Los Artículos de Fe

Capítulo 3
Transgresión y la caída

Artículo 2.— Creemos que los hombres serán castigados por sus propios pecados, y no por la transgresión de Adán.

TRANSGRESION Y SUS RESULTADOS.

El Libre Albedrío del Hombre. — La Iglesia enseña como doctrina estrictamente ceñida a las Escrituras, que entre los derechos inalienables que su Padre divino le ha conferido, el hombre ha heredado la libertad de escoger el bien o el mal en la vida; de obedecer o desobedecer los mandamientos del Señor, según su elección. Mayor protección que el celoso cuidado de Dios mismo no puede este derecho tener, porque en todas sus relaciones con el hombre él ha dejado a la criatura mortal en libertad de elegir y obrar, sin más compulsión o restricción que las influencias de consejos y orientación paternales.(Apéndice III:1) Muy cierto, ha dado mandamientos y ha fijado estatutos, prometiendo bendiciones por la obediencia, y castigos por las infracciones; mas en la elección de estas cosas, los hombres gozan de entera libertad. En este sentido el hombre es tan libre como los ángeles, salvo hasta donde él se ha encadenado con las ligas del pecado, y ha renunciado a su fuerza de voluntad y potencia del alma. Tan ampliamente está facultado para violar las leyes de salubridad, los requisitos de la naturaleza y los mandamientos de Dios, en asuntos temporales y espirituales, como para obedecerlos todos. Así como en uno de los casos se trae sobre sí las sanciones correspondientes de la ley violada, en el otro hereda las bendiciones particulares y la libertad adicional que siguen o acompañan a una vida que se somete a la ley. La obediencia a la ley es la manera de vivir del hombre libre; el transgresor teme la ley, porque trae sobre sí la privación y la restricción, no por causa de la ley, la cual lo habría protegido en su libertad, sino por su antagonismo hacia la ley.

El predominante atributo de justicia, reconocido como parte de la naturaleza divina, rechaza la idea de que se prometa al hombre un galardón por hechos buenos y se le amenace con un castigo por hechos malos, si no posee el poder para obrar independientemente. Tan ajeno al plan de Dios es forzar a los hombres a obrar conforme a la rectitud, como permitir él que los poderes del maligno obliguen a sus hijos a pecar. En los días del Edén, ante el primer hombre fueron colocados el mandamiento y la ley,(Gén.1:27-29; 2:15-17; Moisés 2:27-29; 8:15-17 junto con una explicación del castigo que acompañaría la violación de esa ley. No habría sido justo darle una ley si no hubiese tenido la libertad para obrar por sí mismo. “No obstante, podrás escoger según tu voluntad, porque te es concedido; pero recuerda que yo lo prohíbo.”(Moisés 3:17) Así le dijo Jehová Dios a Adán. En cuanto a sus relaciones con el primer patriarca de la raza humana, Dios ha declarado en estos días: “He aquí, yo le concedí que fuese su propio agente.”(D. y C. 29:35)

Cuando los dos hermanos, Caín y Abel, ofrecieron sus sacrificios, el mayor de ellos se enojó porque no se aceptó su sacrificio. Entonces el Señor razonó con Caín y trató de enseñarle que el resultado de sus hechos correspondería con éstos, ya fueran buenos o malos: “Si bien hicieres, ¿no serás ensalzado? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta.”(Gén. 4:7)

El conocimiento del bien y del mal es esencial para el progreso que Dios ha puesto al alcance de sus hijos; y discerniéndose claramente el contraste de lo bueno y de lo malo, se puede ganar mejor este conocimiento por medio de la experiencia. Para eso se ha colocado al hombre sobre la tierra bajo la influencia de las fuerzas benignas y malignas, con un conocimiento de las condiciones que lo rodean y el derecho nacido del cielo de escoger por sí mismo. Las palabras del profeta Lehi son explícitas: “Por lo tanto, el Señor Dios le concedió al hombre que obrara por sí mismo. De modo que el hombre no podía actuar por sí, a menos que lo incitara el uno o el otro . . . Así pues, los hombres son libres según la carne; y les son dadas todas las cosas que para ellos son propias. Y pueden escoger la libertad y la vida eterna, por motivo de la gran mediación para todos los hombres, o escoger la cautividad y la muerte según la cautividad y el poder del diablo, porque éste quiere que todos los hombres sean miserables como él.”(2Nefi 2:16, 27; 2Nefi 10:23; Alma 12:31; 29:4, 6; 30:9)

Otro de los profetas nefitas, hablando de aquellos que habían muerto, dijo que habían ido a recibir “sus recompensas conforme a sus obras, ya fuesen buenas o malas, para recibir la felicidad eterna o la miseria eterna, según el espíritu que quisieron obedecer, ya un espíritu bueno, ya malo. Pues cada uno recibe su salario de aquel a quien obedece, y esto según las palabras del espíritu de profecía.” (Alma 3:26, 27)

Samuel, un lamanita convertido, sobre quien el espíritu de los profetas había descendido, amonestó de esta manera a sus semejantes: “Así pues, recordad, recordad, mis hermanos, que el que perece, perece por causa de sí mismo; y quien comete iniquidad, lo hace contra sí mismo; pues he aquí, sois libres; se os permite obrar por vosotros mismos, porque Dios os ha dado el conocimiento y os ha hecho libres. El os ha concedido discernir el bien del mal, y escoger la vida o la muerte.(Helamán 14:30-31)

Cuando se discutían en el cielo los planes para crear y poblar la tierra, Lucifer quiso destruir el libre albedrío del hombre, obteniendo el poder para obligar a la familia humana a obedecer su voluntad, y le prometió al Padre que por ese medio él rescataría a todo el género humano sin que ninguno se perdiera.(Moisés 4:1; Abrahán 3:27, 28; Jesús el Cristo, cap. 2) Se rechazó esta proposición, y el proyecto original del Padre—de emplear influencias persuasivas de preceptos sanos y ejemplo sacrificante para con los habitantes de la tierra, dejándolos luego en libertad de escoger por sí mismos—fué aceptado; y el que iba a ser conocido como el Hijo Unigénito fué escogido para ser el instrumento principal en la realización de ese propósito.

