Los Artículos de Fe

Capítulo 14
EL LIBRO DE MORMÓN

Artículo 8.— . . . también creemos que el Libro de Mormón es la palabra de Dios.

DESCRIPCIÓN Y ORIGEN

¿Qué es el Libro de Mormón?El Libro de Mormón es un documento histórico divinamente inspirado, escrito por los profetas de los antiguos pueblos que por el espacio de algunos siglos antes y después de la venida de Cristo habitaron el continente americano. Esta Escritura se ha traducido en esta generación mediante el don de Dios y por nombramiento especial de él. El traductor autori­zado e inspirado de estas Sagradas Escrituras es José Smith, por medio de quien han llegado al mundo en un lenguaje moderno. En el primer capítulo de esta obra se mencionó cómo supo él de las planchas por primera vez. Allí se dijo que durante la noche del 21 de septiembre de 1823 y la madrugada del día siguiente, un personaje resu­citado,” que se dió a conocer como Moroni, visitó a José Smith en respuesta a su ferviente oración. En revelaciones subsiguientes se aclaró que este personaje era el último de una larga sucesión de profetas, cuyos escritos tradu­cidos constituyen el Libro de Mormón. El había concluido los antiguos anales, había depositado en la tierra las planchas grabadas y por conducto de él llegaron a las manos del profeta y vidente de los últimos días, cuya obra traducida está ante nosotros.

En su primera visita, Moroni le reveló a José Smith la existencia de la historia que, según le dijo, estaba gra­bada sobre unas planchas de oro que entonces yacían enterradas en la ladera de un cerro que se hallaba cerca de la casa de José. Este cerro, que uno de los pueblos antiguos conocía con el nombre de Cumora y el otro como Rámah, está situado cerca de Palmyra, Estado de Nueva York. El lugar preciso en donde estaban las plan­chas le fué mostrado a José en visión, y ninguna dificul­tad tuvo el joven en dar con el sitio al día siguiente de la visita mencionada. José Smith refiere lo siguiente respecto de Moroni y las planchas: “Dijo que se hallaba depositado un libro, escrito sobre planchas de oro, que daba una relación de los antiguos habitantes de este continente, así como del origen de su procedencia. También declaró que en él se encerraba la plenitud del evangelio eterno cual el Salvador lo había entregado a los antiguos habitantes; asimismo, que junto con las planchas estaban depositadas dos piedras en aros de plata, las cuales aseguradas a una pieza que se ceñía alrededor del pecho, formaban lo que se llamaba el Urim y Tumim; que la posesión y uso de estas piedras era lo que constituía a los ‘videntes’ de los días antiguos o anteriores, y que Dios las había preparado para la traducción del libro.”

José encontró una piedra grande en el lugar indicado en el cerro de Cumora, debajo de la cual estaba una caja, también de piedra. Levantó la tapa de la caja con la ayuda de una palanca, y dentro de la caja vió las planchas y el peto con el Urim y Tumim, tal como lo había indi­cado el ángel. Estaba a punto de sacar el contenido de la caja, cuando Moroni de nuevo se le apareció y le prohibió sacar las cosas sagradas en esa ocasión, diciéndole que no podría hacerse cargo personal de aquello sino hasta después de transcurridos cuatro años, y que mien­tras tanto José tendría que visitar el sitio anualmente. El joven revelador lo hizo, y en cada visita recibía ins­trucciones adicionales relativas a la historia y lo que Dios tenía dispuesto hacer con ella. José recibió del ángel Moroni las planchas y el Urim y Tumim con el peto el 22 de septiembre de 1827. Mandósele que las cuidara con la mayor diligencia, y le fué prometido que si procuraba protegerlas lo mejor que pudiera, quedarían seguras en sus manos, y que al terminar la traducción Moroni de nuevo lo visitaría para recibir las planchas. No tardó en manifestarse porqué se le advirtió a José que cuidara bien las planchas y demás objetos, porque recorriendo el corto trayecto del cerro a su casa fué asal­tado mientras llevaba las cosas sagradas; pero con ayuda divina pudo resistir a los asaltantes, y por fin llegó a su casa sin que hubieran sufrido daño alguno las planchas y demás objetos. Este ataque desató una plaga de perse­cuciones que incesantemente lo acosaron mientras estuvo custodiando las planchas. No dilató en cundirse la noticia de que tenía las planchas en su posesión, y numerosas veces, algunas acompañadas de violencia, se intentó qui­társelas de las manos. Sin embargo, fueron preservadas; y lentamente, y con muchas interrupciones, motivadas por las persecuciones de los malvados y las circunstancias de su pobreza que lo obligaban a buscar trabajo, dejándole muy poco tiempo libre para la tarea señalada, José con­tinuó la traducción, y en 1830 se publicó el Libro de Mormón al mundo por primera vez.

