La humildad

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La verdadera humildad es la clave para obtener la fortaleza espiritual del Salvador.

“Se debe obtener humildad antes de poder obtener progreso en las cosas espirituales. El orgullo, engreimiento, arrogancia y vanagloria son cosas del mundo y son una traba para recibir dones espirituales. Se nos manda ser humildes. (D. y C. 105:23; 112:10; 124:96, 103; Santiago 4:6, 10.) “Quisiera que recordáseis y retuviéseis siempre en vuestra memoria la grandeza de Dios, y vuestra propia nulidad, y su bondad y longanimidad para con vosotros, indignas criaturas,” enseñó el Rey Benjamín,”y os humilláseis aún en las profundidades de la humildad, invocando el nombre del Señor diariamente, y permaneciendo firmes en la fe.” (Mosíah 4:11.) La humildad debe acompañar al arrepentimiento calificando asi a la persona para el bautismo (D. y C. 20:37), se requiere de todos los que estén comprometidos con el servicio en el evangelio (D. y C. 12:8); es un atributo esencial para todos los que se embarcan en el servicio de Dios (D. y C. 4:6); precede a la adquisición de sabiduría por medio del Espíritu (D. y C. 136:32-33); es necesario para calificar a los justos para que puedan ver a Dios (D. y C. 67:10); y sin ella nadie puede entrar en el reino de Dios en el más allá. (2 Nefi 9:42.)” (Doctrina Mormona Bruce R. McConkie)

La importancia de la humildad

Oliverio Cowdery, dirigiéndose al Quórum de los Doce en 1835, dijo: “Si en el más mínimo grado no cumplís con toda vuestra responsabilidad, grande será vuestra condenación; porque según la magnitud del llamamiento, también será la magnitud de la transgresión. Por lo tanto, os amonesto a que cultivéis gran humildad; pues yo conozco el orgullo del corazón humano. Estad alerta, no sea que los lisonjeros del mundo os ensalcen” (Doctrina y Convenios y la Historia de la Iglesia, Lección 3, pág. 19).

A pesar de que Oliverio Cowdery comprendía la importancia de la humildad, no fue capaz de cultivarla en su vida. El presidente George Q. Cannon escribió al respecto:

“Se podría haber pensado que un hombre como Oliverio Cowdery, que había recibido, junto con el profeta José Smith, la administración de Juan el Bautista, Pedro, Santiago y Juan, Moisés y Elias el Profeta, y que había visto en persona al Hijo de Dios, nunca habría apostatado o perdido la fe; sin embargo, es lamentable el hecho de que se apartó de la Iglesia, la abandonó; pero antes de morir, nuevamente se bautizó y recibió el Sacerdocio de Melquisedec… Oliverio Cowdery llegó a una gran altura… pero cayó, y ¡cuán grande fue su caída!…

“Lo mismo sucede con nosotros. Cuanto más grandes son las bendiciones que recibimos, más grande es el peligro que enfrentamos y, por lo tanto, más humildes debemos ser.

Cuantos más favores recibimos del cielo, más humildes debemos ser ante el Señor y ante nuestros hermanos; no debemos ser orgullosos, no debemos pensar que porque el Señor nos ha bendecido de una manera especial somos sus favoritos.” (Deseret Discourses, publicado por David C. Martin, 2:39.)

El presidente Spencer W. Kimball definió la humildad de la siguiente manera:

“El diccionario dice que la humildad es ‘virtud cristiana opuesta al orgullo o vanidad; sumisión, rendimiento, resignación’, y en un sentido menos favorable, ‘sin vigor o espíritu’.

“Suprimiremos el último sinónimo, porque ciertamente al Señor nunca le faltó espíritu. El solo, armado únicamente con un látigo de cuerdas, echó a los mercaderes del templo; hizo alejar avergonzados a los malvados que le llevaron a una mujer adúltera para que fuera apedreada. El amonestó a los miles de habitantes de Corazín, Betsaida y Capernaum sin que hubiera una guardia para protegerlo. Casi solo entre sus acusadores, El los increpó y condenó. Uno puede ser valiente y manso a la vez, así como valeroso y humilde.” (“Humility”, Itnprovement Era, agosto de 1963, pág. 656.)

El presidente Ezra Taft Benson, cuando era Presidente del Quórum de los Doce, describió la humildad de la siguiente manera: “La humildad no es sinónimo de debilidad. Tampoco significa timidez ni temor. Un hombre puede ser humilde y tener arrojo. Un hombre puede ser humilde y valiente” (discurso pronunciado en el seminario para nuevos presidentes de misión, el 22 de junio de 1979).

Porque cualquiera que se ensalza será humillado; y el que se humilla será ensalzado. (Lucas 14:11).

El presidente Benson, siendo ya Presidente de la Iglesia, declaró: “El humilde responde al saber la voluntad de Dios, teme su castigo y desea complacer a los que lo rodean. Al orgulloso le halaga la adulación del mundo; al humilde le satisface la aprobación del cielo” (Liahona, julio de 1986, pág. 3).

Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno y lo que pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar la misericordia y humillarte para andar con tu Dios. (Miqueas 6:8).

