Revelación

Revelación

Doctrina Mormona – Bruce R. McConkie

1. Naturaleza de la revelacion.- Tal como se usa en el evangelio la palabra “revelación significa dar a conocer la verdad divina por medio de la comunicación con los cielos.” (Artículos de Fe, pág. 329-346.) La revelación viene de Dios a los hombres de diferentes formas y de acuerdo con las leyes ordenadas por el Todopoderoso. El Señor se aparece personalmente a algunas personas espiritualmente receptivas. En ocasiones habla de manera audible, con su propia voz, a los que tienen sus oídos sintonizados con la divina onda de sonido; se envían ángeles desde su presencia para ministrar a algunos individuos que lo merecen; los fieles reciben de él sueños y visiones; a menudo habla con la quieta voz del Espíritu, la voz de profecía y revelación; revela la verdad por medio del Urim y Tumim; y hace saber su pensamiento y voluntad a los mortales receptivos en la manera más conveniente, según lo requieran las circunstancias.

2. Revelacion personal.- Cada persona devota, obediente y justa que esté sobre la tierra recibe revelación de Dios. La revelación es la herencia natural de todos los fieles. “Ningún hombre puede recibir el Espíritu Santo,” dijo el Profeta, “sin recibir revelaciones. El Espíritu Santo es un revelador.” (Enseñanzas, pág. 328.) Dios no hace acepción de personas, es decir que el don del Espíritu Santo, será siempre e invariablemente derramado sobre los que guardan la ley que los habilitan a la divina compañía. (Hechos 10.) Ese Ser “en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Sant. 1:17) siempre otorga la misma recompensa por obediencia a la misma ley. El Señor promete a los justos: “Vive el Señor, que es tu Dios y Redentor, que ciertamente recibirás un conocimiento de cuantas cosas pidieres en fe, con un corazón recto, creyendo que recibirás. … Si, he aquí, hablaré a tu mente y a tu corazón por medio del Espíritu Santo, que vendrá sobre ti y morará en tu corazón. Ahora, he aquí, este es el espíritu de revelación.” (D. y C. 8:1-3; 46:7; Mat. 7:7-8; Sant. 1:5.) Esta es la forma en que se obtiene un testimonio, como en el caso de Enós (Enós 1-10), y la manera en que todos los hombres pueden aprender la verdad del Libro de Mormón. (Moro. 10:3-5) Los misioneros deben dar testimonio de las cosas que les han sido reveladas. (D. y C. 58:63.) Se revela conocimiento a los santos a través del Espíritu Santo (D. y C. 121:26-32), y cuando hablan movidos por ese miembro de la Deidad, lo que dicen es escritura. (D. y C. 68:1-4.) “Si pides,” dice el Señor al Profeta (y se aplica en principio, a todos los santos) “recibirás revelación tras revelación, conocimiento sobre conocimiento, a fin de que puedas conocer los misterios y las cosas apacibles, aquello que trae gozo, aquello que trae la vida eterna. (D. y C. 42: 61; 59:4.) “Porque así dice el Señor: Yo, el Señor soy misericordioso y benigno para con los que me temen, y me deleito en honrar a los que me sirven en justicia y en verdad hasta el fin. Grande será su galardón y eterna será su gloria. Y a ellos revelaré todos los misterios, si, todos los misterios ocultos de mi reino desde los días antiguos, y por siglos futuros, les haré saber la buena disposición de mi voluntad tocante a toda las cosas pertenecientes a mi reino. Si, aún las maravillas de la eternidad sabrán ellos, y las cosas venideras les enseñaré, si, cosas de muchas generaciones. Y su sabiduría será grande, y su conocimiento llegará hasta el cielo; y ante ellos perecerá la inteligencia de los sabios y se desvanecerá el entendimiento del prudente. Porque por mi Espíritu los iluminaré y por mi poder les revelaré los secretos de mi voluntad; si, cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han llegado siquiera al corazón del hombre. (D. y C. 76:5-10.)

