Los Artículos de Fe

Capítulo 18
EL RECOGIMIENTO DE ISRAEL

Artículo 10.Creemos en la congregación literal del pueblo de Israel y en la restauración de las diez tribus; . . .

Predícese el Recogimiento.Aun cuando fué es­pantoso el castigo decretado sobre Israel a causa de su rebelión, que resultó, como ya se ha visto, en su des­membramiento como nación, a pesar de la severidad con que los denunció aquel Ser que se deleitaba en llamarlos su pueblo, sin embargo, en todos sus sufri­mientos y privaciones, mientras han vagado como parias entre naciones extranjeras que no han cesado de tratar­los con injurias e insultos, cuando su nombre mismo se ha convertido en un escarnio y oprobio sobre la tierra, todavía los ha sustentado la palabra profética más permanente relativa al día de glorioso rescate y ben­dita restauración que los espera. Los anatemas, bajo los cuales sufrieron y gimieron, contenían promesas de bendi­ciones. Del corazón del pueblo, así como del alma de su rey en los días de su aflicción, ha surgido un cántico de gozo envuelto en lágrimas: “No dejarás mi alma en el sepulcro”. Los sufrimientos de Israel no han sido sino el castigo necesario de un afligido pero amante Padre, quien por estos medios eficaces determinó purificar a sus hijos de las manchas del pecado. Les ha declarado sin reserva el fin que persigue con permitir que sean afligidos; y ellos, en su castigo, han visto su amor: “Porque el Señor al que ama castiga” y “bienaventurado el hombre a quien tú, Jah, castigares.”

Aunque han sido heridos de los hombres y muchos de ellos han desaparecido del conocimiento del mundo, los de Israel no están perdidos para su Dios. El sabe dónde los han llevado o echado; su corazón aún se in­clina hacia ellos con amor paternal; y ciertamente él los ha de traer en el debido tiempo y por los medios señala­dos a una posición de prosperidad e influencia como co­rresponde a su pueblo del convenio. A pesar de sus pe­cados, y no obstante las tribulaciones que ellos mismos amontonaban sobre sus cabezas, el Señor dijo: “Y aun con todo esto, estando ellos en tierra de sus enemigos, yo no los desecharé, ni los abominaré para consumirlos, in­validando mi pacto con ellos: porque yo Jehová soy su Dios.” Tan completo como fué la dispersión será el recogimiento de Israel.

Profecías Bíblicas Concernientes al Recogimiento. Hemos examinado algunas de las profecías bíblicas rela­tivas a la dispersión de Israel; y en todos los casos la bendición de una restauración consiguiente acompaña la maldición. En una de las antiguas profecías el Señor declara que acontecerá que cuando tú, Israel, “te con­virtieres a Jehová tu Dios, y obedecieres su voz conforme a todo lo que mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma, Jehová también volverá tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y tornará a reco­gerte de todos los pueblos a los cuales te hubiere esparcido Jehová tu Dios. Si hubieres sido arrojado hasta el cabo de los cielos, de allí te recogerá Jehová tu Dios, y de allá te tomará: y volverte ha Jehová tu Dios a la tierra que heredaron tus padres, y la poseerás; y te hará bien, y te multiplicará más que a tus padres.”

Nehemías suplicó con oración y ayuno que el Señor se acordara de su promesa de restaurarlos, si el pueblo se tornaba a la rectitud. Isaías habló en términos posi­tivos del seguro regreso y reunión de Israel esparcido, diciendo: “Asimismo acontecerá en aquel tiempo, que Jehová tornará a poner otra vez su mano para poseer las reliquias de su pueblo que fueron dejadas … Y levan­tará pendón a las gentes, y juntará los desterrados de Israel, y reunirá los esparcidos de Judá de los cuatro cantones de la tierra.”

La restauración va a ser comprensiva; habrá un pueblo unido; no serán por más tiempo dos reinos enemigos, por­que “se disipará la envidia de Ephraim, y los enemigos de Judá serán talados. Ephraim no tendrá envidia contra Judá, ni Judá afligirá a Ephraim”. Hablando como padre cariñoso, el Señor se refiere a la manera en que ha trata­do a Israel, y disipa las sombras de su desolación con el destello de esta promesa: “Por un pequeño momento te dejé; mas te recogeré con grandes misericordias. Con un poco de ira escondí mi rostro de ti por un momento; mas con misericordia eterna tendré compasión de ti, dijo tu Redentor Jehová.”