La Portada del Libro de Mormón.—Nuestra mejor respuesta a la pregunta: ¿Qué es el Libro de Mormón?, se encuentra en la portada del libro. Allí leemos:

EL LIBRO DE MORMÓN
Un Relato Escrito por LA MANO DE MORMÓN

SOBRE PLANCHAS
Tomado de las Planchas de Nefi

Por tanto, es un compendio de los anales del pueblo de Nefi, así como de los lamanitas.—Escrito a los lamani-tas, quienes son un resto de la casa de Israel, y también a los judíos y a los gentiles.—Escrito por vía de manda­miento, y por el espíritu de profecía y revelación.— Escrito y sellado, y escondido para los fines del Señor, con objeto de que no fuese destruido.—Ha de aparecer por el don y el poder de Dios para su interpretación.—Sellado por Moroni, y escondido para los propósitos del Señor, a fin de que apareciese en el debido tiempo por medio de los gentiles, y fuese interpretado por el don de Dios.

También un compendio tomado del Libro de Ether, el cual es una relación del pueblo de Jared, que fue espar­cido al tiempo que el Señor confundió el lenguaje del pueblo, en la época en que estaban edificando una torre para llegar al cielo.—Lo cual sirve para mostrar al resto de la casa de Israel cuán grandes cosas el Señor ha hecho por sus padres; y para que conozcan las alianzas del Señor, de que no son ellos desechados para siempre.—Y también para convencer al judío y al gentil de que Jesús es el Cristo, el Eterno Dios, que se manifiesta a sí mismo a todas las naciones.—Y ahora, si hay faltas, son equivocaciones de los hombres; por tanto, no condenéis las cosas de Dios para que aparezcáis sin mancha ante el tribunal de Cristo.

Esta combinación de portada y prefacio es la traduc­ción de la última hoja de las planchas, y se presume que fué obra de Moroni, quien, como ya se ha dicho, selló y escondió los anales en los días antiguos.

Las Divisiones Principales del Libro.Según consta en la portada, hallamos en el Libro de Mormón las his­torias de dos naciones que florecieron en América. Estos pueblos nacieron de colonias pequeñas que bajo dirección divina llegaron aquí del continente oriental. Conveniente­mente nos referiremos a ellos como nefitas y jareditas.

La Nación Nefita fué la última, y desde el punto de la copiosidad de sus anales, la más importante. Los pro­genitores de este pueblo salieron de Jerusalén en el año 600 antes de Cristo bajo la dirección de Lehi, un profeta judío de la tribu de Manasés. Cuando partió de Jeru­salén, su familia se componía de Saríah, su esposa, y sus hijos Laman, Lemuel, Sam y Nefi. Más adelante se habla de hijas, pero de que si nacieron antes o después del éxodo de la familia, nada se dice. Además de la propia familia de Lehi, acompañaban a esta colonia Zoram e Ismael, este último un israelita de la tribu de Efraín. Ismael y su familia se unieron a la compañía de Lehi en el desierto, y sus descendientes fueron contados entre los de la nación de que estamos tratando. Parece que la com­pañía viajó hacia el sudeste, siguiendo la costa del mar Rojo; entonces, alterando su curso hacia el este, atravesó la península árabe y allí, a orillas del mar de Omán, cons­truyeron y abastecieron un barco en el cual se lanzaron al mar, encomendándose a la divina providencia. Se cree que viajaron hacia el Este, cruzando el océano Indico, des­pués el Pacífico, llegando por fin a la costa occidental de América donde desembarcaron más o menos en el año 590 antes de Cristo. El libro no da detalles suficientes del sitio donde desembarcaron para justificar conclusiones definitivas.