Pablo escribió: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que ama. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aún lo profundo de Dios. . . Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no la puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién la instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo. (1 Cor. 2:9-10,14-6; 14:6, 26, 30; 2 Cor. 12:1-4; D. y C. 76:114-118.) Cualquier persona lo suficientemente fiel, tiene la categórica promesa de que Dios mismo se le aparecerá. “De cierto, así dice el Señor; Acontecerá que toda alma que deseche sus pecados y venga a mi, invoque mi nombre, obedezca mi voz y guarde mis mandamientos, verá mi faz y sabrá que yo soy.” (D. y C. 93:1.) Esto hace referencia a la aparición personal de Dios a los seres mortales. (D. y C. 67:10-14.)

Muchas personas fieles han cumplido la ley de fe y han recibido esta revelación prometida. (Eter 3:19-26.) En cuanto a sus propios asuntos personales se espera que los santos, (debido a que tienen el don del Espíritu Santo) obtengan revelación personal y guía, en lugar de correr a la Primera Presidencia o algún otro líder de la Iglesia para que les digan que hacer. “Es cosa grave preguntar a Dios o allegarse a su presencia”, dice el Profeta, “y sentimos temor de acercarnos a El sobre temas que son de poca o ninguna importancia, para satisfacer las preguntas de individuos, especialmente acerca de asuntos cuyo conocimiento los hombres deberían obtener por si mismos con toda sinceridad ante Dios, con humildad y por la oración de fe; y con más particularidad al tratarse de un maestro o sumo sacerdote de la Iglesia.” (Enseñanzas, pág. 20.)

3. Revelación para la iglesia.-La verdadera Iglesia de nuestro Señor está establecida y fundada sobre la revelación. Su identidad como la verdadera Iglesia, continúa, en tanto se reciba revelación para manejar sus asuntos, pues las puertas del infierno no prevalecerán contra el poder de la fe y justicia que hace descender las revelaciones del cielo. Jesús alabó a Pedro por su testimonio; “carne ni sangre te lo ha revelado, sino mi Padre que está en los cielos.” (Mat. 16:17-18.)

Comentando acerca de esto el Profeta dijo “¿Qué roca? La revelación.” (Enseñanzas, pág. 335.) Pero la casa del Señor es una casa de orden y no una casa de confusión. (D. y C. 132:8.) En lo que concierne a la Iglesia, la revelación viene solamente a través de los canales señalados. Nadie, sino el Presidente de la Iglesia, que posee y ejerce la plenitud de las llaves, puede anunciar una revelación a la Iglesia. “Nadie será nombrado para recibir mandamientos y revelaciones en esta Iglesia sino mi siervo José Smith hijo, porque los recibe así como Moisés. . . . Porque yo le he dado las llaves de los misterios y de las revelaciones selladas, hasta que les nombre a otro en su lugar.” (D. y C. 28:2-8; 25:9; 90:14; 94:3; 100:11; 107:91-92.)

Es verdad que todos los miembros del Consejo de los Doce están llamados y sostenidos para servir como profetas, videntes y reveladores de la Iglesia (Enseñanzas, pág. 126-127.), pero, como sucede con todas las llaves del reino que ellos reciben en relación con su santo apostolado, el poder de recibir y promulgar revelaciones para la Iglesia descansa sobre ellos de manera latente hasta que uno de ellos llega a ser Presidente de la Iglesia. Dado que las llaves son el derecho a la presidencia; solamente una persona sobre la tierra, a la vez, puede ejercerlas en su plenitud. (D. y C. 132:7.)

Toda persona llamada y apartada correctamente para actuar como oficial en la Iglesia, tiene el derecho al espíritu de revelación para guiar la organización o grupo en particular que preside. “La Presidencia está sobre la Iglesia”, dijo el Profeta, “Y las revelaciones de la disposición y voluntad de Dios para la Iglesia deben venir por medio de la Presidencia. Tal es el orden celestial, así como el poder y privilegio de este sacerdocio. Cualquiera de los oficiales de esta Iglesia tiene el privilegio de recibir revelaciones, en lo que respecta a su particular llamamiento y deber en la Iglesia.” (Enseñanzas, pág. 130.) Este sistema de promulgar revelaciones a través de la cabeza establecida para la obra del Señor sobre la tierra, es tan inamovible e inflexible que se fija como prueba para establecer la verdad o falsedad de lo expresado en las revelaciones. “No se os ha nombrado a ningún otro para que reciba mandamientos y revelaciones, hasta que él sea llevado,” El Señor dijo sobre el Profeta, “No recibiréis como revelaciones o mandamientos las enseñanzas de ninguno que se presente ante vosotros; y esto os lo doy para que no seáis engañados, y para que sepáis que no son de mí. (D. y C. 43:2-7; Doctrina de Salvación, vol. 1, pág. 260-269.)

