La apostasía personal

  • Cómo evitar la apostasía personal

La apostasía consiste en alejarse de la Iglesia y finalmente negar la fe.
¿Qué es lo que aleja de esta Iglesia a la gente? Por lo general, algunas sencillas trivialidades comienzan por apartarla del camino recto. Si seguimos las indicaciones de una brújula cuya aguja no nos señala la dirección con exactitud, una pequeña desviación al comienzo nos alejará, una vez que hayamos recorrido cierta distancia, del verdadero destino adonde deseábamos llegar (DBY, 83).

Si los santos dejan de orar y violan el día designado para adorar a Dios, perderán Su Espíritu. Si un hombre se abandona al enojo y maldice y blasfema tomando el nombre de Dios en vano, no podrá conservar el Espíritu Santo. En resumidas cuentas, si un hombre hace cualquier cosa que sabe que está mal y no se arrepiente, no podrá disfrutar del Santo Espíritu, sino que andará en tinieblas y finalmente negará la fe (DBY, 85).

Es en realidad asombroso para cualquier grado de inteligencia que un hombre o una mujer cierre los ojos en cuanto a las cosas de la eternidad después de haber aprendido sobre ellas y permita que las… cosas del mundo, las concupiscencias de los ojos y las concupiscencias de la carne, les adormezca la mente y los aleje en lo más mínimo de los principios de vida (DBY, 82).

Se ha dicho esta mañana que nadie ha apostatado jamás sin haber transgredido. La omisión del deber conduce a la comisión del pecado (DBY, 82).

Hemos oído decir: “Soy un Santo de los Últimos Días y jamás apostataré”; “Soy un Santo de los Últimos Días y seguiré siéndolo hasta el día de mi muerte”. Yo nunca hago esta declaración y nunca la haré. Creo haber aprendido que no tengo poder propio, pero mi sistema ha sido organizado para aumentar en sabiduría, conocimiento y potestad, y obtener un poco aquí y otro poco allá. Pero cuando quedo abandonado a mí mismo, carezco de poder y mi sabiduría es locura; entonces me aferro al Señor y adquiero poder en Su nombre. Creo haber aprendido el Evangelio tanto como para saber que, en mí mismo y de por sí, nada soy [véase Alma 26:12] (DBY, 84).

Cuando un hombre o una mujer que haya recibido mucho del poder de Dios, visiones y revelaciones, se aleja de los sagrados mandamientos del Señor, parecería perder el sentido común, se le despoja de su entendimiento y buen criterio, anda en tinieblas y es como persona ciega que palpa las paredes [véase Isaías 59:9–10; Deuteronomio 28:29] (DBY, 82–83).

Muchos aceptan el Evangelio porque saben que es verdadero; están convencidos por juicio propio que es verdadero; una vigorosa explicación los persuade y, al razonar, son impulsados por lógica a admitir que el Evangelio es verdadero. Lo aceptan y obedecen sus primeros principios, pero nunca procuran ser iluminados por el poder del Espíritu Santo; con frecuencia, tales personas terminan alejándose del camino (DBY, 86).

Judas traiciona al Salvador en Getsemaní. El presidente Young advirtió que “cuando una persona comienza a criticar a los líderes y las enseñanzas de la Iglesia, “podemos saber que tal persona tiene, en mayor o menor grado, el espíritu de apostasía” (DBY, 83).

Véase también 2 Nefi 28:25; — D. y C. 20:31–34.

Cuando criticamos a los líderes de la Iglesia, comenzamos a alejarnos de ella.
Cada vez que los miembros de la Iglesia manifiestan una tendencia a poner en duda el derecho de su Presidente para dirigirla en todas las cosas, podemos percibir evidencias de apostasía, que, si se fomenta, los conducirá a alejarse de la Iglesia y a la destrucción final; donde existe una actitud de actuar en contra de cualquier oficial autorizado de este Reino, no importa qué función se le haya asignado, si se persiste en ello, tendrá las mismas consecuencias; serán “aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el señorío. Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de las potestades superiores” [véase 2 Pedro 2:10] (DBY, 83).

