Sabiduría

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“La sabiduría es el conocimiento de los principios verdaderos conforme a los cuales el hombre recibe favor divino. Incluye el uso apropiado e inteligente del conocimiento, firme discernimiento y juicio en los asuntos de la vida y en la conducta. Es un atributo de la Deidad en quien se halla en su plenitud y perfección. “El tiene todo poder, toda sabiduría y toda inteligencia.” (Alma 26:35; 37:12; Mosíah 4:6, 9; D. y C. 76:2; Apo. 5:12; 7:12.)

La sabiduría es un don del espíritu (D. y C. 46:17); viene de Dios por revelación. “Por tanto, el que carezca de sabiduría, pídamela y le daré libremente y sin reprocharlo.” (D. y C. 42:68.) Basado en este principio fue que José Smith buscó al Señor y recibió la visión que comenzó la dispensación del cumplimiento de los tiempos. (José Smith 2:11-20; Sant. 1:5-6.)

El curso de la sabiduría es el curso de la obediencia; no hay sabiduría en la maldad. “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos.” (Sal. 111:10.) “Aprende sabiduría en tu juventud, si, aprende en tu juventud a guardar los mandamientos de Dios.” (Alma 37:35.)

“No busquéis riquezas sino sabiduría; y he aquí, los misterios de Dios os serán revelados, y entonces seréis ricos. He aquí, rico es el que tiene la vida eterna.” (D. y C. 6:7; 11:7; Prov. 16:16.) El Señor promete a los justos que “su sabiduría será grande, y su conocimiento llegará hasta el cielo.” (D. y C. 76:9.)

Salomón es el símbolo de la sabiduría: “He aquí que te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no ha habido antes de tí otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú.” (1 Reyes 3:12.) Como resultado, Salomón “compuso tres mil proverbios, y sus cantares fueron mil cinco. También disertó sobre los árboles, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que nace en la pared. Asimismo disertó sobre los animales, sobre las aves, sobre los reptiles y sobre los peces. Y para oír la sabiduría de Salomón venían de todos los pueblos y de todos los reyes de la tierra, adonde había llegado la fama de su sabiduría.” (1 Reyes 4:32-34.)

Pero Salomón no permaneció hasta el fin; su sabiduría se desvaneció. Apostató de la Iglesia, adoró dioses falsos e incurrió en la ira de un Dios justo. (1 Rey. 11.)

En las escrituras se describen dos tipos de sabiduría: 1. Sabiduría verdadera, que es revelada por el espíritu y conduce a la rectitud y paz; 2. Falsa sabiduría, la sabiduría del mundo, que conduce por caminos carnales y desvía de las cosas que tienen valor eterno.

La sabiduría del mundo es la consecuencia de reflexiones no inspiradas, investigaciones y descubrimientos de los hombres. Está compuesta de verdades fragmentarias mezcladas con el error. A menudo va acompañada por teorías e hipótesis. Este tipo de sabiduría incluye las filosofías y conocimiento del hombre que destruyen la fe. La astrologia, evolución orgánica, la llamada alta crítica o crítica superior que niega la divinidad de Cristo y todo conocimiento que rechaza a Dios, caben dentro de esta categoría.

La sabiduría del mundo es transitoria; se desvanecerá. Pero la sabiduría de Dios es eterna; durará para siempre. Las teorías científicas cambian con cada nuevo descubrimiento, pero la sabiduría revelada por Dios es verdad eterna. (Doctrina de Salvación, pág. 303-307.)

“¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo?” preguntó Pablo. Entonces, con gran inspiración explicó como las cosas del espíritu toman precedencia sobre el conocimiento de los hombres. (1 Cor. 1:18-31; 2; 3:18-23.) Jacob escribió algo parecido: “¡Oh ese sutil plan del maligno! ¡Oh las vanidades y las flaquezas y las necedades de los hombres! Cuando son instruidos se creen sabios, y no escuchan el consejo de Dios, porque lo menosprecian, suponiendo que saben de sí mismos; por tanto, su sabiduría es locura, y de nada les sirve; y perecerán. Pero bueno es ser sabio, si hacen caso de los consejos de Dios.” (2 Ne. 9:28-29, 41-43.)” (Doctrina Mormona Bruce R. McConkie)

La gloria de Dios es la inteligencia. (D. y C. 93:36)

El hombre se salva tan pronto como adquiere conocimiento (Smith, Enseñanzas del Profeta Jasé Stnith, pág. 217).

Es imposible que el hombre se salve en la Ignorancia. (D. y C. 131: 6)

Cada Santo de les Últimos Días conoce estas citas que se usan muy a menudo. Otras citas que no son tan frecuentemente usadas son estas de Eclesiastés:

La sabiduría del hombre ilumina su rostro. (8:1).

Mejor es la sabiduría que la fuerza. (9:16).

Mejor es la sabiduría que las armas de fuego. (9:18).

Más la sabiduría excede, en que da vida a sus poseedores. (7:12).

La sabiduría fortalece al sabio más que diez poderosos que haya en una ciudad. (7:19).

Mejor es oír la reprensión del sabio que la canción de los necios. (7:5).

Es evidente que el continuo esfuerzo hacia la sabiduría es una de las cosas esenciales en la buena vida. Aquel que se cree sabio y hace alarde de ello delante de los hombres, muestra solamente que tiene vanidad y no sabiduría. “Disimula tu sabiduría con alegría”, dice Emerson. La humildad debe acompañar a la sabiduría si es genuina.

La sabiduría está compuesta de dos partes. La primera parte está relacionada con el conocimiento, el cual es necesario sobre las cosas y personas. El conocimiento es el primer eslabón entre el hombre y el mundo que está delante de él, y debe ser continuamente enderezado si quiere convertirse en adulto maduro.