4. No hay salvación sin revelación.- “La salvación no puede venir sin revelación; es en vano que persona alguna ejerza su ministerio sin ella.” enseñó el Profeta. (Enseñanzas, pág. 186.) Sin revelación no se conocerían la existencia misma de Dios y del plan de salvación y sin revelación no habría administradores legales para realizar las ordenanzas de salvación que atan en la tierra y en el cielo. “Grandes y maravillosas son las obras del Señor, dijo Jacob. “¡Cuán inescrutables son las profundidades de sus misterios; y es imposible que el hombre pueda descubrir todos sus caminos! Y nadie hay que conozca sus sendas a menos que le sean reveladas; por tanto, no despreciéis, hermanos, las revelaciones de Dios.” (Jacob. 4:8; Jarom 2; Omni 25.) También es evidente que la revelación debe venir en el tiempo y al pueblo que debe salvarse. “Si pudiéramos leer y entender todo lo que se ha escrito desde los días de Adán, sobre la relación que tendrá el hombre con Dios y los ángeles en un estado futuro, aun así sabríamos muy poco de ello.” dijo el Profeta, “La lectura de las experiencias de otros, o las revelaciones dadas a ellos, jamás podrán darnos a nosotros un concepto comprensivo de nuestra condición y verdadera relación con Dios.

El conocimiento de estas cosas tan solo se puede obtener por la experiencia, mediante las ordenanzas que Dios ha establecido para ese propósito. Si por cinco minutos pudiéramos ver lo que hay en el cielo, aprenderíamos más que si leyésemos todo lo que jamás se ha escrito sobre el asunto.” (Enseñanzas, pág. 400.)

5. La revelación salva o condena.- El que un individuo o un pueblo reciba revelaciones no les asegura la salvación. La salvación se obtiene perseverando en fe y devoción hasta el fin; es la recompensa a la rectitud. “Porque aun cuando un hombre reciba muchas revelaciones, y tenga poder para hacer muchas obras poderosas, sin embargo, si se jacta de su propia fuerza y desprecia los consejos de Dios, y sigue los dictados de su propia voluntad y deseos carnales, tendrá que caer e incurrir en la venganza de un Dios justo.” (D. y C. 3:4.) Verdaderamente la revelación puede llevar a quien la reciba, a la condenación o a la salvación. “Porque de aquel a quien mucho se da, mucho se requiere; y el que peque contra mayor luz, mayor condenación recibirá. Pedís revelaciones en mi nombre, y os las concedo; y si no observáis mis instrucciones que os doy, os hacéis transgresores; y justicia y juicio son el castigo que prescribe mi ley. (D. y C. 82:3-4.) De hecho, el mayor de todos los castigos, el ser desterrados con el diablo y sus ángeles en la eternidad, está reservado para “esos hijos de perdición que niegan al Hijo después que el Padre lo ha revelado.” (D. y C. 76:43.)

