La Restauración de Todas las Cosas

Lección 27
LA ETERNIDAD DE LA FAMILIA

El matrimonio es un convenio eterno

El Señor institutyó el matrimonio con objeto de que perdurase para siempre. De ahí, pues, naturalmente se desprende que los mismo sucede con la familia. El plan que se da en el evangelio para regir al hombre sobre la tierra es representativo de la ley celestial. Me parece imposible imaginar mayor causa de tristeza que se halla en el mundo eterno sin ningún derecho al padre, la madre, el esposao los hijos.

¡Qué pensamiento tan horrible ha de ser para todos aquellos que viven dentro de los vínculos de la familia, donde reinan el gozo, paz, unidad y amor, pensar que en la vida eterna va a desaparecer, a disolverse esa unión, y los miembros se verán obligados a pasar la eternidad fuera de ese círculo familiar, desconocidos unos y otros; por lo menos, privados de todos los sentimientos más nobles que alientan y unen a los miembros de la familia, y éstos colocados en el mismo nivel en que hoy consideran a sus amigos y desconocidos.

¿Podría llamársele cielo a semejante condición? ¿Es razónable suponer que al encontrarse el padre y la madre, si son dignos de ser salvos, se saludarán en la misma manera y con los mismos sentimientos de los padres y las madres ese mismo amor y cariño recíprocos que tuvieron aquí, y que la misma condición no existirá entre ellos y sus hijos?

Para los Santos de los Ultimos Días tales pensamientos son horrendos, amor y justicia. Para ellos tal lugar no puede ser el cielo.

El reino de Dios es un gobierno

El reino de Dios es un gobierno. Lo dirigen oficiales debidamente nombrados. A la cabeza se halla un Rey ue tiene el mando supremo, que gobierna con misericordia y justicia. Se ha escrito que «será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de sus riñones». (Is.11:5) Es el «Señor Dios Todopoderoso», «Jehová de los Ejércitos», cuyo cetro es de justicia y de verdad y cuyo dominio es eterno. Pero no reina solo.

Ha nombrado a sus oficiales, a quienes ha dado autoridad para que gobiernen y dirijan bajo su dominio.

Refiriéndose a estos oficiales que han sido nombrados a puestos importantes, el Rey ha dicho que se sentarán sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Habrá en este reino «reyes y sacerdotes para Dios y su Padre», según lo que está escrito, y de su reino no habrá fin.

Aquí en la tierra, la familia es la unidad que forma el gobierno. Si es destruida la familia, el gobierno perecerá. Debe deducirse, pues, que en el gobierno celestial, dirigido por oficiales autorizados, como se ha dicho, y sujeto a leyes eternas, allí también debe ser la familia la unidad que forma el gobierno y en igual manera debe haber comúnidades, ciudades y estados, porque la tierra es típica de las cosas celestiales donde todo es orden.

¿Cómo puede haber ley y orden si está destruida la familia? No puede imaginarse tal cosa aquí en la tierra, si se desea un gobierno progresivo. Las leyes que rigen en el reino de Dios son leyes naturales, porque todas las leyes de la naturaleza son de Dios.

No es parte del plan de Dios que exista un gobierno compuesto de individuos sin lazos familiares, ni aquí ni en el cielo. Los individuos, a los ojos del Señor, no son meramente piezas de ajedrez dominadas por el estado.

Las doctrinas populares pueden ser falsos

El hecho de que se crea universalmente una doctrina no la convierte en verdad. Durante los siglos han prevalecido falsas religiones, filosofías e ideas concernientes a los mundos físicos y espirituales.

El hombre moderno se deleita en juzgar al hombre primitívo de haber estado dominado por la superstición y la ignorancia, y desprovisto de los sentimientos más nobles Está propenso a jactarse de su gran superioridad y sabiduría.

Cada edad se considera moderna, progresiva y más sabia que la anterior; pero, ¿no es posible que la generación actual también estime muchas ideas insensatas, de las que se burlarán las generaciones futuras? ¿no será posible que una de ellas sea esta idea de la desorganización de la familia y el hogar en el reino de Dios, que hoy esta demoda?

