Los Artículos de Fe

Capítul 19
SION

Artículo 10.—Creemos . . . que Sión será edificada sobre este continente  (de América); . . .

Dos Sitios de Reconcentración.De los pasajes que se han citado con respecto a la dispersión y subsiguiente recogimiento de Israel, algunos se refieren a Jerusalén que se va a restablecer, y a Sión que se va a edificar. Es cierto que en muchos casos este segundo nombre se usa como sinónimo del primero, debido a que una cierta colina dentro de los confines de la Jerusalén antigua era cono­cida como Sión o monte de Sión; y con frecuencia se emplea en sentido figurado el nombre de una parte para indicar el todo; pero en otros pasajes claramente se ve el significado separado y distinto de los términos. El profeta Miqueas, “lleno de fuerza del espíritu de Jehová, y de juicio, y de fortaleza”, predijo la destruc­ción de Jerusalén y la Sión relacionada con ella. Esta, dice el profeta, será “arada como campo”, mientras que aquélla “será majanos”. Entonces anunció una nueva condición que ha de existir en los últimos días, cuando otro “monte de la casa de Jehová será consti­tuido”; y éste se llamará Sión. En la profecía se habla separadamente de los dos lugares: “Porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalem la palabra de Jehová.”

Joel añade este testimonio concerniente a los dos lugares, desde los cuales el Señor gobernará a su pueblo: “Y Jehová bramará  desde  Sión,  y  dará su voz  desde Jerusalem.”  Con el triunfo de Israel por tema, Sofonías prorrumpe en cánticos y apostrofa a las hijas de ambas ciudades: “Canta, oh hija de Sión: da voces de júbilo, oh Israel; gózate y regocíjate de todo corazón, hija de Jerusalem.” Luego el profeta predice separadamente de cada uno de estos lugares: “En aquel tiempo se dirá a Jerusalem: No temas: Sión, no se debiliten tus manos.” También Zacarías expresa el precepto reve­lado en estas palabras: “Y aun consolará Jehová a Sión, y escogerá todavía a Jerusalem.”

Cuando el pueblo de la casa de Jacob esté prepa­rado para recibir al Redentor como su rey legítimo, cuando las ovejas dispersas de Israel se hayan humillado lo suficiente por medio del sufrimiento y la aflicción para conocer y seguir a su Pastor, entonces vendrá él, en verdad, a reinar entre ellos. Se establecerá entonces un reino literal que abarcará todo el mundo, y el Rey de reyes ocupará el trono; y las dos capitales de este poderoso imperio serán Jerusalén en el oriente y Sión en el occidente. Isaías habla de la gloria del reino de Cristo en los últimos días, y atribuye separadamente a Sión y a Jerusalén las bendiciones del triunfo: “Súbe­te sobre un monte alto, anunciadora de Sión; levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalem; leván­tala, no temas; di a las ciudades de Judá: ¡Veis aquí el Dios vuestro!”

El Título “Sión” se usa en varios sentidos distintos. Por derivación la palabra Sión probablemente significaba brillante o refulgente, pero esta acepción común se pierde en el más profundo y conmovedor significado que esta voz, como nombre y título, ha llegado a adquirir.

Como ya se ha dicho, un cerro particular que se hallaba dentro de la ciudad de Jerusalén se llamaba Sión. Con su victoria sobre los jebuseos, David capturó y ocupó “la fortaleza de Sión”, y le dió el nombre de la Ciudad de David. De manera que “Sión” era el nombre de un lugar; y se ha aplicado la designación:

  1. Al cerro mismo o monte de Sión, y por ex­tensión a toda Jerusalén.
  2. Al sitio del “monte de la casa de Jehová”, el cual, conforme a la profecía de Miqueas,   será establecido en los últimos días, aparte de Jerusa­lén. A estas aplicaciones del nombre   podemos añadir otra que nos ha sido divulgada por revela­ción moderna, a saber:
  3. A la Santa Ciudad fundada por Enoc, el séptimo patriarca desde Adán, y que él llamó Sión.
  4. Un uso más de la palabra hay que considerar, un uso metafórico por  medio del cual se   da   el nombre de Sión a la Iglesia de Dios, que comprende, según la propia definición del Señor,  a los puros de corazón.