El pueblo se estableció en lo que para ellos era la tierra prometida; nacieron muchos hijos, y en unas cuantas generaciones una posteridad numerosa habitaba el país. Después de la muerte de Lehi ocurrió una división. Unos aceptaron como director a Nefi, quien había sido debidamente nombrado al oficio profético, mientras que los demás proclamaron jefe a Laman, el mayor de los hijos de Lehi. Desde entonces estos pueblos divididos se llamaron nefitas y lamanitas, respectivamente. Había ocasiones en que se observaba una apariencia de rela­ciones amistosas entre unos y otros, pero generalmente estaban en pugna, y los lamanitas manifestaban un odio y hostilidad implacable hacia sus hermanos nefitas. Los nefitas impulsaron las artes de la civilización, construyen­do grandes ciudades y estableciendo comunidades muy prósperas; sin embargo, con frecuencia caían en trans­gresión, y el Señor, para castigarlos, permitía que sus enemigos hereditarios triunfaran sobre ellos. Tradicionalmente se cree que se extendieron hacia el Norte, ocupando una región considerable de Centro América, después de lo cual se esparcieron hacia el Este y el Norte hasta llegar a lo que en la actualidad es parte de los Estados Unidos. Los lamanitas, aun cuando aumentaron en número, sufrieron el anatema del desagrado de Dios; su cutis se tornó obscuro, su espíritu se descarrió, se olvi­daron del Dios de sus padres, se entregaron a una vida salvaje y nómada y degeneraron en el estado caído en que encontraron a los indios de América—sus descen­dientes directos—aquellos que volvieron a descubrir el continente occidental en una época posterior.

Las últimas batallas entre nefitas y lamanitas se libraron alrededor del Cerro de Cumora, en lo que hoy es el Estado de Nueva York, de las cuales resultó la des­trucción de los nefitas como nación, unos 400 años des­pués de Cristo. El último representante nefita fué Moroni, quien, huyendo de un lugar a otro para preservar su vida, diariamente esperando morir a manos de los lamanitas victoriosos, escribió la última parte del Libro de Mor­món y escondió la historia en el Cerro de Cumora. Este mismo Moroni, como ser resucitado, fué quien entregó los anales a José Smith en la dispensación actual.

La Nación Jaredita.De las dos naciones cuyas histo­rias constituyen el Libro de Mormón, la primera, en cuestión de tiempo, fué la del pueblo de Jared que, bajo la dirección de su caudillo, salió de la torre de Babel al tiempo de la confusión de lenguas. Ether, el último de sus profetas, escribió su historia sobre veinticuatro planchas de oro y, previendo la destrucción de su pueblo a causa de su iniquidad, escondió las planchas históricas. Más tarde, las encontró una expedición enviada por el rey Limhi, un monarca nefita, aproximadamente en el año 122 antes de Cristo. Moroni subsiguientemente compen­dió la historia que se hallaba grabada sobre estas planchas y agregó el relato condensado a los anales del Libro de Mormón. En la traducción moderna lleva el nombre del Libro de Ether.

