Humildad

  • Humildad — Amor que no presume, que no se ensalza

“El que haya su vida, la perderá; y el que pierda su vida por causa de mí la hayará”. (Mateo 10:39).

“Porque el que se enaltece será humillado y el que se humille será enaltecido”. (Mateo 23:12).

Después de los actos de bondad, paciencia, generosidad o de cualquier otro de los buenos actos, uno debe de aprender a sellar los labios y olvidar lo que se ha hecho. Es una extraña anomalía que si una persona hace algo bueno esperando, una recompensa pierde casi todo el beneficio, y si alardea y se ensalza a sí mismo, es casi peor que si no hubiera hecho nada. Ya El Salvador dijo que estas personas deben ser despreciadas.

La humildad no es completamente pasiva y sumisa, está muy lejos de eso. Es también un estado activo de la mente por medio de la cual una persona se da cuenta que hay un mar de conocimientos que él todavía no conoce y que sólo ha comprendido una parte pequeñísima de ellos. Tales cosas se pueden aprender. Ustedes habrán visto a aquel que lo sabe todo. Uno menciona un tema y él toma el hilo de toda la conversación. Nadie más puede decir una sola palabra. Por otra parte, si uno quiere escuchar, uno puede aprender de ellos y aún de los hijos, todo lo concerniente a sí mismo. Y cuando es el turno de hablar, digamos algo que vale la pena de dar a conocer. El secreto del verdadero estudiante es ese: se ha dado cuenta de que todo hombre llega a conocer al que es maestro en un tema y él puede aprender.

“Benditos sean los pobres de espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:3). Tal como Emerson dio a conocer en una dedicatoria a una clase en la Universidad de Cambridge:

Las leyes se condenan a sí mismas. Están fuera de lugar, fuera de espacio, y no sujetas a las circunstancias. Cuando en el alma de un hombre hay justicia las recompensas son instantáneas y completas. Aquel que hace un bien es ennoblecido instantáneamente. Aquel que hace un bien es castigado por su propia mala acción. Aquel que saca la impureza, introduce la pureza. Si un hombre finge, engaña, te está engañando a sí mismo y al mismo tiempo se aparta .de, sí mismo. Un hombre que tiene el completo conocimiento de la absoluta bondad adora, con total humildad. Cada paso que retrocede es un paso hacia adelante. Un hombre que renuncia a sí mismo —la más pequeña admisión de una mentira, por ejemplo, tentación a la vanidad, cualquier intento de causar buena impresión o de impresionar en nuestra apariencia cambiará instantáneamente el efecto.

Vean otra vez la perfección de la ley cuando se aplica a las inclinaciones y se convierte en una ley de Sociedad. Tal como somos asociamos. Lo bueno, por instinto, busca lo bueno; lo malo por instinto busca lo malo. Así por su propia voluntad se encaminan hacia el cielo o hacia el infierno.

Más adelante, en otra de sus obras Emerson habla sobre el mismo tema.

Ningún hombre a aprendido nada correctamente sin antes saber que todos los días son el Día del Juicio Final. Es la ley de los Dioses que ellos llegan muy ocultos. Es el gran vulgar el que aparece lleno de oro y joyas. Los verdaderos reyes guardan sus coronas y se muestran en un pobre y sencillo atavío exterior. En las leyendas noruegas de nuestros antepasados, Odin mora en la choza de un pescador y trabaja arreglando barcas. En las leyendas hindúes, Hari vive entre labriegos. En las leyendas griegas Apolo vive con los pastores de Admetus y a Jove le gustaba veranear entre los etiopianos pobres. Así pues, en nuestra historia, Jesús nace en un pesebre, y sus doce apóstoles fueron pescadores. Es un principio de la Ciencia que la Naturaleza muestra lo bue¬no que tiene en detalles; era la máxima de Aristóteles y Lucretuis; y en los tiempos modernos de Swedenborg y de Hahnemann. El orden de los cambios de un huevo determinan la edad de las vetas fósiles. Tal era la regla general de nuestros poetas, en las leyendas de fantasía laureada, que las hadas con más poder eran las más pequeñas en estatura. Entre las gracias Cristianas, la humildad es la que está más alta de todas, en la forma de la Madona; y en la vida, este es el secreto del sabio. Le debemos al genio siempre la misma deuda de abrirnos los ojos y mostrarnos que las divinidades están ocultas entre los grupos que se parecen a los gitanos o (Buhoneros.