¿Se convierte en verdad por el hecho de que gran número de iglesias la enseñan? ¿No podemos decir con certeza que para todo padre, toda madre, que se aman el uno al otro y a sus hijos, tal doctrina es un concepto terrible?

Toda madre verdadera quiere tener a su hijo en la eternidad. Toda esposa devota quiere tener a su marído, y en igual manera todo fiel esposo quiere tener a su familia ¿Y por qué no?
Es el instinto natural que el Señor ha puesto dentro de sus corazones y no debe ser destruido. ¡Pensemos en los sermones que se han pronunciado, los poemas que se
han escrito, que se encuentran llenos de esta esperanza eterna!

La disolución de la familia no es doctrina del evangelio

¿Qué padres hay, que después de entregar a la tierra el cuerpo de un hijo, no han deseado y anhelado tenerlo vivo entre sus brazos otra vez? ¿Hemos de decir a esta madre: «Has perdido a tu pequeñito para siempre»? ¿Hemos de decir a la e sposa: «Nunca más volverás a tener entre tus brazos a tu esposo que era tan bueno y cariñoso; o: Tus hijos se han dispersado; no serán tuyos en la otra vida, porque allí no hay matrimonio, no hay organización familiar allende el sepulcro; todos seréis extranjeros en el mundo venidero»
¿Puede haber consuelo alguno en semejante enseñanza? ¡Desde luego que no!
¡No es cierto!. ¡Jamás se enseñó doctrina más reprensible! No podemos imaginar cómo se puede enseñar tan perversa doctrina en el nombre de Jesucristo, que es la incorporación del amor.
Esta enseñanza no proviene del Hijo de Dios, sino de la fuente mala. La misión de Satanás es destruir, causar miseria y sufrimientos a cuantos puede. Fué él quien puso en el corazón de los hombres esa tan inicua doctrina.

El Señor dijo a Juan:»El que venciere, poseerá todas las cosas; y yo seré su Dios, y el será mi hijo.» (Ap. 21:7)

La familia existirá en el cielo

También S. Pablo ha escrito: «Por esta causa doblo mis rodillas al Padre de nuestro Señor Jesucristo, del cual es nombrada toda la parentela en los cielos y en la tierra.» (Ef. 3:14-15)
En vista de que todos aquellos que obedecen el evangelio en su plenitud van a ser herederos, coherederos de Cristo, naturalmente tendrán que ser parte de esta parentela, de esta familia. ¿Por qué no ha de haber familia en los cielos? ¿Podra haber hijos sin familia?

Las Escrituras nos hacen saber que somos hijos de Dios. Los fieles van a ser llamados hijos de Dios. Se nos manda que le llamemos Padre.

Asi fué como Jesús enseñó a sus discípulos, al orar. Uno de los pasajes más bellos de las Escrituras es el que contiene la conversación del Señor resucitado con María Magdalena.

«Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿a quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré.

«Jesús le dijo ; ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Rabboni! que quiere decir, Maestro. «Jesús le dijo: No me toques; porque aun no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles; Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.» (Jn. 20:15-17)

Nuestro Padre Celestial

Que el Padre de Jesucristo es realmente nuestro Padre; que efectivamente somos su estirpe, y ésta es la doctrina que enseñan las Escrituras! San Pablo declaró a los griegos: «Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como también algunos de vuestros poetas dijeron: Porque linaje de éste somos también» (Hech. 17:28)
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días enseña que todos vivimos en el mundo de espíritus y en la presencia de nuestro Padre antes que viniésemos a esta tierra para tomar cuerpos de carne y hueso.

El es nuestro Padre, y Jesucristo es su Primogénito en el espíritu y el Unigénito en la carne. Dirigiéndose a los santos de Roma, el apóstol Pablo dijo :

Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas obrarán juntamente para su bien, para los que conforme a su propósito son llamados.
Porque a los que antes conoció, también predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo, a fin de que él sea el primogénito entre muchos hermanos; (Rom. 8:28-29)

En los Salmos esta escrito: «Yo dije : Vosotros sois dioses, e hijos todos vosotros del Altísimo.» (Sal. 82:6)

¿Por qué no hemos de aceptar éstas y otras palabras semejantes, tal como se leen? ¿No es más digno de creerse el concepto de que somos de hecho, en lo que concierne a nuestra existencia espiritual, de la estirpe de Dios: sus hijos e hijas, coherederos de Jesucristo, si le servimos, que la creencia de que descendemos de formas de vida mas bajas? Consideremos otra vez las palabras de S. Pablo:

«Porque el mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. «Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos de Cristo; siempre o padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorífícados.»(Rom. 8:16-17)

¡Y una madre celestial!

