corintios 15:39-42.) . . .

“… Las personas que entran por la puerta del arrepentimiento y el bautismo se encuentran a sí mismas en la senda estrecha y angosta que lleva al reino celestial. Y por medio de la devoción y la fidelidad, y de perseverar hasta el fin en rectitud y obediencia, es posible obtener una recompensa celestial. (2 Nefi 31:17-21.)” (Bruce R. McConkie, Mormon Doctrine, pág. 116.)

■ “Pienso que es de suma importancia que como pueblo sepamos lo que vamos a hacer. ¿Nos contentaremos sólo con aspirar a la gloria telestial? Nunca he oído una oración, especialmente las que se ofrecen en el círculo familiar, en la cual la familia no ruegue a Dios que les permita obtener la gloria celestial. La gloria telestial no se les pasa ni siquiera por la mente. La gloria terrestre está bien para los gentiles honorables que no tuvieron suficiente fe para creer el evangelio y que obraron de acuerdo con lo mejor que su conocimiento les permitía; pero nuestra aspiración es obtener la gloria celestial. Quizás no debiera decir que es nuestra aspiración, porque a veces no lo es, pero es nuestra esperanza. Supongamos que una familia acaba de orar y pedir a Dios que los guíe al reino celestial, y de pronto entra un ángel y les dice que sus oraciones son vanas y que ellos nunca podrán obtener la gloria celestial.

¿Os imagináis lo que experimentarían? ¡Qué sufrimiento y aflicción sentirían! Cómo ya lo he dicho, aun cuando es la aspiración de muchos, no se comportan como si en realidad fuera su verdadera aspiración. O interpretan equivocadamente la naturaleza de los deberes que deben llevar a cabo para obtener la gloria celestial, o están verdaderamente ciegos.

“Os vuelvo a preguntar, ¿cuál es vuestra aspiración, o la mía? ¿Qué es lo que realmente deseamos? Si deseamos la gloria celestial, debemos estar dispuestos a obedecer la más alta de todas las leyes que Dios ha revelado, y a cumplir con toda palabra que sale de Su boca. No quiero hablar de mí mismo, pero si hay una ley que Dios ha revelado que es necesario obedecer para poder alcanzar la gloria celestial, yo deseo conocerla y obedecerla. El único motivo por el que me encuentro en esta tierra es el de obtener la gloria celestial.” (George Q. Cannon, en Conference Report, abril de 1900, págs. 55-56.)

■ “Cuando subís por una escalera, tenéis que empezar desde abajo y ascender paso por paso hasta que llegáis a la cima; y así es con los principios del evangelio: tenéis que empezar por el primero, y seguir adelante hasta aprender todos los principios que atañen a la exaltación. Pero no los aprenderéis sino hasta mucho después que hayáis pasado por el velo. No todo se va a entender en este mundo; la obra de aprender nuestra salvación y exaltación aún más allá de la tumba será grande.” (José Smith, Enseñanzas del profeta José Smith, págs. 430-431.)

1. Debemos recibir el testimonio de Jesús, bautizarnos, recibir al Espíritu Santo y guardar sus mandamientos (véase D. y C. 76:51-52).
2. Debemos vencer todo por medio de la fe y ser sellados por el Santo Espíritu de la Promesa (véase D. y C. 76: 53, 60).
3. Debemos cumplir con el nuevo y sempiterno convenio del matrimonio (véase D. y C. 131:1-3).

Grandes oportunidades y recompensas se han prometido a los que hereden el reino celestial.

■ “Por medio de un continuo progreso nuestro Padre Celestial recibió exaltación y gloria. El nos ha señalado el mismo camino a seguir; y en vista de que El está investido de poder, autoridad y gloria ha dicho: ‘Venid y entrad en posesión de la misma gloria y felicidad que Yo poseo’.

“Todo esto se nos ha manifestado en el evangelio, y nosotros tenemos la completa seguridad de que por habernos mantenido fieles, finalmente entraremos en posesión de todo lo que la mente del hombre puede concebir, todo lo que el corazón puede desear.” (Lorenzo Snow, en Journal of Discourses, 5:313.)