La obediencia no nos empobrecerá, la humildad nos ascenderá; por la obediencia gobernamos, por la pobreza somos ricos, muriendo nacemos a la vida.
En todos los tiempos, Dios a través de sus profetas, ha manifestado a sus hijos que la humildad de espíritu es deseable. Personas o grupos de personas a las que les falta la cualidad de la humildad es a las que se refieren en las escrituras del Antiguo Testamento, cuando las llaman “duro de cerviz…” Antes que los Hijos de Israel cruzaran las aguas del Jordán para poseer las tierras de otros que eran aún menos merecedores que ellos, Moisés les dio a conocer la siguiente declaración. “Cuando fueren abatidos, dirás tú: Enaltecimiento habrá; El libertará al inocente”. (Job 22:29-30). El Libro de Salmos repetidas veces se refiere a las ventajas espirituales de la humildad. La declaración, “…pero los mansos heredarán la tierra, y se deleitarán con abundancia de paz” (Salmos 37:11), anticipa parte del Sermón del Monte.

El Libro de Proverbios también habla sobre el particular repetidas veces. Aquí encontramos una concisa pero muy significativa declaración, “…Y a la honra precede la humildad” (Proverbios 15:33) y Eclesiastés (5:2) tiene lo siguiente que decirle a la persona locuaz: “No te des prisa con la boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabras delante de Dios: porque Dios está en el cielo y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras”.

El profeta Miqueas nos dice estas bellas palabras, lo que Dios quiere que hagamos: “Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno y lo que pide Jehová de tí: Solamente hacer justicia misericordiosamente, y humillarte ante tu Dios” (Miqueas 6:8).

El Apóstol Pablo debe haber mostrado una humildad continua en su trabajo misionero, ya que las epístolas están llenas de declaraciones que revelan su humildad ante Jesucristo y él menciona frecuentemente otros valores espirituales de la humildad, (ver por ejemplo: Romano 7:18; 11:25; 12:3; 12:16; 1 Corintios 1:28-29; 2:1-3; 3:18; 10:12; 15:9-10; 2 Corintios 3:5, 12:5-15; Filipenses 2:3-9; Efesios 3:8; y Timoteo 1:15).

En 1 Pedro (5:5-6) encontramos la siguiente declaración:

Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos y todos sumisos unos a otros, revestidos de humildad; porque: ¡Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes. Humillaos pues bajo la poderosa mano de Dios, para que así El os exalte cuando fuere el tiempo.

Y al que llamare, El abrirá; y los sabios, los instruidos

Jacob, hermano de Nefi, enseñó al pueblo nefita a tener humildad de la siguiente manera:

y los ricos que se envanecen con sus conocimientos, su sabiduría y sus riquezas he aquí estos son los que El desprecia; y a menos que renuncien a estas cosas se consideren insensatos ante Dios y se humillen profundamente, El no les abrirá.

El profeta, Alma, en un discurso sobre la índole de la fe hizo una distinción entre la humildad voluntaria y la humildad obligatoria, Alma dice:

Por tanto, benditos son aquellos que se humillen sin verse obligados a ser humillados; o mejor dicho, bendito es el que cree en la palabra de Dios, y es bautizado sin obstinación de corazón; sí sin haber sido persuadido a conocer la palabra o siquiera compelido a saber, antes de creer.

En una revelación de los últimos días el Señor nos predice de las bendiciones que recibirán aquellos que son humildes. El dice:

Pues he aquí he preparado una mazna investidura y bendición que derramaré sobre ellas si son fieles y siguen siendo humildes delante de mí.

Parece que no hay otra cualidad personal que haya sido ordenada tan enfáticamente por Dios y Sus profetas, que la humildad. Agregando a lo ya citado, las enseñanzas del Salvador durante su estadía entre los hombres se refieren una y otra vez a la humildad. Dejaremos que el lector recapacite sobre estas enseñanzas mientras que recuerda su estudio de la vida de Cristo, y que busque estas enseñanzas releyendo los cuatro libros Canónicos del Nuevo Testamento. Nosotros, mientras tanto, terminaremos esta exposición entregándole una declaración del Sermón del Monte: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:3).

Sí, humildad es uno de los ingredientes del amor, por el cual se puede medir la estatura Cristiana del hombre. (La vida buena Harvey Fletcher)


 

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