Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: David O. McKay

Cómo prepararse para el matrimonio y la familia eternos

Verdaderamente, con respecto al matrimonio, no hay ideal más elevado al que los jóvenes puedan aspirar que contemplarlo como una institución divina1.

Introducción

A principios de diciembre de 1900, cuando David O. McKay propuso matrimonio a su futura esposa, Emma Ray Riggs, ella le preguntó: “¿Estás seguro de que yo soy la indicada para ti?”. Él le contestó que estaba seguro. En una carta que escribió después a Obadiah H. Riggs, el padre de Emma Ray, David O. McKay describió algunas de las cualidades de ella que más valoraba:

“La dulzura de su carácter, su virtud e inteligencia, su naturaleza altruista, en fin, sus cualidades perfectas se han ganado mi amor… Cuando me dijo que correspondía a mis afectos, mi felicidad fue completa… He pedido a su hija que sea mía en matrimonio y ahora le pregunto a usted, doctor Riggs, si como padre está dispuesto a dar su consentimiento. Ella me ha dado el suyo… A cambio, le ofrezco un amor sincero y un corazón y una disposición cuyo único deseo es hacerla feliz”.

Las cartas de David O. McKay a su prometida durante el noviazgo indican el carácter noble de la relación de ambos y las cualidades que ella le inspiraba. En una carta fechada el 11 de diciembre de 1900, él le escribió: “Sabes que desde que sentí amor verdadero entiendo mejor la razón por la que los caballeros de antaño siempre tenían el amor de una dama por la cual luchar. El solo deseo de complacerla hacía que sus brazos fueran más fuertes, sus espadas más certeras y su ánimo más intrépido. Cada uno trataba de desarrollar la fuerza y la presteza mayores que pudiera lograr a fin de ser más digno de la aprobación de su dama. Además, los mejores caballeros daban importancia a la nobleza de carácter para merecer la compañía de aquellas a quienes consideraran poseedoras del alma más sincera y pura”2.

En otra carta que le escribió el 22 de diciembre de ese año, le habla de la unión que ambos contemplaban: “Me dices que nuestra unión será eterna, y pienso que sólo la eternidad puede satisfacer el amor que anhelo y el amor que tengo para ofrecerte… Me siento solo sin ti, Ray, y espero ansiosamente que llegue el tiempo en que estés siempre a mi lado”3. Por su vida recta y honorable y su noviazgo prudente, los hermanos McKay lograron alcanzar su meta. Durante su ministerio, el presidente McKay enseñó muchas veces cómo prepararse para tener un matrimonio y una familia eternos.

Aunque las enseñanzas del presidente McKay en este capítulo están dirigidas a los jóvenes que se preparan para contraer matrimonio, los mismos principios son también útiles para las personas casadas, particularmente para que enseñen y aconsejen a sus hijos y a otros jóvenes con respecto al noviazgo.

Las enseñanzas de David O. McKay

Se debe enseñar a los jóvenes la naturaleza sagrada del matrimonio y de la condición de padres.

Enseñen a los jóvenes que el matrimonio no es una institución inventada por el hombre sino que es ordenado por Dios; y que es una ceremonia sagrada y debe dársele la más seria consideración antes de entrar en ese contrato que implica la felicidad o la desgracia por el resto de su vida. El matrimonio no es algo que se pueda tomar a la ligera… ni dar por terminado ante la primera pequeña dificultad que se presente. Los jóvenes deben, al menos, enfrentarlo con la sincera intención de edificar un hogar que contribuya a ser el fuerte apoyo de una sociedad noble4.

Se debe enseñar a los jóvenes de ambos sexos las responsabilidades y los ideales del matrimonio a fin de que se den cuenta de que es un compromiso que lleva consigo una obligación y no un arreglo que se pueda dar por terminado a capricho. Se les debe enseñar que el amor puro entre los sexos opuestos es uno de los elementos más nobles que existen, y que traer al mundo hijos y criarlos es el más elevado de todos los deberes humanos. En este aspecto, los padres tienen la obligación de dar un ejemplo en el hogar, para que los hijos vean y absorban el concepto de lo sagrado de la vida familiar y de la responsabilidad que lleva implícita5.

[El propósito del matrimonio] es tener hijos y formar una familia. Tengamos presente eso. Cientos de personas están ahora diciendo, y cientos más dirán: “¿Cómo me voy a casar y mantener a una esposa en el tipo de vida al que esté acostumbrada? ¿Cómo puedo estudiar y mantener a una familia? ¡Si ni siquiera encuentro un lugar donde vivir!”