Cuando una persona comienza a criticar y cuestiona acerca de esto, eso o aquello y dice: “¿Acaso parece que esto o aquello es lo que el Señor ha dictado?”, puede uno saber que tal persona tiene, en mayor o menor grado, el espíritu de apostasía. Toda persona en este Reino o sobre la faz de la tierra que procure en su propio corazón salvarse a sí misma, tiene que ocuparse en trabajar tanto como esté a su alcance hacer sin poner en duda lo que no sea cuestión suya. Si logra salvarse a sí misma, habrá ocupado muy bien su tiempo y su atención. Procure cada uno ser digno y preocúpese en que el pecado y la insensatez no se manifiesten con cada nuevo día (DBY, 83).

Muchos parecen concebir la idea de que son capaces de señalar cómo deben enseñarse principios que nunca se han enseñado. No se dan cuenta de que, en el preciso momento en que dan lugar a esta fantasía, el Diablo se apodera de ellos y los conduce a senderos de maldad; aunque ésta es una lección que deberían haber aprendido hace mucho tiempo, muy pocos la aprendieron en los días de José (DBY, 77–78).

[Una persona tal] pronunciará profecías falsas, aunque lo haga con el espíritu de profecía; sentirá que es un profeta y que puede profetizar, pero lo hará mediante un espíritu y poder diferentes de los que el Señor le hubo dado. Emplea entonces su don tanto como ustedes y yo empleamos el nuestro (DBY, 82).

Uno de los primeros pasos hacia la apostasía es criticar a su obispo; y cuando lo hace, a menos que se arrepienta, se da otro paso dentro de poco, y finalmente la persona será expulsada de la Iglesia y ahí termina todo. ¿Habrán de permitirse ustedes criticar a su obispo? (DBY, 86).

Nadie recibe de Dios el poder para sembrar la discordia en ninguna rama de la Iglesia. Dicho poder sólo se obtiene de una fuente diabólica (DBY, 72).

Hay personas, sin embargo, que abandonan esta Iglesia, pero lo hacen porque entran en tinieblas, y el mismo día en que deciden que debiera haber un voto democrático, o en otras palabras, que debiéramos tener dos candidatos para el sacerdocio presidente entre los Santos de los Últimos Días, deciden ser apóstatas. En la casa del Señor no hay tal cosa como confusión, divisiones, contiendas, animosidad, odio, malicia ni dos facetas en cada pregunta, sino un solo matiz para toda cuestión allí (DBY, 85).

Véase también Mateo 18:15 y Lucas 11:34.

Véase también D. y C. 28:2, 6–7.— D. y C. 20:65; 26:2

Todos aquellos que pierden el Espíritu se llenan de ignorancia y de confusión.
Cuando los hombres pierden el espíritu de la obra que estamos realizando, pasan a ser infieles en sus propios sentimientos. Dicen no saber si la Biblia es verdadera, si el Libro de Mormón es verdadero o si lo son las nuevas revelaciones, ni siquiera si hay un Dios o no. Cuando abandonan el espíritu de esta obra, pierden el conocimiento de las cosas de Dios, tanto en esta vida como en la eternidad; para ellos todo está perdido (DBY, 83–84).

Los hombres comienzan a apostatar cuando presuponen tener un poder personal y obedecen el murmullo del Diablo que poco a poco los desvía hasta encerrarlos en lo que llaman la sabiduría humana; entonces comienzan a apartarse de Dios y se les confunde la mente (DBY, 84).