Después de hacer una espantosa relación de los pe­cados del pueblo y los castigos que seguirían, Jeremías expresó de esta manera la voluntad y propósito de Dios respecto de la liberación consiguiente: “He aquí, vienen días, dice Jehová, que no se dirá más: Vive Jehová, que hizo subir a los hijos de Israel de tierra de Egipto; sino: Vive Jehová, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra del aquilón, y de todas las tierras a donde los había arrojado: y volverélos a su tierra, la cual di a sus padres.

He aquí que yo envío muchos pescadores, dice Jehová, y los pescarán; y después enviaré muchos cazadores, y los cazarán de todo monte, y de todo collado, y de las caver­nas de los peñascos.”j Y añade: “He aquí yo los vuelvo de tierra del aquilón, y los juntaré de los fines de la tierra . . . Oíd palabra de Jehová, oh gentes, y hacedlo saber en las islas que están lejos, y decid: El que esparció a Israel lo juntará y guardará, como pastor a su ganado. Porque Jehová redimió a Jacob, redimiólo de mano del más fuerte que él. Y vendrán, y harán alabanzas en lo alto de Sión, y correrán al bien de Jehová.”

“Rebelde Israel”, “desleal Judá”, fué el duro reproche que el Señor dirigió a su pérfido pueblo. Entonces dió mandamiento al profeta, diciendo: “Ve, y clama estas palabras hacia el aquilón, y di: Vuélvete, oh rebelde Israel, dice Jehová; no haré caer mi ira sobre vosotros: porque misericordioso soy yo, dice Jehová, no guardaré para siempre el enojo. Conoce empero tu maldad, porque contra Jehová tu Dios has prevaricado, y tus caminos has derramado a los extraños debajo de todo árbol umbroso, y no oíste mi voz, dice Jehová. Convertios, hijos rebeldes, dice Jehová, porque yo soy vuestro esposo: y os tomaré uno de una ciudad, y dos de una familia, y os introduciré en Sión; y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten de ciencia e inteligencia. Y acontecerá, que cuando os multiplicareis y creciereis en la tierra en aque­llos días, dice Jehová, no se dirá más: Arca del pacto de Jehová; ni vendrá al pensamiento, ni se acordarán de ella, ni la visitarán, ni se hará más. En aquel tiempo llamarán a Jerusalem Trono de Jehová, y todas las gen­tes se congregarán a ella en el nombre de Jehová en Jerusalem; ni andarán más tras la dureza de su corazón malvado. En aquellos tiempos irán de la casa de Judá a la casa de Israel, y vendrán juntamente de tierra del aquilón a la tierra que hice heredar a vuestros padres.”

También a Ezequiel el Señor reveló el plan de la res­tauración de Israel: “Así ha dicho el Señor Jehová: He aquí, yo tomo a los hijos de Israel de entre las gentes a las cuales fueron, y los juntaré de todas partes, y los traeré a su tierra: y los haré una nación en la tierra, en los montes de Israel; y un rey será a todos ellos por rey; y nunca más serán dos naciones, ni nunca más serán divididos en dos reinos.”

En la revelación dada por medio de Amós se hace evidente que el restablecimiento ha de ser estable, pues leemos que el Señor dijo: “Y tornaré el cautiverio de mi pueblo Israel, y edificarán ellos las ciudades asoladas, y las habitarán; y plantarán viñas, y beberán el vino de ellas; y harán huertos, y comerán el fruto de ellos. Pues los plantaré sobre su tierra, y nunca más serán arran­cados de su tierra que yo les di, ha dicho Jehová Dios tuyo.”

Para concluir dignamente nuestra selección de pro­fecías bíblicas, reflexionemos las palabras que Jesús de Nazaret pronunció cuando vivió entre los hombres: “Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán sus escogidos de los cuatro vientos, de un cabo del cielo hasta el otro.”