■ “Algunas personas quizás supongan que sería una gran bendición que se les tomara y llevara directamente al cielo para que se sentaran allí, pero en realidad esa no sería una bendición, ya que no podrían cosechar una recompensa completa, ni podrían disfrutar de la gloria del reino, ni comprender ni resistir la luz que hay allí, sino que,
por el contrario, sería para ellas un infierno intolerable y supongo que esto les consumiría mucho más rápidamente que las llamas del infierno. No sería para vosotros ninguna bendición que se os llevara al reino celestial y fuerais obligados a permanecer en él sin estar preparados para morar allí.” (Brigham Young, Discourses of Brigham Young, pág. 95.)

1. El reino celestial es un reino de gloria refulgente (véase D. y C. 137:1-4).
2. Los miembros fieles de la Iglesia se levantarán en la mañana de la primera resurrección y recibirán un cuerpo celestial y glorificado (véanse D. y C. 76:64-65; 88:28-29).
3. Aquellos que hereden el reino celestial morarán para siempre en la presencia de Dios y Jesucristo (véase D. y C. 76:62).
4. Los que moren en el reino celestial ministrarán a los habitantes del reino terrestre (véase D. y C. 76:86-87).
5. Los que hereden la exaltación, el grado más alto en el reino celestial, se convertirán en reyes y sacerdotes de Dios y miembros de la Iglesia del Primogénito (véase D.y C. 76:54-57).
6. Por medio de la Expiación y de su propia fidelidad, aquellos que logren la exaltación se convertirán en dioses (véanse D. y C. 76:58; 132:19-20).
7. Los seres exaltados recibirán todas las cosas que el Padre tiene (véanse D. y C. 76:55, 59; 84:38).

El Señor nos ha descrito a aquellos que heredarán el reino terrestre.
■ “Al reino terrestre irán todos aquellos que son honorables y han vivido vidas puras y virtuosas, pero que no quisieron recibir el evangelio, y luego en el mundo de los espíritus se arrepintieron y lo aceptaron dentro de lo que es posible en esa esfera. Muchos de ellos han estado cegados por las tradiciones y el amor del mundo y no han podido ver las bellezas del evangelio.” (Joseph Fielding Smith, Church History and Modern Revelation, 1:287-88.)

■ “Ser valiente en el testimonio de Jesús es controlar las pasiones y apetitos y elevarse por encima de lo que es carnal y maligno. Es vencer al mundo tal como Jesús lo hizo, El, que fue el más valiente de todos los hijos de nuestro Padre. Es ser moralmente limpio, pagar los diezmos y las ofrendas, guardar el día de reposo, orar con convicción y, si … se nos pidiera, sacrificar por su causa todo lo que tenemos.

“Ser valiente en el testimonio de Jesús es ponerse del lado del Señor. Es votar como El lo haría; es pensar lo que El piensa, creer lo que El cree, decir lo que El diría si se encontrara en la misma situación. Significa tener los propósitos de Cristo y ser uno con El, tal como El lo es con el Padre.” (Bruce R. McConkie, “Sé valiente en la batalla de la fe“, véase Liahona, abril de 1975, pág. 39.)

1. Se han descrito como gente honorable a aquellos que heredarán el reino terrestre, los cuales, ya sea en esta tierra o en el mundo de los espíritus, reciben el testimonio de Jesús pero no son valientes en ese testimonio (véase D. y C. 76:71-79).
2. Entre los que heredarán el reino terrestre se encuentran las personas que murieron sin ley, los espíritus encerrados en prisión y algunos miembros de la Iglesia que no fueron suficientemente valientes (véase D. y C. 76:72 – 75, 79).
3. Heredarán el reino terrestre aquellas personas que rechazan a los profetas en esta vida y luego aceptan el evangelio en el mundo de los espíritus (véanse D. y C. 76:73- 74; 138:32).

El Señor nos ha dicho cuáles son algunas de las condiciones en el reino terrestre.
■ “Después que el Señor y los justos que hayan sido levantados para recibirlo hayan descendido sobre la tierra, ocurrirá otra resurrección. Esta puede ser considerada como parte de la primera, aunque ocurrirá posteriormente. En esta resurrección saldrán aquéllos del orden terrestre, los que no fueron dignos de ser arrebatados para recibirlo, pero que son dignos de salir a gozar del reinado milenario.” (Smith, Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 279.)