Ésas son preguntas lógicas… Estoy dispuesto a reconocer éstas y otras dificultades y a responder a ellas, teniendo en cuenta que el Señor ha dicho que “el matrimonio lo decretó Dios para el hombre” [D. y C. 49:15]. Y repito, el propósito mismo del matrimonio es criar una familia y no sólo dar satisfacción al hombre o a la mujer6.

Se dice que la vida mejor y más noble es aquella que aspira a los ideales elevados. Verdaderamente, los jóvenes no podrían aspirar a un ideal más elevado con respecto al matrimonio que el de contemplarlo como una institución divina; el tener presente ese ideal como norma es para ellos una protección en el período del noviazgo, una influencia constante que los induce a refrenarse de cualquier cosa que pueda impedirles ir al templo para que su amor sea hecho perfecto en una unión firme y eterna; los llevará a buscar la guía divina al elegir un compañero, puesto que de una buena elección depende, en gran parte, su felicidad aquí y en el más allá. Eso hace que su corazón sea puro y bueno, y los eleva hacia su Padre Celestial. Tal gozo está al alcance de la mayoría de los hombres y las mujeres si se fomentan y atesoran en forma apropiada los ideales elevados del matrimonio y el hogar7.

Los jóvenes deben prepararse para contraer matrimonio y ser padres al llevar una vida limpia.

Cuando una pareja es bendecida con hijos, muchas veces la salud de éstos depende del comportamiento de los padres antes del matrimonio. En la prensa, desde el púlpito y particularmente en el hogar debería resonar con más frecuencia el mensaje de que es en su juventud que los jóvenes de ambos sexos colocan los cimientos de su felicidad o desgracia futura. En especial, todo joven debe prepararse para la responsabilidad de la paternidad manteniéndose limpio físicamente, a fin de asumir la responsabilidad como persona honorable y adecuada para fundar un hogar, y no como un cobarde y embustero. El joven que tome sobre sí los deberes de la paternidad siendo indigno es peor que un embustero. La felicidad de su esposa y de sus hijos futuros depende de cómo haya vivido en su juventud.

Enseñemos también a las jovencitas que la maternidad es un don divino, porque cuando contemplamos el poder de crear vida, entramos en el ámbito de lo divino. Por lo tanto, es imprescindible que las adolescentes se den cuenta de lo importante que es mantener su cuerpo limpio y puro… Una madre no tiene derecho a crear un obstáculo en la vida de un hijo por lo que en la juventud le parezca un agradable pasatiempo o su derecho a entregarse al uso de drogas nocivas y a otras prácticas pecaminosas8.

La felicidad no comienza en el altar, sino en el período de la juventud y el noviazgo; las semillas de esa felicidad se siembran según la habilidad de dominar su pasión impulsiva. La castidad debe ser la virtud predominante entre los jóvenes, un ideal que el mundo no ha aceptado y que muchas personas mundanas no creen que exista ni que los jóvenes consideren preciado9.

Uno de los males que predomina en el mundo actual es la falta de castidad… El que no es casto en su juventud es desleal a la confianza depositada en él por los padres de la joven; y la jovencita que no es casta es desleal a su futuro esposo y está colocando cimientos de infelicidad, sospecha y discordia en el hogar… Tengan en cuenta la eterna verdad de que la castidad es una virtud que debe preciarse como uno de los logros más nobles de la vida… Es un factor esencial para tener un hogar feliz. No se pierde ningún prestigio por mantener con dignidad las normas de la Iglesia. Ustedes pueden estar “en” el mundo y no “ser del mundo”. ¡Mantengan la castidad por encima de todo lo demás! Dios nos ha mandado ser castos10.

En La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no existe más que una norma de moralidad. Ningún joven tiene más derecho que una jovencita de faltar a la castidad. Cuando un joven pide una recomendación para llevar al altar a una joven pura, se espera que él pueda brindar la misma pureza que pretende recibir11.

La fuente de armonía y felicidad en el hogar es la castidad, y no la satisfacción de las pasiones en los años anteriores al matrimonio; y es también el principal factor contribuyente a la salud y la perpetuidad de la raza. Lealtad, confiabilidad, confianza, amor por Dios y fidelidad hacia el ser humano son cualidades relacionadas con la diadema que es parte de la corona de la femineidad virtuosa y de la hombría [de bien]. La palabra del Señor a Su Iglesia es que nos guardemos “sin mancha del mundo” (véase Santiago 1:27; D. y C. 59:9)12.

