La modestia

  • La modestia: una cualidad espiritual

“…sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Timoteo 4:12).

La modestia en el vestir es una de las características que identifican a los santos verdaderos. Ayuda a guardar la castidad y es una señal externa que la persona modesta está imbuida de humildad y decencia.

La inmodestia en el vestir es mundano, excita las pasiones y lujuria, enfatiza indebidamente el sexo y la impudicia y a menudo incita al manoseo y otras prácticas inmorales. Es una señal externa de que la persona inmodesta se ha endurecido contra la sensibilidad del Espíritu y ha sido vencida por un espíritu de vanidad y orgullo.

Los vestidos escotados y los que no cubren el cuerpo adecuadamente, por ejemplo, obviamente destruyen la decencia. Los extremos en el vestir son malos. La ropa cara y elaborada indican en general que quien las viste no ha vencido al mundo ni camina humildemente ante el Señor. Por otro lado la ropa tipo uniforme, pasada de moda y sombría que usan los miembros fanáticos de algunas pequeñas sectas religiosas es totalmente impropia en nuestra sociedad moderna. Esta costumbre en el vestir indica falta de comprensión de los verdaderos principios de la modestia. Movido por el Espíritu Pablo aconsejó “que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad.” (1 Tim. 2:9-10.)

En nuestros días el Señor ha hablado de manera similar: y además no serás altivo de corazón; sean todos tus vestidos sencillos, y su belleza la belleza de la obra de tus propias manos.” (D. y C. 42:40.)

La modestia en el pensamiento, en el lenguaje, en el vestir y en la conducta es característica de una vida cristiana.

La virtud de la modestia se compone de muchos aspectos. Su raíz latina es modestus, lo cual significa moderado. La modestia nos protege de los extremos de todo tipo y nos aparta de la influencia de las modas mundanas en la manera de hablar, de pensar y de actuar. La modestia es mucho más que el largo del vestido o la manera de hablar: revela la clase de persona que somos. Es “una cualidad espiritual, nacida del respeto por uno mismo, por nuestros semejantes y por el Creador de todos nosotros. La modestia refleja una actitud de humildad, decencia y decoro” (PriesthoodBulletin, sept. de 1970, pág. 2).

La modestia se refleja en los pensamientos y en la manera de hablar, de vestir y de actuar

Los pensamientos. La modestia comienza con los pensamientos rectos. El Señor nos aconseja: “.. .deja que la virtud engalane tus pensamientos incesantemente” (D. y C. 121:45). En términos generales, antes de que se cometa un pecado, o sea, antes de que la persona sea inmodesta en su lenguaje, en su modo de vestir o en su conducta, ya ha tenido un pensamiento inmodesto; por lo tanto, el Señor nos ha aconsejado que nos cuidemos y que también cuidemos nuestros pensamientos (véase Mosíah 4:29-30). Tenemos el poder de controlar nuestra mente, y cuando nos veamos ante situaciones que promuevan los pensamientos impuros, tenemos el poder de cambiar de ambiente: ya sea salir de la sala de cine, cambiar el canal de la televisión, apagar la música, cerrar el libro o dar fin al asunto. Se requiere autodisciplina para tener modestia en el pensamiento.

Es obvio que “.. .cual es su pensamiento en su corazón, tal es [el hombre]” (Proverbios 23:7).

La manera de hablar. La persona que es modesta en su forma de hablar no habla con crudeza, ni vulgaridad, ni mal gusto ni profanidad. El lenguaje sucio oprime el espíritu, mientras que, según las palabras del Señor, “.. .las expresiones de los limpios son limpias” (Proverbios 15:26).

Las palabras y las expresiones que normalmente se usan revelan lo que se abriga en el corazón y en la mente. Si los pensamientos de la persona son edificantes e inspiradores, también lo serán sus palabras. Las expresiones vulgares y los comentarios indecentes indican falta de carácter y de autodisciplina. Cada persona es responsable de las palabras que use.

La manera de vestir. La modestia influye en nuestra manera de vestir. Desde tiempos muy remotos, el Señor nos ha dicho que nuestros cuerpos son sagrados y que debemos vestir con modestia. A Adán y a Eva les mandó cubrir su desnudez, y nosotros debemos hacer lo mismo y no ostentar ni exhibir nuestros cuerpos. Las modas siempre cambian, pero la norma del Señor es constante.

La manera de vestir refleja nuestras cualidades espirituales. Podemos vestir con estilo y buen gusto sin transigir en cuanto a nuestras normas de decencia ni pedir prestado de los impuros e inicuos. Si tomamos la decisión de vestir con modestia, ello nos protegerá del mal, salvaguardará nuestra virtud e invitará la presencia del Espíritu, el cual bendecirá nuestra vida.

El élder James E. Faust observó que la manera de vestir de la persona revela cuánto se respeta a sí misma: “.. .quedé sorprendido al notar la falta de [propia estimación] que muchas personas evidenciaban por su forma de vestir; para atraer la atención o aduciendo sentirse más cómodas, muchas no solamente han caído en la inmodestia, sino también en el descuido; y aun en contra de lo que sería beneficioso para ellas, presentan el peor de los aspectos” (“El valor de una persona“, Liahona, ago. de 1981, pág. 11).

A la par con la decadencia de la modestia también se corroen la propia estimación, la dignidad y la integridad. Sabemos que

somos hijas de Dios y que nuestros cuerpos son templos que hospedan espíritus celestiales. Este conocimiento aumentará nuestro autorrespeto, lo cual a su vez incrementará nuestra modestia. (Véase 1 Corintios 3:16.)