En la historia, cual la tenemos, no se da el nombre del primero y principal profeta de los jareditas, sino sola­mente se conoce como el hermano de Jared. En cuanto a su pueblo, nos enteramos de que en medio de aquella confusión en Babel, Jared y su hermano rogaron ante el Señor que ellos y sus compañeros fuesen librados de la dispersión inminente. Se escuchó su oración, y junto con un grupo considerable que, como ellos, no se había contaminado con la adoración de ídolos, el Señor los llevó de sus casas, prometiendo conducirlos a un país escogido sobre todos los demás. No se sabe con exactitud la ruta que siguieron; sólo sabemos que llegaron al océano y que allí construyeron ocho naves o barcos, en los cuales se hicieron a la mar. Estos barcos eran pequeños y carecían de luz por dentro, pero el Señor hizo luminosas ciertas piedras, las cuales dieron luz a los viajeros encerrados. Después de un viaje de trescientos cuarenta y cuatro días, la colonia desembarcó en las costas de América.

Aquí la colonia llegó a ser una nación floreciente; pero, cediendo con el tiempo a disensiones internas, se dividieron en bandos que combatieron entre sí hasta que el pueblo quedó totalmente destruido. Esta destrucción que ocurrió cerca del cerro Rámah, al que los nefitas más tarde dieron el nombre de Cumora, se verificó más o menos al tiempo de la llegada de Lehi, aproximadamente 590 años antes de Cristo. El último representante de esta malaventurada nación fué el rey Coriántumr, acerca del cual Ether había profetizado que habría de sobrevivir a todos sus subditos y viviría para ver a otro pueblo tomar posesión del país. Esta profecía se cumplió cuando el rey, cuyo pueblo había sido exterminado, llegó en el curso de sus solitarios recorridos a una región que había ocupa­do el pueblo de Mulek, la tercera colonia antigua de emigrantes del continente oriental.

Mulek era hijo dé Sedecías, rey de Judá, y se hallaba en su infancia cuando ocurrieron las muertes violentas de sus hermanos y el cruel tormento de su padre a manos del rey de Babilonia. Once años después que Lehi partió de Jerusalén, salió de dicha ciudad otro grupo en el cual iba Mulek. La colonia tomó el nombre del príncipe, probablemente porque era reconocido como el jefe, en virtud de su sangre real. El Libro de Mormón muy poco dice de Mulek y su pueblo; nos enteramos, sin embargo, de que la colonia fué traída a través de las aguas y que tal vez desembarcó en el norte del continente americano. Los nefitas bajo Mosíah descubrieron a los descendientes de esta colonia. Habían llegado a ser muy numerosos, pero como no tenían Escrituras para guiarse, habían caído en una condición de obscuridad espiritual. Se unieron a los nefitas, y su historia está comprendida en la de la nación mayor. Los nefitas dieron el nombre de Mulek a una parte de Norteamérica.

LAS PLANCHAS  ANTIGUAS  Y  LA  TRADUCCIÓN

Las Planchas del Libro de Mormón que el ángel Moro-ni entregó a José Smith, según la descripción que el pro­feta ha dado, eran de oro, de tamaño uniforme, de unas siete pulgadas de ancho por ocho de largo (17×20 cms.), y su espesor poco menos que el de la hoja de lata común. Las sujetaban tres anillos que las atravesaban cerca de una de las márgenes, y en conjunto formaban un libro de casi seis pulgadas (quince centímetros) de grueso. No se ha traducido todo, porque una parte estaba sellada. Sobre ambos lados de las planchas se habían grabado caracteres pequeños que, según los que los examinaron, eran de maestría curiosa y tenían la apariencia de ser de origen antiguo.

En la portada del Libro de Mormón se mencionan tres clases de planchas:

  1. Las Planchas de Nefi que, como se verá, eran de dos clases: (a) las planchas mayores; (b) las planchas me­nores.
  2. Las Planchas de Mormón que contenían un com­pendio de las planchas de Nefi y aditamentos de Mormón y su hijo Moroni.
  3. Las Planchas de Ether que contenían la historia de los jareditas.