Jerusalén.Por vía de introducción adecuada a nuestro estudio de la nueva Sión que aún está por cons­truirse, como más adelante veremos, sobre el continente occidental, consideraremos brevemente la historia y destino de Jerusalén,” la Sión del continente oriental. Generalmente se cree que por derivación “Jerusalén” significa el fundamento o ciudad de paz. La conocemos por vez primera como Salem, donde moraba Melqui-sedec, sumo sacerdote y rey, a quien Abram pagó diez­mos.” En Antigüedades Judaicas hallamos una afirma­ción   directa  de Josefo referente   a la identidad de Salem y de Jerusalén. Como ya se ha dicho, David arrebató la ciudad a los jebuseos como en el año 1048 antes de J. C. Durante los reinados de David y Salo­món, la ciudad, como capital del reino de Israel unido, gozó de gran fama a causa de sus riquezas, belleza y fuerza, y su atracción principal era el imponente Templo de Salomón que coronaba el monte Moria. Después de la división del reino, Jerusalén continuó siendo la capi­tal del reino menor de Judá.

De las muchas y variadas vicisitudes, consiguientes a la fortuna de las armas, que la ciudad ha sufrido, se pueden mencionar: Su destrucción y el cautiverio de sus habitantes bajo Nabucodonosor, entre los años 588 y 585 antes de J. C.; su restablecimiento a la conclusión de la cautividad babilónica, unos 515 años antes de Cristo, y su ruina final con la destrucción de la nación judía por los romanos en los años 70 y 71 de nuestra era. En cuanto a la importancia y cariño con que los hebreos la estimaban, la ciudad era el alma de la raza judía; y en el concepto de los cristianos, está revestida de santidad. Desempeñó un importante papel en las obras terrenales del Redentor, y presenció su muerte, resurrec­ción y ascensión. Es indisputable la gran estimación del Salvador por la ciudad principal de su pueblo. Prohibió que se jurase por Jerusalén, “porque es la ciudad del gran Rey”; y a consecuencia de sus pecados lloró por ella como un padre que lamenta a un hijo descarriado. Pero por grande que ha sido Jerusalén en lo pasado, la espera un   porvenir   mayor aún. La ciudad llegará a ser una vez más un centro real, su trono el del Rey de reyes, y su gloria permanente será segura.

La Sión de los Últimos Días; la Nueva Jerusalén. Las afirmaciones bíblicas relativas a la Sión de los últi­mos días, distinta de la Jerusalén antigua así como de la restablecida, nada dicen del sitio -geográfico de esta segunda y posterior capital del reino de Cristo. No obs­tante, la Biblia nos da a saber algo de la naturaleza física de la región en que Sión ha de ser edificada. Y así, Miqueas, después de predecir la desolación del monte de Sión y de Jerusalén en general, da, como con­traste, una descripción de la Nueva Sión, en la cual se va a edificar la casa del Señor en los últimos días. He aquí sus palabras: “Y acontecerá en los postreros tiempos, que el monte de la casa de Jehová será constituido por cabecera de montes, y más alto que los collados, y corre­rán a él pueblos. Y vendrán muchas gentes, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, y a la casa del Dios de Jacob; y enseñarános en sus caminos, y andaremos por sus veredas: porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalem la palabra de Jehová.”

No es menos explícita la profecía de Isaías en cuanto al carácter montañoso del país de la Sión moderna. Este escritor nos asegura, además, que sólo el justo podrá morar entre el ardiente resplandor de esta nueva habita­ción, y, refiriéndose a él, el profeta dice: “Este habitará en las alturas: fortalezas de rocas serán su lugar de acogimiento”; y añade que “verán la tierra que está lejos.”z Habla en otro pasaje de un lugar de recogimiento que “está tras los ríos de Etiopía” y “en los montes”, donde el Señor va a levantar un pendón al mundo.

