Buen genio

  • Buen genio – no se provoca facilmente

A veces nos inclinamos a creer que el mal genio es una debilidad muy dañina. Se atribuye a ser un mal de familia, un tipo de carácter que a veces debe dejarse de lado. En este capítulo nos referimos al buen genio, uno de los ingredientes que determina nuestra adhesión a los dos grandes mandamientos.

El mal genio lo encontramos a veces en personas que son consideradas virtuosas —es el lunar en un carácter noble en otro sentido. Uno de los más extraños y tristes problemas de la conducta humana es la existencia de un temperamento enfermo junto con un carácter muy moralista en un mismo individuo.

Se ha dicho que las dos grandes clases de pecados, son aquellos del cuerpo y aquellos del carácter. Ambos han sido representados por el Salvador en Su parábola del “hijo pródigo”. El pecado del hijo pródigo es el tipo que nombramos primero y el del hermano mayor es el del segundo tipo.

Élder James E, Talmage en su obra erudita, “Jesús, el Cristo” (Pág. 459, 460, 29a Edición) nos expresa el siguiente concepto sobre el mal genio del hermano mayor en la parábola del “hijo pródigo”:

“La felicidad del padre al regreso del hijo pródigo fué empañada por la agria réplica del hermano mayor. Acercándose a la casa había podido observar la evidente alegría; y en vez de entrar como era su derecho, había preguntado a uno de los criados el motivo de tan desacostumbrada alegría. Al enterarse que su hermano había vuelto y que su padre había preparado una fiesta en honor al acontecimiento, se enojó tanto que rehusó entrar a la casa aún después que su padre hubo salido para hablar con él. El citó su fidelidad y devoción a la rutinaria labor de la chacra, a cuyo derecho de excelente su padre no podía objetar; pero el hijo y heredero reprochó a su padre por no haberle dado nunca un cabrito para gozarse con sus amigos, más ahora viniendo el hijo porfiado y derrochador mataba aún el cordero más gordo.

Hay un significado, al referirse el mayor de los hermanos al arrepentido, al decir: “éste tu hijo” en vez de “mi hermano”. El mayor cegado por el enojo egoísta, no comprendió la cariñosa afirmación de su padre al decir: “Hijo, tu estás conmigo y todo lo que tengo es tuyo” y con el corazón endurecido con un resentimiento poco fraternal no se movió de donde estaba, inmovilizado por la emoción y por el amor que luchaba por salir, ‘‘Este tu hermano estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y es hallado”.

No vamos a engrandecer la virtud del arrepentimiento en la parte del pródigo sobre el fiel, afanándose por su hermano, quien había permanecido en casa, consciente de las responsabilidades que se esperaban de él. El hijo devoto era el heredero; el padre no se olvidaba de su valor, ni negaba su mérito. El desagrado que sentía el hermano mayor por el alegre incidente de la vuelta de su hermano pródigo fué una exhibición de ruindad y estrechez mental; pero de los dos el mayor era el más fiel, cualesquiera que fueren sus faltas menores. El punto principal recalcado por la lección del Señor, sin embargo, tenía que ver con su falta de caridad, y debilidades egoístas.

Fariseos y escribas, para quienes se divulgó esta obra maestra, debieron haberla aplicado «cada uno a su persona. Ellos están personificados por el hijo mayor, laboriosamente atentos a la rutina, metódicamente afanados por las reglas y conociendo de memoria las últimas labores del campo, sin otro interés que el de cada uno, y todos sin ningún deseo de acoger al publicano arrepentido o al pecador que vuelve. De todo esto estaban molestos, pues cualquiera de ellos podía ser para el indulgente v misericordioso padre, “este tu hijo”, pero nunca para ellos “el hermano”.

No les importaba como ni cuantos estuvieran perdidos mientras que no fueran molestados en sus herencias y posesiones por los arrepentidos pródigos penitentes.

Este análisis de Élder Talmage deja bien en claro que el mal genio del hijo mayor, su fundamento de egoísmo y rectitud personal y su espíritu de no perdonar, son características típicas de los fariseos y que no están de acuerdo con las enseñanzas de Jesús. Otras debilidades personales, tales como la falta de simpatía, un complejo de superioridad, etc.. . . pueden también causar mal genio. No importa cual sea la razón básica, si trae a nosotros el mal genio, no es ninguna cualidad Cristiana —viola el segundo gran mandamiento. Debe ser estudiosa y cuidadosamente evitado si uno desea ser todo lo que un Santo de los Últimos-Días debe de ser.

William Henry Drummond, un físico irlandés que practicó en Montreal, Canadá, y era un gran poeta y filósofo, además de físico, hizo una grave acusación a aquellos que poseen mal genio. Estas, en parte son sus palabras sobre el particular:

Ningún tipo de vicio mundano, ni la codicia del oro, ni la borrachera en sí, hace más daño a la Sociedad no-cristiana que el mal genio. Para endurecer la vida, para romper comunidades, para destruir las más sagradas relaciones, para devastar hogares, para arrasar con los hombres y mujeres, para arrancar la inocencia de la infancia, en resumen, para copa- partir gratuitamente ‘la miseria que produce poder, esta influencia se mantiene generalmente sola”.

Esta declaración, puede ser una grave acusación pero no podemos negar que a diario personas de mal genio, mal carácter, hacen mucho daño. Una gran “dulzura de carácter” esconde grandes deficiencias.

Brigham Young en uno de sus sermones aconsejó de la siguiente manera:

“En todas nuestras ocupaciones de la vida, de cualquiera índole que sean. Los Santos de los Últimos Días y especialmente aquellos que tienen posiciones importantes en el Reino de Dios, deben tener un temperamento parejo y uniforme tan¬to en la casa como fuera de ella. No deben sufrir trastornos y circunstancias desagradables que tornen sus temperamentos enojadizos y poco sociables en la casa, diciendo palabras mordaces, llenas de amargura y de acritud a sus esposas e hijos, creando de esta manera tinieblas y pesares en sus hogares, haciendo que sus familias les teman en vez de amarlos. Jamás deberían permitir que el enojo llegue a sus corazones ni dejar que las palabras nacidas del resentimiento salgan de sus labios. “Una respuesta suave aleja la ira, mas las palabras ofensivas despiertan el enojo”, “La ira es cruel y el enojo violento”, para “la discreción del hombre apaga el enojo; y es su gloria pasar sobre una transgresión”. (Diario de Discursos 11:136).

El buen genio es uno de los ingredientes del amor, y mientras más nos esforzamos por llegar a Dios, debemos recordar que cada día debemos tener mayor control sobre nuestro carácter y disposiciones que el que teníamos el día anterior. Entonces estaremos progresando hacia la meta eterna deseada fervientemente por cada verdadero Santo de los Últimos Días. (La vida Buena por Harvey Fletcher)


 

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