Que Dios los bendiga para que se mantengan sin mancha, para que se acerquen a Él en oración y le pidan guía para elegir compañero; y una vez elegido, que ambos vivan de tal manera que puedan entrar en la Casa de Dios donde, si Él estuviera presente y les preguntara sobre su modo de vivir, pudieran contestar honestamente: “Sí, somos limpios”. Un matrimonio que parta de esa base les brindará felicidad y el mayor gozo que se conozca en esta vida y a través de la eternidad13.

Los jóvenes deben ser correctos al salir con personas del sexo opuesto y deben evaluar con cuidado sus sentimientos.

La gente joven, las jovencitas de enseñanza secundaria, salen diariamente como novias con muchachos de su edad, adolescentes todavía, y se privan de conocer mejor a otros compañeros; y en ese noviazgo diario a tan temprana edad, intiman con ellos de tal modo que provocan sus pasiones por una hora de placer, acarreando sobre sí mismas una desgracia que puede durar toda su vida. ¡Esto no es producto de la imaginación! Ustedes, presidencias de estaca y obispados de barrio, y ustedes, padres de algunos jóvenes, saben que no es una idea imaginaria14.

Joven, cuando invites a una chica para llevarla a una fiesta, recuerda siempre que sus padres te la confiaron; ella es su bien más preciado. Si te hubieran confiado mil dólares, no se te ocurriría descuidarlos ni malgastarlos. Pero han puesto a tu cuidado algo a lo que no se puede poner precio, y serías realmente muy vil si trataras con deslealtad esa confianza… Recuerdo lo que me dijo mi padre cuando, siendo adolescente, empecé a galantear a una jovencita: “David, debes tratar a esa joven como querrías que un muchacho tratara a tu hermana”. Jóvenes, sigan ese consejo para poder vivir con una conciencia limpia, y más adelante podrán decir de verdad que, a pesar de todos sus errores, nunca dañaron a una jovencita15.

Al elegir compañero, es importante analizar… a la persona con la que estén pensando en recorrer la jornada de la vida. Fíjense en lo importante que es buscar las características de honradez, lealtad, castidad y reverencia. Pero aun después de haberlas encontrado, se preguntan: “¿Cómo puedo saber si existe una afinidad, si hay algo que nos haga sentir felices en mutua compañía?” “¿Habrá alguna guía para saberlo?”. Aun cuando el amor no es siempre una guía confiable, especialmente si no es retribuido o si se entrega a una persona grosera o cruel, sin embargo, sin amor no hay felicidad. “Sí”, dirán ustedes, “¿pero cómo sé si estoy realmente enamorado?” Y ésa es una pregunta muy importante…

En presencia de la joven a quien verdaderamente amen, no sentirán la necesidad de suplicar; estando en su presencia no intentarán aprovecharse de ella; en su presencia sentirán el deseo de ser todo lo que un [gran hombre] puede llegar a ser, porque ella les inspirará ese ideal. Y les pido a ustedes, jovencitas, que tengan para ustedes la misma guía. ¿Qué les inspira él…? Cuando un muchacho las acompaña a casa después de una reunión o de un baile, y demuestra la tendencia a usarlas para su conveniencia o como medio de satisfacer sus deseos, pueden estar seguras de que no lo hace motivado por el amor.

En esas circunstancias, no obstante lo fascinadas que puedan estar con él, jovencitas, no obstante la seguridad que tengan de que lo aman, dejen que su juicio prevalezca y domine sus sentimientos. Quizás sufran por no seguir los impulsos de su corazón, pero es mejor que sientan un poco de dolor en su juventud y no que tengan que sufrir grandes pesares que las torturen más adelante16.

A los que se preparen bien para un matrimonio eterno les esperan grandes bendiciones.

Los jóvenes de ambos sexos que quieran tener la máxima felicidad en su vida harían bien en prepararse para ser dignos de la clase de matrimonio que Dios ha ordenado: la unión de un hombre y una mujer dignos de que su matrimonio se solemnice en el templo del Altísimo. Allí, al arrodillarse los que se aman de verdad… cada uno de ellos puede tener la seguridad de lo siguiente:

Primero, que su recorrido matrimonial comienza con pureza. Los hijos que vayan a bendecir esa unión tienen asegurado un nacimiento noble con respecto al hecho de heredar un cuerpo limpio.