¿De qué tendría que apostatar un Santo de los Últimos Días? De todo lo que es bueno, puro, sagrado, divino, de todo lo que exalta, ennoblece, engrandece las ideas, y las aptitudes de los seres inteligentes que nuestro Padre Celestial ha traído a esta tierra. ¿Qué recibiría a cambio de ello? Yo podría explicarlo con muy pocas palabras. Éstas son las palabras que usaría: la muerte, el infierno y la tumba. Eso es lo que obtendrían en el intercambio. Bien podríamos discurrir acerca de lo que experimentarían. Experimentarían pecados, ignorancia, dudas, dolor, angustia, pesares, aflicciones, desdicha; no tendrían con quien consolarse en los momentos difíciles, nadie en quien apoyarse en horas de infortunio ni quién se compadezca de ellos cuando se vean desolados y abatidos; y lo describo al mencionar la muerte, el infierno y la tumba. Eso es lo que obtendrían a cambio de su apostasía del Evangelio del Hijo de Dios (DBY, 85).

Ustedes habrán conocido hombres que, mientras se hallaban en la Iglesia, eran activos, sagaces y llenos de inteligencia; pero después de apartarse de ella se les ha reducido el entendimiento, se les ha ofuscado la mente y todo se ha vuelto un misterio para ellos, y concerniente a las cosas de Dios, han pasado a ser como el resto del mundo que piensa, espera y ruega que tal cosa y otra sean como ellos dicen, pero nada saben al respecto. Ésta es, precisamente, la posición de aquellos que dejan esta Iglesia; se vuelven a las tinieblas, son incapaces de evaluar, concebir o comprender las cosas tal como son. Llegan a ser como el borracho que piensa que nadie mejor que él puede beber licor y que él es la única persona sobria en el vecindario. Los apóstatas piensan que todos los demás están equivocados, mas no ellos (DBY, 84).

Los que se alejan de la Iglesia son como una pluma soplada de un lado a otro en el aire. No saben a dónde ir; no entienden nada acerca de su propia existencia; su fe, sus opiniones y su proceso mental son tan inestables como los movimientos de la pluma que flota en el aire. Nada tenemos a qué aferrarnos, sino a la fe en el Evangelio (DBY, 84).

Véase también Helamán 4:13.

Véase también Isaías 29:13–14; 1 Corintios 2:12–14.

Podemos mantenernos firmes si vivimos nuestra religión y procuramos el Espíritu Santo.
¿Podría aún existir la apostasía? Sí, hermanos y hermanas, puede ser que habrá gente que se unirá a la Iglesia y que luego apostate. Podría ser que algunos se mantengan fieles por un tiempo y luego se alejen del sendero (DBY, 85–86).

¿Por qué apostata la gente? Sabemos que viajamos en el “Barco Seguro de Sión”. Nos encontramos en altamar. Al llegar una tormenta, los marineros comentan que la navegación está siendo difícil. “Yo no me quedo aquí”, dice uno; “no creo que éste sea el ‘Barco de Sión’. “Pero estamos en medio del océano”, [dice otro]. “No me importa; no me quedaré aquí”. Sacándose el abrigo, se echa al agua. ¿Acaso no se ahogaría? Sí. Y así es con los que abandonan esta Iglesia. Éste es el “Barco Seguro de Sión”. Permanezcamos en él (DBY, 85).

Dios está al timón de esta gran nave y eso me hace sentir bien… Quien quiera apostatar, que lo haga, pero Dios salvará a todos quienes tengan la determinación de ser salvos (DBY, 86).

Si la gente viviera su religión, no habría apostasía ni escucharíamos a nadie quejarse o criticar. Si la gente tuviese hambre de las palabras de vida eterna y dedicase toda su alma a la edificación del Reino de Dios, cada corazón y cada mano estarían listos y bien dispuestos, y la obra avanzaría con gran energía y progresaríamos como debiéramos progresar (DBY, 84).

Queremos vivir de modo que podamos tener el Espíritu día a día, cada hora del día, cada minuto del día, y todo Santo de los Últimos Días tiene derecho al Espíritu de Dios, al poder del Espíritu Santo, para que lo guíe en sus deberes personales (DBY, 82).

— Véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Brigham Young, Capítulo 12


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