Los Santos de los Ultimos Días no sólo creen que tenemos un Padre Celestial, sino una madre también allí. ¿Por qué razón no ha de haber una madre así como un Padre? ¿Es blasfemia enseñar esto?

Ademas, creemos que Dios Todopoderoso tiene por objeto coronar con todas las bendiciones del reino celestial a los que guardan todos sus mandamientos y perseveran hasta el fin. El reino celestial es el reino don demoran Dios y Cristo.

Los que reciben su exaltación allí se convierten en hijos e hijas de Dios y coherederos de Jesucristo; y se ha prometido a los que se casan por esta vida y por la eternidad y permanecen fieles a sus convenios, que serán coronados con descendencia perpetua.

Llegan a ser dioses, hijos e hijas de Dios. Está escrito en la revelación conocida como «La Visión», que todos aquellos que reciben el testimonio de Jesús y son obedientes a sus mandamientos, serán lavados y limpiados de todos sus pecados, y vencerán por la fe y los sellara el Santo Espíritu de la promesa:

«Ellos son la Iglesia del Primogénito. «Son aquellos en cuyas manos el Padre ha entregado todas las cosas
«Son sacerdotes y reyes, quienes han recibido de su plenitud y de su gloria.
«Y son sacerdotes del Altísimo, según el orden de Melquisedec, que fue según el orden de Enoc, que fué según el orden del Hijo Unigénito.
«De modo que, como está escrito, ellos son dioses, aun los hijos de Dios «Por consiguiente, todas las cosas son suyas, sea vida o muerte, cosas presentes o cosas futuras, todas son suyas, y ellos son de Cristo, y Cristo es de Dios. «Y vencerán todas las cosas.» (DyC 76:54-60)

La bendición mayor

De acuerdo con lo que se ha revelado mediante la restauración del poder de ligar que tiene Elias el Profeta, la bendición mayor de la restauración de sus llaves es la autoridad para ligar, en la tierra asi como en los cielos, a los maridos y sus esposas, y los hijos a sus padres. Malaquías anunció que si no se restablecía esta autoridad, el Señor vendría para herir la tierra con destrucción.

Cuando Elias el Profeta delegó su autoridad, dijo que el día grande y terrible del Señor estaba cerca casi a las puertas. ¿Qué objeto tendría hacer volver el corazón de los padres a los hijos y de los hijos a sus padres, sino iban a ser parte de alguna unión eterna mediante el ejercicio de dichas llaves?
Serán las familias, organizadas eternamente según la ley de Dios, cuyos miembros han vencido al mundo por la fe y se han lavado y purificado de todo pecado por la sangre de Jesucristo, las que salvarán al mundo de esta terrible maldición o destrucción cuando llegue, el día grande y terrible del Señor.

Están en el mundo las llaves mediante las cuales todo el que quiera puede participar de las bendiciones y hacer perpetuos sus vínculos familiares. En el reino de los cielos el matrimonio es parte de la vida eterna. Lógicamente, no puede haber familias en el reino de Dios sin el matrimonio, y en igual manera, no puede haber matrimonio sin familia, pues se nos enseña que la bendición mayor es «a continuación de las simientes para siempre jamas», (DyC 132:19)

Un enlazamiento de generaciones

De conformidad con los eternos propósitos del Señor, habrá un enlazamiento de generaciones desde nuestra época hasta los días de Adán, forjando en una gran de familia a todos los que fueron dignos. José Smith ha dicho:

