Honestidad

  • Honestidad – regocijo en la verdad

La honestidad perfecta es una de las características invariables exhibida por todos los que son dignos de ser contados entre los santos de Dios. Las personas honestas son justas y dicen la verdad cuando hablan, son derechas en sus tratos, y están por sobre cualquier tipo de trampa, robo, mala interpretación o acción fraudulenta.

La honestidad es compañera de la verdad, la deshonestidad de la falsedad; la honestidad es de Dios, deshonestidad del diablo, pues él fue mentiroso desde el principio. (D. y C. 93:52; 2 Nefi. 2:18.) Se manda a todos los hombres que sean honestos como uno de los requisitos para lograr su salvación. (D. y C. 51:9; 97:8; Romanos 13:13; 2 Cor. 13:7; Filip. 4:8; 1 Tes. 4:12; Heb. 13:18; 1 Ped. 2:12; Trece Artículo de Fe.) Los que son honestos de corazón aceptan rápidamente el evangelio y sus verdades. (D. y C. 8:1; 11:10; 135:7.) Se deben buscar hombres honestos para administrar la ley civil.

Un hombre honrado es la obra más notable de Dios.

Preferiría tener la razón a ser presidente (Henry Clay).

Una línea recta es el camino más corto en la moral tanto como en la geometría (Anónimo).

No daría ni un céntimo por un hombre que clavara un clavo de mala gana, porque no se le iba a pegar extra por hacerlo (George Eliot).

“Y sobre todo, esto: se sinceró contigo mismo, y de ello se seguirá, como la noche al día, que no puedes ser falso con nadie”. (“Hamlet”, l.er Acto, escena III)

La palabra “verdad” es una de las más usadas en nuestro lenguaje. Superficialmente parece un concepto muy simple. Pero refaccionando más hondamente y tratando de definirla, invariablemente guía a la conclusión, que en todas sus deducciones es complicada. Aquellos que intentan sondear el total significado de tales conceptos que encierra la palabra “verdad” no son capaces de llegar a una total conclusión. La falta de un entendimiento completo de la palabra está bien explicada en un incidente en el juicio de Jesucristo ante Pilatos (Juan 18:37-39) Jesús dice a Pilatos: “Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz”. Pilatos le contestó con una pregunta, “¿Qué es la verdad?” a lo que Jesús no respondió, y hasta ahora, no sabemos que haya sido otra su respuesta, que el silencio.

José Smith estaba interesado por la misma pregunta, por lo que el Señor le dio una revelación en la que dice:

“Vosotros también estuvisteis en el principio con el Padre; lo que es Espíritu, aún el Espíritu de la verdad; y la verdad es el conocimiento de las cosas como son, eran, y como han de ser; y lo que fuere más que esto o menos que esto es el Espíritu de aquel inicuo que fue mentiroso desde el principio (D. y C. 93:23-25).

Esta definición de la verdad es clara, concisa y significativa; una que trae el entendimiento de este término a todos los niveles de discernimiento intelectual. Élder B. H. Roberts, uno de los grandes intelectuales del Evangelio restaurado se ha referido a esta definición como una de las grandes contribuciones filosóficas traídas por medio de José Smith (Ver Historia Comprensiva de la Iglesia, 2:383-387).

Sin embargo mucha más importante que comprender completamente todo lo que la palabra “verdad” encierra, es la búsqueda de la verdad y la práctica de ella en nuestras vidas; ya que la Buena Vida debe admitir esta búsqueda y debe comprometerse siempre en las prácticas asociadas con la verdad. De otra manera, recordando lo que está escrito más arriba, “… lo que fuere más que esto o menos que esto es el Espíritu de aquel inicuo que fue mentiroso desde el principio”.

El que se regocija en la verdad, se puede decir también que es honesto, o que ostenta la cualidad personal de la honestidad, de aquí el título de esta lección. De acuerdo con el diccionario inglés, sinónimos de honestidad son: cándido,, equitativo, honradez, fidelidad, de corazón recto, verdadero digno de confianza leal, recto.

Así vemos que la honestidad está relacionada muy de cerca con la “regla de oro”. (Ver Mateo 7:12). En efecto, un hombre honesto puede serlo solamente si vive escrupulosamente guiado por la “regla de oro”.

La importancia de la honestidad en la Buena Vida se refleja en el hecho que dos de los diez mandamientos entregados por Dios a Moisés en el Sinaí —el octavo y el noveno— se refieren a la honestidad. El décimo tercer Artículo de Fe del Evangelio restaurado encomienda a los Santos de los Últimos Días, ser ambos, honestos y verdaderos. El Apóstol Pablo repetidas veces da énfasis a la honestidad y la verdad en sus epístolas y profetas de los últimos días ordenan a todos los que siguen el Evangelio de Jesucristo que practiquen la virtud de hablar y practicar la verdad (Ver D. y C. 18:21). Brigham Young dice: “Ay de aquellos que declaren ser santos y no sean honestos. . .” (Journal of Discourses 2:53). El último Presidente Stephen L. Richards dijo: “No podemos ser santos de los Últimos Días sin ser honestos, honestos con nosotros mismos, con nuestros vecinos, con nuestra patria, con nuestro Dios”. (¿Dónde está la Sabiduría? Deseret Book Company, Pág. 404).