La Responsabilidad del Hombre por sus actos individuales es tan completa como lo es su facultad de escoger por sí mismo.(Apéndice III:4) El resultado final de las obras buenas es la felicidad, la consecuencia de la maldad es la miseria; así sucede en la vida de todo hombre por motivo de leyes inviolables. Hay un plan para juzgar,(Mat.10:15; 11:22; 2Ped.2:9; 3:7; 1Juan 4:17) divinamente preordinado, mediante el cual cada hombre responderá por sus hechos; y no sólo por sus hechos, sino por sus palabras también y aun por los pensamientos de su corazón. “Mas yo os digo, que toda palabra ociosa que hablaren los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.”(Mat. 12:34)

Estas son palabras del Salvador mismo. “Y ninguno de vosotros piense mal en su corazón contra su prójimo, ni améis juramento falso: porque todas éstas son cosas que aborrezco, dice Jehová.”(Zac. 8:17) A Juan el Revelador le fué permitido enterarse en visión de algunas de las escenas relacionadas con el juicio final; así escribió él: “Y vi los muertos, grandes y pequeños, que estaban delante de Dios; y los libros fueron abiertos: y otro libro fué abierto, el cual es de la vida: y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar dió los muertos que estaban en él; y la muerte y el infierno dieron los muertos que estaban en ellos; y fué hecho juicio de cada uno según sus obras.”(Apo. 20:12,13)

Los hechos de los hombres no siempre se ven acompañados de una inmediata ejecución del juicio. Tal vez no se premiarán en el acto los hechos buenos, ni será castigado el mal definitivamente; y esto va de acuerdo con la sabiduría divina, pues de lo contrario, el examen del carácter individual y la prueba de la fe humana, propósitos para los cuales se ordenó principalmente esta probación mortal, disminuirían notablemente, ya que la certeza de un gozo o dolor inmediato determinaría en gran manera las acciones humanas de buscar lo uno y evitar lo otro. De manera que se suspende el juicio a fin de que cada uno se pruebe a sí mismo, aumentando el bueno en justicia, y teniendo el malo la oportunidad de arrepentirse y hacer reparación. En raras ocasiones se ha ejecutado un juicio rápido de una naturaleza temporal —el provecho físico de una bendición terrenal por lo bueno, (Job 42:10-17) y la calamidad por los hechos malos (Núm.12:1, 2, 10-15; 15:32-36;16; 21:4-6; 1Sam.6:19; 2Sam.6:6, 7; Hech.5:1-11)—inmediatamente después del hecho. Poco importa que semejante retribución satisfaga completamente las demandas de la justicia, o que se aplique una medida adicional de juicio en la vida venidera. Dichas ocasiones son excepcionales en la administración divina.

De Cristo es la prerrogativa (Juan 5:22-27; Hech.10:42; 17:31; Rom.2:16; 2Cor.5:10; 2Tim.4:1,8; D. y C. 133:2) de juzgar al género humano, y lo hará de la manera en que mejor convenga a sus propios fines, que son los fines de su Padre. San Juan ha anotado así las palabras de Cristo: “Porque el Padre a nadie juzga, mas todo el juicio dió al Hijo; para que todos honren al Hijo como honran al Padre.”(Juan 5:22, 23) Y San Pedro, mientras explicaba el evangelio a Cornelio, el gentil devoto, declaró, refiriéndose a Jesucristo, que “él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos”(Hech.10:42) Muchos profetas han testificado(Dan.7:9-12; 2Tes.1:7,8; 3Nefi 26:3-5; D. y C. 76:31-49,103-106) del destino de los inicuos, reservado para el día del juicio; y el Juez principal de ese terrible tribunal ha hecho una descripción (Mat. 25:31-46; D. y C. 1:9-12) tan lúcida y expresiva que no queda ni la menor duda que toda alma viviente tendrá que reconocer su historia y aceptar las consecuencias de sus obras. Las palabras del Señor y las de sus profetas son inequívocas: que él no hace acepción de personas,(Hech.10:34, 35; Rom.2:11; Ef.6:9; Col.3:25) y que desconoce cualquier favoritismo ajeno a la justicia. Nadie, sino los inicuos que no se han arrepentido, debe temer este juicio; para los justos va a ser una época de triunfo.(2 Tim. 4:8; 1Juan 3:4)

El Pecado.— ¿Qué es la naturaleza del pecado? “El pecado es transgresión de la ley”, responde el apóstol Juan/ En el idioma original de los escritos bíblicos aparecen varios vocablos, expresados por nosotros con la sola palabra pecado, que comúnmente dan a entender oposición a la voluntad divina.(Apéndice III:2) En vista de que en Dios se incorpora la perfección, dicha oposición significa rebelarse contra los principios del desarrollo y adherirse a las prácticas que conducen a la degradación. El pecado es cualquier condición, ya sea omisión de cosas que se precisan o comisión de hechos prohibidos, que tiende a obstruir o impedir el desarrollo del alma humana. Así como una conducta justa conduce a la vida eterna, así también el pecado tiende hacia las tinieblas de la segunda muerte. Satanás trajo el pecado al mundo,(Moisés 4:4; Gén.8) sin embargo, es por licencia divina que el género humano llega a conocer el pecado, aprendiendo así por medio de la experiencia el contraste entre el bien y el mal.