Profecías del Libro de Mormón.El tema del recogi­miento de Israel captó la atención de muchos profetas cuyas enseñanzas se encuentran en el Libro de Mormón; y no es poca la revelación directa sobre este asunto que se halla escrita entre las páginas de dicho libro. Ya nos hemos referido a las palabras de Lehi en el valle de Lemuel, cuando este profeta y patriarca comparó la casa de Israel a un olivo cuyas ramas iban a ser desgajadas y esparcidas. Vamos ahora a agregar su profecía de la subsiguiente restitución de las ramas. Enseñó que “des­pués que la casa de Israel fuese esparcida, sería de nuevo recogida; o por último, después que los gentiles hubiesen recibido la plenitud del evangelio, las ramas naturales del olivo o los restos de la casa de Israel serían injertados o llegarían al conocimiento del verdadero Mesías, su Señor y Redentor”.

Nefi, citando las profecías de Zenós, hace hincapié en la afirmación de que Israel, luego que haya sido purificado por medio de sus sufrimientos, de nuevo volverá a la gracia del Señor y será recogido de las cuatro partes de la tierra; y las islas del mar no serán olvidadas, Jacob, el hermano de Nefi, testificó de la verdad de las profecías de Zenós e indicó que el tiempo del recogimiento sería una de las señales características de los últimos días. Notemos sus palabras: “Y el día en que el Señor vuelva a extender su mano por segunda vez para restablecer a su pueblo, será el día, sí, la última vez que los siervos del Señor saldrán con potestad de él para cultivar y podar su viña, y después de esto, pronto vendrá el fin.”

Una de las predicciones más comprensivas, respecto de la restauración de los judíos, es esta expresión de Nefi: “Por tanto, los judíos serán dispersados entre todas las naciones; sí, y también Babilonia será destruida; por consiguiente, otras naciones dispersarán a los judíos. Y después de haber sido dispersados, y el Señor Dios los haya castigado por otros pueblos durante muchas gene­raciones, sí, de generación en generación, hasta ser persuadidos a creer en Cristo, el Hijo de Dios, y en la expiación que es infinita para todo el género humano; y cuando llegue el día en que crean en Cristo y adoren al Padre en su nombre, con corazones puros y manos limpias, y no esperen más a otro Mesías, entonces en esa época llegará el día en que será oportuno que crean estas cosas. Y el Señor volverá a extender su mano por segunda vez para restaurar a su pueblo de su estado perdido y caído. Por tanto, él efectuará una obra mara­villosa y un prodigio entre los hijos de los hombres.”

Comentando las palabras de Isaías sobre los sufrimien­tos y triunfo subsiguiente del pueblo de Israel, Jacob expone las condiciones según las cuales se efectuará su recogimiento, y dice que Dios las “ha declarado a los judíos por boca de sus santos profetas, aun desde el prin­cipio, de generación en generación, hasta que llegue la época de su restauración a la verdadera iglesia y redil de Dios, cuando serán juntados en el país de su herencia, y serán establecidos en todas sus tierras de promisión.”

A juzgar por estas Escrituras y otras, es evidente que la época del rescate o redención completa de los judíos dependerá de su aceptación de Cristo como su Señor. Cuando llegue ese día, serán recogidos al país de sus padres; y los gentiles, según hacen constar las siguientes palabras de Jacob, están destinados a desempeñar un papel grande y honorable en la obra de la congregación: “Pero he aquí, así dice el Señor Dios: Cuando llegue el día en que crean en mí y que yo soy Cristo, he pactado con sus padres que entonces serán restaurados, en la carne, a los países de su herencia, sobre la tierra. Y acon­tecerá que serán reunidos de su larga dispersión, desde las islas del mar y desde las cuatro partes de la tierra; y serán grandes a mis ojos las naciones de los gentiles, dice Dios, en llevarlos a las tierras de su herencia. Sí, los reyes de los gentiles les serán por ayos, y sus reinas por nodrizas; por tanto, grandes son las promesas del Señor a los gentiles, porque él lo ha dicho, y ¿quién puede disputarlo?”

