Albedrío

Albedrío

Doctrina Mormona – Bruce R. McConkie

Albedrío es la habilidad y libertad de elegir el bien o el mal. Es un principio eterno que ha existido con Dios desde toda la eternidad. Las simientes espirituales del Padre tenían albedrío en la preexistencia y estaban por lo tanto habilitadas para seguir a Cristo o a Lucifer, acorde a su elección (Moisés 4:3; D. y C. 29:36-37). Es en virtud del ejercicio del albedrío en esta vida, que los hombres están facultados para sufrir pruebas, las que son una parte esencial de la mortalidad (Moisés 3:17; 4:3; 7:32; Abra 3:25-28).

Cuatro grandes principios deben estar vigentes si hay albedrío:

1. Las leyes deben existir, leyes ordenadas por un poder omnipotente, leyes que pueden ser obedecidas o desobedecidas;

2. La oposición debe existir -bien y mal, virtud y vicio, rectitud e injusticia-; es que debe haber una oposición, una fuerza que tira para un lado y otra para el otro;

3. Todos aquellos que disfrutan del albedrío, deben tener un conocimiento del bien y del mal, es decir, ellos deben conocer la diferencia entre ambas oposiciones y

4. Debe prevalecer un poder de elección totalmente libre.

El albedrío es dado al hombre como parte esencial del gran plan de redención. Como todas las cosas pertenecientes a este plan, está basado en el sacrificio expiatorio de Cristo. Como Lehi expresó: “Porque son redimidos de la caída, han llegado a quedar libres para siempre, distinguiendo el bien del mal, para obrar por sí mismos, y no para que obren sobre ellos, a menos que sea el castigo de la ley en el grande y último día, según los mandamientos que Dios ha dado. Así pues, los hombres son libres según la carne; y les son dadas todas las cosas que para ellos les son propias. Y son libres para escoger la libertad y la vida eterna, por motivo de la gran mediación para todos los hombres, o escoger la cautividad y la muerte, según la cautividad y el poder del diablo; pues lo que él busca es que todos los hombres sean miserables como él” (2 Ne 2:26-30; 10:23; Alma 13:3; Hela. 14:31).

El albedrío es tan fundamental como parte del gran plan de la creación y redención, que si cesara, todas las cosas se desvanecerían. “Toda verdad es independiente para obrar por sí misma en aquella esfera en que Dios la ha colocado, así como toda inteligencia; de otra manera, no hay existencia (D. y C. 93:30). Ampliando e interpretando este principio revelado, Lehi dijo: “Porque es preciso que haya una oposición en todas las cosas. Pues de otro modo… no se podría llevar a efecto la justicia, ni la iniquidad, ni tampoco la santidad, ni la miseria, ni el bien ni el mal. ” De modo que todas las cosas necesariamente serían un solo conjunto; por tanto, si fuese un solo cuerpo, habría de estar como muerto, no teniendo ni vida ni muerte, ni corrupción ni incorrupción, ni felicidad ni miseria, ni sensibilidad ni insensibilidad. Por lo tanto tendría que haber sido creado en vano; de modo que no habría habido ningún objeto en su creación. Esto pues, habría destruido la sabiduría de Dios, y sus eternos designios, y también el poder, y la misericordia, y la justicia de Dios.

“Y si decís que no hay ley, decís también que no hay pecado. Si decís que no hay pecado, decís también que no hay justicia, y si no hay justicia, ni felicidad, tampoco hay castigo ni miseria, y si estas cosas no existen, Dios no existe. Y si no hay Dios, nosotros no existimos, ni la tierra; porque no podría haber habido creación de cosas, ni para actuar ni para recibir la acción; por consiguiente, todo se habría desvanecido” (2 Ne 2:11-14; D. y C. 29:39.)

El albedrío es la filosofía de oposición y porque éstos opuestos existen, los hombres pueden cosechar salvación o condenación por el uso que ellos hagan de su albedrío. Si no fuera por la ley del libre albedrío, no habría juicio de acuerdo a las obras, y consecuentemente, ni premios ni castigos. “Elegid hoy para servir a Dios el Señor que os hizo” (Moisés 6:33), es la voz del Señor para todos los pueblos de todas las épocas (Alma 30:8; Jos 24:15).

Satanás “pretendió destruir el albedrío del hombre” (Moisés 4:3), una eventualidad que pudo haber hecho los logros de la salvación y de acuerdo a ésto él fue arrojado de los cielos… Dos grandes mediaciones en la tierra modelan su trayectoria de acuerdo al programa de compulsión de Lucifer y buscan negar el inalienable derecho al albedrío del hombre. Estas mediaciones son la iglesia del diablo y las dictaduras comunistas, las cuales prosperan proporcionalmente en la medida de lo que puedan impedirle la verdad a sus miembros y forzarlos a través del miedo, a conformar las líneas “religiosas” y “partidarias”. Por otra parte, es la voluntad del Señor que todas las mediaciones, incluidos los gobernantes, deberían ser ordenados. “Para que todo hombre pueda actuar en doctrina y principio pertenecientes a lo futuro, de acuerdo con el albedrío moral que yo he dado, para que todo hombre responda por sus propios pecados en el día del juicio” (D. y C. 101:78). Las iglesias que enseñan que los hombres están predestinados para obtener salvación o condenación, de acuerdo con la decisión de Dios, sin considerar los actos individuales, no encuentran lugar en su teología para la verdadera doctrina del albedrío. Su razonamiento es a estos efectos: ¿Por qué hay necesidad del albedrío y así estar capacitado para realizar buenas obras dirigidas a la salvación si su propia salvación está determinada por la Deidad en base a predestinación sin considerar las obras? Así la falsa doctrina de la predestinación origina la falsa doctrina de que los hombres no son libres para expiar su propia salvación tal como se hace posible a través del sacrificio expiatorio de Cristo.

La Iglesia de Inglaterra, por ejemplo, en sus Artículos de Religión, bajo el encabezamiento de “Libre voluntad”, dice: “La condición del Hombre después de la caída de Adán es tal, que él no puede volver y disponerse por su propio natural esfuerzo y buenas obras, a tener fe e invocar a Dios, por cuyo motivo no tenemos poder para hacer obras buenas agradables y aceptables ante Dios, sin la gracia de Dios previniéndonos por medio de Cristo que podemos tener buena voluntad, y obrando con nosotros cuando tenemos esa buena intención. (Book of Common Prayer p.663).

El albedrío, por supuesto, es ejercido de acuerdo con la ley. Una vez que se ha hecho una elección final, no hay retroceso para buscar la meta opuesta. Los hombres pueden ejercer su albedrío para arrepentirse y volverse hacia el Señor en esta vida, por cuyo evento ellos serán salvos. Pero si ellos eligen rebelarse contra la luz y obrar malignamente, serán condenados.

Una vez que están condenados no hay poder de elección por el cual puedan alterar su curso y ganar salvación. Si los hombres eligen suicidarse por ejemplo, ellos continuarán teniendo libre albedrío en los infiernos pero no podrán usarlo para obtener sus vidas nuevamente. El propósito de esta vida, es probar a los hombres, para ver si ellos tomarán los cuerpos que se les ha dado y por el justo ejercicio del albedrío hacer, de esos cuerpos moradas adecuadas para el Espíritu de Dios.

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