Castidad

  • La ley de castidad

“No cometerás adulterio” (Exodo 20:14).
La ley de castidad es un principio de importancia eterna.

La ley de castidad es eterna

El presidente Ezra Taft Benson ha dicho: “En esta dispensación, el Señor ha repetido el mandamiento que dio en el Sinaí cuando dijo: ‘No cometerás adulterio.. .ni harás ninguna cosa semejante’ (D. y C. 59:6; cursiva agregada). Desde el comienzo, el Señor estableció una norma clara e inconfundible con respecto a la pureza sexual, la cual fue, es y será siempre la misma. Esta norma es la ley de castidad, y se aplica a todos por igual, hombres y mujeres, viejos y jóvenes, ricos y pobres” (“La ley de castidad“, Liahona, oct. de 1988, pág. 36).

Y esto no es todo, hijo mío. Tú hiciste lo que para mí fue penoso; porque abandonaste el ministerio y te fuiste a la tierra de Sirón, en las fronteras de los lamanitas, tras la ramera Isabel.

Sí, ella se conquistó el corazón de muchos; pero no era excusa para ti, hijo mío. Tú debiste haber atendido al ministerio que se te confió.

¿No sabes tú, hijo mío, que estas cosas son una abominación a los ojos del Señor; sí, más abominables que todos los pecados, salvo el derramar sangre inocente o el negar al Espíritu Santo? (Alma 39:3-5).

Nuestro Padre Celestial comprende plenamente las consecuencias eternas del jugar con los poderes de la procreación.

Hablando de ese pasaje de las Escrituras, el presidente Benson dijo: “Muy pocos de nosotros seremos culpables de asesinato o de negar al Espíritu Santo. Sin embargo, la ley de castidad se quebranta con frecuencia, aun cuando ante los ojos del Señor, es casi tan seria como esos dos pecados” (véase “La ley de castidad“).

El presidente Spencer W. Kimball dijo que no debe haber “relaciones sexuales, excepto dentro de los debidos vínculos conyugales. Esto está terminantemente prohibido por nuestro Creador en todo lugar y en toda época, y nosotros lo reafirmamos” (“Pautas para efectuar la obra de Dios con pureza“, Liahona, ago. de 1974, pág. 36).

El Señor condena el pecado sexual; y El valora la virtud y la castidad y las considera como “lo que [es] más caro y precioso que todas las cosas” (Moroni 9:9) y se deleita en la castidad de sus hijos (véase Jacob 2:28).

Satanás procura engañarnos

El presidente Benson explicó: “Reconozco que la mayoría de las personas pecan sexualmente con el equívoco intento de satisfacer las necesidades básicas del ser humano. Todos tenemos la necesidad de sentirnos queridos e importantes; todos buscamos la felicidad y el gozo en la vida. Y como Satanás lo sabe muy bien, induce a las personas a la inmoralidad motivándolas a satisfacer las necesidades básicas y prometiendo a cambio placeres, felicidad y un sentimiento de realización y satisfacción personal. Pero, obviamente, eso es un engaño” (“The Law of Chastity”, New Era, ene. de 1988, pág. 4).

A pesar de las claras enseñanzas y de las reiteradas amonestaciones del Señor, en la actualidad se oyen muchas opiniones que instan a las personas a no hacer caso de la ley de castidad al procurar satisfacer sus necesidades básicas como seres humanos. El élder Neal A. Maxwell habla del “medio opresivo” que crean esas opiniones, y del ambiente contaminado con lenguaje e imágenes vulgares, sugestivos y lascivos: “Pedro escribió acerca de cómo la corrupción de la conducta de la gente de Sodoma y Gomorra llegó a abrumar a Lot (véase 2 Pedro 2:7-8). Seguramente vosotros, como ‘hijos de luz’ de hoy (véase Juan 12:36) sabéis lo que es sentirse así, ya sea por la conducta, la música, las películas o las publicaciones” (véase “Limpíanos de toda iniquidad”, Liahona, oct. de 1986).

El presidente Benson nos ha amonestado: “No os dejéis engañar por las mentiras de Satanás. El placer de la inmoralidad no perdura; no existe gozo en quebrantar la ley de castidad, sino que, por el contrario, frustración y pesar. Al principio todo parece maravilloso, pero muy pronto el entusiasmo se desvanece y lo sustituyen la vergüenza y los sentimientos de culpa; surge el temor de que se descubra el pecado; las personas se ven obligadas a ocultar y a mentir. El amor comienza a morir y se despierta la amargura, el enojo, la desconfianza y hasta el odio. Todo esto es el resultado del pecado y la transgresión.