La importante virtud humana de la honestidad está muy bien estipulada en la famosa y desafiante obra de William George Jordán, “El Poder de la Verdad”, la que en parte, dice lo siguiente:

La verdad es la roca sobre la cual se funda todo carácter grande. Es lealtad a lo justo tal como lo vemos: es el vivir con coraje nuestras vidas en armonía con nuestros ideales; es siempre poder.

La verdad desprecia cualquiera definición completa… Es el ámbito del alma, el guardián de la conciencia, es el toque final de lo cierto. La verdad es la revelación de lo ideal; pero además es una inspiración para comprender el verdadero sentido del ideal, un constante impulso para vivirlo.

Vivir es uno de los más antiguos vicios del mundo —hizo su debut en la primera conversación registrada en la historia, en una famosa entrevista en el jardín de Edén. Vivir es el sacrificio del honor para crear una mala impresión. La verdad se puede mantener sola, no necesita acompañante ni escolta… Vivir es el socio y cómplice de todos los otros vicios. Es el cáncer de una moral degenerada en la vida individual.

La verdad es la más antigua de todas las virtudes; es anterior al hombre, existió antes que hubiera un ser humano que la percibiera o que la aceptara. Cuando un hombre descubre una gran verdad en la Naturaleza tiene la llave para entender millones de fenómenos. Cuando se apodera de una gran verdad en la moral él tiene en ello la llave para una recreación espiritual. Si conocemos la verdad y no la vivimos, nuestra vida es una mentira.

En las conversaciones, el que convierte a la verdad en su santo y seña es cuidadoso en sus palabras, procura ser exacto, sin quitarle ni agregarle nada a lo que dice. Nunca declara como verdadero aquello de lo que no está seguro… Sus promesas se cuentan como verdaderas, uno las acepta con la seguridad que son tan buenas como su depósito… Su honestidad no es política. El hombre que es honesto solo porque “es buena política” no es honesto, es solamente un buen político…

La verdad es siempre fuerte, tiene coraje, es viril, es bondadosa, gentil, sosegada y tranquila. Hay una vital diferencia entre el error y la falsedad. Un hombre puede vivir en el error y ser valiente en él; aquel que es falso en su vida, conoce la verdad pero la niega. El primero es leal a aquello en que cree, el segundo es un traidor a lo que conoce…

Si nosotros vivimos la verdad, que conocemos y buscamos el conocer más, nos hemos colocado en una actitud espiritual de recepción para conocer la verdad en la totalidad de su poder…

El hombre que hace de la adquisición del bienestar económico una meta y ultimátum de la vida, mirándolo como el fin, en vez de un camino hacia el fin, no es verdadero…

El hombre es generalmente leal a aquello que él desea. El que miente para guardar un centavo, simplemente declara que el estima más un centavo que su propio honor…

Un comerciante que miente, que engaña, que seduce y que cobra demás y después busca justificarse a su anémica conciencia diciendo: “Mentir es absolutamente necesario en los negocios”, es tan infiel a su declaración, como lo es a sus actos. Se justifica a sí mismo con la más pobre de las defensas del ladrón que dice que es necesario robar para subsistir. La prosperidad permanente en los negocios de un individuo, una ciudad o nación depende finalmente de la integridad comercial solamente, a pesar de todo lo que los cínicos puedan decir o las excepciones cuyo triunfo temporal pueda seducirlos.

El político que está siempre vacilando, sometiéndose a las circunstancias, tergiversando, orientando las velas para poder abarcar cualquier soplo de popularidad, es un embaucador que triunfa solo hasta que es descubierto. Una mentira nunca vive por su propia vitalidad, simplemente continúa la existencia porque simula la verdad. Cuando es desenmascarada, muere…

Donde hay falsedad hay conflictos, discrepancia, imposibilidad. Si todas las verdades de la vida y experiencia… se pudieran traer juntas, habría armonía perfecta,… pero si dos mentiras llegan juntas, pelean y buscan la destrucción una a la otra…

El hombre que olvida su promesa es falso… Cultivemos ese verdadero honor que mantiene nuestras palabras tan altas, tan sagradas, que olvidarlas parecería un crimen…

Aquel que no cumple con sus compromisos, descuidadamente los rompe o simplemente los ignora, es el atolondrado ladrón de otros tiempos. Revela egoísmo, descuido y falta de moral en los negocios. Es falso a la más simple de las Justi¬cias de la vida.