El pecado, según su definición técnica, consiste en la violación de la ley; y en este sentido limitado puede cometerse el pecado inadvertidamente o en la ignorancia. Sin embargo, en vista de la doctrina de las Escrituras relativa a la responsabilidad humana y la justicia infalible de Dios, claro es que en sus transgresiones, así como en sus hechos justos, el hombre será juzgado de acuerdo con la habilidad que tenga para comprender y obedecer la ley. Los requisitos de una ley más alta no- se aplican en su totalidad a aquel que no se ha familiarizado- con dicha ley. Para los pecados que se cometen por falta de conocimiento, es decir, para las leyes que se infringen en la ignorancia, se ha proveído una propiciación en la expiación efectuada mediante el sacrificio del Salvador; y tales pecadores no están condenados, sino que todavía se les dará la oportunidad de aprender y aceptar, o rechazar, los principios del evangelio.

Jacob enseñó esta doctrina: “Donde no se ha dado ninguna ley, no hay castigo; y donde no hay castigo, no hay condenación; y donde no hay condenación, la clemencia del Santo de Israel los reclama por motivo de la expiación; porque el poder de él los libra. Porque la expiación satisface lo que su justicia demanda de todos aquellos que no han recibido la ley, por lo que son librados de ese terrible monstruo, muerte e infierno, y el diablo, y el lago de fuego y azufre, que es tormento sin fin; y son restaurados a ese Dios que les dió aliento, el cual es el Santo de Israel.” Y entonces, como contraste, el profeta añade: “¡ Pero ay de aquel a quien la ley se ha dado; sí, que tiene todos los mandamientos de Dios, como nosotros, y los quebranta, y malgasta los días de su probación! porque su estado es terrible.”(2 Nefi 9:25-27) Esto concuerda en todo senitdo con las enseñanzas de San Pablo a los Romanos: “Porque todos los que sin ley pecaron, sin ley también perecerán; y todos los que en la ley pecaron, por la ley serán juzgados.”(Rom. 2 :12; Hech.17:30, 31) Y la palabra de la escritura moderna expresa lo mismo, porque nos es dicho, por medio de revelación nueva, dada a la Iglesia, que entre aquellos que van a recibir las bendiciones de la redención, se hallarán “los que murieron sin ley”.(D. y C. 76:72) Entre éstos estarán comprendidas las naciones paganas, cuya redención se promete con la declaración adicional de que “los que no conocieron ninguna ley tendrán parte en la primera resurrección”.(D. y C. 45:54)

El Castigo del Pecado.— Así como se premia el hecho justo en proporción a la obra meritoria, en igual manera se adapta a la ofensa el castigo que se ha prescrito para el pecado. (D. y C. 76:82-85; 82:21;104:9; 63:17; 2Nefi 1:18; 9:27; 28:23) Pero téngase presente que tanto el premio como el castigo son consecuencias naturales. Impónesele el castigo al pecador para fines disciplinarios y reformatorios, de acuerdo con la justicia. Ningún carácter vengativo o deseo de causar sufrimientos se manifiesta en la naturaleza divina; al contrario, nuestro Padre está consciente de todo dolor, y permite que éste aflija únicamente para fines benéficos. La merced de Dios se declara en el dolor retribuyente que él permite, así como en las bendiciones de paz que de él emanan. Es de dudoso beneficio conjeturar la naturaleza precisa del sufrimiento espiritual que se impondrá como castigo por el pecado. La comparación con el dolor físico,(D. y C. 76:36, 44;Jacob 6:10; Alma 12:16, 17; 3Nefi 27:11,12) por ejemplo, los tormentos del fuego en un lago de azufre, sirve para demostrar que la mente humana no es capaz de entender la extensión de estos castigos. Más han de temerse los sufrimientos comprendidos en la sentencia de condenación, que cualquier imposición probable de tormento físico; la mente, el espíritu, toda el alma está condenada a sufrir, y ninguno de los que están en la carne conoce este tormento.

Considérese la palabra del Señor concerniente a aquellos que son culpables del pecado imperdonable, cuya transgresión los ha llevado allende del horizonte actual de posible redención; aquellos que tanto se han hundido en su iniquidad que han perdido el poder y aun el deseo de intentar reformarse. (D. y C. 76:26,32,43; Juan 17:12; 2Tes. 2:3) Llámanse Hijos de Perdición. Son aquellos que, habiendo conocido el poder de Dios, más tarde lo desprecian; aquellos que a la luz del conocimiento pecan con toda intención; aquellos que le abren sus corazones al Espíritu Santo y entonces afrentan al Señor y se burlan de él, negando el Espíritu; aquellos que cometen homicidio virtiendo sangre inocente. (D. y C. 132:27) Estos son aquellos a quienes el Señor se ha referido declarando que mejor les fuera nunca haber nacido. (D. y C. 76:32; Mat. 26:24; Mar.14:21) Estos participarán del castigo del diablo y sus ángeles, un castigo tan terrible que a todos les es vedado saber de él, salvo a aquellos que son relegados a esa condenación, aunque a algunos se les permite una vista pasajera del cuadro. (D.y C.76:45-48) Estos pecadores son los únicos sobre quienes la segunda muerte tendrá poder: “Sí, en verdad, los únicos que no serán redimidos en el debido tiempo del Señor.”(D.y C.76 :38)