6. Revelación de los últimos días.-Personas devotas de todos los credos cristianos aceptan con facilidad la verdad que la revelación se derramaba sobre los fieles de tiempo en tiempo, desde Adán hasta los días de Cristo y los apóstoles. Sin embargo, suponen que a partir del tiempo de los apóstoles los cielos fueron sellados y que la revelación cesó. En realidad las almas son tan preciosas a la vista de Dios hoy como lo han sido siempre, y la revelación se derrama aun abundantemente para que las almas puedan ser guiadas a la salvación. “Y también hablo a vosotros que negáis las revelaciones de Dios y decís que ya han cesado, que no hay revelaciones, ni profecía, ni dones, ni sanidades, ni hablar en lenguas, ni la interpretación de lenguas. “He aquí, os digo que aquel que niega estas cosas no conoce el evangelio de Cristo; si, no ha leído las Escrituras; y si las ha leído; no las comprende. Pues ¿no leemos que Dios es el mismo ayer, hoy y para siempre, y que en él no hay variación ni sombra de cambio?” (Morm. 9:7-9.) Nefi escribió: “¡Ay del que diga: Hemos recibido la palabra de Dios, y no necesitamos más de la palabra de Dios, porque ya tenemos suficiente! Pues he aquí, así dice Dios el Señor: Daré a los hijos de los hombres línea por línea, precepto por precepto, un poco aquí, y un poco allí; y benditos son aquellos que escuchan mis preceptos y prestan atención a mis consejos, porque aprenderán sabiduría; pues a quien reciba le daré más; y a los que digan: Tenemos bastante, les será quitado aun lo que tuvieren.” (2 Ne. 28:29-30.) “¿No sabéis que hay más de una nación? ¿No sabéis que yo, el Señor vuestro Dios, he creado a todos los hombres, y que me acuerdo de los que viven en las islas del mar; y que gobierno arriba en los cielos y abajo en la tierra; y manifiesto mi palabra a los hijos de los hombres, sí, sobre todas las naciones de la tierra? ¿Por qué murmuráis por tener que recibir más de mi palabra? …Y no supongáis que porque hablé una palabra, no puedo hablar otra; porque aún no está terminada mi obra; ni se acabará hasta el fin del hombre; ni desde entonces para siempre jamás. Así que no por tener una Biblia, debéis suponer que contiene todas mis palabras; ni tampoco debéis suponer que no he hecho escribir otras más.” (2 Ne. 29:7-10.)

El Profeta José Smith preguntó “¿Acaso corresponde a una gente que jamás tuvo la fe suficiente para invocar un fragmento de revelación de los cielos -y cuanto hoy tienen lo deben a la fe de otro pueblo que vivió cientos de miles de años antes que ellos- si, corresponde a tal gente decir cuánto es lo que Dios ha hablado y cuánto no? Tenemos lo que tenemos, y la Biblia contiene lo que contiene; pero decir que Dios jamás comunicó al hombre más de lo que en ella está escrito, sería decir, desde luego, que por fin hemos recibido una revelación; porque se precisa una para llegar a tal conclusión, pues en ningún lugar de ese libro declara la voz de Dios que no volvería a hablar, después de comunicar lo que allí se encuentra; y si hombre alguno ha descubierto en realidad que la Biblia contiene todo lo que Dios jamás revelará al hombre, lo ha llegado a saber por una revelación directa, aparte de las que previamente escribieron los profetas y apóstoles. Pero mediante la benevolente providencia de nuestro Padre, ha llegado a nuestras manos una parte de su palabra que comunicó a sus antiguos santos, y se nos da con la promesa de un galardón, si se obedece, y de un castigo si se desobedece.” (Enseñanzas, pág. 67.)

En toda la Biblia se encuentran pasajes que son escritura -cientos y cientos de ellos- haciendo promesas y registrando convenios hechos por Dios con su pueblo elegido, todos a ser cumplidos en los últimos días, y ninguna puede cumplirse sin revelación. (Enseñanzas, pág. 77; Doctrina de Salvación, vol. 1, pág. 264-265.) No hay siquiera un solo tema en la Biblia que se mencione más veces que los gloriosos eventos que han de ocurrir en la dispensación del cumplimiento de los tiempos -todas recibidas por revelación. No es de extrañar que el Señor haya dicho: “No niegues el espíritu de revelación ni el espíritu de profecía, porque “¡ay de aquel que niega estas cosas!” (D. y C. 11:25.) En el futuro habrá nuevas revelaciones que empequeñecerán todo el conocimiento revelado hasta ahora desde los cielos. Cuando salga a la luz la parte sellada del Libro de Mormón revelará “todas las cosas desde la fundación del mundo hasta el fin,” y en esta última dispensación “se revelarán a los hijos de los hombres todas las cosas habidas entre ellos jamás, y cuantas habrá jamás hasta el fin.” (2 Ne. 27:10-11, 22; 30:18.) “Si, en verdad te digo que el día en que el Señor venga, él revelará todas las cosas: cosas que han pasado y cosas ocultas que ningún hombre conoció; cosas de la tierra, mediante las cuales fue hecha, y su propósito y estado final; cosas sumamente preciosas; cosas que están arriba y cosas que están abajo; cosas que están dentro de la tierra y sobre la tierra y en el cielo.” (D. y C. 101:32-34.)