«La doctrina de Elias el Profeta o su poder para ligar comprende lo siguiente: Si tenemos el poder para ligar en la tierra y en los cielos, entonces debemos ser prudentes. Lo primero que debéis hacer es ligar, en la tierra, vuestros hijos e hijas a vosotros, y entonces ser ligados vosotros mismos a vuestros padres en gloria eterna.» (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág, 420)

El presidente Brigham Young dio estas instrucciones

«Entendemos que seremos reyes y sacerdotes de Dios; de modo que si llego a ser rey y legislador de mi familia, y si tengo muchos hijos, seré el padre de muchos padres, porque ellos tendrán hijos, y así será de generación en generación; y de este modo puedo llegar a ser padre de muchos padres o rey de muchos reyes. Esto contituirá a todo hombre en príncipe, rey, señor o aquello que el Padre se digne conferirnos. (Discourses of Brigham Young, pag.302)

Y el presidente José F. Smith:

«Nuestras asociaciones no son exclusivamente para esta vida, a distinción de la eternidad. Vivimos durante esta vida y durante la eternidad.
Las asociaciones y relaciones que establecemos son para esta vida y para que perduren no sólo durante la vida temporal o mortal, sino por toda la eternidad. ¿Quien más, aparte de los Santos de los Ultimos Días, abriga la idea de que la familia continuará allende el sepulcro; y que el padre, la madre y los hijos se reconocerán mutuamente dentro de las mismas relaciones que corresponden a uno y otro?

La organización de la familia, cuando constituye una unidad en la organización grande y perfecta de la obra de Dios, está destinada a continuar durante esta vida y la eternidad.» (The Way to Perfection, pág. 257)

La doctrina ofrece esperanza

Esta doctrinan os trae una esperanza de vida eterna. El Señor concedió al profeta José Smith una explicación más amplia de lo que enseñó en el sermón del monte, con referencia a la puerta estrecha y angosta y el camino por el cual todos andan. Es la siguiente:

«Esto es vidas eternas: Conocer al único sabio y verdadero Dios, y a Jesucristo a quien ha enviado. . . Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a las muertes, y los que entran en el son muchos, porque no me reciben, ni tampoco cumplen con mi ley.» (DyC 132:24-25)

Según esta enseñanza, vidas eternas significa la continuaciónde la posteridad. Muertes eternas significa ser privado de tener más posteridad, que será el castigo de todos los que no llegan al reino celestial.

Nada causa tanta lástima como vera una familia dividida y separada, en la que el padre y la madre se han apartado el uno del otro y les es negado a los niños el cuidado paterno. Los trágicos sucesos que se pudieran relatar en este respecto serían innumerables.

Padres, sea que aceptéis o dejéis de aceptar esta doctrina revelada a José Smith, pensad en vuestros hijos. No permitáis que haya entre vosotros dificultades pequeñas e insignificantes, ni malos entendimientos que no vienen al caso. Vuestros hijos tienen completo derecho a las bendiciones de vuestra sagrada unión. El amor y felicidad que propiamente pertenecen a la familia es la herencia que les corresponde.

Vosotros que habéis sido casados en el templo, recordad que vuestros hijos tienen derecho a los dos. No debéis destruir ese derecho y causarles eterno sufrimiento. Semejante separación por motivo de alguna causa insignificante o acto imprudente constituye un crimen mayor a los ojos de Dios.

¿Qué hará el Señor con vosotros si sois culpables de esta grave ofensa? ¿Con qué podréis compensar a vuestros hijos? ¿Pensáis que se os puede justificar en hacer otro convenio, cuando no habéis cumplido el primero, antes lo habéis violado con el menor pretexto?

No causéis sufrimientos indecibles a vuestros hijos inocentes, que nunca jamás podréis reparar. No os engañéis; nuestro Padre eterno no puede ser burlado. No podemos hollar imnunemente con los pies sus sagradas leyes y convenios» ¿No será posible que se nos prive de estas bendiciones eternas por motivo de nuestros hechos mezquinos y malos?

Todos debemos cuidarnos, seamos miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Dias o alguna otra iglesia o de ninguna, de cómo estamos observando el sagrado convenio del matrimonio y los derechos de la familia. Llegará el día en que tendremos que rendir cuentas, porque toda alma será juzgada de acuerdo con sus obras.

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