La Duración del Castigo.— En cuanto a la duración del castigo, podemos tener la seguridad de que será graduada, según el pecado, y que es falso el concepto de que es interminable toda sentencia que se dicta por hacer lo malo. (D.y C. 19:6-12; 76:36, 44) Aun cuando es grande el efecto que esta vida ejercerá en la venidera, y ciertamente se responderá por haber pasado por alto las oportunidades para arrepentirse, Dios tiene el poder de perdonar más allá de la tumba. No obstante, las Escrituras hablan de un castigo eterno e interminable. Cualquier castigo que Dios ordena es eterno, porque él es eterno.(D.y C.19:10-12) Su sistema es uno de castigo sin fin, porque siempre existirá como lugar o condición preparado para los espíritus desobedientes; sin embargo, la imposición del castigo terminará cada ocasión que haya arrepentimiento y reparación aceptables. Y el arrepentimiento no es imposible en el mundo espiritual. (1Ped. 3:18-20; 4:6; D.y C.76:73) Sin embargo, como ya se ha visto, hay unos pecados tan graves que sus castigos correspondientes no le son revelados al hombre;(D.y C.76:45) estos castigos severos se reservan para los hijos de Perdición.

Se debe considerar como uno de los resultados más perniciosos del erróneo concepto de las Escrituras la falsa doctrina de que el castigo que se va a imponer a las almas pecadoras es sin fin, que cada condena por el pecado es de duración interminable. No es sino un dogma de sectarios errados y desautorizados; y, a la vez, contrario a las Escrituras, irrazonable y repugnante para el que ama la merced y honra la justicia. Es cierto que las Escrituras hablan de fuegos sin fin, condenación eterna y la venganza del fuego eterno (Mat.18:8; 25:41,46; 2Tes.1:9; Mar.3:29;Jud.7) como rasgos característicos del juicio preparado para los inicuos; sin embargo, en ninguno de estos casos se puede justificar la conclusión de que el pecador individual tendrá que padecer la ira de la justicia ofendida para siempre jamás. El castigo es suficientemente severo en cualquier caso sin el horror adicional y supremo de una continuación interminable. La justicia debe quedar satisfecha; pero cuando se pague el “último cuadrante”, se abrirán las puertas de la prisión y el cautivo quedará libre. Pero la prisión permanece, y la ley que dicta el castigo por las ofensas no se ha de revocar.

Tan generales eran las malas influencias de la comúnmente aceptada doctrina relativa al tormento sin fin que esperaba a todo pecador—no obstante que se opone a las Escrituras y la verdad—que aun antes de quedar formalmente organizada la Iglesia en la dispensación actual, el Señor dió una revelación por conducto del profeta José Smith, concerniente al asunto, en la cual leemos: “Y en verdad, todo hombre tiene que arrepentirse o padecer, porque yo, Dios, soy sin fin. Por tanto, no abrogaré los juicios que pronunciaré, mas habrá lamentos, lloros, gemidos y crujir de dientes entre aquellos que se hallaren a mi izquierda. Sin embargo, no está escrito que no tendrá fin este tormento, sino que está escrito tormento interminable. Además, está escrito condenación eterna . . . Porque, he aquí, yo soy sin fin, y el castigo que por mi mano se da es castigo sin fin, porque Sin Fin es mi nombre. Por consiguiente: Castigo eterno es castigo de Dios. Castigo sin fin es castigo de Dios.”(D.y C.19:4-12)

Satanás.— Hemos tenido ocasión de referirnos frecuentemente al autor de la maldad entre los hombres. Este es Satanás, (Job 1:6-22; 2:1-7; Zac.3:1-2) el adversario o antagonista del Señor, el jefe de los espíritus malos, llamado también el Diablo, (Mat.4:5,8,11; 1Ped. 5:8) Belcebú (Mat.12:24) o el Príncipe de los Demonios, Perdición (D. y C.76:26) y Belial (2Cor.6:15) Aplícanse a Satanás los apelativos figurados de dragón y serpiente, cuando se hace alusión a su caída. (Apo.12:9; 20:2) La palabra revelada nos hace saber (D.y C.76:25-27; Isa.14:12) que en un tiempo Satanás fué un ángel de luz, conocido entonces como Lucifer, un Hijo de la Mañana; pero su egoísta ambición lo hizo aspirar a la gloria y el poder del Padre, y para lograrlo hizo la perniciosa proposición de redimir a la familia humana por medio de la compulsión. Frustrándosele este proyecto, encabezó una rebelión en contra del Padre y del Hijo, llevándose una tercera parte de las huestes del cielo a su confederación inicua (D.y C.29:36, 37; Moisés 4:3-7; Abrahán 3:27,28; Jesús el Cristo, cap.1; Dan. 8:10; Apo.12:4) Fueron desterrados del cielo estos espíritus rebeldes, y desde entonces han seguido los impulsos de sus naturalezas impías, tratando de conducir las almas humanas a la condición de tinieblas en que ellos mismos se hallan. Son el diablo y sus ángeles. El derecho del libre albedrío, sostenido y defendido en la lucha que se verificó en el cielo, quita la posibilidad de que se use de la compulsión en esta labor diabólica de degradación; empléanse, sin embargo, hasta su límite, los poderes de estos espíritus malignos. Satanás tentó a Eva para que transgrediera la ley de Dios; (Gén.3:4,5; Moisés 4:6-11) fué él quien impartió a Caín, el fratricida, el secreto de asesinar por lucro.(Moisés 5:29-33)