7. Se administra la iglesia por revelación.- Siendo que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es la Iglesia verdadera de Cristo; y como la Iglesia del Señor debe ser guiada por revelación continua para mantener la aprobación divina; y siendo que tenemos la promesa absoluta de que esta Iglesia está destinada a permanecer sobre la tierra para preparar un pueblo para la Segunda Venida -podemos sacar en conclusión (sin otra evidencia) que la Iglesia hoy, es guiada por revelación. (Doctrina de Salvación, vol. 1, pág. 266.) Es verdad que actualmente no se están escribiendo muchas revelaciones que contengan principios de doctrina, porque ya se han escrito todas las que nosotros estamos capacitados o somos dignos para recibir.

Pero el Espíritu está dando revelación directa y diaria a los Hermanos presidentes en la administración de los asuntos de la Iglesia. (D. y C. 102:2, 9, 23; 107:39; 128:11.) El Presidente Wilford Woodruff dijo: “¿Dónde están las revelaciones del Presidente Young? Las encuentran en un registro? Solo unas pocas; pero el Espíritu Santo y las revelaciones de Dios estaban con Brigham Young desde el día en que recibió este evangelio hasta el día en que dejó esta vida y su tabernáculo fue llevado a la tumba. No había necesidad particular que Brigham Young diera revelación escrita, solo la hubo unas pocas veces. Lo mismo ocurre con Wilford Woodruff. Y en gran medida probablemente pase con todos los que nos sigan hasta la llegada del Hijo del Hombre. ¿Pero estamos sin revelación? No, no lo estamos. Sabemos nuestro deber, y en cierta medida sabemos lo que nos espera. . .Viajé con Brigham Young aquí y en el extranjero y no pasó un solo día de mi vida en el que él no tuviera el espíritu y el poder de la revelación de Dios. Este poder estaba con él cuando vino a esta tierra. Yo estaba con él cuando puso los fundamentos de nuestros templos y cuando proyectó la ciudad de Salt Lake. Hizo todas estas cosas por la inspiración del Espíritu del Dios Todopoderoso.” (Discourses of Wilford Woodruff, pág. 55-56.)

La presencia de la revelación en la Iglesia es una prueba positiva de que es el reino de Dios sobre la tierra. Y dado que el Señor no hace acepción de personas, dará a cualquier persona que viva la ley, que lo califique para saber por revelación personal, acerca de la divinidad de la Iglesia y que está dirigida por revelación actual. Para los que aceptan todas las revelaciones que Dios da, en cualquier día en particular, hay paz y gozo y una esperanza de salvación. Para los que rechazan estas revelaciones, los espera la condenación del infierno. Tenemos la siguiente declaración por boca del Profeta: “Muchos afirman en esta época que no tenemos el derecho de recibir revelaciones; pero si no recibimos revelaciones, tampoco tenemos los oráculos de Dios; y si un pueblo no tiene los oráculos de Dios, ese pueblo no es de Dios. Pero se dirá: ¿Qué será del mundo o de los varios profesores de religión que no creen en la revelación y los oráculos que Dios concedió a su Iglesia en todas las épocas del mundo cuando ha tenido un pueblo sobre la tierra? Yo os digo, en el nombre de Jesucristo que serán condenados; y cuando lleguéis al mundo eterno, veréis que así es: no pueden escapar de la condenación del infierno.” (Enseñanzas, pág. 333.)

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s