Segundo, que comparten los mismos ideales religiosos. La dificultad de criar a los hijos aumenta cuando el padre y la madre tienen distintos puntos de vista en cuanto a doctrina y afiliación religiosa.

Tercero, que hacen sus votos con la idea de una unión eterna y no para romperlos ante cualquier mal entendido o problema.

Cuarto, que un convenio en el que se ha entrado en presencia de Dios y que ha sido sellado por el Santo Sacerdocio es una ligadura más fuerte que cualquier otra.

Quinto, que un matrimonio que tenga ese comienzo será tan eterno como el amor, el atributo más divino del alma humana.

Sexto, que esa unidad familiar continuará sin romperse a través de la eternidad17.

Sugerencias para el estudio y el análisis

  1. ¿Cómo podemos ayudar a los jóvenes a entender las responsabilidades sagradas que conlleva el matrimonio? (Véanse las págs. 149–150.) ¿Qué debemos hacer a fin de preparar a los jóvenes para los problemas que inevitablemente enfrenta una pareja casada?
  2. ¿Por qué es esencial la castidad para prepararse para un matrimonio y una familia eternos? (Véanse las págs. 150–152.) La falta de castidad, ¿qué efecto puede tener en la capacidad de una persona para elegir con prudencia a un compañero eterno? ¿Qué proceso debe seguirse para arrepentirse completamente de la falta de castidad? ¿Qué bendiciones trae el mantenerse casto?
  3. El presidente McKay enseñó que muchas veces los hijos se ven afectados por las acciones de los padres antes del matrimonio (véanse las págs. 150–152.). Además de mantenerse moralmente limpios, ¿qué otras cosas deben hacer los jóvenes y los padres para mantener pura su vida y proteger a sus futuros hijos?
  4. ¿Cómo tratan los medios de comunicación de influir en nuestra perspectiva del noviazgo y el matrimonio? ¿Por qué habrá amonestado el presidente McKay a los jóvenes a no empezar un noviazgo a una edad temprana? ¿Qué otras salvaguardas deben observar los jóvenes cuando salgan con miembros del sexo opuesto? (Véanse las págs. 152–153.)
  5. ¿Qué consejos daría usted a los jóvenes que no saben si están enamorados o no? (Véase la pág. 154.) Mencione algunas cualidades importantes en una relación.
  6. ¿Qué propósito tiene el matrimonio? (Véanse las págs. 149–150.) ¿Qué peligros hay en casarse demasiado joven? ¿Qué peligros hay en posponer el matrimonio demasiado tiempo? ¿Cómo puede saber una pareja cuándo es el momento apropiado para casarse?
  7. El presidente McKay enseñó que los que contemplan el matrimonio como una “institución divina” reciben fortaleza y guía durante su noviazgo. ¿Por qué cree usted que eso sucede? ¿Qué bendiciones ha visto usted que reciben los que guardan las normas del Evangelio durante su noviazgo?
  8. ¿Qué similitudes encuentra entre las enseñanzas del presidente McKay a los jóvenes y las normas que se mencionan en “Para la fortaleza de la juventud”? ¿Cómo puede hacerles entender a sus hijos que las normas que a usted le enseñaron son las mismas que ellos deben seguir?

Pasajes relacionados: Jacob 2:28; Alma 37:37; 39:3–5; D. y C. 132:15–19.

Notas

1. En “Conference Report”, abril de 1969, pág. 7.
2. Citado por David Lawrence McKay en My Father, David O. McKay, 1989, págs. 7–8; los párrafos se han cambiado.
3. Citado en My Father, David O. McKay, págs. 8–9; los párrafos se han cambiado.
4. En “Conference Report”, oct. de 1943, pág. 32.
5. En “Conference Report”, abril de 1964, pág. 6.
6. Gospel Ideals, 1953, págs. 466–467.
7. En “Conference Report”, abril de 1969, pág. 7.
8. En “Conference Report”, abril de 1969, pág. 6.
9. “As Youth Contemplates an Eternal Partnership”, Improvement Era, marzo de 1938, pág. 139.
10. En “Conference Report”, abril de 1969, pág. 6.
11. En “Conference Report”, abril de 1969, pág. 9.
12. En “Conference Report”, abril de 1964, pág. 6.
13. Gospel Ideals, págs. 465–466; los párrafos se han cambiado.
14. En “Conference Report”, abril de 1958, pág. 90.
15. Improvement Era, marzo de 1938, pág. 191.
16. Gospel Ideals, págs. 459–460; los párrafos se han cambiado.
17. Gospel Ideals, pág. 465.

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