Satanás ejerce cierto dominio sobre los espíritus que ha contaminado con sus prácticas; es el principal de los ángeles que fueron desterrados y el instigador de la ruina de aquellos que caen en esta vida. Busca la manera de molestar y estorbar al género humano en sus buenas obras, induciendo a pecar, o tal vez provocando enfermedades,(Luc.13:16; Job.1) y posiblemente la muerte. Sin embargo, en ninguno de estos hechos malignos puede propasarse de lo que las transgresiones de su víctima le permiten, o la sabiduría de Dios consiente; y el poder superior puede contrarrestarlo a cualquier momento. De hecho, hasta se pueden tomar para la realización de fines divinos las manipulaciones de su peor malicia. Las Escrituras nos demuestran que los días del poder de Satanás están contados;(Juan 12:31;16:11) dictádose ha su sentencia, y en el debido tiempo del Señor será completamente vencido. Va a ser atado durante el reinado milenario,(Apo. 20:1-10) y después de esos mil años de paz quedará suelto por un corto tiempo; entonces se efectuará su derrota completa, y su poder sobre los hijos de Dios será destruido.

LA CAIDA

Nuestros Primeros Padres en el Edén.(Gén.2, 3; Moisés 8:4; Abrahán 5:7-21) — El coronamiento del gran drama de la creación fué la formación del hombre a imagen de Dios, su Padre espiritual. (Gén. 1:26, 27; Moisés 2:26,27) Para recibir al primer hombre, el Creador había preparado especialmente una región escogida de la tierra, y la había adornado con bellezas naturales para alegrar el corazón del poseedor. “Había Jehová Dios plantado un huerto en Edén al oriente,(Apéndice III:3) y puso allí al hombre que había formado.”(Gén. 2:8-9) Poco después del advenimiento del hombre a la tierra, el Señor le hizo una compañera o ayuda idónea, declarando que no era bueno que el hombre estuviese solo. (Gén. 2:18; Moisés 3:18, 21-24) De modo que, varón y hembra, Adán y Eva su esposa, fueron colocados en el jardín. Habíaseles dado señorío “en los peces de la mar, y en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”.(Gén. 1:28; Moisés 2:28; Abrahán 4:28) Acompañaban a este gran poder ciertos mandamientos, el primero de los cuales, en cuestión de importancia, fué: “Fructificad y multiplicad, y henchid la tierra, y sojuzgadla”; luego, que se cuidaran de no comer o siquiera tocar el fruto de cierto árbol, el árbol de la ciencia del bien y del mal que crecía en medio del jardín, aunque de todos los demás podían comer libremente. Las palabras de Dios, concernientes a este mandamiento y el castigo por su violación, fueron: “Y yo, Dios el Señor, le di mandamiento al hombre, diciendo: De todo árbol del jardín podrás comer libremente. Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal, no comerás. No obstante, podrás escoger según tu voluntad, porque te es concedido; pero recuerda que yo lo prohíbo, porque el día en que de él comieres, de cierto morirás.”(Moisés 3:16, 17; Gén. 2:16-17)

La Tentación de desobedecer este mandato no dilató en manifestarse. Satanás se presentó ante Eva en el jardín y, hablando por la boca de la serpiente, le preguntó acerca de los mandamientos que Dios había dado respecto del árbol de la ciencia del bien y del mal. Eva le respondió que les era prohibido aun tocar el fruto del árbol, so pena de muerte. Satanás entonces buscó la manera de engañar a la mujer, contradiciendo las palabras del Señor y declarando que no resultaría la muerte por la violación del mandamiento divino; sino, al contrario, haciendo lo que el Señor les había prohibido, ella y su marido serían como los dioses, conociendo para sí mismos el bien y el mal. Estas representaciones cautivaron a la mujer, y, ansiosa de poseer las ventajas que le pintó Satanás, desobedeció el mandamiento del Señor y comió del fruto prohibido. No temía ningún mal, porque no lo conocía. Entonces, participándole a Adán lo que había hecho, lo instó a que también comiera del fruto.

Adán se vió en posición tal que le era imposible obedecer los dos mandamientos precisos dados por el Señor. Habíaseles mandado, a él y a su esposa, multiplicar y henchir la tierra. Adán no había caído al estado mortal todavía, pero Eva sí; en esas condiciones desiguales los dos no podrían permanecer juntos, y, consiguientemente, no podrían cumplir con el mandamiento divino en cuanto a la procreación. Por otro lado, Adán desobedecería el otro mandamiento si cedía a la solicitud de Eva. Deliberada y prudentemente se resolvió a seguir el primer y mayor mandamiento; y comprendiendo, por tanto, la naturaleza de su acción, él también comió del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. Las Escrituras afirman el hecho de que Adán obró a sabiendas en este asunto. Escribiendo a Timoteo, San Pablo explicó que “Adam no fué engañado, sino la mujer, siendo seducida, vino a ser envuelta en transgresión”.(1Tim.2:14) El profeta Lehi, declarándoles las Escrituras a sus hijos, dijo: “Adán cayó para que los hombres existiesen; y existen los hombres para que tengan gozo.”(2 Nefi 2:25)