1. Los habitantes del reino terrestre disfrutarán de la presencia del Hijo pero no de la plenitud del Padre (véase D. y C. 76:77).
2. Los que moren en el reino terrestre ministrarán a los que habiten el reino telestial (véase D.y C. 76:81, 86).
3. El reino terrestre excede en gloria, poder, fuerza y dominio al reino telestial (véase D. y C. 76:91).
4. Aquellos que hereden el reino terrestre se levantarán en la primera resurrección luego que hayan resucitado los que hereden el reino celestial (véanse D. y C. 88:99; 45:54).

El Señor ha descrito a los que heredarán el reino telestial.
■ “Los que entran en el reino telestial, donde sus glorias difieren, así como las estrellas del cielo difieren entre sí en magnitud y son innumerables como las arenas sobre las playas del mar, son los malvados, los inmundos que sufren en la tierra la ira de Dios, que son arrojados al infierno donde se les requerirá que paguen hasta el último cuadrante antes de que llegue su redención. Estos son los que no recibieron el evangelio de Cristo y por lo tanto no pudieron negar al Espíritu Santo mientras vivían en la tierra.

“No tienen parte en la primera resurrección y no son redimidos del diablo y sus ángeles sino hasta la última resurrección, a causa de sus vidas perversas y sus hechos malignos. Sin embargo, aun éstos son herederos de la salvación, pero antes de ser redimidos y entrar en su reino, deben arrepentirse de sus pecados, recibir el evangelio y doblar la rodilla reconociendo que Jesús es el Cristo, el Redentor del mundo.” (Smith, Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 21.)

1. Heredarán el reino telestial los que aparentan seguir a Cristo o a los profetas pero intencionalmente rechazan el evangelio, el testimonio de Jesús, a los profetas y al convenio sempiterno (véase D. y C. 76:99—101).
2. Entre los habitantes del reino telestial se encontrarán los que en la tierra fueron asesinos, los mentirosos, los hechiceros, los adúlteros y los fornicarios; en general, la gente inicua de esta tierra (véanse D. y C. 76:103; Apocalipsis 22:15); los que se habrán purificado por medio del sufrimiento para poder soportar la gloria telestial.
3. Los habitantes del reino telestial serán tan numerosos como las estrellas (véase D. y C. 76:109).

El Señor describió las condiciones y las limitaciones del reino telestial.
■ “Se llama gloria telestial a la obtenida por los habitantes del más bajo de los reinos de gloria. En la misericordia infinita de un Padre benéfico, ésta sobrepasa la comprensión mortal, aún cuando no se puede comparar de ninguna manera con la gloria de los mundos terreste y celestial. A la gloria telestial se la simboliza con las estrellas del firmamento, y ‘como
una estrella es diferente de otra en gloria, así difieren uno y otro en gloria en el mundo telestial’ (D. y C. 76:81-112; 1 Corintios 15:41), lo cual significa que no todos los que hereden el reino telestial recibirán la misma gloria.” (McConkie, Mormon Doctrine, pág. 778.)

■ “Aun en el infierno hay una salida al igual que hay una entrada; y cuando se ha cumplido la sentencia, reducida quizás por medio del arrepentimiento y obras concomitantes, las puertas de la prisión se abrirán y al penitente cautivo se le dará la oportunidad de cumplir con la ley, que había violado . . .

“Entre los habitantes del mundo telestial, el más bajo de los reinos de gloria preparados para las almas resucitadas, se encontrarán ‘aquellos que son arrojados al infierno’ y ‘que no serán redimidos del diablo sino hasta la última resurrección’. ([D. y C] 76:82-85.) Y aunque sean liberados del infierno y obtengan un cierto grado de gloria con posibilidades de progreso, aún así su suerte será la de ser ‘siervos del Altísimo; mas a donde Dios y Cristo moran no podrán venir, por los siglos de los siglos’ (vers. 112). La liberación del infierno no significa la admisión al cielo.” (James E. Talmage, The Vitality of Mormonism, págs. 255-256.)