“Por otro lado, [si] obedecemos la ley de castidad y nos conservamos moralmente limpios, recibiremos las bendiciones de sentir cada vez más amor y paz, de tener más confianza y respeto por nuestro cónyuge, una entrega mayor del uno para el

otro y, por lo tanto, una comprensión más profunda de lo que es el verdadero gozo y la felicidad.

“No debemos confundirnos pensando que este tipo de pecado no es importante o que las consecuencias que acarrea no son serias” (“La ley de castidad“).

La inmoralidad acarrea muchos problemas

Muchos de los males sociales, emocionales, físicos y espirituales de nuestros tiempos pueden adjudicarse a la violación del principio de la castidad. Sin embargo, las soluciones que sugieren muchas autoridades en el campo de la medicina, del gobierno y de la educación parecen hacer a un lado la verdadera solución y hacer caso omiso de las amonestaciones proféticas del pasado y del presente. Refiriéndose a la rápida expansión del SIDA, que se transmite sexualmente, el presidente Benson preguntó: “Pero, ¿por qué no se oye casi hablar de volver a fomentar la ley de castidad, de que se tome la determinación de llevar una vida virtuosa y de ser fiel en el matrimonio?” (véase “La ley de castidad“).

Acerca del mismo mal del SIDA, el presidente Gordon B. Hinckley dijo: “Nosotros, al igual que muchos, esperamos que los descubrimientos médicos hagan posible tanto la prevención como la cura de esta terrible enfermedad. Pero así se cumpla o no este deseo, la observancia de una regla claramente definida y divinamente otorgada podría hacer más en favor de controlar esta epidemia que cualquier otra cosa. Me refiero a la castidad antes del matrimonio y a la completa fidelidad conyugal…

“Ahora quisiera recalcar que nuestra preocupación por el fruto amargo del pecado va acompañada de mucha compasión por sus víctimas, tanto inocentes como culpables. Defendemos el ejemplo del Señor, quien condenó el pecado pero amó al pecador” (“La reverencia y la moralidad“, Liahona, jul. de 1987).

Podemos seguir la norma de castidad del Señor

El presidente Benson dijo: “Un viejo, dicho que se aplica muy bien a la ley de castidad dice: Más vale prepararse y prevenir que reparar y arrepentirse”. Después sugiere que se tomen los siguientes pasos para prepararse y prevenir: (1) “Decidios a ser castos ahora”. (2) “Controlad vuestros pensamientos”. (3) “Orad siempre pidiendo poder para resistir la tentación”. (4) “Si sois casados, evitad toda clase de coqueteo”. (5) “Si sois casados, evitad estar a solas con miembros del sexo opuesto siempre que sea posible”. (6) “Si sois solteros y estáis cortejando, planead cuidadosamente entretenimientos positivos y constructivos, a fin de evitar el no tener otra cosa que hacer más que saciar la atracción física” (véase “La ley de castidad“).

Aunque Dios considera que la violación de la ley de castidad es sumamente grave, nos ha proporcionado la oportunidad de arrepentimos. El presidente Benson definió los pasos que deben dar las personas que hayan cometido pecados graves y que deseen regresar a la pureza moral: (1) “Terminad con cualquier situación que os haga pecar o que os pueda llevar al pecado”. (2) “Pedid al Señor que os dé fuerzas para vencer la tentación”. (3) “Permitid que vuestros líderes os ayuden a resolver la transgresión y volved a tener una relación plena con el Señor”. (4) “Bebed de la fuente divina y llenad vuestra vida con fuentes positivas de poder”. (5) “Recordad que por medio del arrepentimiento sincero podéis volver a quedar limpios”. (Véase “La ley de castidad“.)

El presidente Benson continuó: “Moroni enseñó que ‘la desesperación viene por causa de la iniquidad’ (Moroni 10:22). Los que cometen actos inmorales sufren a veces los devastadores efectos de la desesperación. Pero deben saber que tienen una alternativa.

“Los que estén pagando el precio que requiere el arrepentimiento sincero tienen, por cierto, la promesa de que volverán a ser limpios, de que se liberarán del peso de la desesperación y de que la paz y el gozo del milagro del perdón invadirá su vida. [Véase Isaías 1:18 y D. y C. 58:42.]…

“.. .nuestro Padre Celestial no desea otra cosa para nosotros que la felicidad. El nos ha dado a conocer las leyes que debemos seguir para lograrla; inevitablemente, una de ellas es la ley de castidad. Oro de todo corazón para que consideréis más seriamente la satisfacción que se recibe cuando se cumple con la ley de castidad, y las consecuencias trágicas que hay que sufrir cuando se le viola.” (“La ley de castidad“.)

— Véase Acordaos de Mi



 

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