El Arbol de la Vida.— Había en el Edén otro árbol de virtudes especiales; su fruto aseguraba la vida a quien comiera de él. Mientras Adán y Eva vivieron en la inocencia, inmunes contra la muerte, no se les había prohibido dicho árbol. Sin embargo, ahora que habían pecado, ahora que se había expedido el decreto divino que señalaba la muerte como su destino, se precisaba que el fruto del árbol de la vida ya no estuviera a su alcance. De modo que fueron desterrados del jardín, y querubines, con una espada encendida, guardaron el camino para que el hombre no volviera en un estado caído. Por su transgresión, nuestros primeros padres adquirieron un conocimiento que no habían poseído en su condición de inocencia prístina, a saber, el conocimiento del bien y del mal, fundado en la experiencia. El resultado de su caída no podría haber ejercido sino un mal efecto, si inmediatamente hubiesen llegado a una condición de inmortalidad, sin arrepentimiento y sin expiación. En la desesperación que sobrevino, cuando se dieron cuenta del gran cambio que se había efectuado en ellos, y a la luz del conocimiento sobre las virtudes del árbol de la vida que tanto les había costado ganar, habría sido natural que procuraran la aparente ventaja de un escape inmediato, participando del alimento que les daría la inmortalidad. La misericordia impidió que se hiciese tal cosa.

Las palabras del Creador son inequívocas en cuanto a la necesidad de expulsar a Adán y a Eva del, Edén: “Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de Nos sabiendo el bien y el mal: ahora, pues, porque no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre: Sacólo Jehová del huerto de Edén, para que labrase la tierra de que fué tomado. Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía a todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.”(Gén.3:22-24; Moisés 4:31)

Alma, el profeta nefita, comprendió lo que habría resultado si Adán y su esposa hubiesen comido del árbol de la vida. Así explicó él este asunto: “Vemos, pues, que el hombre había llegado a ser como Dios, conociendo el bien y el mal; y para que no extendiera su mano, y tomara también del árbol de la vida, y comiera, y viviera para siempre, el Señor Dios colocó querubines y la espada encendida, para que el hombre no participara del fruto. Y así vemos que le fué concedido al hombre un plazo para que se arrepintiera; sí, un tiempo de probación, un tiempo para arrepentirse y servir a Dios. Porque he aquí, si Adán hubiese extendido su mano inmediatamente, y participado del árbol de la vida, habría vivido para siempre, según la palabra de Dios, sin tener la oportunidad para arrepentirse; sí, y también habría sido vana la palabra de Dios, y se habría frustrado el gran plan de salvación.”(Alma 42:3-5)

El Resultado Inmediato de la Caída consistió en substituir con la mortalidad y todas sus flaquezas consiguientes, el vigor del primer estado inmortal. Adán sintió de una manera directa los efectos de la transgresión, encontrándose con un terreno infructuoso y desolado, y la tierra relativamente estéril, en lugar de la belleza y fertilidad del Edén. En lugar de plantas agradables y útiles, brotaron espinas y cardos; y el hombre tuvo que trabajar afanosamente, en condiciones de fatiga y sufrimientos físicos, para cultivar la tierra a fin de obtener el alimento necesario. Sobre Eva cayó el castigo de la debilidad corporal. Dolores y angustias, que desde entonces se consideran como la suerte natural de la mujer, vinieron sobre ella y quedó sujeta a la autoridad de su marido. Habiendo perdido su estado de inocencia anterior, se avergonzaron de su desnudez, y el Señor les hizo túnicas de pieles. El castigo de la muerte espiritual cayó sobre el hombre y la mujer, porque ese mismo día fueron desterrados del Edén y echados de la presencia del Señor. La serpiente, habiendo servido el propósito de Satanás, sufrió el desagrado del Señor, y fué sentenciada a arrastrarse para siempre en el polvo y a sufrir por causa de la enemistad que se decretó existiría en los corazones de los hijos de Eva.

Provéese Una Expiación. — Dios no abandonó a sus hijos, ahora mortales, sin una esperanza. Dióle otros mandamientos a Adán, requiriéndole que ofreciera sacrificios en el nombre del Hijo Unigénito, y prometiéndole la redención a él y a todos sus descendientes que cumplieran con las condiciones prescritas. Explicóseles a nuestros padres la oportunidad de ganarse el premio del vencedor, si dominaban el mal, y se regocijaron. Adán dijo: “Bendito sea el nombre de Dios, porque a causa de mi transgresión se han abierto mis ojos, y tendré gozo en esta vida, y en la carne veré de nuevo a Dios.” Eva se llenó de alegría, y exclamó: “Si no hubiese sido por nuestra transgresión, jamás habríamos tenido simiente, ni hubiéramos conocido jamás el bien y el mal, ni el gozo de nuestra redención, ni la vida eterna que Dios concede a todos los obedientes.”(Moisés 5:10,11; Apéndice III:6,7,8)

La Caída No Fué Casualidad.— Sería contrario a la razón suponer que la transgresión de Adán y Eva fué motivo de sorpresa para el Creador. Por medio de su previsión infinita, Dios sabía lo que resultaría de la tentación de Eva por parte de Satanás, y cómo obraría Adán en las circunstancias resultantes. Además, es evidente que estaba prevista la caída como el medio de dar al hombre la oportunidad de tener contacto directo con el bien y el mal, para que de acuerdo con su propio albedrío pudiera escoger el uno o el otro, y así prepararse, por medio de las experiencias de una probación mortal, para la exaltación que en el plan benéfico de su creación se proveía: “Porque, he aquí, ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre”,(Moisés 1:39) díjole el Señor a Moisés. Dios tuvo por objeto poner al alcance de los espíritus que había engendrado en los cielos el medio de hacer un esfuerzo individual y la oportunidad de ganar no solamente la redención de la muerte, sino también la salvación, y aun la exaltación, con los poderes de progreso y aumento eternos. De ahí que fué necesario que los hijos espirituales de Dios dejaran atrás el ambiente de su niñez primordial, e ingresaran en la escuela de la experiencia mortal para conocer el mal, contender con él y vencerlo, según sus distintos grados de fe y fuerza. Adán y Eva jamás podrían haber sido los padres de una posteridad mortal, a menos que ellos también hubiesen sido mortales; la mortalidad fué un elemento esencial del divino plan relacionado con la tierra y sus habitantes señalados; y a fin de introducir la mortalidad, el Señor puso una ley ante los progenitores de la raza humana, sabiendo lo que sucedería.