1. Los habitantes del reino telestial sufrirán la ira de Dios y serán arrojados al infierno hasta el final del milenio (véanse D. y C. 76:84, 104-106; 2 Nefi 28:15).
2. Los habitantes del reino telestial recibirán al Espíritu Santo por medio de la ministración de los moradores del reino terrestre (véase D. y C. 76:86, 88).
3. La gloria telestial sobrepasa la comprensión humana (véase D. y C. 76:89).
4. Los que son obedientes a las leyes telestiales resucitarán con cuerpos telestiales en la segunda, o sea, la última resurrección (véanse D. y C. 76:85; 88:31; Mosíah 15:26.)
5. Los habitantes del reino telestial “serán siervos del Altísimo; mas a donde Dios y Cristo moran no podrán venir, por los siglos de los siglos” (D. y C. 76:112).

Las Escrituras explican quiénes son los hijos de perdición y cuál será su destino.
■ “Todos los pecados serán perdonados con excepción del pecado contra el Espíritu Santo; porque Jesús salvará a todos menos a los hijos de perdición. ¿Qué debe hacer el hombre para cometer el pecado imperdonable? Debe haber recibido el Espíritu Santo, deben habérsele manifestado los cielos, y después de haber conocido a Dios, pecar contra El. Después que un hombre ha pecado contra el Espíritu Santo, no hay arrepentimiento para él. Tiene que decir que el sol no brilla, cuando lo está mirando; negar a Jesucristo, cuando se le han manifestado los cielos, y renegar del plan de salvación mientras sus ojos están viendo su verdad; y desde ese momento empieza a convertirse en enemigo. Así sucede con muchos apóstatas de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días.” (José Smith, Enseñanzas del profeta José Smith, págs. 443- 444.)

■ “Y el que cree, y es bautizado, y recibe la luz y testimonio de Jesucristo, y anda bien por una temporada, recibiendo la plenitud de las bendiciones del evangelio en este mundo, y más tarde, violando sus convenios, se vuelve por completo al pecado, se encontrará entre aquellos a quienes el evangelio jamás puede llegar en el mundo de los espíritus; y todos éstos quedan fuera del alcance de su poder salvador; gustarán la segunda muerte y serán desterrados de la presencia de Dios eternamente.” (Joseph F. Smith, Doctrina del Evangelio, pág. 469.)

■ “En los confines de perdición o el reino de tinieblas, donde no hay luz, Satanás y los espíritus incorpóreos de la preexistencia morarán junto con aquellos que en su estado terrenal retroceden hasta el nivel de la perdición. Estos han perdido la facultad para regenerarse; se han hundido tan profundamente que se hallan privados de la inclinación y la habilidad para arrepentirse y, consiguientemente, para ellos el plan del evangelio es inservible, como medio de crecimiento y desarrollo.” (Spencer W. Kimball, El Milagro del Perdón, págs. 123-124.)

1. Satanás y una tercera parte de las huestes del cielo, que lo siguieron, se convirtieron en los hijos de perdición (véanse D. y C. 76:25-30; 29:36-38; Apocalipsis 12:7-9; 2 Pedro 2:4; Judas 1:6).
2. Serán también hijos de perdición aquellos que conocieron el poder de Dios, y participaron de él, pero luego negaron la verdad y desafiaron el poder de Dios (véase D.y C. 76:31-32).
3. Los que nieguen al Espíritu Santo después de haberlo recibido y crucifiquen al Salvador para sí mismos no tendrán perdón y serán hijos de perdición (véanse D. y C. 76:34-36; Mateo 12:31-32).
4. Los hijos de perdición sufrirán la ira de Dios y participarán de la segunda muerte (véase D. y C. 76:33, 37-38).
5. Los que se conviertan en hijos de perdición en la mortalidad resucitarán pero no serán redimidos en un reino de gloria (véanse D. y C. 76:38-39, 43-44; 88:24, 32).
6. Solamente los que se conviertan en hijos de perdición podrán comprender la magnitud de la desdicha de los que hereden ese estado (véase D. y C. 76:44-48).

— Véase Doctrina del Evangelio Religión 231 y 232


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