El élder Howard W. Hunter, del Quórum de los Doce, dijo lo siguiente:

“La humildad es uno de los atributos divinos que poseen los verdaderos santos. Es muy fácil comprender por qué fracasa una persona arrogante. Es que se contenta con confiar en sí misma y nada más. Esto es evidente en aquellos que buscan una posición social o que hacen a un lado a los demás para encumbrarse ellos mismos en los negocios, el gobierno, la educación, los deportes y otras empresas. Debemos tener interés en el éxito de los demás. El orgulloso se aisla de Dios y, cuando lo hace, ya deja de vivir en la luz. El apóstol Pablo hizo este comentario:

” ‘.. .revestios de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.

” ‘Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo.’ (1 Pedro 5:5-6.)

“Desde el principio de los tiempos ha habido aquellos que eran orgullosos y otros que han seguido la divina admonición de ser humildes. La historia indica que los que han querido enaltecerse han sido humillados, y que los humildes han sido enaltecidos.

En toda ruta transitada hay fariseos y publícanos; quizás uno de ellos lleve nuestro nombre.” (Liahona, julio de 1984, pág. 110.)

Y al que llamare, él abrirá; y los sabios, y los instruidos, y los que son ricos, que se inflan a causa de su conocimiento y su sabiduría y sus riquezas, sí, estos son los que él desprecia; y a menos que desechen estas cosas, y se consideren insensatos ante Dios y desciendan a las profundidades de la humildad, él no les abrirá. (2 Nefi 9:42).

El élder Stephen L. Richards, ex miembro del Quórum de los Doce, dijo que cuando los hombres son humildes “reconocen que hay una inteligencia muy superior a la de ellos y buscan la orientación y sabiduría de tal inteligencia” (en Conference Report, abril de 1935, págs. 30-31).

El presidente Kimball enseñó: “¿Cómo puede uno ser humilde? Personalmente, creo que constantemente debe recordársele a uno que depende del Señor. ¿Cómo podemos recordarnos a nosotros mismos? Mediante la oración constante y sincera, llena de devoción y agradecimiento” (Improvement Era, agosto de 1963, pág. 657).

El presidente Benson aconsejó: “El orgullo acarrea muchas maldiciones; en cambio, son muchas las bendiciones de la humildad” (Liahona, julio de 1986, pág. 3).

Y en nada ofende el hombre a Dios, ni contra ninguno está encendida su ira, sino contra aquellos que no confiesan su mano en todas las cosas y no obedecen sus mandamientos. (D. y C. 59:21).

El élder John A. Widtsoe, cuando sirvió en el Quórum de los Doce, dijo del profeta José Smith: “José Smith fue un hombre obediente. La humildad siempre engendra obediencia” (Joseph Smith: Seeker after Truth, Prophet of God, pág. 333).

Y cuando hube dicho esto, el Señor me habló, diciendo: Los insensatos hacen burla, mas se lamentarán; y mi gracia es suficiente para los mansos, para que no saquen provecho de vuestra debilidad;

y si los hombres vienen a mí, les mostraré su debilidad. Doy a los hombres debilidad para que sean humildes; y basta mi gracia a todos los hombres que se humillan ante mí; porque si se humillan ante mí, y tienen fe en mí, entonces haré que las cosas débiles sean fuertes para ellos. (Éter 12:26-27).

El élder Neal A. Maxwell, del Quórum de los Doce, resumió de la siguiente manera algunas de las bendiciones de la humildad:

“La humildad genuina tiene en sí algunos ayudantes invisibles de gran importancia. Al vernos a nosotros mismos en una forma más realista, sin los efectos del egoísmo, podemos tener un claro sentido de lo que somos, cosa que el egoísta no puede tener…

“Cuando somos lo suficientemente humildes para tener una fe básica, podemos, como Nefi, confiar en el Señor cuando nos requiera algo, porque también nos dará todo el apoyo que necesitemos…

“.. .Con la experiencia en las cosas espirituales, se adquiere una humildad mucho mayor.” (Wherefore, Ye Must Press Formará, págs. 47-48.)

El presidente Harold B. Lee enseñó: “El hombre justo, aunque muy superior a sus semejantes que no lo sean, es humilde y no hace alarde de su justicia para que los demás lo reconozcan, sino que disimula sus virtudes… El hombre justo se esfuerza por mejorarse a sí mismo, sabiendo que tiene diariamente la necesidad de arrepentirse de sus errores o de su negligencia. No se preocupa tanto por lo que puede obtener, sino por cuánto puede dar a los demás” (Stand Ye in Holy Places, págs. 332-333).

Hay que tener cuidado cuando se están haciendo progresos para alcanzar la humildad, porque, como dijo el presidente Kimball: “Cuando uno se da cuenta de su gran humildad, ya la ha perdido. Cuando uno comienza a jactarse de su humildad, ésta ya se ha convertido en orgullo, la antítesis de la humildad” (“Humility”, pág. 657).

El presidente Benson nos hizo saber de su amor por cada uno de nosotros cuando dijo: “Mis amados hermanos y hermanas, a medida que limpiemos el interior del vaso, tendrán que verificarse cambios en nuestra propia vida, en la de nuestra familia y en la Iglesia. Los orgullosos no tratan de cambiar para ser mejores, sino que buscan excusas para justificar su manera de ser. Para arrepentirse es necesario cambiar, y para cambiar se necesita ser humilde. Pero todos podemos lograrlo” (Liahona, julio de 1986, pág. 3).

—Véase Procura obtener mi palabra


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