A éstas puede agregarse otra colección de planchas que menciona el Libro de Mormón, y que en cuanto a tiempo son las más antiguas:

  1. Las Planchas de Bronce de Labán que el pueblo de Lehi trajo de Jerusalén, las cuales contenían las Escrituras y genealogías de los judíos. De éstas aparecen muchos extractos en los anales nefitas. Nos falta ahora considerar con más particularidad las planchas de Nefi y el compen­ dio que de ellas hizo Mormón.

Las Planchas de Nefi se llaman así porque Nefi, el hijo de Lehi, las preparó y sobre ellas empezó su historia. Estas planchas eran de dos clases, y las podemos distin­guir designándolas las planchas mayores y las planchas menores. Nefi inició su labor de historiador grabando sobre sus planchas una narración histórica de su pueblo desde el tiempo en que su padre salió de Jerusalén. Esta narración refería sus viajes, prosperidad y aflicciones, los remados de sus reyes y las guerras y contenciones del pueblo, con carácter de historia secular. Estas planchas pasaron de un historiador a otro por todas las generacio­nes del pueblo nefita; de manera que cuando las compen­dió Mormón, estos anales abarcaban un período de aproxi­madamente mil años, empezando desde el año 600 antes de Cristo, cuando salió Lehi de Jerusalén. Aunque estas planchas recibieron el nombre del primero que escribió en ellas, la obra individual de cada uno de los historia­dores generalmente lleva su propio nombre, de ma­nera que el volumen se compone de varios libros distintos. Mandado por el Señor, Nefi hizo otras planchas sobre las cuales particularmente escribió lo que se podría llamar, en términos generales, la historia eclesiástica de su pueblo, refiriéndose únicamente a los acontecimientos históricos cuando se hacía necesario darle la debida con­tinuidad a la narración. “Recibí un mandato del Señor— dice Nefi—de hacer estas planchas con el objeto especial de que se grabase una relación del ministerio de mi pueblo.” Nefi ignoraba el propósito de estas dos histo­rias; para él fué suficiente que el Señor le requiriese esa obra. Más adelante se verá que fué para un sabio pro­pósito.

El Compendio de Mormón.— Con el transcurso del tiempo, las planchas que se habían ido acumulando lle­garon a manos de Mormón,’ quien emprendió la tarea de compendiar estas obras extensas sobre planchas que él había hecho con sus propias manos. De esta manera se preparó una relación más concisa y más uniforme en su estilo, lenguaje y tema, de lo que se habría logrado con los distintos escritos de los muchos autores que contribu­yeron a la gran historia durante los siglos de su creci­miento. Mormón reconoce la inspiración de Dios que obró en él para emprender la gran obra, y de ello da testi­monio. En la preparación de esta historia más pequeña, Mormón conservó la división del volumen en libros, de acuerdo con el orden de los originales, y así, aunque el lenguaje es el de Mormón, salvo cuando se cita directa­mente de las planchas de Nefi, como sucede en numerosas ocasiones, hallamos que en los Libros de Nefi, el Libro de Alma, el Libro de Helamán, etc., generalmente se conserva la forma de expresión que se llama de primera persona.

En el curso del compendio de los voluminosos anales, habiendo llegado al reinado del rey Benjamín, Mormón quedó profundamente impresionado con la relación que las planchas menores de Nefi daban de los hechos de Dios con el pueblo durante un período de unos cuatro siglos, desde la salida de Lehi de Jerusalén hasta los días del rey Benjamín. Mormón manifestó gran reverencia hacia esta narración que contenía tantas profecías sobre la misión del Salvador. No intentó transcribir estas plan­chas, sino que puso los originales junto con su propio compendio de las planchas mayores, haciendo de las dos un solo libro. De manera que los anales, cual fueron re­copilados por Mormón, contenían un relato doble de los descendientes de Lehi durante los primeros cuatrocientos años de su historia, a saber, la breve narración secular condensada de las planchas mayores y el texto completo de las planchas menores. En palabras solemnes, y con un énfasis cuya importancia los hechos subsiguientes han destacado, Mormón expresa la prudencia oculta del Señor en esta duplicación: “Y hago esto para un sabio propó­sito; pues así me lo susurran las impresiones del Espíritu del Señor que hay en mí. Y he aquí, no sé todas las cosas; mas el Señor sabe todo lo que ha de suceder; por tanto, él obra en mí para que yo proceda conforme a su volun­tad.”

