Cómo obtener respuestas a nuestras Oraciones

Cómo obtener respuestas a nuestras Oraciones

Por Gene R. Cook

Reconocimiento – Introducción
Capítulo 1 – El poder de la oración
Capítulo 2 – Como preparar el corazón y la mente para la oración
Capítulo 3 – Algunas sugerencias acerca de la práctica de la oración
Capítulo 4 – Principios que agregan poder a sus oraciones
Capítulo 5 – Las bendiciones de la oración
Capítulo 6 – Las oraciones como bendiciones para padres y líderes
Capítulo 7 – La gracia del Señor
Capítulo 8 – Cuando parece que las respuestas no llegan
Capítulo 9 – Como poner en práctica los principios de la oración


Reconocimientos

 ¡Cuánto agradezco al Señor por las continuas bendiciones que me ha dado al contestar mis preguntas a través de los años! Agradezco a mi familia y a muchos otros maravillosos Santos de los Últimos Días que han sabido compartir conmigo sus propias experiencias al recibir respuestas a sus oraciones. En especial, doy gracias a aquellos que me han confiado haber tenido que superar algunas dificultades al recibirlas. No hay duda que el Señor contesta toda oración humilde y sincera, ya sea que lo reconozcamos o no en ese momento.

Aprecio sinceramente la colaboración del hermano Jay A. Parry, cuya excelente capacidad como editor ha con­ tribuido a que esta obra sea más concisa y, consecuente­mente, más fácil de entenderse. También aprecio mucho la ayuda de mi secretaria, Stephanie Colquitt, y de mis anteriores secretarias por su destreza como mecanógrafas al ir compilando mis experiencias a medida que sucedían, de modo que pudieran ser puntualmente compartidas con otras personas….

Por último, quisiera mencionar que este libro no es de manera alguna una publicación de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos Días. Todas las posibles imperfecciones, omisiones y deficiencias son indiscutiblemente mías.

Introducción

Nosotros, todos, necesitamos mucho al Señor. Necesitamos ayuda en cada aspecto de nuestra vida:

  • en nuestros fracasos y debilidades personales
  • en nuestros problemas y decisiones familiares
  • en nuestro trabajo y en nuestras carreras profesionales
  • en nuestras importantes decisiones económicas
  • en nuestros difíciles llamamientos en la Iglesia
  • en enfrentar tantos problemas que se nos presentan
  • en aprender la verdad acerca del Evangelio
  • y en casi todas las circunstancias de la vida.

Una de las claves del éxito en cada una de estas cosas es la oración. Cuando comenzamos a aprender cómo obtener respuestas a nuestras oraciones, podemos recurrir al poder y a la bondad del Señor para que nos ayude en nuestra exis­tencia. Pero si nuestras oraciones son ineficaces o no aprendemos a depender del Señor, solemos entonces quedar supeditados a nuestros propios recursos.

En ocasiones quizás alguna persona diga: “Yo trato de orar, pero el Señor no me habla. Yo sé que Él vive y que me ama, pero no contesta mis oraciones. Probablemente quiera que yo viva por mí mismo, sin Su ayuda”.

Es cierto que el Señor desea que ejerzamos constante­mente nuestro propio albedrío para hacer el bien, madurar, desarrollarnos, aprender a obrar por nosotros mismos y no que alguien lo haga por nosotros. Sin embargo, Él nos ha prometido a cada uno el don de poder ser guiados por el Espíritu Santo. Ha prometido ayudarnos en cada aspecto de nuestra vida, si sólo se lo permitimos.

Yo creo firmemente que el problema nunca se debe al Señor cuando no recibimos respuestas a nuestras oraciones. Él es constante y verídico; nunca deja de cumplir Sus promesas. En realidad, la falta es nuestra.

Con frecuencia no sabemos cómo obtener las respuestas que procuramos recibir. Quizás sea que no procedemos con suficiente dedicación o es probable que pidamos sin escuchar la réplica del Señor. Quizás no hayamos preparado nuestro corazón para que reciba cualquier cosa que Él podría enviarnos. Posiblemente no entendamos ni prac­tiquemos algunos de los principios básicos que Él nos ha enseñado con respecto a la oración. Quizás hemos permi­tido que nuestro propio anhelo nos domine sin procurar verdaderamente Su santa voluntad.

Yo pienso que a veces el Señor debe entristecerse al ver que, después de habernos ofrecido tanto, nos conformemos con muy poco. Pero cuando empezamos a aprender cómo obtener respuestas a nuestras oraciones, comenzamos a ver la manera divina en que Él se manifiesta; y vemos que podemos, sí, recibir los innumerables dones de nuestro Padre Celestial.

En las páginas de este libro vamos a examinar algunos de los principios y procedimientos fundamentales de la oración que el Señor nos ha enseñado por medio de las Escrituras y de los actuales profetas. Haremos todo lo posi­ble por ilustrar esos principios mediante numerosos ejem­plos y relatos reales, demostrando que Él contesta las ora­ciones e indicando cómo ello puede lograrse. Analizaremos con cierto detalle cómo usted puede saber cuándo habrá recibido una respuestas a sus oraciones. En particular,

trataremos la difícil pregunta de por qué hay momentos en que pareciera que usted no ha recibido una respuesta y lo que puede hacer aun en tales circunstancias para incremen­tar su fe.

Ahora bien, ¿cómo podría usted beneficiarse grande­mente con este libro? Espero que las ideas que analizamos a lo largo de estas páginas sean realmente valiosas para toda persona que las lea. Para ayudarle a usted y a su familia, he agregado algunas preguntas claves al final de cada capítulo. Le sugiero que, si es posible, analice estas preguntas con otra persona para aumentar su entendimiento. El Señor podría enseñarles, a ambos, mucho más.

El nivel más alto de aprendizaje que yo conozco se recibe directamente del Espíritu del Señor. Es mucho lo que podemos aprender al observar a otros o al leer sobre los conceptos o las doctrinas que se nos enseñan. Pero el conocimiento de mayor valor para mí es el que se obtiene por el Espíritu, iluminando el pensamiento y hablándole al corazón. Tales enseñanzas no son menos que un mensaje de los cielos para cada uno de nosotros y pueden tener un pro­fundo efecto en nuestra vida.

Yo doy mi testimonio de que esta clase de conocimiento está al alcance de todos los que procuran obtenerlo, si sólo se humillan ante el Señor y tratan diligentemente de recibir Sus enseñanzas. Si oran de todo corazón, con verdadera intención, cada vez que tomen este libro para leerlo el Señor habrá de inspirar en ustedes la certidumbre de que pueden recibir las bendiciones que Él desea darles. Él les brindará impulsos e impresiones y aprenderán entonces cómo la oración puede bendecirles—y cómo podrán recibir la orien­tación divina que les ayudará en cada aspecto de la vida.

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