Las enseñanzas del Libro de Mormón concernientes a la Sión de los últimos días, así como las verdades mani­festadas por revelación en la dispensación actual, además de concordar con el relato bíblico en lo que respecta a la descripción general de la posición y gloria de la ciudad, son también más precisas en cuanto a lugar. En estas Escrituras se usan sin distinción los nombres Sión y Nueva Jerusalén, este último en honor de la Jerusalén oriental. Juan el Revelador vió en visión una Nueva Jerusalén como tipo de los postreros tiempos. Escribiendo como profeta de los jareditas—un pueblo que había habitado partes de América siglos antes que Lehi y su compañía llegasen a este hemisferio—Ether predijo el establecimiento de la Nueva Jerusalén sobre este continente y destacó la diferencia entre esta ciudad y la Jerusalén antigua. Moroni, el profeta nefita, en su resumen de los escritos de Ether, dice, hablando de este país: “Que era el lugar de la Nueva Jerusalén que descendería del cielo, y del santo santuario del Señor.” Y agrega: “He aquí, Ether víó los días de Cristo, y habló de una Nueva Jerusalén sobre este país. Y habló también concerniente a la casa de Israel y la Jerusalén de donde Lehi habría de venir: que después de ser destruida, sería reconstruida de nuevo, una ciudad santa para el Señor; por tanto, no podría ser una Nueva Jerusalén, por haber existido ya en la antigüedad; mas sería reconstruida, y llegaría a ser una ciudad santa de Señor; y sería edificada para la casa de Israel; y que en este país se edificaría una Nueva Jerusalén para el resto de la posteridad de José, de lo cual ha habida un tipo. Porque como José había llevado a su padre al país de Egipto, donde murió, el Señor, por tanto, sacó a un resto de la descendencia de José del país de Jerusalén para manifestar su misericordia hacia la posteridad de José a fin de que no pereciera, así como fué misericordioso con el padre de José para que no muriese. Por lo tanto, el resto de la casa de José se establecerá en este país; y será la tierra de su herencia; y levantarán una ciudad santa para el Señor, semejante a la Jerusalén antigua; y no serán confundidos más hasta que llegue el fin, cuando la tierra será consumida.”

Jesucristo visitó a los nefitas en América poco des­pués de su resurrección, y en el curso de sus enseñanzas dijo: “Y he aquí, estableceré a este pueblo en esta tierra, para cumplir el convenio que hice con Jacob, vuestro padre; y será una Nueva Jerusalén. Y los poderes del cielo estarán entre este pueblo; sí, yo mismo estaré en medio de vosotros.” Predijo también, como se ha indicado ya en un capítulo anterior, que si los gentiles se arrepentían de sus pecados y no endurecían sus cora­zones, podrían entrar en el convenio y se les permitiría ayudar en la construcción de una ciudad que se llamaría la Nueva Jerusalén.

Aunque transcurrieron más de seis siglos entre uno y otro, y profetizaron en hemisferios opuestos, Ether el jaredita y Juan el Revelador vieron, cada cual, la Nueva Jerusalén descender del cielo, “dispuesta—dice el apóstol judío—como una esposa ataviada para su marido”. Nos hemos referido ya a la Sión de Enoc, cuyos habitantes fueron tan justos que también ellos fueron llamados “Sión”, “porque eran uno de corazón y voluntad”. Junto con su director patriarcal fueron llevados de la tierra, o, como leemos: “Aconteció que Sión no fué más, porque Dios la llevó a su propio seno, y desde entonces se extendió el dicho: Sión ha huido.”  Pero antes de este suceso, el Señor le había revelado a Enoc sus pro­pósitos respecto del género humano, aun hasta lo postrero de los tiempos. Grandes acontecimientos señalarán los últimos días; se ha de juntar a los escogidos de las cuatro partes de la tierra a un lugar preparado para ellos; allí será establecido el tabernáculo del Señor, y el lugar “se llamará Sión, una Nueva Jerusalén”. En­tonces Enoc y su pueblo volverán a la tierra para jun­tarse con los escogidos en el lugar santo.