Con el papel que representó en el gran drama de la caída, Eva estaba cumpliendo con los fines previstos de Dios; sin embargo, no participó del fruto prohibido con tal intención, sino con el propósito de obrar contra el mandamiento divino, pues fué engañada por las sofisterías de Satanás, quien también, en lo que a eso concierne, dió ímpetu a los fines de Dios, tentando a Eva; no obstante, su objeto fué frustrar el plan del Señor. Terminantemente se nos dice que Satanás “no conocía el propósito de Dios; por consiguiente, intentó destruir el mundo.’(Moisés 4:6) Sin embargo, su esfuerzo diabólico, lejos de ser el paso inicial hacia una destrucción, contribuyó al plan del progreso eterno del hombre. La parte que Adán representó en el trascendental acontecimiento fué esencialmente distinta de la de su esposa; él no fué engañado; al contrario, deliberadamente se resolvió a hacer lo que Eva quería, a fin de llevar a cabo los designios de su Creador con respecto a la raza humana, cuyo primer patriarca estaba destinado a ser.

Hasta las transgresiones de los hombres se pueden tomar para la realización de propósitos celestiales. Habíase ordenado la muerte expiatoria de Cristo desde antes de la fundación del mundo; sin embargo, Judas, el que entregó al Hijo de Dios, y los judíos, quienes lo crucificaron, no son menos culpables de ese terrible crimen.

Se ha convertido en costumbre muy común del género humano el colmar de reproches a los progenitores de la familia humana e imaginarse el supuesto estado bendito en que estaríamos viviendo, si no hubiese sido por la caída; cuando que nuestros primeros padres merecen nuestra gratitud más profunda por la herencia que legaron a su posteridad: el medio de ganar un título a la gloria, exaltación y vidas eternas. De no haber sido por esta oportunidad, así proporcionada, los espíritus de los hijos de Dios habrían permanecido para siempre en un estado de niñez inocente, sin pecado, mas no por sus propios esfuerzos; salvos negativamente, no del pecado, sino de la oportunidad de enfrentarse al pecado; incapacitados para ganar los honores de la victoria, porque se les evitaba participar en la lucha. Pero ahora son herederos de la primogenitura de los descendientes de Adán: la mortalidad con sus incontables posibilidades y la libertad de obrar, dada de Dios. Nuestro padre Adán nos ha legado todas las flaquezas que la carne hereda; pero éstas son necesariamente incidentales en el conocimiento del bien y del mal; y mediante este conocimiento, usado debidamente, el hombre puede llegar a ser aun como los Dioses.(Apéndice III:5)

REFERENCIAS

Libre Albedrío

  • Jehová Dios dió un mandamiento a Adán y decretó el castigo por la desobediencia—Gén. 2:16, 17.
  • Del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; no obstante, podrás escoger según tu voluntad, porque te es concedido—Moisés 3:17.
  • Y así los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare—-Abrahán 3:25.
  • Si bien hicieres, ¿no serás ensalzado?—Gén. 4:7.
  • He aquí yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición—Deut. 11:26; véase también 30:15.
  • Si oyeres diligente la voz de Jehová tu Dios—-Deut. 28:1; véase también 1 R. 3:14.
  • Escogeos hoy a quién sirváis—Jos. 24:15.
  • ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? —1 R. 18:21.
  • Se puede escoger la muerte más bien que la vida—Jer. 8:3.
  • El Señor le concedió al hombre que obrara por sí mismo—2 Nefi 2:16.
  • Los hombres son libres para escoger la vía de la muerte eterna o la de la vida eterna—2 Nefi 10:23.
  • Un ¡ay! para aquel que prefiere obedecer el espíritu malo •— Mosíah 2:33.
  • Recibirán la felicidad eterna o la miseria eterna según, el espíritu que quisieron obedecer—Alma 3:26, 27.
  • Los hombres se hallan en condición de obrar según su voluntad y placer, ya para hacer mal, ya para hacer bien—Alma 12:31.
  • Aun los que fueron llamados desde la fundación del mundo tuvieron el derecho de escoger entre lo bueno y lo malo— Alma 13:3.
  • Dios concede a los hombres según sus deseos, y les reparte según la voluntad de ellos—Alma 29:4.
  • El hombre tiene el privilegio de servir a Dios—Alma 30:9.
  • Sois libres; se os permite obrar por vosotros mismos—Helamán 14:30.
  • Adán fué su propio agente—D. y C. 29:35.
  • La tercera parte de las huestes del cielo se tornaron a lo malo a causa de su albedrío—D. y C. 29:36.
  • Fué necesaria la tentación para poner a prueba el albedrío del hombre—D. y C. 29:39.
  • El poder está en los hombres para que sean sus propios agentes —D. y C. 58:28; también 104:17.
  • Satanás buscó la manera de destruir el albedrío de los hombres —Moisés 4:3.
  • Les es concedido a los hombres conocer lo bueno y lo malo para que así puedan ser sus propios agentes—Moisés 6:56.
  • Es preciso que haya una oposición en todas las cosas—2 Nefi 2:11, 15