El Propósito del Señor en la preparación y preserva­ción de las planchas menores, de lo cual testifican Mormón así como Nefi, se ha manifestado en esta dispensa­ción de los últimos días, en ciertas circunstancias que sobrevinieron en el curso de la traducción de las plan­chas cual fué efectuada por José Smith. Después de haber traducido la primera parte de los escritos de Mormón, se logró desposeer al profeta del manuscrito debido a la injusta insistencia de Martín Harris, a quien creía deber algunos favores por motivo de la ayuda material que éste le suministraba mientras dedicaba su tiempo a la obra. Este manuscrito, de ciento dieciséis páginas por todo, jamás fué devuelto a José, sino que mediante las tene­brosas maquinaciones de poderes malignos cayó en manos de sus enemigos, quienes inmediatamente fraguaron un perverso plan para ridiculizar al traductor y frustrar los designios de Dios. Dicho proyecto consistía en que los conspiradores iban a esperar hasta que José tradujese de nuevo la materia perdida, y entonces presentar el manus­crito robado, que mientras tanto iban a alterar a fin de que expresara lo contrario de la relación verdadera, y así demostrar que el profeta no podía traducir igual, por segunda vez, los mismos pasajes. Pero la sabiduría del Señor intervino para hacer fracasar estos malévolos designios.

Habiendo castigado al profeta, privándolo por cierto tiempo de su don de traducir así como del cargo que tenía de los sagrados anales, por su negligencia en haber permitido que los escritos llegaran a manos de quienes no deberían, el Señor misericordiosamente concedió su gracia otra vez a su siervo arrepentido y le reveló las intrigas de sus enemigos, demostrándole al mismo tiempo cómo iban a ser frustrados esos malvados artificios. Instruyóse a José que no intentara traducir de nuevo aquella parte del compendio de Mormón, cuya traducción se había perdido, sino que en su lugar tradujera la historia de la misma época, tomándola de las planchas de Nefi, las planchas pequeñas que Mormón había incorporado con sus propios escritos. De modo que esta traducción se publicó como la relación de Nefi y no como parte de los escritos de Mormón; por tanto, no se hizo una segunda traducción de las partes que se hallaban en el manuscrito robado.

La Traducción del Libro de Mormón se efectuó me­diante el poder de Dios, que se manifestó en la recepción del don de revelación. El libro no pretende depender de la sabiduría o el entendimiento del hombre; su traductor no era versado en idiomas; sus capacidades eran de un orden diferente y más eficiente. Además de las planchas, José Smith recibió del ángel otros tesoros sagrados que in­cluían un peto, al cual estaban sujetos el Urim y Tumim, llamados Intérpretes por los nefitas. Con la ayuda de éstos pudo traducir los antiguos anales a una lengua moderna. No se han revelado los detalles de la obra de la traducción aparte del hecho de que el traductor exami­naba los caracteres grabados por medio de los sagrados instrumentos, y entonces dictaba al escribiente las frases en inglés.