Varios profetas del Libro de Mormón declaran que los gentiles han de ayudar a preparar a los judíos y al resto de la casa de Israel que estará sobre el continente occidental; y también se detallan las bendiciones que por ese medio los gentiles podrán granjearse.1 Para el pre­sente objeto nos bastará una sola referencia, esta declara­ción del Señor resucitado, durante su breve ministerio entre los nefitas: Pero si (los gentiles) se arrepienten, y escuchan mis palabras, y no endurecen sus cora­zones, estableceré mi iglesia entre ellos; y entrarán en el convenio y serán contados entre este resto de Jacob, al cual he dado este país por herencia. Y ayudarán a mi pueblo, el resto de Jacob, y también cuantos vengan de la casa de Israel, a construir una ciudad que será llamada la Nueva Jerusalén. Y entonces ayudarán a mi pueblo que está dispersado por toda la superficie del país, a congregarse en la Nueva Jerusalén. Y entonces el poder del cielo descenderá entre ellos, y también yo estaré en medio. Y en ese día empezará la obra del Padre, sí, cuando sea predicado este evangelio al resto de este pueblo. De cierto os digo que en ese día empezará la obra del Padre entre todos los dispersos de mi pueblo, sí, entre las tribus perdidas que el Padre ha sacado de Jerusalén. Sí, la obra empezará entre todos los dis­persos de mi pueblo, mediante el Padre, para preparar la vía por la cual pueden venir a mí, a fin de que invo­quen al Padre en mi nombre. Sí, y entonces empezará, mediante el Padre, la obra de preparar la vía, entre todas las naciones, por la cual su pueblo podrá volver al país de su herencia.”

Revelación de los Últimos Días Relativa al Recogi­miento.—Hemos hallado abundante prueba del cumpli­miento estrictamente literal de las profecías que se refie­ren a la dispersión de Israel. Las que hablan del recogi­miento sólo en parte se han cumplido; porque, aun cuan­do se ha iniciado favorablemente la obra de la congre­gación y actualmente goza de un progreso activo, la con­sumación es aún futura. Es razonable, pues, hallar reve­lación y profecía respecto de este asunto tanto en las escrituras modernas como en los escritos inspirados de la antigüedad. Dirigiéndose a los élderes de la Iglesia en esta dispensación, el Señor da a conocer su propósito de juntar a su pueblo “como la gallina junta a sus pollos debajo de sus alas”, y añade: “Sois llamados para efec­tuar el recogimiento de mis electos; porque mis elegidos escuchan mi voz y no endurecen sus corazones. Por lo tanto, el Padre ha decretado que serán recogidos en un solo lugar sobre la faz de la tierra, a fin de preparar sus corazones y prepararse ellos mismos en todas las cosas, para el día cuando se derramarán tribulación y desola­ción sobre los malvados.”

Escuchemos también la palabra del Señor a la Iglesia en la época actual que no sólo profetiza el recogimiento de los santos en Sión, sino anuncia que ha llegado la hora de esa congregación: “Por tanto, preparaos, prepa­raos, oh mi pueblo; santifícaos, juntaos, vosotros, oh pue­blo de mi iglesia … Sí, de cierto os digo otra vez, el tiempo ha llegado cuando la voz del Señor se dirige a vosotros: Salid de Babilonia; congregaos de entre las naciones, de los cuatro vientos, desde un cabo del cielo hasta el otro.”

Extensión y Propósito del Recogimiento.—Algunas de las profecías ya citadas se relacionan particularmente con la restauración de las Diez Tribus; otras hablan del regre­so del pueblo de Judá a la tierra de su herencia; todavía otras se refieren a la rehabilitación de Israel en general, sin mencionar tribus u otras divisiones, mientras que muchos pasajes de las revelaciones de la dispensación actual tienen que ver con el recogimiento de aquellos que se han unido a la Iglesia de Cristo cual ha sido res­tablecida. Es evidente, pues, que el plan del recogimiento abarca:

  1. La congregación del pueblo de Israel en la tierra de Sión, de entre todas las naciones de la tierra.
  2. El regreso de los judíos a Jerusalén.
  3. La restauración de las Tribus Perdidas.

La manera en que se han enumerado estos aconteci­mientos es más bien por conveniencia, y nada tiene que ver con el orden en que se efectuarán los varios recogi­mientos. La primera división constituye una parte muy importante de la labor actual de la Iglesia, aunque tam­bién incluye o abraza la obra de ayudar en la restaura­ción de las Tribus Perdidas. Una revelación dada en el templo de Kírtland nos informa que con toda solemni­dad se entregó a la Iglesia el nombramiento y la autori­dad para efectuar la obra. Y por conducto de nadie se podría conferir más dignamente esta autoridad que me­diante aquel que por comisión divina la recibió en una dispensación anterior de Israel unido. Moisés, quien fué el representante del Dios de Israel cuando el Señor exten­dió su mano la primera vez para guiar a su pueblo a la tierra de su herencia señalada, ha venido en persona y ha entregado a la Iglesia de los últimos días la autoridad para oficiar en la obra, ahora cuando el Señor “ha exten­dido su mano por la segunda vez” para rescatar a su pueblo.