La Responsabilidad del Hombre— el Juicio

  • Pecado es la violación de la ley—1 Juan 3:4; también 5:17.
  • Sobre todas estas cosas te traerá Dios a juicio—Eccles. 11:9; también 12:14.
  • El Señor castiga la iniquidad—Isa. 26:21.
  • Retribuirá a cada quien conforme a sus obras—Isa. 59:18.
  • Cada cual morirá por su maldad—Jer. 31:80.
  • Con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados—Mat. 7:2.
  • Pagará a cada uno conforme a sus obras—Mat. 16:27.
  • Se ha establecido un día para juzgar al mundo—Hech. 17:31.
  • Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará—Gál. 6:7; véase también D. y C. 6:33.
  • Yo vengo presto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según fuere su obra—Apo. 22:12.
  • Es indispensable para la justicia de Dios que los hombres sean juzgados según sus obras—-Alma 41:3, 4.
  • El pago de sus manos vendrá sobre ellos—2 Nefi 13:11.
  • Serán juzgados según sus obras, ya fueren buenas o malas— 3 Nefi 26:4, 5.
  • Sus palabras los juzgarán en el postrer día—2 Nefi 25:18.
  • Todos se levantarán de los muertos para ser juzgados—Alma 11:41.
  • Deben comparecer ante Dios para ser juzgados según sus obras •—1 Nefi 15:33; también Alma 5:15 y 11:41.
  • Juzgando a cada hombre de acuerdo con sus obras—D. y C. 19:3.
  • Cada hombre responderá por sus propios pecados—D. y C. 101: 78.
  • El Señor vendrá y con él su galardón; y recompensará a cada hombre-—D. y C. 56:19.
  • Los justos serán separados de los inicuos—D. y C. 29:27.
  • Cada hombre recompensado según sus obras—D. y C. 101:65.
  • A los que guardaren su primer estado les será añadido—Abrahán 3:26.

Satanás

  • Fué arrojado a la tierra el gran dragón que también se llama la serpiente antigua, el diablo y Satanás, el cual engaña a todo el mundo—Apo. 12:9; véase también Luc. 10:18.
  • Lucifer, hijo de la mañana, su inicua ambición y destino—Isa. 14:12, en adelante; véase también D. y C. 76:25-28.
  • Llámase también Perdición, y aquellos cuyos^ pecados no tienen redención son llamados hijos de Perdición—D. y C. 76:26, 32, 43.
  • Tentó a Eva y provocó la caída—Gén. cap. 3; Moisés cap. 4; D. y C. 29:40
  • Fué pecador desde el principio—1 Juan 3:8; Moisés 4:1-4.
  • Padre de mentiras; mentiroso desde el principio—Juan 8:44; D. y C. 93:25, 37; 2 Nefi 2:18.
  • Tentó a Caín y le enseñó a asesinar—Moisés 5:16-24.
  • Vino con otros a presentarse delante del Señor—Job 1:6-12.
  • Tentó a Cristo—Mat. 4:1-11.
  • Incitó a Judas Iscariote a traicionar a Cristo—Juan 13:2.
  • Será atado durante el milenio—Apo. 20:1-3.
  • Se ha decretado su destino—Apo. 20:7-10; véase también Mat. 25:41.
  • Por haber caído del cielo y por haber llegado a ser miserable, procuró la miseria de todo el género humano — 2 Nefi 2:18, 27.
  • El que ha pecado, es del diablo—1 Juan 3:8.
  • Resistid al diablo, y de vosotros huirá—Sant. 4:7.
  • Vuestro adversario el diablo, cual león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar—1 Ped. 5:8.
  • Llevados según la voluntad y cautividad del diablo—2 Nefi 1:18.
  • Lo que es malo viene del diablo—Moroni 7:12.
  • Satanás desea poseeros—3 Nefi 18:18.
  • El diablo tendrá poder sobre su propio dominio—D. y C. 1:35.
  • Provoca la contención en cuanto a la doctrina—D. y C. 10:63; véase también 3 Nefi 11:28, 29.
  • Enfurecerá los corazones de los hijos de los hombres y los agitará a la ira; a otros pacificará conduciéndolos astutamente—2 Nefi 28:19-23.

La Caída

  • La tentación de Adán y Eva—Gén. cap. 3; Moisés cap. 4; D. y C. 29:40; véase también 2 Cor. 11:3.
  • El pecado entró en el mundo por un hombre—Rom. 5:12, 18.
  • La caída trajo una muerte espiritual, así como temporal a todo el género humano—Alma 42:9.
  • El discurso de Lehi sobre la caída y sus consecuencias—2 Nefi 2:14-27.
  • Por la caída de Adán la humanidad quedó en un estado caído —Alma 12:20-24; véase también Helamán 14:16.
  • Adán cayó para que los hombres existiesen; y existen los hombres para que tengan gozo—2 Nefi 2:25.
  • La resurrección viene por motivo de la caída—2 Nefi 9:6.
  • La sangre de Cristo expía los pecados de aquellos que han caído por la transgresión de Adán-—Mosíah 3:11.
  • Todos los espíritus de los hombres fueron inocentes en el principio—D. y C. 93:38.
  • Adán se regocijó por motivo de las bendiciones que su transgresión puso a su alcance—Moisés 5:10, 11.
  • Por motivo de que Adán cayó, existimos; y por su caída vino la muerte—Moisés 6:48.
  • Porque así como en Adam todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados—1 Cor. 15:21, 22; véase también Rom. 5:11-19.
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