Hemos visto que los nombres Sión y Nueva Jerusa­lén se usan indistintamente; y además, que se aplica el nombre Sión tanto a un pueblo justo como a lugares santificados; porque según la palabra especial del Señor, Sión, para él, quiere decir “los puros de corazón”. La Iglesia enseña en la actualidad que la Nueva Jerusalén que Juan y el profeta Ether vieron descender del cielo en gloria es el regreso de Enoc y su justo pueblo exaltados, y que el pueblo o Sión de Enoc, y la Sión moderna o los santos reunidos sobre el continente occidental, serán un pueblo.

El Libro de Mormón predice el establecimiento de Sión sobre el continente occidental, pero el sitio preciso no fué revelado sino hasta después de la restauración del Sacerdocio en la dispensación presente. En 1831 el Señor dió mandamientos a los élderes de su Iglesia en estos términos: “Id al oeste, llamad a los habitantes al arre­pentimiento, y si se arrepienten, estableced iglesias para mí. Y con corazones y mentes unánimes, juntad vuestras riquezas para que podáis comprar una heredad que más adelante os será designada. Y se llamará la Nueva Jerusalén, una tierra de paz, una ciudad de refugio, un lugar de seguridad para los santos del Más Alto Dios; y la gloria del Señor estará allí, y el terror del Señor también estará allí; de tal manera que los inicuos no entrarán en ella, y será llamada Sión.”

En otras revelaciones posteriores se instruyó a los élderes de la Iglesia que se juntaran en la parte occi­dental de Misurí, y quedó designado ese lugar como la tierra indicada y consagrada para el recogimiento de los santos: “Por lo tanto, ésta es la tierra prometida, y el sitio para la ciudad de Sión.” El pueblo de Independence fué llamado “el punto céntrico”, se indicó el sitio para el tem­plo y se aconsejó a los santo que compraran tierras allí “a fin de obtenerlo por herencia eterna”. El 3 de agosto de 1831, el profeta José Smith, junto con sus compañeros en el Sacerdocio, consagró el lugar para el templo, previa­mente señalado. También se consagró la región circun­vecina para que allí se recogiera el pueblo de Dios.

Esta, pues, es la creencia de los Santos de los Últimos Días; éstas son las enseñanzas de la Iglesia. Pero aún no se ha consumado el plan de edificar a Sión. No se per­mitió que los santos tomaran posesión inmediata de la tierra que les fué prometida por herencia perpetua. Así como transcurrieron muchos años entre la ocasión en que el Señor prometió a Israel antiguo que Canaán sería la tierra de su herencia, y el día en que entraron en ella para poseerla—años dedicados a la afanosa y dolorosa preparación del pueblo para realizar el cumplimiento— también en estos postreros días está en suspenso la volun­tad divina, mientras es santificado el pueblo para el gran don y las responsabilidades consiguientes. Mientras tanto, se están congregando los de corazón íntegro en los valles de los Montes Rocosos; y allí, en las cumbres de las montañas, elevándose sobre los montes, se han erigido templos; y todas las naciones corren hacia esa región. Pero Sión aún será establecida en su sitio escogido; “no será quitada de su lugar”, y los puros de corazón vol­verán “con cantos de gozo sempiterno, para poblar los lugares desolados de Sión”.

Pero Israel, cuando se haya recogido, no estará limi­tado al “punto céntrico” ni a la región inmediata; se han nombrado otros lugares y seguirán nombrándose. Estos se llaman Estacas de Sión. Se han establecido muchas estacas en las regiones que los Santos de los Últimos Días han poblado como posesiones permanentes, y allí irán los que fueren considerados dignos de tomar posesión de sus herencias. Sión será castigada, pero será solamente por un corto tiempo, y entonces llegará la hora de su re­dención.