José Smith y Oliverio Cówdery, a quienes se había conferido debidamente el apostolado, testifican en estos términos de las manifestaciones que recibieron: “Los cielos de nuevo se abrieron ante nosotros. Se nos mani­festó Moisés, y nos entregó las llaves de la congregación de Israel de las cuatro partes de la tierra, y de la conduc­ción de las diez tribus, del país del norte.”  En una reve­lación posterior se hizo resaltar la importancia de esta obra que se requería de la Iglesia. En ella el Señor dió este mandamiento: “Enviad los élderes de mi iglesia a las naciones que se encuentran lejos; a las islas del mar; enviadlos a los países extranjeros; llamad a todas las naciones, primeramente a los gentiles y después a los judíos. He aquí, éste será su pregón y la voz del Señor a todo pueblo: Id a la tierra de Sión . . . Huyan, pues, a Sión los que se hallan entre los gentiles. Y huyan los que son de Judá a Jerusalén, al monte de la casa del Señor.   Salid de en medio de las naciones, aun de Babilonia, de en medio de la iniquidad que es la Babilonia espiritual.”

La última frase del pasaje anterior indica el propósito para el cual se ha decretado esta obra de reunir a los santos de entre las naciones de la tierra. El Señor desea que los de su pueblo se aparten de los pecados del mundo y salgan de la Babilonia espiritual para que lleguen a conocer las vías de Dios y puedan servirle más cabal­mente. Juan el Revelador vió en visión, durante su destierro en Patmos, el destino del mundo pecador. Des­cendió un ángel del cielo, “y clamó con fortaleza en alta voz, diciendo: Caída es, caída es la grande Babilonia, y es hecha habitación de demonios, y guarida de todo espí­ritu inmundo, y albergue de todas aves sucias y aborre­cibles … Y oí otra voz del cielo, que decía; Salid de ella, pueblo mío, porque no seáis participantes de sus pecados, y que no recibáis de sus plagas; porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades.”

La fe de los Santos de los Últimos Días enseña que en el día del justo enojo del Señor, solamente en Sión habrá seguridad. En la gran magnitud del trabajo misio­nero que este pueblo está efectuando en la actualidad queda ampliamente demostrado cuán importante estiman ellos la obra del recogimiento, y con cuanta fidelidad se empeñan por cumplir con el deber que les ha sido im­puesto por autoridad divina, deber que consiste en amonestar al mundo de los peligros inminentes que se describen en la visión del Revelador.

Israel, el Pueblo del Convenio.El Señor ha llamado al pueblo de Israel particularmente suyo. Hizo convenio con Abrahán, diciendo: “Haré de ti una nación grande, y bendecirte he, y engrandeceré tu nombre, y serás bendi­ción: y bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré: y serán benditas en ti todas las naciones de la tierra.” Este pacto habría de ser eterno. Se confirmó sobre Isaac y a su vez sobre Jacob, quien fué llamado Israel. Literalmente se han cumplido las promesas de una posteridad numerosa, entre la cual habría muchas personas de alta categoría; y no menos cabal ha sido el cumplimiento de la segunda parte de la profecía, que en los descendientes de Abrahán, y por conducto de ellos, serían bendecidas todas las familias de la tierra. Porque a causa de su esparcimiento universal, los hijos de Israel se han mezclado con las naciones; y la sangre del pueblo del convenio se ha derramado entre las naciones. Y hoy, en este día del recogimiento, cuando el Señor de nuevo está juntando a su pueblo para honrar­lo y bendecirlo con mucho más de todo cuanto el mundo puede dar, toda nación que tenga la sangre de Israel en las venas de sus ciudadanos participará de las bendi­ciones.

Pero hay otra prueba, más notable aún, de las bendi­ciones que emanan hacia todas las naciones por medio de la casa de Israel. El Redentor nació en la carne del linaje de Abrahán; y las bendiciones de ese nacimiento no sólo se extienden a las naciones y familias de la tierra colecti­vamente, sino a todo individuo en el estado mortal.