No debemos ser como el niño que nace ignorante en el mundo y desconoce las cosas y las personas, sino que debemos aprender de ellas. ¿Conocemos las cosas y las personas? Claro que no podemos conocer todo, pero es más nuestra actitud que el alcance de nuestro conocimiento lo que determina nuestra madurez. Los perros viejos pueden aprender nuevos trucos si no desean volver a la infancia.

¿Cuáles son algunas de las fundamentales verdades que nosotros, los Santos de los Últimos Días debemos saber? Una de estas verdades es la realidad de la primera visión de José Smith. ¿Por qué es tan fundamental? Lo es por las consecuencias que la siguen. Si esta visión fue real, entonces Dios vive y Jesús es su hijo, ya que él fue presentado al profeta como tal. Si esto es verdad, la consecuencia sería que la Iglesia a la cual pertenecemos está divinamente guiada y por consiguiente debe tener un gran destino. Según entendemos, este testimonio es básico a cualquier otro conocimiento de la Iglesia.

Hay muchas otras grandes y fundamentales verdades que influyen grandemente en nuestras vidas. En el campo de las ciencias físicas algunas de ellas fueron formuladas por Carnot como leyes fundamentales de fluido calórico. De estas leyes uno puede deducir el manejo de todos los motores a vapor. Así mismo las leyes fundamentales de movimiento fueron formuladas por el gran Newfon. Es necesario menos de la mitad de una página para escribir estas leyes, pero una persona estrenada en manipulaciones matemáticas puede deducir de ellas las fuerzas y movimientos, que entran en juego en el intrincado proceso que encontramos en nuestras actividades diarias en las cuales estos movimientos ocurren. En una forma similar Faraday y Maxwell formularon las leyes fundamentales de la corriente de electricidad. Podemos aplicar estas mismas leyes para encontrar el movimiento de ondas eléctricas a través del aire —generalmente llamadas ondas de radio o radar como también el poder eléctrico y circuitos de comunicación a través de los alambres. En otras palabras grandes personajes han formulado generalizaciones fundamentales respecto al comportamiento del mundo físico desde el cual el comportamiento detallado puede ser predicho. El desarrollo del ferrocarril, las grandes plantas manufactureras, las industrias telefónicas y la industria de televisión y cine, todas han resultado de la aplicación de estas leyes fundamentales.

En el campo de las cosas vivientes, generalizaciones similares se han hecho aunque no se pueden determinar en una forma definitiva. También un considerable número de verdades sobre el comportamiento humano, como trabaja la mente y que pasará generalmente en un grupo social bajo ciertas condiciones definidas. Después tenemos el gran grupo de la historia de la vida de personas y naciones, también como otros campos. El conocimiento de estas cosas es lo que nos da una comprensión del mundo.

En el campo del comportamiento humano ha sido más difícil formular tales generalizaciones en una forma amplia como se ha hecho con los arriba mencionados. Sin embargo parece que el Salvador dictó una ley sobre el comportamiento humano que tiene consecuencias extensivas a los seres humanos como aquellos que pertenecen a un mundo físico. Se le preguntó cuál era el mayor mandamiento, y El respondió sin vacilar, . . Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente. Este es el primer gran mandamiento. Y el segundo se le parece, amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Y luego añadió, “a estos dos mandamientos están sujetas todas las leyes y los Profetas”. (Mateo 22:37-40). Esta fue Su manera de declarar que estas dos leyes son real¬mente requisitos fundamentales para la operación de una buena sociedad.
En esta serie de lecciones estamos tratando de extraer de estas dos grandes generalizaciones los detalles de la buena vida que traerán alegría y felicidad al individuo y paz a la sociedad a la cual pertenece.

La discusión arriba mencionada nos da entonces una noción de lo que queremos decir por conocimiento, el primer ingrediente de la sabiduría está relacionada con la manera de aplicar este conocimiento. Si una persona aplica sus conocimientos con fines perversos, no se le puede llamar sabiduría. Se le llama así sólo cuando se usa con fines benéficos al ser humano. Esto quiere decir, sólo cuando los actos o decisiones de un hombre resultan en la creación de alegría y felicidad en los corazones de otras personas son actos o decisiones consideradas sabias. A veces uno debe esperar un tiempo considerablemente largo antes que pueda darse una valorización adecuada. Los sentimientos morales y convencimientos religiosos deben tomar parte en ella ante que pueda ser llamada una acción sabia, y esto es verdadero, no importa como el conocimiento se expande.

Como prueba de este razonamiento consideremos el hecho de haber arrojado la bomba atómica en Hiroshima. Fue inteligente hacerlo? Su primera reacción, es decir, ciertamente fue poco sabio, pero si Ud. supiera todos los factores Ud. podría cambiar de opinión. Ciertamente hubo un gran expandimiento de conocimiento. La mayoría de los líderes militares dicen que sin el uso de las bombas atómicas, una invasión por tierra a Japón habría sido necesaria para terminar la guerra. En tal invasión, se estima que tanto americanos como japoneses habrían perdido 10 veces más vidas que las que se perdieron al tirar las dos bombas. Si este fuera cierto, estaríamos seguros de estar considerando todos los factores, entonces llegaríamos a la conclusión que este acto fue uno muy sabio.

Estos mismos principios se aplican a los hechos de nuestra vida. Es solamente cuando vivimos cerca de la vida buena, y tenemos el espíritu del Señor que nos guíe en nuestras decisiones, que podamos estar seguros que estamos usando nuestro conocimiento para así merecer ser llamado sabios.

Como Emerson lo puso, “La mezcla de estos dos —el conocimiento intelectual de la verdad y el sentimiento moral de rectitud— es la sabiduría.

— Véase La vida Buena Harvey Fletcher


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