Hombres que seducen a otros al robo, con palabras astutas que escritas parecen verdaderas más la intención es otra e intencionalmente fueron hechas para causar una impresión falsa, son falsos en la forma más cobarde…

El padre que enseña a su hijo el honor y da estadísticas falsas al conductor sobre la edad del niño, para ahorrar un centavo, no es verdadero…

El que mantiene su religión en alcanfor durante la semana y la saca solo el día domingo no es verdadero. Aquel que trata de conseguir los más altos sueldos haciendo lo menos posible por merecerlo, no es verdadero…

Los fundamentos de la verdad debieran ser dados en la infancia. Es entonces cuando los padres debieran introducir en las mentes jóvenes esto, una automática vuelta a la verdad, formando una atmósfera constante de la mente y la vida. Hagan saber a los niños que “la verdad ante todo” debería ser el lema de la vida…

Los padres deben de vivir en la verdad o los niños no la vivirán. El niño lo sorprenderá con su rapidez en punzar el globo de su pretendida instrucción. El justificará sus faltas a la verdad recurriendo a alguna mentira dicha a alguna de las vistas y que no se sabía fuera oída por el niño, cuyos poderes mentales habían sido desestimados en teoría aun cuando lo hayan subestimado en palabras.

Y sí ha sido la roca en la que se fundó el carácter del niño, como hecho, no como teoría, el futuro del niño está tan completamente asegurado como le es posible al ser humano garantizar.

El poder de la verdad, en la más alta, pura y más exaltada de sus fases, se mantiene perpendicularmente sobre 4 líneas básicas de relación, —él amor de la verdad la búsqueda de la verdad, la fe en la verdad y el trabajo por la verdad…

La fe en la verdad es tan esencial como perfecta compañera de la verdad. El individuo debe tener una perfecta con¬fianza y seguridad del triunfo final de la verdad, el orden y de la justicia, y creer que todas las cosas se desenvuelven hacia esa divina consumación, no importa cuán obscura y triste se nos presente la vida día a día. Ningún triunfo real, ni felicidad verdaderos pueden existir excepto los que se encuentran en la roca de la verdad… No importa cuanto tenga que pagar un hombre por la verdad, siempre será poco…

La forma más eficaz del hombre de enderezar el poder de la verdad en el mundo es vivirla en todo tiempo y lugar, en pensamiento, palabras y deseos —para convertirse en un sol que irradie verdad y dejando que la influencia silenciosa hable por sí misma y sus actos directos lo glorifiquen lo más allá posible en su esfera de la vida y la acción. Dejadle primero ser, antes que busque el enseñar o hacer. En cualquiera línea de crecimiento moral.

La verdad no es la simple ausencia de los vicios. Esto es solo vacuo moral. La verdad es vivir, pulsar y respirar de las virtudes de la vida. Simplemente refrenándose de hacer mal, es manteniendo las yerbas fuera del jardín de nuestra vida. Pero a esto debe seguir la positiva siembra de las semillas del bien para asegurar las flores de la verdadera vida. A los negativos de los diez Mandamientos deben de agregarse los positivos de la Beatitud. Uno condena, los otros recomiendan: uno prohíbe, los otros inspiran. Uno da énfasis al acto, el otro, el espíritu tras el acto. La verdad completa no depende de ninguno de los dos, sino de los dos juntos.

Un hombre no puede creer verdaderamente en Dios sin creer en el inevitable triunfo final de la verdad. Si uno tiene la verdad, uno puede atravesar el obscuro valle de la calumnia, falsedad, abuso, impávido como si hubiera usado un traje mágico que ni las balas pueden entrar, ni las flechas penetrar… Uno sabrá que todo saldrá bien al final, que debe venir, que el error huirá ante la blanca luz de la verdad, así como la obscuridad se disuelve en la nada ante la presencia de los primeros rayos de sol de la mañana.

El premio por una vida dedicada a la búsqueda, amor y vivir en la verdad es atestiguada por el Presidente José F. Smith en las siguientes palabras:

Si uno ama la verdad, si uno ha recibido el evangelio en su corazón y lo ha amado, su inteligencia crecerá aún más, su entendimiento de la verdad se expandirá, se hará más grande que cualquiera otra forma. Sobre todas las otras cosas en el mundo, la verdad es lo más grande, —que hace que los hombres sean libres— libres de la indolencia y atolondramiento, libres de las temidas consecuencias de la negligencia, ya que será una temida consecuencia si somos negligentes en nuestras obligaciones con Dios viviente. Si aprendemos la verdad y caminamos en la luz de la verdad, seremos libertados de los errores de los hombres y de sus astucias; estaremos muy por encima de la sospecha y de hacer el mal en todos nuestros actos. Dios nos dará su aprobación y nos bendecirá a nosotros y a nuestras herencias y hará que prosperemos y florezcamos como un laurel verde. (Doctrina del Evangelio, 4 Edición, Pág. 12).


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