Dios indicará el tiempo; sin embargo, la fidelidad del pueblo lo determinará. La iniquidad es la razón porque el Señor se demora, pues ha dicho: “Por tanto, a causa de las transgresiones de mi pueblo, me parece conveniente que mis élderes esperen un corto tiempo la redención de Sión.”” Y además: “Sión será redimida en mi propio y debido tiempo.”  Pero el tiempo que el Señor dilatará para conferir sus bendiciones depende de los que esperan recibirlas. Ya para 1834 se había dado a la Iglesia esta palabra del Señor: “He aquí, os digo que si no fuera por las transgresiones de mi pueblo, hablando de la iglesia y no de individuos, bien podrían haber sido redimidos ya.”

REFERENCIAS

Dos Lugares de Recogimiento.—Nótese que las dos capitales del reino del mundo, sobre el cual reinará Cristo, se designan Sión y Jerusalén; obsérvese también que a veces los nom­bres de estas ciudades se usan distintamente, y a veces indis­tintamente en un sentido figurado.

  • Se establecerá el monte de la casa de Jehová, y correrán a él todas las gentes—Isa. 2:2,3.
  • El que quedare en Sión y el que fuere dejado en Jerusalén será llamado santo—Isa. 4:3.
  • Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sión; levanta tu voz, anunciadora de Jerusalén—Isa. 40:9.
  • Vístete tu fortaleza, oh Sión; vístete tu ropa de hermosura, oh Jerusalén—Isa. 52:1.
  • En el monte de Sión y en Jerusalén habrá salvación—Joel 2:32.
  • Jehová bramará desde Sión, y dará su voz desde Jerusalén— Joel 3:16, 17.
  • Aun consolará Jehová a Sión, y escogerá todavía a Jerusalén— Zac. 1:17; véase también 2:7-12.
  • Se nombra la Nueva Jerusalén expresamente:    Mas os habéis llegado al monte de  Sión,  y a  la ciudad  del  Dios vivo, Jerusalén la celestial—Heb. 12:22.
  • El nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo de con mi Dios—Apo. 3:12.
  • El cielo nuevo, una tierra nueva y la santa ciudad, Jerusalén nueva—Apo. cap. 21.
  • Ether vio los días de Cristo, y habló de una Nueva Jerusalén sobre el continente occidental—Ether 13:4-8.
  • El Señor resucitado confirma las profecías anteriores respecto del establecimiento de una Nueva Jerusalén sobre el conti­nente occidental—3 Nefi 20:22.
  • Si   se  arrepienten  las   gentiles,  ayudarán   al  resto   de  Jacob a construir una ciudad que será llamada la Nueva Jerusa­lén—3 Nefi 21:14-24.
  • El tiempo será revelado cuándo ha de ser preparada la ciudad de  la  Nueva  Jerusalén—D. y C.  42:9;  véanse  también los versículos 62 y 67.
  • Se comprarán terrenos para edificar la Nueva Jerusalén— D. y C. 42:35.
  • Características de la Nueva Jerusalén; será llamada Sión— D. y C. 45:66-71.
  • El Señor dará prisa a la fundación de la ciudad en su tiempo— D. y C. 52:43.
  • Los santos se juntarán sobre el monte de Sión, el cual será la ciudad de la Nueva Jerusalén—D. y C. 84:2-5.
  • Se demoró la construcción de la Nueva Jerusalén—D. y C. 124:51, 52.
  • Profecía de que sólo en Sión habrá seguridad—D. y C. 45:68, 69.
  • Benditos son aquellos cuyos pies descansan sobre la tierra de Sión—D. y C. 59:3.
  • Los rebeldes no heredarán la tierra de Sión—D. y C. 64:35.
  • Los puros de corazón volverán a Sión con cantos de gozo sempi­terno—D. y C. 101:18.
  • Estacas organizadas de Sión—D. y C. 68:26; fundamento de la estaca de Sión—94:1.
  • Se llamarán estacas, para las cortinas o la fuerza de Sión—D. y C. 101:21; véase también 109:59; Sión y sus estacas— 115:6, también el versículo 18; se juntará el pueblo para que sean fortificadas las estacas de Sión—133:9.
  • La Sión de Enoc: Porqué llamó el Señor así a su pueblo—Moisés 7:18; fue llevada al cielo—versículo 23; llevada al seno del Señor—versículo 31; véase también el versículo 69.
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