Cuando las sociedades han echado la modestia por la borda, también han desechado un principio mayor que se relaciona con ella: la castidad. El presidente Spencer W. Kimball declaró: “Tal pareciera que algunos aspectos de la inmodestia en el vestir, tanto por parte de los hombres como de las mujeres, llegan al borde del exhibicionismo, ese comportamiento perverso mediante el cual las personas satisfacen sus deseos lujuriosos mostrando su cuerpo a otros…

“.. .Se culpa a la moda de estos excesos, pero nuevamente nos preguntamos si no habrá algunas satisfacciones, sexuales o de otra naturaleza, en lo que parece ser un desprecio voluntario de la modestia. ¿Se usan los trajes de baño sumamente reducidos porque así es la moda, o para llamar la atención, o incitar o tentar? ¿Puede haber una inocencia total y modestia completa en todos estos actos?…

“No podemos recalcar demasiado la inmodestia como una de las asechanzas que hay que evitar, si queremos apartarnos de la tentación y conservarnos limpios.” (El Milagro del Perdón, págs. 230-231.)

La manera de actuar. La conducta inmodesta puede manifestarse en varias formas: las personas comunican sus pensamientos inmodestos por medio de una postura impropia, movimientos sugestivos al bailar y miradas provocativas. Hay muchos que tratan de engañarnos y de llamar “a lo malo… bueno, y a lo bueno malo” (2 Nefi 15:20), y esto sucede en la actualidad en lo que toca a la conducta modesta. Hay maestros falsos por todas partes que usan los medios de comunicación para enseñar que la inmodestia es normal y natural, por lo que debemos saber discernir lo que es “virtuoso, o bello, o de buena reputación, o digno de alabanza” (decimotercer Artículo de Fe), y entonces no influirán en nosotras las normas del mundo.

Aunque a todo nuestro alrededor encontramos tentaciones y engaños, contamos con la norma del Señor para juzgar si algo es bueno o malo.

“Por consiguiente, todo lo que es bueno viene de Dios, y lo que es malo viene del diablo; porque el diablo es enemigo de Dios, y lucha contra él continuamente, e invita e induce a pecar y a hacer lo que es malo sin cesar.

Mas he aquí, lo que es de Dios invita e induce a hacer lo bueno continuamente; de manera que todo aquello que invita e induce a hacer lo bueno, y a amar a Dios y a servirle, es inspirado por Dios.” (Moroni 7:12-13).

Podemos ser “ejemplo de los creyentes”

El presidente Spencer W. Kimball explicó que las mujeres rectas Santos de los Últimos Días influirán para bien en las mujeres del mundo: “Gran parte del progreso y crecimiento que tendrá la Iglesia en estos últimos días se deberá a que habrá muchas mujeres en el mundo que, teniendo un gran sentido de espiritualidad, se sentirán atraídas a la Iglesia. Pero esto sólo puede suceder si las mujeres de la Iglesia viven en forma justa y prudente, hasta el punto de que las consideren diferentes de las del mundo” (“Vuestro papel como mujeres justas“, Liahona, ene. de 1980, pág. 171).

La modestia comienza en el hogar cuando los hijos ven el ejemplo de sus padres; pero también es necesario enseñar a los hijos los principios de la modestia y de la virtud. Desde muy pequeñitos se les puede enseñar que sus cuerpos son sagrados y que deben mantenerlos limpios. Con esta base, se les puede enseñar a controlar sus pensamientos, a hablar con respeto, a vestir con decencia, a actuar correctamente y a escoger el buen camino.

Una mujer joven habló del buen ejemplo que le había dado su madre: “Por medio del ejemplo de mi madre, aprendí que un clima caluroso no es pretexto para ser inmodesta. Podemos seguir disfrutando al trabajar y jugar al aire libre con el cuerpo cubierto modestamente” (Karen M. Albrecht, “Mormon Forum”, Church News, 23 de jun. de 1985, pág. 15).

Los padres que fielmente usan el gárment del templo enseñan a sus hijos el principio de la modestia. Con el nuevo énfasis que se ha dado a la aptitud física y al ejercicio, se ha presentado la tentación de usar trajes deportivos por períodos de tiempo innecesariamente largos, sin usar el gárment del templo.

Cuando no cumplimos con nuestros propios cometidos de ser modestas, debilitamos a la vez las promesas del Señor de protegernos, las bendiciones de la ley de castidad y la habilidad de enseñar a nuestros hijos a actuar en forma modesta.

El president Ezra Taft Benson nos ha aconsejado que seamos modestas. “La modestia en el vestir, en la forma de hablar y en el comportamiento es una verdadera marca de refinamiento y un sello distintivo de una mujer virtuosa Santo de los Últimos Días. Evitad lo bajo, lo vulgar y lo sugestivo” (“A las mujeres jóvenes de la Iglesia”, Liahona, ene. de 1987, pág. 177).

Si las mujeres Santos de los Últimos Días son ejemplos de los creyentes “en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Timoteo 4:12), influirán tanto en sus familiares como en sus vecinos y en sus amigos. Cuando escogen la modestia en todas la cosas —los pensamientos, la manera de hablar, de vestir y de actuar— las hermanas muestran su respeto y amor por Dios, por sí mismas y por los demás.

— Véase Acordaos de Mi


Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s