Inició su tarea con las planchas copiando paciente­mente varios de los caracteres y añadiendo su traduc­ción a algunas de las páginas así preparadas. El primer ayudante del profeta, Martín Harris, recibió permiso de llevar algunas de estas copias con el fin de presentarlas a hombres instruidos en idiomas antiguos para que las examinaran. Llevó unas hojas al profesor Carlos Anthon del Colegio de Columbia, quien después de estudiarlas certificó que los caracteres eran por lo general del antiguo orden egipcio, y que las traducciones que las acompaña­ban parecían estar correctas. Al saber cómo habían lle­gado los anales antiguos a manos de José, el profesor Anthon le dijo al Sr. Harris que le llevara el libro original para examinarlo, declarando que él se comprometería a traducir el libro; mas oyendo que parte del libro estaba sellado, dijo: “No puedo leer un libro sellado”. Así fué como, sin saberlo, este hombre cumplió la profecía de Isaías concerniente a la venida de este volumen: “Y os será toda visión como palabras de libro sellado, el cual si dieren al que sabe leer, y le dijeren: Lee ahora esto; él dirá: No puedo, porque está sellado.”  Otro lingüista, un profesor Mítchell, de Nueva York, después de haber examinado los caracteres, dió un testimonio de ellos que correspondía en todos los detalles importantes con el del profesor Anthon.

El Orden del Libro de Mormón.El Libro de Mormón comprende quince partes separadas, que con una sola excepción se llaman libros, y se distinguen por los nom­bres de sus autores principales. Los primeros seis libros, a saber, Primer y Segundo Nefi, Jacob, Enós, Jarom y Omni, son traducciones literales de partes correspon­dientes de las planchas menores de Nefi. El resto del volumen, desde el Libro de Mosíah hasta el séptimo capí­tulo de Mormón, inclusive, es la traducción del compendio que Mormón hizo de las planchas mayores de Nefi. Entre los libros de Omni y Mosíah se encuentran las “Palabras de Mormón” que enlazan la relación de Nefi, grabada sobre las planchas menores, y el compendio hecho por Mormón de las planchas mayores. Puede decirse que las Palabras de Mormón son una breve explicación de la pri­mera porción de la obra, a la vez que un prefacio de las partes subsiguientes. La última división del Libro, desde el principio del capítulo ocho de Mormón hasta el fin del libro, es obra de Moroni, hijo de Mormón, quien primeramente concluye la relación de su padre y luego añade el bosquejo de las planchas que contenían la his­toria de los jareditas. Este resumen se conoce como el Libro de Ether.

En la época en que escribió estas cosas, Moroni se en­contraba solo: el único representante que quedaba vivo de su pueblo, con excepción del gran número que se había aliado con los lamanitas. La última de las guerras fratricidas entre nefitas y lamanitas había resultado en la exterminación de aquéllos como pueblo, y Moroni había creído que su compendio del Libro de Ether sería su última obra literaria; pero viendo que milagrosamente había sido preservado a la conclusión de aquella tarea, agregó la parte que conocemos como el Libro de Moroni, la cual contiene la manera de proceder en las ordena­ciones, bautismos y administración de la Santa Cena, y algunas palabras y escritos de Mormón, su padre.

La Autenticidad del Libro de Mormón se hará más patente después de una investigación imparcial de las circunstancias que acompañaron su venida. Las fan­tásticas teorías propuestas por enemigos predispuestos sobre el origen del libro son, por lo general, demasiado incongruentes, y en la mayor parte de los casos suma­mente pueriles, para merecer una consideración seria. Las suposiciones de que el Libro de Mormón es la obra de un solo autor o de un grupo de hombres que traba­jaron en combinación, o que es una novela o una composición moderna, solas se refutan. El carácter sagrado de las planchas impidió que se exhibieran para satisfacer la curiosidad personal; sin embargo, un número de testigos honrados las examinó, y estos hombres han testificado solemnemente de ello al mundo. Las profecías relativas a los testigos, cuyos testimonios habrían de ser el medio de establecer la palabra de Dios cual se halla en el Libro de Mormón, se cumplieron en junio de 1829, en una mani­festación de poder divino que demostró la autenticidad de las planchas a tres hombres, cuyas afirmaciones acompa­ñan todas las ediciones del libro.