La Restauración de las Diez Tribus.-De los pasajes de las Escrituras que se han considerado, claramente se desprende que aun cuando muchos de aquellos que pertenecen a las Diez Tribus están esparcidos entre las naciones, fué llevado un número suficientemente grande, como grupo, para justificar la retención del nombre original; y actualmente está viviendo en algún lugar don­de el Señor lo ha escondido. Como se ha dicho antes, después de visitar a los nefitas el Cristo resucitado fué a ellos. Su regreso representa una parte muy importante del recogimiento, una de las características de la dispen­sación del cumplimiento  de los tiempos.

A las Escrituras ya citadas, que hablan de su vuelta, se debe agregar lo siguiente. Nos es dicho que en el día de la restauración distinguirá la obra de Dios el hecho de que: “El Señor se acordará de los que estuvieren en los países del norte; y sus profetas oirán su voz, y no se con­tendrán por más tiempo; y herirán las peñas, y el hielo se desvanecerá en su presencia. Y se levantará una cal­zada en medio del gran mar. Sus enemigos llegarán a serles por presa, y en los yermos brotarán pozos de aguas vivas; y la tierra reseca no volverá a tener sed. Y trae­rán sus ricos tesoros a los hijos de Efraín, mis siervos. Y los confines de las cordilleras eternas temblarán ante su presencia. Y allí se postrarán y serán coronados de gloria, aun en Sión, por las manos de los siervos del Señor, aun los hijos de Efraín. Y serán llenos de cantos de gozo sempiterno. He aquí, ésta es la bendición del eterno Dios sobre las tribus de Israel, y la bendición más rica sobre la cabeza de Efraín y sus compañeros.”

Según la expresa y repetida afirmación de que en su éxodo del norte las Diez Tribus serán conducidas a Sión, donde recibirán honores de aquellos que son de Efraín, quienes necesariamente deben haberse congregado allí previamente, claro está que Sión ha de ser fundada pri­mero. Del establecimiento de Sión hablaremos en el siguiente capítulo.

REFERENCIAS

Profecías Bíblicas Concernientes al Recogimiento de Israel

  • Estando Israel en tierra de sus enemigos, yo no los desecharé— Lev. 26:44.
  • Entonces Jehová volverá tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y tornará a recogerte de todos los pueblos a los cuales te hubiere esparcido Jehová tu Dios—Deut. 30:1-5.
  • Súplica al Señor de que se acuerde de sus palabras: De allí os juntaré; y traerlos he al lugar que escogí para hacer habi­tar allí mi nombre—Neh. 1:8, 9.
  • Cuando Jehová torne la cautividad de su pueblo, se gozará Ja­cob, y alegraráse Israel—Sal. 14:7; véase también 107:3.
  • Y alzará pendón a gentes de lejos, y silbará al que está en el cabo de la tierra; y he aquí que vendrá pronto y velozmente —Isa. 5:25, 26.
  • Acontecerá en aquel tiempo que Jehová tornará a poner otra vez su mano para poseer las reliquias de su pueblo—Isa. 11:11, 12.
  • Y los redimidos de Jehová volverán, y vendrán a Sión—Isa. 35:10.
  • Porque Jehová tendrá piedad de Jacob, y todavía escogerá a Israel, y les hará reposar en su tierra—Isa. 14:1; véase también 35:4; 43:5; 54:7; 61:4.
  • Promete el Señor restaurar la casa de Judá y la de Israel-— Jer. 3:12-18.
  • Y será que, después que los hubiere arrancado, tornaré y tendré misericordia de ellos, y harélos volver cada uno a su heredad, y cada cual a su tierra—Jer. 12:14, 15.
  • Vive Jehová, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra del aquilón, y de todas las tierras a donde los había arro­jado—Jer. 16:15, 16.
  • Y yo recogeré el resto de mis ovejas de todas las tierras a donde las eché, y harélas volver a sus moradas—Jer. 23:3.
  • Tornaré la  cautividad de mi pueblo Israel  y Judá,  ha  dicho Jehová, y harélos volver a la tierra que di a sus padres— Jer. 30:3; véase también 31:7-12; 32:37, 38; 33:7-11; 50:4.
  • Yo os recogeré de los pueblos, y os allegaré de las tierras en las   cuales  estáis   esparcidos—Eze.   11:17;   véase   también 20 -34.
  • La promesa del Señor de grandes bendiciones cuando hubiere juntado a la casa de Israel de los pueblos entre los cuales se halla esparcido — Eze. 28:25, 26; 34:13; 37:21-27; Amós 9:14, 15.
  • En aquel tiempo yo os traeré, en aquel tiempo os reuniré yo— Sol 3:20.
  • Y serán como si no los hubiera desechado—Zac. 10:6.
  • Angeles juntarán a los escogidos del Señor de los cuatro vientos, de un cabo del cielo hasta el otro—Mat. 24:31.
  • Salid de ella, pueblo mío, porque no seáis participantes de sus pecados, y que no recibáis de sus plagas—Apo. 18:4.