EL TESTIMONIO DE TRES TESTIGOS

Conste a todas las naciones, familias, lenguas y pue­blos, a quienes llegare esta obra, que nosotros, por la gracia de Dios el Padre, y de nuestro Señor Jesucristo, hemos visto las planchas que contienen esta relación, la cual es una historia del pueblo de Nefi, y también de los lamanitas, sus hermanos, y también del pueblo de Jared que vino de la torre de que se ha hablado. Y también sabemos que han sido traducidas por el don y el poder de Dios, porque así su voz nos lo declaró; por tanto, sabemos con certeza que la obra es verdadera. También testificamos haber visto los grabados sobre las planchas; y se nos han mostrado por el poder de Dios y no por el de ningún hombre. Y declaramos con palabras solemnes que un ángel de Dios bajó del cielo, y que trajo y puso las planchas delante de nuestros ojos, de manera que las vimos y contemplamos, así como los grabados que contenían; y sabemos que es por la gracia de Dios el Padre, y de nuestro Señor Jesucristo, que vimos y testificamos que estas cosas son verdaderas. Y es mara­villoso en nuestra vista. Sin embargo, la voz del Señor mandó que testificásemos de ello; por tanto, para ser obedientes a los mandatos de Dios, testificamos de estas cosas. Y sabemos que si somos fieles en Cristo, nuestros vestidos quedarán limpios de la sangre de todos los hombres, y nos hallaremos sin mancha ante el tribunal de Cristo, y moraremos eternamente con él en los cielos. Y sea la honra al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, que es un Dios.   Amén.

Oliverio Cowdery
David Whitmer
Martin Harris

El testimonio anterior jamás ha sido revocado, ni siquiera modificado por ninguno de los testigos cuyos nombres aparecen junto con la declaración, a pesar de que todos se alejaron de la Iglesia, y sus sentimientos hacia el profeta José Smith casi se convirtieron en odio. Hasta el fin de sus vidas sostuvieron la misma declara­ción solemne de la visita angélica y del testimonio que había quedado grabado en sus corazones. Poco después de haber presenciado estos tres las planchas, concedióseles a ocho personas más ver y palpar los antiguos anales; y en esto también se cumplieron las profecías, pues en la antigüedad se declaró que además de los tres, “Dios envía más testigos”, cuyo testimonio sería agregado al de los tres. José Smith enseñó las planchas, probable­mente en julio de 1829, a los ocho, cuyos nombres acom­pañan el siguiente certificado:

EL TESTIMONIO DE OCHO TESTIGOS

Conste a todas las naciones, familias, lenguas y pueblos, a quienes llegare esta obra, que José Smith, hijo, el traductor de ella, nos ha mostrado las planchas de que se ha hablado, las que tienen la apariencia de oro; y hemos palpado con nuestras manos cuantas hojas el referido Smith ha traducido; y también vimos los grabados que contenían, todo lo cual tiene la apariencia de una obra antigua y de hechura exquisita. Y testificamos de esto con palabras solemnes, y de que el citado Smith nos ha mostrado las planchas de que hemos hablado, por­que las hemos visto y palpado, y con certeza sabemos que el susodicho Smith las tiene en su poder. Y damos nuestros nombres al mundo en testimonio de lo que hemos visto. Y no mentimos, pues Dios es nuestro testigo.

Cristian Whitmer
Jacob Whitmer
Pedro Whitmer, hijo
Juan Whitmer
Hiram Page
José Smith, padre
Hyrum Smith
Samuel H. Smith

Tres de los ocho testigos murieron fuera de la Iglesia; sin embargo, jamás se ha sabido que alguno de ellos haya negado su testimonio respecto del Libro de Mormón.

Aquí, pues, hay pruebas de varias clases respecto de la veracidad de este volumen. El traductor relata sencilla y circunstancialmente cómo aparecieron las antiguas planchas, y afirma que la traducción se efectuó mediante el poder de Dios; notables lingüistas declaran la autenticidad de los caracteres; once hombres de buena reputación, aparte del traductor, hacen una solemne aserción con respecto a la apariencia de las planchas, y la naturaleza del libro mismo apoya la afirmación de que no es otra cosa sino la traducción de anales antiguos.

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