Profecías del Libro de Mormón Concernientes al Recogimiento de Israel 

  • Y después que la  casa de Israel fuese esparcida, sería   de nuevo recogida—1  Nefi 10:14.
  • Reuniré a todos los pueblos de la casa de Israel, dice el Señor —1 Nefi 19:15, 16.
  • Los sacará otra vez de su cautividad, y se juntarán en la tierra de su herencia—1 Nefi 22:11, 12; véase el versículo 25.
  • Cuando lleguen (los judíos) al conocimiento de su Redentor, serán reunidos de nuevo en las tierras de su herencia—2 Nefi 6:11; véase también 9:2; 10:7.
  • El Señor extenderá su mano por segunda vez, para resta­blecer a su pueblo—Jacob 6:2.
  • Serán reunidos de su larga dispersión, desde las islas del mar y desde las cuatro partes de la tierra—2 Nefi 10:8.
  • Un resto de la simiente de José será reunido de las cuatro partes de la tierra—3 Nefi 5:23-26.
  • Será establecida la casa de Israel en el continente occidental; a los nefitas reitera el Señor sus promesas anteriores res­pecto del recogimiento—3 Nefi 20:21, 29-33.
  • El recogimiento de Israel en los últimos días será señal de otros sucesos grandes—3  Nefi 21:1-7.
  • Propósito del Padre: Restaurar a los judíos o toda la casa de Israel, al país de su herencia—Mormón 5:14.

Revelación Moderna Tocante a la Congregación de Israel

  • La Iglesia llamada para efectuar el recogimiento de los electos a un solo lugar sobre la faz de esta tierra—D. y C. 29:7, 8.
  • El pueblo del convenio se congregará como uno—D. y C. 42:36.
  • Será  demostrada  la  restauración  de Israel  disperso—D.  y  C. 45:17; véanse también los versículos 25, 43, 69.  La tierra de Misurí señalada y consagrada para el recogimiento de los santos—D. y C. 57:1, 2.
  • Y los que  estuvieren  esparcidos  serán  congregados—D.   y   C. 101:13.
  • Moisés se manifestó en el Templo de Kírtland y entregó a José Smith y a Oliverio Cówdery las llaves de la congregación de Israel de las cuatro partes de la tierra—D. y C. 110:11.
  • Este es Elias, quien había de venir a congregar las tribus de Israel y a restaurar todas las cosas—D. y C. 77:9; véase también el versículo 14.
  • Huyan a Sión los que se hallan entre los gentiles, y los que son de Judá a Jerusalén—D. y C. 133:12, 13.

Se Restaurarán las Tribus Perdidas

  • Vendrán juntamente  de tierra  del aquilón—Jer.  3:18;  véase también 31:8.
  • Otras ovejas aparte de los judíos y los nefitas—3 Nefi 16:1-3.
  • El Cristo resucitado anunció que iba a mostrarse a las tribus perdidas de Israel—3 Nefi 17:4.
  • La obra del Padre se efectuará entre las tribus que se han perdido—3  Nefi 21:26.
  • Los nefitas y judíos poseerán las palabras de las tribus perdidas de Israel—2 Nefi 29:13.
  • Condiciones benditas después del  regreso de las tribus de los países del Norte—Ether 13:11.
  • A José Smith y Oliverio Cówdery entregó Moisés las llaves de la autoridad para conducir a las diez tribus del país del norte—D. y C. 110:11.
  • El  Señor se acordará de los que estuvieren en los países del norte—D. y C. 133:26-34; compárese con Isa. 35:3-10.
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